Skip to main content

Full text of "La Epopeya de Artigas. v3"

See other formats


LA  EPOPEYA 
DE  ARTIGAS 


Ministerio  de  Instrucción  Pública  v  Prfvisión  Social 


BIBLIOTECA  ARTIGAS 

Art  14  de  la  Ley  de  10  de  agosto  de  1950 


COMISION  EDITORA  - 
Prof  Juan  E  Pivel  Devoto 

Ministro  de  Instrucción  Publica 

María  Julia  Ardao 

Directora  Interina  del  Museo  Histórico  Nacional 

Dionisio  Trillo  Pays 

Director  de  la  Biblioteca  Nacional 

Juan  C  Gómez  Alzóla 
Director  del  Archivo  General  de  la  Nación 


Colección  de  Clásicos  Uruguayos 
Vol  39 

Juan  Zorrilla  de  Sam  Martín 
LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 

Tomo  III 

Preparación  del  texto  a  cargo  de 
José  Pedro  Barran  y  Benjamín  N«ün 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


LA  EPOPEYA 
DE  ARTIGAS 


TOMO  III 


MONTEVIDEO 
1963 


CONFERENCIA  XIV 


LA  SEGUNDA  INDEPENDENCIA 

La  campaña  del  "Guayabo"  —  La  guerra  a  muerta  de  Bue 
nos  Aires  contra  Artigas  —  Los  orientales  tratados  como 
asesinos  e  incendiarios  —  Campaña  de  exterminio  —  El 
pueblo  oriental  se  defiende  en  masa  —  Soler  y  Dorrego  — 
Otorgues  —  Rivera  y  Lavalleja  —  Los  dos  vastagos  de 
Artigas  —  La  campaña  —  Carácter  de  la  guerra  —  La 
batalla  del  "Guayabo"  —  La  derrota  de  Dorrego  —  En 
trega  de  Montevideo  —  Retirada  del  bermano  conquistador 
—  Despojo  y  explosión  —  La  patria  libre  por  fin  —  Su 
pabellón  y  su  escudo  en  la  ciudadela  de  Montevideo  — 
"Con  libertad  ni  ofendo  m  temo" 

I 

Mi»  amigos 

Desde  el  momento  en  que  penetra  Alvear  en  Mon- 
tevideo, ha  terminado  Ja  primera  eampaña  de  Artigas, 
la  empeñada  contra  la  metrópoli  española  Hemos 
visto  cómo  ha  comenzado  la  segunda,  la  inevitable, 
la  dolorosa,  contra  Buenos  Aire*.  Esta  campaña,  que 
llamaremos  del  Guayabo  por  la  gloriosa  batalla  que 
le  puso  termino,  duró  sólo  ocho  meses  Alvear  entró 
en  Montevideo  en  jumo  de  1814,  la  batalla  se  libra- 
rá en  enero  de  1815  Pero  esa  empresa  de  guerra  no 
cede,  en  trascendent  la  \  en  gloria,  a  ninguna  de  las 
de  la  historia  mibtar  del  héroe 

Imaginaos  por  un  instante  a  Artigas  muerto,  o  ven- 
cido por  Buenos  Aires,  en  esla  campaña  con  su  pue- 
blo, suponed  a  las  provincias  argentinas  con  _so!os 


[7] 


JUAN  ZORRILLA  DB  SAN  MARTIN 


eus  letrados  coloniales,  y  faltas  en  eie  momento  hit- 
tonco,  del  núcleo  de  cohesión  y  de  acción  formado 
por  el  héroe  y  el  Pueblo  Oriental,  y  al  Paraguay  aga- 
rrotado por  Rodríguez  de  Francia  Es  evidente,  de 
toda  evidencia,  que,  sojuzgadas  las  provincias  por  la 
comuna  porteña,  y  triunfante  el  espíritu  de  ésta,  la 
República  ArgenLma  no  hubiera  nacido  entonces,  la 
Oriental  hubiera  podido  ser  provincia  portuguesa,  co- 
mo el  Paraguay  Todo  hubiera  dependido  de  lo  que, 
en  París,  resolviera  la  Santa  Alianza  En  estos  momen- 
tos, precisamente  Posadas  envía  a  Europa  a  Sarratea 
con  ese  objeto,  irán  en  seguida  Rnidavia  y  Belgrano 
Y  Alvear,  por  fui,  destruidos  sus  planes  por  Artigas, 
irá  a  confesarlos  a  Río  Janeiro,  a  decu  a  España  que 
jamás  dejó  de  ser  vasallo  de  Fernando  VII,  su  solo 
señor  y  dueño 

Esa  verdad,  mis  queridos  artistas,  como  las  cosas 
que  van  saliendo  de  la  neblina  cuando  ésta  se  disipa, 
ha  ido  surgiendo  de  la  histona,  cada  día  más  clara 
estábamos  al  lado  de  ella  y  no  la  veíamos,  oíamos  su 
voz  y  no  la  reconocíamos 

La  nación  argentina,  por  iniciativa  de  Buenos  Ai- 
res, \a  a  reunir  el  memorable  Congreso  de  Tucumán, 
memorable,  porque  en  él  se  declarará  (9  de  julio  de 
1816)  la  independencia  de  las  Provincias  Unidas  En 
ese  Congitso  estallara  la  pugna  entre  las  tendencias 
federalistas  de  las  provincias  v  las  centralistas  de  los 
patricios  de  Buenos  Aires  Allí  se  verá,  con  toda  evi- 
dencia, cómo  el  espíritu  de  Artigas  es  el  de  toda  la 
nación  argentina,  excepción  hecha  de  los  ilustres  con- 
servadores del  viej  o  espíritu  colonial,  simples  reforma- 
dores de  la  hispánica  monarquía,  allí  se  manifestará 
y  estallará  la  antipatía  de  las  provincias  contra  la  co- 
muna bonaerense   Ésta  .representa,  en  ese  Congreso, 


[8] 


LA  EPOPEYA  DI  ARTIGAS 


el  espíritu  monárquico,  Belgrano  y  San  Martín  son 
sus  sostenedores  más  gloriosos  El  grande,  el  honrado 
Belgrano,  se  estremece  ante  la  idea  de  que  pueda  ser 
proclamada  la  república  en  el  Congreso  de  Tucumán 
para  éL,  la  república  significaba  la  ruma  de  la  patria, 
la  pérdida  de  toda  independencia  El  Congreso  com- 
parte esa  idea,  uno  solo  de  sus  miembros,  fray  Justo 
de  Santa  Mana  de  Oro,  la  rechaza 

Sólo  el  instinto  popular  salvó  entonces  la  democra- 
cia republicana,  la  plena  independencia,  pero  es  in- 
dudable que  sólo  Artigas  salvó  al  instinto  popular 
Éste  estaba  disperso,  difuso,  incoherente,  en  la  masa 
argentina  inorgánica»  hubiera  sido  aniquilado  por  el 
organismo  político  de  Buenos  Aires,  cuyo  espíritu 
triunfó  en  el  Congreso,  si  otra  entidad,  también  orgá- 
nica, viva,  no  hubiera  existido  frente  a  él  Esa  enti- 
dad viviente  era  el  Pueblo  Oriental,  que  circulaba  en 
las  arterias  de  Artigas,  y  que,  en  esta  campaña  del 
Guayabo  que  os  voy  a  relatar,  contrapesaba  y  vencía 
al  Directorio  de  Buenos  Aires,  y  a  Belgrano,  y  a  San 
Martín,  y  al  Congreso  de  Tucuman,  v,  como  agente 
de  aquel  instinto,  salvaba  el  fundamento  de  lo  que,  al 
fin,  ha  predominado,  y  llamamos  patria  - 

Veamos,  pues,  esa  Campaña  del  Guayabo 

II 

Alvear,  vuelto  de  Montevideo,  en  que  queda  de 
gobernador  el  coronel  Soler,  estaba  en  Buenos  Aires 
desde  octubre  de  1814  Allí  predominaba  en  la  Asam- 
blea constituiente  e  inspiraba  al  director  Posadas,  a 
quien  pronto  sucederá  Bien  comprendía  éste,  ocu- 
pado entonces  en  redactar  las  instrucciones  con  que 
Belgrano  y  Rivadavia  iban  a  Europa  en  busca  de  un 


[9] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


rev,  bien  compiendía  que  la  campaña  que  debía  mi- 
ciarse  contra  Artigas  y  sus  orientales  era  el  paso  pre- 
■vio  indispensable  para  traer  al  monarca  Artigas  y 
sus  orientales  eran  el  obstáculo  Esa  campaña  era 
decisiva  "Es  necesario,  oficiaba  Posadas,  el  manso  y 
amable  Posadas  al  coronel  don  Miguel  Estanislao  So- 
ler, nombrado  capitán  general  del  ejercito  y  goberna- 
dor ínter  dente  de  Montevideo,  e»  necesario  que  todos 
los  elementos  se  concentren,  v  que  esa  campaña  se 
concluva  en  tres  meses  Los  orientales  deben  ser  tra- 
tados como  asesinos  e  incendiarios  Todos  los  ofi- 
ciales, sargentos,  cabos  y  jetes  de  partida  que  se 
aprehendan  con  las  armas  en  la  mano  serán  fusilados, 
v  los  demás  fes  decir,  el  Pueblo  Oriental)  remitidos 
con  toda  segundad  a  esta  parte  del  Paraná  para  que 
sean  útiles  a  la  patria  en  otros  destinos  ' 

Creo  que  nada  puede  darse  de  ma-.  categórico  co- 
mo programa  de  exterminio,  el  mismo  sera  enviado 
a  las  provincias  argentinas,  como  \  eremos 

Soler  comunico  a  sus  subalternos  la  decisión  supe- 
rior, y  adopto  medidas  complementarias,  para  su  fiel 
ejecución  muerte,  a  las  cuati  o  horas  de  ^er  aprehen- 
dido, a  todo  el  que,  directa  o  indirectamente  auxiliara 
al  enemigo,  a  los  que  no  comunu  aian  a  la  autoridad 
su  proximidad,  a  los  que  condujeran  pliegos  de  los 
sublevados  Confiscación  y  de&tierio  a  los  que  tuvie- 
ran correspondencia,  de  palabra  o  por  escrito,  con 
Artigas,  a  los  que  ocultasen  caballos,  etc,  etc  Si  el 
reo  fuese  una  mujer,  se  la  enviaría  a  Buenos  Aires, 
para  ser  encerrada  allí  en  un  hospital 

Era  la  guerra  a  muerte  declarada  al  pobre  hermano 
demócrata  Este  comprendió  que  en  esa  lucha  le  iba 
la  vida 


[10  J 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


El  odio  al  nombre  de  Buenos  Aires,  y  a  su  ejército, 
levantó  de  nuevo  en  masa  al  Pueblo  Oriental,  los  ve- 
cinos que  no  estaban  en  armas  huían  a  los  montes,  a 
la  aproximación  del  ejército  enemigo,  arreaban  el  ga- 
nado e  incendiaban  los  campos,  para  privar  de  ali- 
mentos y  forrajes  a  los  porteños  y  dificultar  sus  mar- 
chas 

Todo  el  mundo,  incluso  las  mujeres,  era  auxiliar 
de  Artigas,  y  enemigo  del  invasor,  al  que  desorienta- 
ban y  extraviaban  ha&ta  los  niños  se  repetía  la  resis- 
tencia al  portugués  en  el  éxodo  Soler  escribía  al  di- 
rector "Nada  podemos  contra  un  enemigo  protegido 
por  toda  la  población,  que  mira  a  nuestra  tropa  como 
extranjera"  Desertaban  los  soldados  y  los  oficiales, 
tenientes,  capitanes,  sargentos  mayores;  las  partidas 
exploradoras  no  volvían  las  tropas  se  pasaban  a  Ar- 
tigas en  el  momento  del  combate  los  soldados  espa- 
ñoles que,  por  violación  de  la  capitulación  de  Monte- 
video habían  sido  incorporados  a  las  filas  de  Buenos 
Aires,  dejaban  éstas  y  se  amparaban  a  las  orientales 

Observad  esto  amigos  artistas,  y  no  lo  confundi- 
réis con  una  guerra  crwl  tiene  todo  el  carácter  de  una 
guerra  de  independencia  Aquí  es  el  caso  de  que  re- 
cordéis todo  lo  que  hemos  visto  en  el  fondo  subterrá- 
neo de  nuestra  América  Los  historiadores  argentinos 
superficiales  han  ensalzado  a  los  caudillos  argentinos, 
y  hasta  los  han  sobrepuesto  al  procer  oriental,  por- 
que aquéllos,  cuando  menos,  dicen,  si  bien  odiaban 
el  centralismo  de  Buenos  Aires,  no  tendían  a  la  sepa- 
ración definitiva  Pero  precisamente  esa  es  la  gloria 
de  Artigas,  eso  lo  que  hace  de  éste  una  entidad  dis- 
tinta de  aquéllos,  el  fundador  de  una  patria  destinada 
a  llenar  una  misión  propia  en  la  historia  de  los  pue- 
blo* argentinos  la  de  unirlos  precisamente,  no  la  de 


[11] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


separarlos  El  solo  separatista  esencial  era  Buenos  Ai- 
res, como  lo  veis.  Vosotros  >a  sabéis  por  que  Artigas 
no  es  ni  Gueraes,  el  caudillo  local  ni  Alvear,  el  prín- 
cipe excéntrico,  él  es  la  realidad  futura  la  patria  ar- 
gentina confederada,  la  Patria  Oriental  independiente 
Ya  hemos  estudiado  por  qué  Córdoba  o  Mendoza 
no  podían  ser  naciones,  y  el  Úruguay  debía  serlo 
éste  tenia  una  misión  propia,  inalienable,  que  cumplir 
en  el  concierto  de  todos  aquellos  pueblos  Va  pues,  a 
jugarse,  en  la  campaña  del  Guayabo  la  suerte  de  la 
Patria  Oriental  y  la  de  la  democracia  píatele  Arti- 
gas, en  ese  periodo  de  nuestra  historia,  toma  un  as 
pecto  de  serenidad  maravillosa  No  hay  en  el  rencor, 
hay  sólo  una  triste  amargura,  porque  él  ama,  como 
nadie  lo  ha  amado  más  que  él,  ni  tanto  como  él,  el 
pueblo  argentino  Cuando  toma  oficiales  enemigos 
prisioneros,  los  mira  sin  odio,  les  hace  leer  en  su  pre 
sencia  el  decreto  de  guerra  a  muerte  de  Posadas,  y 
los  pone  en  seguida  en  libertad  No  derrama  una  sola 
gota  de  sangre,  ni  una  sola,  fuera  del  campo  de  ba- 
talla 

El  héroe  oriental  se  ha  colocado,  para  dirigir  la 
campaña,  en  el  Norte,  sobre  la  costa  del  Uruguay 
Desde  allí,  ye  la  región  occidental  al  otro  lado  del 
río,  donde  sus  legiones  se  dirigen  a  Buenos  Aires,  y  la 
oriental,  en  que  sus  hombres  tienen  en  vista  a  Mon- 
tevideo 

Las  fuerzas  del  Directorio  están  bajo  el  mando  su- 
premo del  coronel  don  Miguel  Estanislao  Soler  El 
coronel  Dorrego,  jefe  valeroso  en  las  batallas  de  Sui- 
pacha,  Salta  y  Tucumán,  carácter  altivo  e  insubordi- 
nado, uno  de  los  militares  más  brillantes  y  ammosoi 
del  ejército  argentino,  pero  de  pocos  esciupulos  en 
att  conducta,  debe  ser  el  principal  ejeeutor  del  plan 


[12] 


\ 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


de  campaña;  el  coronel  Ortiguera  le  secundará  Las 
huestes  de  Artigas  son  mandadas  por  Otorgues,  Rive- 
ra, Lavalleja,  Bauza  . 

Conozcamos,  amigos  artistas,  a  estos  nuevos  prota- 
gonistas de  nuestra  historia  Otorgués,  Rivera  y  Lava- 
lleja Os  es  ya  familiar  la  fisonomía  del  primero,  pero 
estamos  en  el  momento,  que  os  anuncié  al  trazaros  su 
semblanza  colorida,  de  completar,  con  nuevos  datos, 
el  estudio  de  ese  carácter,  en  contraste  con  el  de  sus 
dos  compañeros  de  armas  Lo  conocimos  cuando  Sa- 
rratea  buscaba  en  él  el  instrumento  de  sus  insidias 
en  1813,  lo  encontramos  después,  1814,  en  tejemane- 
jes directos  y  clandestinos  con  Vigodet,  el  español, 
con  Roraarate,  el  marino,  etc  ,  lo  hemos  visto,  por 
fin,  llamado  por  Ahear,  caer  en  la  trampa  que  éste 
le  tendió  en  Las  Piedras  y  en  la  no  menos  traidora  de 
Afarmarajá.  Desde  ese  momento  (junio  de  1814)  hasta 
el  actual  en  que  lo  hallamos,  con  Rivera  y  Lavalleja, 
atento  al  clarín  de  Artigas,  ese  tortuoso  personaje, 
más  inconsciente,  quizá,  que  malintencionado,  ha  sido 
consecuente  consigo  mismo  No  ha  estado  quieto,  por 
cieíto,  las  brujas  de  Macbeth  lo  han  seguido  por  los 
campos,  se  las  \e  detrás  de  él,  v  se  las  reconoce  por 
el  parecido  que  tienen  con  el  demonio  que  Posadas 
cree  sentir  bajo  su  sillón  de  director 

¿Por  qué  boca  hablan9  Hay  un  personaje,  emi- 
nente por  cierto,  que  solemos  ver  cerca  de  ese  caudi- 
llo es  aquel  doctor  don  Lucas  Obes  que,  en  1810, 
pareció  el  más  indicado  para  secundar  en  Montevideo 
el  movimiento  de  Mayo  Era  Obes,  efectivamente,  el 
congénere  oriental  de  los  prohombres  de  Buenos  Ai- 
res Discípulo  apasionado  do  Bentham,  el  patriarca 
utilitario,  fue  de  loi  adictos,  con  Belgrano.  Moreno, 

[13] 


/ 

/ 

JUAN  ZOKHILLA  DK  SAN  MARTIN 


Pueyrredón,  Castelli,  Viertes,  Saavedra,  García,  etc, 
a  Ja  coronación  aquí  de  Carlota,  la  hermana  de 
Fernando  VII,  fue  siempre  monárquico,  y  no  es  de 
maravillarse  que  esperara  hallar  en  Otorgues,  como 
Belgrano  en  Guemes,  un  instrumento  de  sus  planes 
No  pensó  para  ello  en  Artigas,  a  buen  seguro  Que 
todas  las  brujas,  las  chicas  y  las  grandes,  huían  de 
é9te  como  el  diablo  de  la  cruz 

Inspirado,  pues,  en  ellas,  el  oriental  Otorgues,  co- 
mo el  salteño  Guemes,  se  ha  convertido  al  monar- 
quismo, quiere  ser  un  fiel  vasallo  de  Fernando  VII, 
como  Guemes  del  mca-braganza  de  Belgrano  Se  ha 
dirigido,  por  su  cuenta  y  riesgo,  al  representante  del 
rey  de  España  en  Río  Janeiro,  v  le  ha  ofrecido  la  de- 
volución a  su  dueño  de  la  Provincia  Oriental,  a  cambio 
de  la  protección  que  se  le  preste  contra  los  insurrec- 
tos de  Buenos  Aires  Nada  sería  eso,  si  se  presentara 
como  inspirado  solo  de  sus  brujas  familiares,  pero 
el  muy  inocente  se  dice  nada  menos  que  "autorizado 
por  mi  general  don  José  Artigas,  como  su  segundo  en 
el  mando  de  este  ejército  oriental,  3,  coronel  de  dra- 
gones del  mismo" 

Los  detalles  de  esos  curiosos  negociados,  que  debe 
mos  a  la  investigación  inteligente  de  Hugo  Barbage- 
lata,  9on  de  leer  El  13  de  setiembre  de  1814,  desde 
su  Campo  Volante  de  Casupá,  lejos  de  Artigas,  es- 
cribe Otorgues  su  carta  a  Villalba,  el  agente  español 
en  Río  Janeiro,  y  expide  sus  credenciales  e  instruc- 
ciones a  los  embajadores  que  le  envía  Son  ésto9  dos 
inocentes  personajes,  el  presbítero  don  Bonifacio  Re- 
duello,  cura  del  Arroyo  de  la  China,  y  el  ayudante 
mayor  de  artillería,  don  José  de  Caravaca,  que,  se- 
gún sus  instrucciones,  deben  presentarse,  en  primer 
término  al  gobernador  capitán  general  de  Río  Gran- 


[14] 


\ 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


de,  «i  ésto  no  tiene  facultades  bastantes  para  tratar, 
deben  ir  en  bucea  del  príncipe  regente  a  Río  Janeiro, 
y  de  la  infanta  Carlota,  y  del  embajador  de  la  Gran 
Bretaña,  y  de  cualquier  otro  que  esté  dispuesto  a  ayu- 
darlo en  su  empresa  de  devolver  a  Fernando  VII  "esta 
su  alhaja*',  la  Banda  Oriental,  que  los  de  Buenos  Ai- 
res le  han  quitado 

Y  allá  fueron  los  originales  embajadores,  diciendo 
haber  tenido  conferencias  con  vanos,  v  hasta  con  el 
mismo  Artigas,  que,  en  esos  momentos  precisamente, 
rechazaba  con  aquel  "yo  no  defiendo  a  su  rey"  que 
conocemos,  la  embajada  del  virrey  de  Lima  Se  pre- 
sentaron primeramente  al  capitán  general  de  Río 
Grande,  que  los  envió  a  Río  Janeiro,  aquí  acudieron 
a  Villalba,  al  príncipe  portugués,  a  Carlota,  la  infanta 
serenísima,  hicieron  valer  en  favor  de  Otorgues  el 
recuerdo  de  los  auxilios  prestados  por  éete  a  ltoma- 
rate,  sus  buenas  relaciones  con  Vigodet,  so  lealtad 
española,  sobre  todo,  la  lealtad  al  rey,  que  expresan 
en  términos  casi  idénticos  a  los  que  Alvear  empleará, 
con  igual  propósito,  y  ante  los  mismos  personajes, 
dentro  de  unos  meflca 

Y  lo  más  interesante  del  caso  es  que  fueron  atendi- 
dos Villalba  se  dirigió  a  su  ministro  de  Estado,  lo 
infanta  escribió  sobre  el  asunto  a  su  amado  hermano 
Fernando  Es  muy  curiosa,  entre  otras,  la  carta  en 
qne  Villalba  dice  a  ios  diputados  de  Otorgues  que 
hagan  saber  a  Artigas  la  llegada  aRío,  de  paso  para 
Europa,  de  los  Enviados  de  Buenos  Aires,  Rrvadavia 
y  Belgrano,  es  un  dato  muy  curioso  Aquello  fue  to- 
mado a  lo  seno  la  grande  importancia  política  del 
muy  inocente  de  Otorgues  Aun  en  el  momento  en 
que  estamos,  en  que  éste  ha  vuelto  a  su  puesto,  y  está 
atento  al  clarín  de  órdenes  de  Artigas,  sus  embajado- 


[15] 


/ 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


res  siguen  ofreciendo  el  vasallaje  de  todo  el  mundo  a 
nuestro  señor  Fernando,  v  sólo  desisten  cuando  Vi- 
llalba,  el  2  de  enero  de  1815,  precisamente  cuando 
Artiga*  triunfa  en  el  Guayabo,  y  va  a  enarbolar  su 
bandera  en  Montevideo,  les  dice  que  no  deben  espe- 
rar auxilios  del  principe  portugués,  porqut  éste  vio- 
laría con  ello  el  armisticio  que  celebro  con  Buenos 
Aires  y  hasta  in\ddma  atribuciones  de  España  Y 
todo  paró  en  eso 

Creo  que  no  es  necesario  que  os  diga,  amigos  ar- 
tistas, que  en  los  papeles  de  esos  tales  negociados 
otorgúenos  no  aparece  ni  la  sombra  de  una  firma  de 
Artigas  vosotros  sabéis  lo  que  éste  firmaba  en  esos 
momentos 

Y  con  lo  dicho  podéis  dar  por  terminada  la  sem- 
blanza de  Fernando  Otorgues,  y  quedaréis  curados  de 
espanto  para  cuando,  dentro  de  dos  años,  lo  veáis  de 
nuevo  en  connivencias  clandestinas  con  Buenos  Aires 
para  obligar  a  Artigas  a  entrar  en  el  orden  y  cumplir 
« on  su  deber 

Miraremos,  en  cambio,  para  darles  sin  reservas 
nuestro  afecto  a  esos  otros  dos  intrépidos  capitanes, 
Rivera  v.  Lavalleja  que  aparecen  ahora  como  protago- 
nistas en  nuestra  historia,  y  que,  al  contrario  del 
otro,  que  se  disipa  pronto,  permanecerán  en  ella  y  en 
el  culto  de  la  posteridad  jLos  bravos  héroes'  4 Hom- 
bres de  bien' 

El  predominio  en  esta  nuestra  tierra  de  esos  dos 
jóvenes  soldados  fieles  de  Artigas,  amigos  míos,  tiene 
un  significado  mas  que  histórico,  sociológico  Fruc- 
toso  Rivera  y  Juan  Antonio  Lavalleja  son  hijos, 
como  su  jefe,  de  primitivos  pobladores  del  país  El 
•egundo  lo  es  de  don  Miguel  Pérez  Lavalleja,  funda- 


[l«l 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


dor  de  la  villa  de  la  Concepción  de  Minas,  allá  por 
el  año  1780,  Rivera,  de  don  Pedro  Perafán  de  la  Ri- 
bera, vastago  directo  de  antigua  estirpe  esclarecida, 
que  con  su  esposa  doña  Andrea  Toscano,  se  establece 
en  Montevideo  en  1752.  Artigas,  como  sabemos,  era 
segunda  generación  de  criollos,  estos  sus  dos  predi- 
lectos capitanes  fueron  el  tipo  de  la  primera,  es  decir, 
de  la  en  que  se  hacia  mas  sensible  la  ruptura  entre 
padres  e  hijos,  exigida,  como  el  más  duro  holocausto, 
por  la  independencia  de  estos  pueblos 

El  caso  de  Rivera  es  clásico  Su  padre,  caballero 
acaudalado,  empecinado  español,  resuelve,  en  1810* 
después  de  producido  el  movimiento  de  Mayo,  enviar 
a  Europa  a  este  su  hijo  Fructuoso;  educarlo  fuera  del 
ambiente  americano  El  viaje,  bajo  la  dirección  de 
don  Manuel  Durán,  y  en  compañía  de  Luis  Eduardo 
Pérez,  estaba  resuelto  y  preparado,  fue  preciso,  sin 
embargo,  desistir  de  él,  porque  Fructuoso  Rivera  cayó 
enfermo,  enfermo  de  tristeza  por  dejar  su  tierra  Du- 
rán lo  restituyó  a  su  padre  no  era  humano  llevar  en 
tales  condiciones  aquel  muchacho  todo  corazón 

Y  ahí  lo  tenéis,  algunos  meses  después,  soldado  de 
Artigas  en  el  campo  de  Las  Piedras,  va  en  el  mismo 
escuadrón  de  caballeiía  en  que  su  amigo  Juan  An- 
tonio Lavalleja  sirve  la  causa  de  la  patria,  los  dos 
han  acudido  de  los  primeros,  con  casi  todos  los  miem- 
bros de  sus  familias,  desde  sus  hermanos  ina>ores, 
al  llamado  del  capitán  de  blandengues,  los  dos  van 
unidos,  después  de  la  batalla,  a  los  puestos  avanzados 
de  la  línea  sitiadora  de  Montevideo  Rivera  conduce 
las  guerrillas  de  la  extrema  derecha,  La\alleja,  se- 
gún nos  lo  describe  la  tradición  doméstica  se  acercaba 
entonces  a  las  murallas,  en  las  horas  de  la  noche,  y 
cantaba  desde  los  fosos,  al  son  de  la  guitarra,  coplas 


[17] 


JU-\N  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


irrespetuosa*,  para  molestar  a  los  sitiados  Y  dicen 
que,  en  el  silencio  de  la  guardia,  se  solían  oír  las  car- 
cajadas con  que  contestaba  a  lo*  disparos  que  se  ha- 
cían sobie  su  voz  en  la  oscuridad 

Y  allá  van  lo*  dos.  Rivera  y  Lavalleja,  en  la  grande 
caravana  del  Éxodo ,  son  de  los  que  despejan  el  ca- 
mino de  la  patria  fugitiva  con  sus  sables,  v  de  los  que 
sobrellevan  las  penurias  del  Ayuí,  y  de  los  que  regre- 
san en  la  repatriación,  y  ponen  el  segundo  sitio 
Son  de  los  primeros,  por  ím,  que  siguen  a  Artigas, 
sin  vacilación  en  la  fe,  cuando  ehte  se  «epara,  con  su 
visión  secreta,  de  la  linea  sitiadora,  de  los  condena- 
dos a  muerte,  pues  Y  aquí  los  tenemos,  preparados 
a  la  campaña  del  Guayabo 

Eran  dos  tipos,  esos  dos  hijos  de  Artigas,  pudiera 
creérseles  antagónicos,  pero  son  complementarios 

Difícilmente  venamos  a  este  joven  Rivera  mejor 
que  al  través  de  la  impresión  que  produce  en  el  pres- 
bítero don  Dámaso  Larrañaga,  cuando  éste  lo  ve,  por 
vez  primera,  al  llegar  a  Pavsandú  poco  después  de 
esta  campaña  del  Guayabo  "Observamos  dicen  en  su 
Diario  que  llegaba  al  pueblo,  en  tres  columnas,  la  di 
visión  que  forma  la  derecha  de  vanguardia  del  ejér 
cito  oriental,  al  mando  del  señor  don  Fructuoso  Ri- 
vera, y  que  éste,  dirigiéndose  al  puerto  en  una  canoa 
pequeña,  y  puesto  de  pie  dentro  de  ella  en  compañía 
de  un  oficial,  venía  hacia  nosotros  Yo  deseaba  mu- 
cho conocer  ebte  joven,  por  su  valor  y  buen  compor- 
tamiento Él  fue  quien  en  Guayabo  derrotó  las  fuerzas 
de  Buenos  Aires  mandadas  por  Dorrego  Me  pareció 
de  unos  25  años,  de  buen  personal,  carnredondo,  de 
ojos  grandes  y  modestos,  muy  atento,  y  que  se  expre- 
saba con  finura  Su  traje  era  sencillo  de  bota  a  la 
inglesa,  pantalón  y  chaqueta  de  paño  fino  azul,  som- 


[18] 


LA  EPOPEYA  DX  ART3QAB 


btero  redondo;  sin  más  distintivo  que  el  sable  y  faja 
de  malla  de  seda  de  color  carmesí  Y  este  traje  vestía 
también  bu  ayudante" 

Ese  es  el  Rivera,  efectivamente,  que  vive  en  la  ima- 
ginación popular.  Era  fino,  de  vivísimos  ojos  negros, 
de  correcto  perfil  caucásico,  de  carácter  jovial,  deci- 
dor, manirroto.  Dicen  que  fue  dado  al  juego,  y  no  lo 
juzgo  inverosímil,  para  él,  el  dinero  no  tenia  maldita 
la  importancia;  iba  y  venía  como  un  huésped  de 
servicio,  que  se  despide  sin  pena  y  se  recibe  sin  amor 
Hablaba  con  facilidad  y  hasta  con  elocuencia,  era 
amigo  da  las  arengas,  de  los  brindis  chispeantes  en 
los  banquetes,  de  las  frases  espirituales  en  los  corri- 
llos Había,  sin  embargo,  una  cierta  melancolía  en  su 
mirada  amable  Rivera  sufrió  mucho  en  la  vida,  y 
murió  solo  y  triste,  cuando  su  patria  lo  llamaba  de 
nuevo,  después  de  un  destierro 

Lavalleja  era  otra  cosa,  más  normal,  más  metódico, 
menos  original  Era  de  talla  regular  mas  bien  baja 
que  alta,  pero  de  recia  contextura  Sus  ojos  claros, 
benevolentes,  casi  apagados  e  inexpresivos  en  la  \ida 
ordinaria,  se  hacían  fosforescentes  en  la  pelea ,  desgar- 
bado cuando  andaba  a  pie,  su  figura  a  caballo,  firme 
en  los  estribos,  pero  movida  en  la  montura  como  si 
anduviera  sobre  ella,  cobraba  un  carácter  que  lo  ha- 
cía visible  entre  mil,  su  poncho  era  una  bandera  que 
pasaba,  su  silueta  una  leyenda  criolla,  sabida  de  me 
mona  por  el  pueblo  Era  de  fisonomía  noble,  pero 
poco  característica,  de  expresión  lenta  como  su  pala- 
bra Fue  siempre  de  costumbres;  morigeradas  y  mo- 
destas, muy  dado  a  la  vida  de  familia  La  falta  de 
garbo  o  de  gracia  externa  de  Juan  Antonio  La\alleja 
ha  pasado  a  nuestro  adagio  vulgar,  como  pasará  su 
nombre  a  la  posteridad  simbolizando  nuestra  gloria 


[19] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


No  ha}  que  decir  que  esos  dos  amigos  y  compañe- 
ros de  armas  eran  valientes  y  despreciadores  de  la 
vida,  pero  si  bien  ambos  impetuosos,  el  empuje  de 
Rivera,  pese  a  su  carácter  vivaz,  era  más  reflexivo,  el 
de  Lavalleja  más  intrépido  o  temerario  Rivera  mi- 
raba al  enemigo  v  sonreía  silencioso,  La\alleja  sen- 
tía encendérsele  los  oíos,  daba  voces  a  sus  soldados, 
ponía  al  galope,  a  lo  largo  de  las  filas,  el  caballo, 
cuyos  arneses  de  plata  rechinaban  como  una  música 
guerrera,  el  olor  de  la  pólvora  le  producía  la  come- 
zón de  la  carga  Rivera  era  feliz  cuando  despistaba  v 
dejaba  atolondrado  a  su  contrario  Lavalleja  lo  era 
cuando  sentía  desplomarse  muerto  entre  sus  piernas 
el  caballo  que  montaba,  cayendo  él  de  pie  con  la 
rienda  en  la  mano,  o  cuando,  después  de  la  refriega, 
mostraba  en  el  poncho  los  agujeros  de  las  balas  ene- 
migas, una  de  ellas  le  taladró  una  \ez  el  ala  del 
sombrero  sobre  la  frente,  otra  le  aplastó  un  botón  de 
bronce  de  la  chaquetilla,  al  lado  del  corazón  Rivera, 
en  las  retiradas,  miraba  mucho  el  terreno,  los  hori- 
zontes lejanos  las  estrellas  en  la  noche,  ponía  a  sal\o 
el  ejército  Lavalleja  cubría  las  retaguardias  en  con- 
tacto con  el  perseguidor  A  Rivera  no  le  gustaba  el 
humo  porque  le  irritaba  los  ojos,  -y  él  quería  ver,  el 
otro  lo  buscaba  porque  le  producía  la  embriaguez 
heroica,  v  él  quería  pelear  Es  auténtica  y  caracterís- 
tica la  contestación  que  da  Lavalleja  a  Alvear,  cuando 
éste,  después  de  Ituzaingó,  le  reprocha  una  carga 
que  juzga  imprudente  {<Yo  no  entro  en  batalla  con 
anteojos  de  larga  vista",  le  contestó  con  sorna  Lava- 
lleja caerá  prisionero  Rivera,  no,  se  le  hubiera  es- 
capado al  diablo 

Brotados  estos  dos  jóvenes,  como  Artigas,  de  las 
profundidades  étnicas  v  sociológicas  de  nuestra  tie» 


120] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


rra,  son  la  expresión  germina  de  nuestra  idiosincrasia 
nacional,  inclinada  a  la  igualdad  democrática,  y  re- 
belde a  someterse  a  quien  no  le  inspira  respeto  y,  so- 
bre todo,  amor  Corazones  bien  puestos,  Rivera  y  La- 
valle]  a  ganaron  sus  prestigios  en  el  pueblo  con  sus 
proezas,  pero  sobre  todo,  como  dice  Larrañaga,  con 
sus  bondades  y  clemencias  Son  muchos  los  actos  de 
magnánima  sencillez  que  la  tradición  nos  ofrece  para 
pintarnos  esa  amable  cualidad  en  Juan  Antonio  Lava- 
He]  a,  intercedió  por  sus  propios  enemigos  convictos  y 
confesos  de  haber  intentado  asesinarlo,  y  los  salvó 
Pero  nadie  poseyó  más  que  Fructuoso  Rivera,  ni  el 
mismo  Artigas,  el  secreto  de  ganarse  la  voluntad  de 
los-  hombres  Los  soldados  lo  creían  un  amuleto ,  las 
muchedumbres  lo  tuteaban,  le  llamaban  don  Frutos, 
o  Frutos  a  secas  El  petit  caporal,  visible  en  todas 
partes,  de  la  leyenda  napoleónica,  era  en  él  una  ver- 
dad He  hablado  en  estos  días  precisamente  con  uno 
de  los  soldados  de  Rivera,  viejo  de  noventa  años,  fuer- 
te todavía,  con  tres  cuartos  de  sangre  indígena  jOh, 
el  general1 ,  me  decía  cuando  jo  le  pedía  sus  recuer- 
dos Y  se  le  iluminaban  los  ojos  En  la  noche  que 
siguió  a  una  durísima  refriega,  me  contaba  el  viejo, 
yo  sentí  que  alguien  andaba  entre  los  soldados  echa- 
dos en  la  gramilla,  heridos  unos,  muy  cansados  to- 
dos jEra  el  general',  me  decía  sonriendo,  y  en  voz 
baja,  como  si  me  revelara  un  secreto  era  el  general, 
yo  lo  conocí  en  seguida  Cuando  vio  que  estaba  yo 
despierto,  me  dijo,  dándome  un  golpecito  en  la  es- 
palda Dormite,  che,  que  tenemos  que  ensillar  muy 
de  madrugada,  date  una  friega  en  las  piernas.  .  por 
aquí,  si  te  duele  mucho    .  jOh,  el  general T 

Rivera  era  padrino  de  todos  los  niños  que  encon- 
traba a  su  paso  por  el  campo  a  los  qut  hacía  bauti- 


[21] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


zar,  se  habla  de  una  batalla  ganada  por  él  con  sólo 
sus  ahijados,  en  quince  días  formaba  un  ejército,  con 
montar  a  caballo,  sin  armas  Rivera  casi  no  las  usó 
nunca 

Esas  cualidades  criollas  de  fascinación  coexistían, 
ain  embargo,  tanto  en  Lavalleja  como  en  Rivera  con 
la  cultura  suficiente  para  hacer  de  ellos,  si  no  dos 
académicos,  dos  personas  bien  educadas,  leían  los 
libros  en  boga,  llevaban  su  interesantísima  correspon- 
dencia privada  La  epistolar  que  se  conserva  de  puño 
y  letra  de  Rivera,  es  enorme  Leo  en  el  Diario  de  la 
guerra  del  Brasil,  del  ayudante  Brito  del  Pino,  esta 
nota  "El  general  Rivera  vino  hoy  a  mi  rancho  y 
estuvo  levendo  el  Contrato  Social"  Se  conserva  el 
ejemplar  de  La  conquista  de  Méjico,  de  Solís,  que 
leía  en  su  prisión  Los  hombres  que  trataron  a  Rivera 
nos  han  hablado  unánimes  de  su  inteligencia,  de  su 
extraordinaria  facultad  de  asimilación,  de  la  claridad 
de  su  criterio,  aun  entre  los  hombres  de  letras 

En  cuanto  a  Lavalleja,  recordemos  que  obtuvo  el 
voto  de  don  Manuel  Moreno  para  presidente  de  la 
Confederación  Argentina  en  la  Asamblea  en  que  fue 
elegido  Rrvadavia,  su  correspondencia,  que  conser- 
vamos copiosa,  tiene  un  estilo  fluido  y  expresivo,  una 
persona  vive  en  ella 

No  terminemos  esta  rápida  semblanza  sin  una  nota, 
siquiera  somera,  sobre  el  significado  social  de  estos 
dos  simbólicos  soldados 

Ambos  se  casaron  muy  jóvenes  Lavalleja,  en  1818, 
con  doña  Ana  Monterroso,  hermana  del  ilustre  fraile 
secretarlo  de  Artigas,  Rivera,  en  1815,  con  doña  Ber- 
nardina Fragoso.  Y,  un  detalle  muy  interesante  el 
.  primero  celebró  "su  matrimonio  por  poder,  y  fue  Fruc- 

[22  J 


LA  EPOPEYA  DÍ  AETICAS 


tuoso  Rivera,  bu  compañero  de  armas,  quien  hizo  las 
veces  de  su  amigo  Lavalleja  en  la  ceremonia  nupcial 

¿Cómo  no  detenernos,  un  momento  siquiera,  pues 
nos  salen  al  encuentro,  ante  esas  dos  amables  muje- 
res que  unen  sus  \idas  y  destinos  a  las  de  nuestros 
dos  clasicos  capitanes '  Ellas  doña  Bernardina  Fra- 
goso de  Rivera  y  doña  Ana  Monterroso  de  Lavalleja, 
podrían  serviros  como  tipo  escultórico  de  la  mujer  pa- 
triota de  aquellos  tiempos,  mujer  fuerte,  armada  en 
el  corazón,  coronada  para  el  holocausto  Esas  dos  ilus- 
tres damas  que  os  presento,  lo  mismo  que  las  visteis 
en  el  Exodo  del  Pueblo  Oriental,  siguieron  muchas 
veces,  casi  siempre,  a  sus  mandos  en  las  marchas,  en 
los  campamentos,  en  los  cautiverios,  la  carreta  de 
techo  de  cuero  las  condujo,  escoltadas  por  los  gau- 
chos, en  medio  de  la  guerra,  al  través  de  las  colinas 
sm  sendas  y  de  los  ríos  sin  vado  tuvieron  gestos 
marmóreos,  les  opresores  de  la  patria  las  hicieron 
sus  prisioneras,  las  encarcelaron,  las  trataron,  y  no 
sin  causa,  como  a  soldados  enemigos 

Y  bien  >o  juzgo  que,  con  lo  dicho,  tenemos 
bastante,  amigos  míos,  para  conocer  personalmente  a 
los  dos  primogénitos  de  Artigas,  y,  en  ellos,  a  la  le- 
gión toda  de  aquellos  hombres  fuertes,  que,  en  torno 
del  Caudillo  de  los  Pueblos,  fueron  los  fundadores 
de  la  estirpe  Están  muy  próximos,  desgraciadamente, 
para  que  podamos  verlos  en  su  realidad  estética  Yo 
no  puedo  hacer  con  ellos  lo  que  el  viejo  Homero  con 
sus  aqueos,  él  los  hubiera  considerado  hijos  de  diosa; 
los  hubiera  contado,  uno  por  uno,  sobre  la  colina  que 
baña  el  Uruguav,~como  lo  hizo  en  la  llanura  de  Ska- 
mandroB,  al  verlos  pasar  entre  Ibb  huecas  na\es  de  los 
aqueos  cabelludos  y  los  muros  de  la  sagrada  Ihón 
Como  las  multitudes  aladas  de  las  grullas  y  de  los 


[23] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


cisnes  de  largo  cuello,  pasaban  los  guerreros  ante  los 
ojos  ciegos  del  rapsoda  los  habitantes  de  Tisbé,  abun- 
dante en  palomas,  y  los  de  Amé,  que  abunda  en 
uvas,  y  los  de  la  margen  del  Kefisto,  el  río  divino 
Y  pasaba  Uhses,  semejante  en  la  inteligencia  al  dios 
que  se  alegra  del  rayo,  y  Politectes,  excelente  ar- 
quero, y  los  dos  Ajax,  domadores  de  caballos  v  Me- 
nelao,  el  vengador  de  Helena,  y  en  medio  de  todos, 
parecido  en  los  ojos  a  Zeus,  y  a  Ares  en  la  estatura, 
y  en  la  anchura  del  pecho  a  Poseidon,  pasaba  Aga- 
menón el  atreida  Nosotros  no  vemos  nada  de  eso, 
a  causa  de  nuestros  ojos  mortales,  abieitos  solo  ha- 
cia afuera,  la  realidad  aparente  nos  mira  como  si 
fuera  una  verdad,  una  roca  o  un  arbusto  nos  ocul- 
tan la  montaña  Ni  siquiera  nos  damos  cuenta  de 
cómo  Palas  Atenea,  la  diosa  de  ojos  claros,  pone  en 
los  corazones  fuerza  y  valor,  ni  percibimos  el  vuelo 
de  Iris,  que  pasa,  como  el  viento,  en  dirección  a 
Troya,  con  el  mensaje  de  Zeu9  al  viejo  Príamo  jNi 
siquiera  sospechamos  el  secreto  de  los  dioses  que  vi- 
ven siempre1 

No  diremos,  pues,  oh  amigos,  los  nombres  de  todos 
y  cada  uno  de  nuestros  héroes,  pero  mirad  vosotros, 
con  mirada  penetrante,  a  esos  dos  que  os  he  ofre- 
cido Rnera  y  Lavalleja  En  ellos  están  todos  los  bue- 
nos y  valerosos,  reflejan,  sobre  todo,  como  asteroi- 
des ígneos,  la  inmediata  luz  solar  la  del  silencioso 
Artigas  Y  la  conservaran  cuando  el  sol  se  ponga  en 
el  horizonte  de  las  colinas  Y  según  la  reciban  mas  o 
menos  de  lleno,  tendrán  sus  resplandores  )  sus  eclip- 
ses o  menguantes  Y  después  de  morir  juntos,  for- 
mando una  sola  persona,  miembros  de  un  triunvirato 
gobernante,  quedaran,  por  fin,  en  el  cielo  de  la  pa- 


L  24] 


LA  SPOPETA  DI  ARTIGAS 


tria,  como  estrellas  doble*,  constelación  amiga  de 
nuestro  polo. 

Y  ahora,  si  os  parece,  sepamos  de  esa  campaña 
del  Guayabo,  en  que  nuestros  griegos  y  troyanos  ca- 
belludos libran  sus  combates,  en  presencia  de  los  dio- 
ses invisibles,  que  velan  por  la  argentina  estirpe. 

III 

La  campaña  del  Guayabo,  que  ha  estudiado  nota 
blemente  Lorenzo  Barbagelata,  y  que  >o  quiero  tra- 
zaros en  una  línea  lo  más  nítida  posible,  es  el  tipo 
de  la  guerra  americana,  en  que  el  caballo  es  el  ver- 
dadero proyectil,  más  rápido  que  el  plomo,  guerra 
de  audacias,  de  marchas  y  contramarchas  inverosími- 
les, de  sorpresas  temerarias,  de  irrupciones  torrencia- 
les Lo  que  la  distingue  es  la  carga  del  pelotón  de 
caballería,  semejante  a  un  vuelo  sesgo  de  pájaros,  la 
masa  de  lanceros,  como  un  cañaveral  que  lleva  el 
viento,  se  acerca  en  línea  recta,  crece,  cobra  formas 
vanas,  se  detalla,  va  a  estrellarse  contra  el  enemigo, 
pero  de  repente,  como  la  golondrina  que  roza  el  suelo, 
tuerce  el  rumbo  en  una  curva  tangente  a  la  línea 
contraria,  se  aleja,  casi  se  pierde  en  el  horizonte,  para 
reaparecer  de  improviso  por  otro  lado,  sin  perder  el 
impulso  que  llevaba,  y  aceicarse,  y  agrandarse  de 
nuevo,  y  chocar  por  fin,  cuando  halla  entrada  propi- 
cia, y  derramarse  como  una  ola  sobre  el  enemigo, 
para  destrozarlo  o  destrozarse  a  sí  misma,  y  desapa- 
recer pulverizada  Es  el  Aquelarre  o  Sabbat  militar 
fantástico,  en  que  las  brujas,  que  cabalgaban  sus  paloi 
de  escoba,  o  sus  esqueletos  de  corceles  difuntos,  son 
sustituidas  por  el  hombre  semidesnudo,  inclinado  so- 
bre el  cuello  del  caballo  sin  domar,  de  largas  crines,  de 


[25] 


JUAN  ZORRILLA  DE  iAK  MABTIN 


ojo»  espantados  resplandecientes  y  de  nariz  humeante, 
por  el  flotar  del  poncho  y  el  tremar  de  la  lanza  pri- 
mitiva, por  el  enjambre  sonoro  v  casi  aéreo  de  hom- 
brea que  gritan  con  alaridos,  de  caballos  que  bufan, 
de  lanzas  que  se  entrechocan 

Dorrego  y  Rivera,  protagonistas  en  esa  justa  homé- 
rica, son  dignos  el  uno  del  otro,  son  dos  bravos  Am- 
bos son  audaces  y  astutos,  ágiles,  sobre  todo,  tienen 
el  \uelo  del  halcón,  aparecen  y  desaparecen,  caen  del 
aire  sobre  su  presa. 

Artigas,  situado  en  la  costa  Norte  del  Uruguay, 
atiende  el  desarrollo  de  las  operaciones  encomendadas 
a  Blas  Basualdo,  Ramírez  y  otros  jefes,  sobre  la 
Banda  Occidental,  y,  al  mismo  tiempo,  y  ante  todo, 
dirige  las  que  se  desarrollan  en  el  territorio  oriental 
Rivera  está  situado  en  el  centro  de  este,  frente  a  él, 
en  la  capilla  del  Durazno,  acampa  Dorrego,  Otor- 
gues opera  en  el  Sur,  y  amenaza  a  Montevideo,  el 
comandante  Gadea  en  el  Oeste,  a  lo  largo  del  Uru- 
guay, otros  capitanes  secundarios  recorren  el  terri- 
torio 

Artigas  ha  ordenado  a  Rivera  que  ataque  a  Do- 
rrego, y  busque,  en  el  Sur,  la  incorporación  de  Otor- 
gues El  Rio  Negro,  caudaloso  v  profundo,  separa  al 
capitán  occidental  del  oriental,  una  lluvia  copiosa  lo 
ha  desbordado,  sólo  asoman  las  copas  de  los  árbo- 
les del  bosque  sumergidos  en  las  aguas,  éstas  inva- 
den la  llanura  detrás  de  el,  está  campo  afuera,  como 
dicen  nuestros  paisanos,  invadeable  para  quien  no 
tenga  alas  Pero  eso  es,  precisamente,  lo  que  da  ca- 
rácter a  esta  clase  de  guerra  las  alas,  los  caballos  y 
los  jinetes  aéreos 

Dorrego  se  echa  sigilosamente  al  río,  con  toda  su 
división,  lo  atraviesa  a  nado  en  seia  horas;  pisa  la 


[26] 


ribera  opuesta,  con  la  firme  persuasión  de  sorpren- 
der a  Rivera,  que  está  en  un  cardal,  frente  al  paso 
de  Las  Piedras,  cae  sobre  Rivera  Pero  este,  que 
oye  el  paso  del  enemigo  en  el  aire,  lo  ha  sentido  con 
el  tiempo  apenas  suficiente  para  evitar  el  desastre, 
salta  a  caballo  y  se  retira  en  orden  hacia  el  Norte,  li- 
brando encarnizados  combates  parciales  en  todos  los 
vados,  en  Tres  Arboles,  en  los  brazos  del  Salsipuedes 
Este  nombre  es  una  sugestión  Lavalleja,  cuyo  valor 
temerario  fue  clásico  en  aquellas  luchas,  conduce  las 
guerrillas  de  retaguardia,  en  contacto  con  las  avan 
zadas  enemigas.  Es  el  quien  cierra  los  pasos,  mientras 
el  grueso  de  la  división  es  salvado  por  Rivera 

Dorrego  ha  errado  el  golpe  Después  de  una  per- 
secución de  doce  leguas,  sus  hombres  están  rendidos, 
sus  caballos  extenuados  Rivera  no  se  ha  fatigado,  no 
se  fatiga  nunca  ha  continuado  su  retirada  en  medio 
de  la  noche  Al  amanecer  está  ya  muy  lejos  Desensi- 
lla su  caballo  sudoroso  y  jadeante  a  orillas  del  Que- 
guay,  allá  muy  al  Norte,  cerca  del  campamento  de 
Artigas. 

Los  centauros  empapados,  y  semidesnudos,  han  en- 
cendido sus  fogones  a  orillas  del  monte  de  talas  )• 
espinillos,  la  carne  de  la  res  salvaje  se  asa  en  el 
suelo,  los  soldados  toman  mate  y  cantan,  al  son  de 
la  guitarra,  los  cantos  impregnados  de  las  tristes  vic- 
torias de  la  patria,  las  estrellas  estivales  de  noviem- 
bre se  desvanecen  en  luz  de  aurora.  Homero  y  Ossián 
oyen  el  canto,  desde  el  borde  de  sus  nubes,  y  recono- 
cen, en  la  voz  de  los  gauchos  orientales,  el  inconfun- 
dible tono  de  los  rapsodas,  o  de  los  bardos  sinceros, 
que  anuncian  las  nuevas  patrias 

Dorrego  advierte  que  ha  avanzado  más  de  lo  con- 
veniente, recurre  a  Entremos  en  busca  de  refuerzos, 


127] 


JUAN  ZOKMILLA  PE  SAN  MASTIN 


y  no  los  consigue,  no  puede  seguir  adelante,  sin  de- 
jar  abandonado  su  flanco  izquierdo  y  su  retaguardia, 
no  debe  aventurar  una  acción,  pues  sabe  que  el  ene- 
migo ha  sido  reforzado  Retrocede  entonces,  y  el  per- 
seguido se  convierte  en  perseguidor  Rivera,  que  ha 
recibido  de  Artigas  300  hombres,  entre  ellos  200  blan- 
dengues, lo  mejor  de  las  tropa9  orientales,  una  pieza 
de  artillería  y  las  milicias  de  Gadea,  vuela  en  pos  del 
enemigo,  que  ha  retrogradado  hacia  el  Río  Negro 
Las  guerrillas  perseguidoras,  conducidas  por  Lavalleja 
y  Bauza,  doblan  las  avanzadas  de  Dorrego,  y  las  em- 
pujan hacia  Mercedes,  Dorrego  abandona  la  villa  pre- 
cipitadamente y  se  refugia  en  Soriano,  para  agrupar 
sus  elementos  dispersos  No  es  posible  el  ágil  ene- 
migo no  le  da  un  momento  de  reposo,  está  ya  cerca, 
y  le  obliga  a  continuar  su  fuga  hacia  el  Sur,  en  ella, 
en  un  pequeño  entrevero,  Dorrego  esta  a  punto  de 
caer  prisionero  al  vadear  el  Bizcocho  Tampoco  puede 
sostenerse  en  San  Salvador,  como  esperaba,  se  corre 
a  las  Vacas,  más  al  Sur,  donde  disputa  el  paso  al  ene- 
migo durante  tres  horas  de  porfiada  lucha  E»  desalo- 
jado, y  sigue,  sigue  hacia  el  Sur  Se  encierra,  por 
fin,  tras  los  muros  de  la  Colonia,  sobre  el  Río  de  la 
Plata  Durante  su  retirada  ha  perdido  400  hombres, 
entre  mueitos,  heridos  y  dispersos,  e  inutilizado  sus 
caballadas  Es  una  larga  derrota  El  primer  acto  de 
eBte  drama  clasico  esta  terminado 

Rivera  deja  a  Lavalleja,  con  200  hombres,  en  ob- 
servación de  Dorrego,  y  regresa  al  Norte,  a  buscar 
a  Artigas 

Soler,  el  comandante  militar,  que  ge  había  dirigido 
a  la  Florida  a  observar  el  desarrollo  de  las  operacio- 
nes de  Dorrego  y  prestarle  auxilio  en  caso  necesario, 
recibe,  el  8  de  diciembre  de  1814,  el  oficio  en  qu« 


[28] 


LA  gfOPIYA  PB  AltTtflAS 


éste  le  comunica  su  desastrosa  retirada,  refuerza  el 
ejército  con  todas  la9  fuerzas  de  que  puede  disponer 
—  230  hombres  de  Ortiguera,  270  fusileros  a  caballo, 
160  granaderos  de  infantería,  60  soldados  del  número 
10,  y  50  artilleros  que  se  le  envían  de  Montevideo  — 
y,  reunido  con  Dorrego  en  San  José,  acuerda,  en  con- 
sejo de  jefes,  un  nuevo  plan  de  campaña 

Dorrego  recibe  orden  de  buscar  y  atacar  a  Arti- 
gas, dondequiera  que  lo  encuentre  Éste  se  halla  en 
el  Norte,  atraída  su  atención  por  los  acontecimientos 
de  la  Banda  Occidental  del  Uruguay,  donde  Perugo- 
rría,  caudillo  de  la  provincia  de  Corrientes,  ha  des- 
conocido su  autoridad,  y  Valdenegro,  enviado  por 
Buenos  Aires  como  gobernador  de  la  provincia,  ha 
derrotado  a  Blas  Basualdo,  capitán  de  Artigas,  y  ame- 
naza caer  sobre  éste  por  la  espalda  Esa  defección  de 
Perugorría,  en  ese  momento  de  suprema  expectativa, 
pudo  haber  sido,  efectivamente,  un  golpe  de  muerte 
para  el  caudillo  oriental  y  para  su  causa  Artigas  sube 
hacia  el  Norte,  envía  recursos  e  instrucciones  a  Ba- 
sualdo, y  éste,  después  de  derrotar  y  hacer  prisionero 
al  capitán  traidor,  restablece  en  Corrientes  el  predo- 
minio de  Artigas  Perugorría  fue  condenado  a  muerte, 
previo  consejo  de  guerra 

Artigas  vuelve  de  nuevo  la  \ista  hacia  la  Banda 
Oriental  Dorrego  avanza  en  su  busca,  ha  cruzado  el 
Río  Negro,  forzando  los  pasos,  después  de  librar  com- 
bates  con  éxito  vano 

Ha  subido  hasta  el  Queguay,  donde  recibe  refuer- 
zos de  artillería  de  Valdenegro,  ha  acampado,  por 
fin,  en  las  caídas  del  Arroyo  Arerungiiá,  a  media  le* 
gua  del  Paso  de  Guayabos  o  del  Guayabo,  y  ««rea 
del  cerro  del  Arbohto,  que  domina  el  campo 


[29] 


JUAN  ZOBEILIO.  DI  SAN  MARTIN 


Al  día  siguiente,  en  la  mañana  del  10  de  enero 
de  1815,  sus  descubridores  le  anuncian  que  una  par- 
tida enemiga  esta  en  el  paso  del  arroyo  Dorrego 
cruza  éste  tras  la  partida  que  se  repliega  sin  hacer 
resistencia,  pues  bu  propósito  e9  el  de  atraerle  Y  del 
otro  lado,  a  400  metros  del  arro\o,  halla  formado  al 
enemigo,  que  le  espera,  que  anhela  el  combate  de- 
cisivo 

Artigas  ha  enviado  allí  todos  los  elementos  de  que 
ha  podido  disponer,  y  que  están  al  mando  de  Rivera 
Mil  doscientos  hombres  de  cada  parte  van  a  librar  la 
acción 

Rivera  estaba  en  orden  de  batalla  la  infantería  en 
el  centro,  en  ala,  detrás,  una  pieza  de  artillería,  ser- 
vida por  60  hombres,  en  los  flancos,  la  caballería, 
en  el  izquierdo,  los  blandengues,  mandados  por  Bauzé, 
y  algunas  milicias,  apoyados  en  una  zanja  y  protegi- 
dos por  un  corral  de  piedra,  en  el  derecho  las  mili- 
cias de  Sonano,  Mercedes  y  Paysandú,  y  el  escua- 
drón de  Lavalleja 

Dorrego  tendió  rápidamente  su  línea  de  combate,  a 
la  derecha,  los  granaderos  a  caballo,  en  el  centro, 
el  número  3,  una  pieza  de  artillería  y  los  granaderos 
de  infantería,  en  el  costado  izquierdo,  los  dragonea, 
50  hombres  a  caballo  constituían  la  reserva 

Lavalleja  inicia  el  combate,  a  las  doce  del  día,  rom 
píen  do  el  fuego  con  \igor,  amagando  cargas  y  simu- 
lando retiradas,  para  atraer  al  enemigo  hacia  una 
hondonada,  en  que  están  los  blandengues  de  Bauzá 
Los  orientales  protegidos  por  el  corral  de  piedra  son 
desalojados,  y  en  vano  intentan  repetidas  veces  recu- 
perar la  posición,  conservada  por  los  granaderos  a 
caballo  de  Dorrego  Éste  avanza  hacia  allí  con  toda 
su  línea,  )  se  empeña  un  combate  de  fusilería,  que 


[30] 


LA  «PQgKYA  OS  ARTIOA» 


dura  varias  horas.  Un  grupo  de  europeos,  encabeza* 
do»  por  un  sargento,  se  pasa  en  ese  momento  a  las 
filas  orientales,  son  los  soldados  españoles  de  Vigo- 
det  que  Alvear  forzó  al  servicio,  tras  la  violada  capi- 
tulación de  Montevideo,  y  que  han  sido  traídos  a  pie, 
con  penurias  de  toda  laya  Rivera  amaga  entonces 
una  carga  contra  la  caballería  enemiga  y  simula,  co- 
mo Lavalleja,  una  huida  para  atraerla,  como  la  atrae, 
por  fin,  al  sitio  en  que  está  Bauzá  con  sus  blanden- 
gues Éste  secunda  bizarramente  el  propósito  de  Ri- 
vera Los  blandengues  reciben  al  enemigo  con  nutridas 
descargas,  que  le  hacen  -volver  grupas  con  intención 
de  rehacerse  en  la  altura,  pero,  aquéllos,  saltando  a 
caballo,  cargan,  sablean  y  deshacen  I09  escuadrones 
enemigos,  que  Dorrego  intenta,  pero  no  consigue,  re- 
animar En  ese  momento,  la  caballería  oriental  lleva 
una  carga  pujante  contra  la  infantería  enemiga,  que 
ha  quedado  en  descubierto,  penetra  por  su  flanco, 
arrollándolo  todo,  la  empuja  en  dispersión  sobre  los 
escuadrones  deshechos  por  Bauzá,  y  que  en  vano  pre- 
tende reorganizar  Dorrego  Todo  es  arrollado  por  las 
lanzas  de  Rivera  y  Lavalleja,  incluso  las  reservas  que 
han  llegado  a  detener  y  proteger  a  los  batallones  des- 
trozados El  desbande  se  hace  general,  los  enemigos 
huyen  aterrorizados  hacia  el  paso  "En  el  momento  en 
que  nuestras  tropas  dieron  vuelta  dice  Dorrego,  los 
enemigos  se  mezclaron  en  nuestras  filas,  y  como  por 
lo  general  venían  desnudos,  la  tropa  los  conceptuaba 
indios,  habiendo  cobrado  sin  motivo  un  gran  temor" 
Inútiles  fueron  los  esfuerzos  del  jefe  occidental  para 
iniciar  una  retirada  en  orden  El  pánico,  "que  desba- 
rata las  cohortes  y  precipita  las  derrotas",  iba  detrás 
de  sus  soldados,  estos  descargaban  sus  armas  contra 
los  oficiales  que  pretendían  contenerlos  y  reorgaru 


[31] 


JUAN  ZORRILLA  DK  BAN  MARTIN 


zarlos  "Era  tal  el  pavor  que  se  había  apoderado  de 
la  tropa,  dice  Borrego,  que  huía  de  sólo  la  algazara 
del  enemigo  Yo  mismo  he  visto  cerca  de  60  hombres 
corridos  por  sólo  cinco,  que  los  acuchillaban,  sm  que 
siquiera  ae  defendieran" 

Las  pérdidas  del  ejército  vencido  fueron  grandes 
200  muertos  y  heridos,  400  prisioneros  y  dispersos,  2 
carros  de  municiones,  un  cañón,  hasta  el  manuscrito 
del  diario  de  Dorrego  cayó  en  manos  del  vencedor 
Dorrego  repaso  el  Uruguay  con  sólo  20  hombres  So- 
ler, que  recibió  en  Mercedes  la  noticia  de  la  derrota, 
emprendió  una  marcha  desastrosa  hacia  Montevideo 

La  segunda  independencia  del  Uruguay  está  con- 
sumada 

IV 

El  hermano  transplatino  ha  sido  desalojado,  con 
el  mismo  titulo  con  que  lo  fue  la  madre  transatlán- 
tica Buenos  Aires,  desgraciadamente,  no  acaba  de 
convencerse,  sin  embargo  de  la  verdad  intrínseca, 
cuyo  reconocimiento  hubiera  sido,  en  el  Plata  lo  que 
en  el  Pacífico  el  de  la  personalidad  de  Chile  o  del 
Perú,  no  se  convence  de  que  la  Provincia  Oriental  es 
una  persona  idéntica  a  la  occidental  Lo  único  de  que 
se  persuade  es  de  que  la  conservación  de  la  conquista 
de  Montevideo  es  imposible,  y  se  resuelve  a  abando- 
narla por  ahora 

En  el  mismo  momento  en  que  se  libraba  el  combate 
del  Guayabo  Í10  de  enero  de  1815),  el  joven  Alvear 
tomaba  posesión,  en  Buenos  Aires,  del  cargo  de  Direc- 
tor Supremo  de  las  Provincias  Unidas  El  director 
Posadas  lo  había  abandonado  el  día  anterior,  "para 
retirarse,  decía,  al  silencio  de  su  casa  meditar  en  la 


[32] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


nada  del  liombre,  y  dejar  a  sus  hijos  consejos  por 
herencia". 

Es,  pues,  Alvear  quien  tiene  que  entregar  a  Artigas 
las  llaves  de  Montevideo 

La  elevación  al  poder,  en  Buenos  Aires,  de  ese  jo- 
ven dictador  es  precaria;  sólo  consigue  conservarse 
en  él  a  fuerza  de  despóticas  violencias,  y  sosteniendo 
una  lucha  intestina,  en  la  que  caerá  dentro  de  tres 
meses,  al  pretender  buscar  el  desquite  del  Guayabo 
Se  somete,  pues,  a  tratar  con  Artigas  y  le  envía  co- 
misionados a  ofrecerle  la  paz,  la  unión  4La  unión 
de  Alvear  y  de  Artigas  para  la  consecución  de  un  ideal 
común! 

El  Jefe  de  los  Orientales  acepta,  una  vez  más,  los 
parlamentarios  Exige  el  retiro  de  las  tropas  de  Mon- 
tevideo y  de  Entremos,  para  cesar  en  las  hostilida- 
des, reitera,  en  suma,  sus  bases  angulares  Alvear  se 
persuade  de  que  nada  es  posible  hacer  con  aquel  hom- 
bre inconmovible.  Con  él  no  hay  protectorado  posi- 
ble de  Inglaterra,  m  de  potencia  alguna  civilizada 
Se  resuelve,  pues,  a  entregar  a  los  orientales  su  tie- 
rra  ordena  la  inmediata  evacuación  de  Montevideo. 

Las  tropas  de  Buenos  Aires  se  van,  pero  ge  van 
llevándose  todo  cuanto  les  es  posible  arrebatar  de  lo 
que  allí  ha  quedado  artilleiía,  armas,  municiones  Es 
preciso  desarmarlo,  aniquilarlo  todo,  en  aquel  foco 
de  infección  republicana,  hasta  los  archivos  son  en- 
tregados al  populacho,  que  los  dispersa  y  destruye 

Una  catástrofe  espantosa  vino  entonces  a  poner  tér- 
mino a  aquella  faena  desatentada  Los  jefes  han  re- 
cibido orden  de  echar  al  agua  todo  elemento  de  gue- 
rra que  no  sea  posible  transportar  En  ese  caso  está 
la  gran  cantidad  de  pólvora  depositada  en  unas  ro- 
bustas construcciones  de  piedra  llamadas  Bóvedas, 


2 


[33] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


cuyas  ventanas  se  miran  en  la  bahía  Los  soldados, 
provistos  de  palas,  arrojan  precipitadamente  la  pól- 
vora al  mar,  por  las  ventanas  de  los  depósitos  Choca 
una  pala  en  la  piedra  del  muro,  salta  una  chispa,  y 
una  explosión  formidable,  que  sacude  los  cimientos 
de  la  ciudad,  anuncia  a  sus  habitantes,  consternados, 
el  fin  de  la  dominación  porteña  en  el  Uruguay  Tres 
polvorines  han  volado,  el  humo,  como  una  maldición 
de  las  noches  subterráneas,  sube  al  cielo  y  envuelve 
la  ciudad  120  cadáveres  lian  quedado  sepultados  bajo 
las  ruinas 

Las  tropas  de  Buenos  Aires  se  van  silenciosas,  al 
son  de  sus  lúgubres  tambores,  dejando  el  recuerdo  de 
una  dominación  mucho  más  angustiosa  que  la  de  Es- 
paña Se  van  el  25  de  febrero  de  1815  El  27,  los  sol 
dados  de  la  patria,  doscientos  hombres,  al  mando  del 
comandante  don  José  Llupes,  de  las  fuerzas  de  Otor- 
gues, toman  posesión  de  la  plaza 

Los  orientales,  dueños  por  fin  de  su  tierra  reco- 
gen lo  que  ha  quedado  de  la  ciudad  reconquistada 
lo  que  la  hermana  conquistadoia  no  ha  podido  arre- 
batar o  destruir  Ha  quedado  bastante,  sin  embargo 
basta  y  sobra  para  enarbolar  la  bandera  vencedora 

V 

Y  la  bandera,  la  tricolor  que  flotaba  en  el  rastrillo 
de  Rondeau,  se  enarbola,  por  fin,  en  Montevideo,  poi 
fin  Artigas  ha  cumplido  su  promesa  a  la  Junta  de 
Mayo,  de  amar  de  aquella  fortaleza  todo  pabellón 
extraño,  y  de  sustituirlo  "por  el  estandarte  de  la  h 
bertad" 

No  fue  éste  levantado,  por  cierto,  en  las  condicio- 
nes en  que  Alvear  enarboló  el  suyo  transitorio  Asis- 


[34] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


tamos,  amigos  artistas,  a  ese  acto  del  26  de  marzo 
de  1815,  que  los  orientales  conmemoramos,  y  no  sin 
causa,  con  alegría 

A  la  entrada  de  Llupes,  Otorgues,  su  jefe,  ha  que- 
dado con  el  ejército  en  las  afueras  de  la  ciudad,  en 
el  Miguelete,  a  la  espera  de  las  órdeneg  e  instrucciones 
del  Jefe  del  Estado  Llegan  éstas  el  16  de  marzo,  y 
Otorgues,  que  ha  recibido  el  nombramiento  de  gober- 
nador militar,  hace  su  triunfal  entrada  el  19,  se  ins- 
tala en  el  fuerte  de  gobierno,  en  que  el  Cabildo,  que 
ha  estado  en  comunicación  con  él  y  obrado  según  sus 
órdenes,  le  ha  dispuesto  el  alojamiento  lujoso  que  él 
quería,  y  enarbola  allí  el  26  de  aquel  mes  de  marzo 
de  1815,  la  bandera  tricolor 

Las  instrucciones  de  Artigas  fueron  categóricas  al 
respecto,  y  nos  hacen  oír,  una  vez  mas,  la  nota  ima- 
ginativa y  pasional  que  tan  a  menudo  hallamos  en  su 
carácter  Según  ellas,  la  bandera  tncolor  debía  ser 
izada  con  solemnidad,  había  de  ser  el  Pueblo  Onen- 
tal,  todo  él,  quien  con  ella  tomara  posesión  de  aque- 
lla tierra  y  de  aquel  cielo  que  eran  suyos.  Nuestra 
primer  fiesta  patria  fue  decretada  por  quien  sabía  de 
glorias  nacionales  "Para  las  seis  del  día  de  mañana, 
escribe  Otorgués  al  Cabildo,  he  dispuesto  que  se  orle 
la  bandera  tricolor  en  esta  fortaleza  V  E  ,  que  tanta 
parte  toma  en  las  glorias  de  la  patria,  no  dudo  se 
dignará  asistir  a  este  acto  tan  honroso  al  nombre 
oriental" 

El  Cabildo,  de  gran  gala,  concurrió  en  corporación, 
el  pueblo  en  masa,  lleno  de  alegría,  la  bandera,  ben- 
decida en  la  iglesia  matriz,  después  de  solemne  Te 
Deum,  fue  izada  en  medio  de  estrépitos  militares  y 
de  aclamaciones  populares. 

[35] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Una  nueva  solemnidad  tuvo  lugar  poco  después,  el 
25  de  mayo,  dispuesta  también  por  Artigas  Éste  quiso 
que  el  quinto  aniversario  de  la  revolución  fuese  cele- 
brado con  el  juramento  de  las  tropas  a  la  bandera 
nacional  en  el  patio  de  armas  de  la  ciudadela,  y  con 
la  primera  aparición  de  sus  colores  en  los  baluartes 
Así  se  hizo  después  de  los  honores  religiosos  y  mili- 
tares, aquel  pabellón  flotó,  saludado  por  los  cañones 
que  fueron  españoles,  en  la  batería  del  Norte,  Bastión 
de  San  Fernando  Era  un  día  de  gran  sol  Ys  en  la 
noche,  salieron  todas  las  estrellas. 

Los  entusiasmo»  populares  a  que  aquellos  actos  die- 
ron ocasión  han  llegado  hasta  nosotros  con  todo  su 
ambiente  matinal  salvas  de  artillería,  desfiles  de  sol- 
dados, romerías,  iluminaciones  nocturnas  de  antorchas 
y  candilejas,  >  colgaduras  en  las  ventanas,  y  rondas 
de  guitarras  por  las  calles  Una  nota  de  color  descue- 
lla para  mi  entre  las  muchas  que  tenemos,  por  su  gra- 
cia, y  también  por  su  significado  Era  menester  que 
la  bandera  que  se  izase  fuera  en  sí  misma  un  aconte- 
cimiento í  diez  y  nueve  varas  de  largo  debía  medir, 
por  nueve  de  ancho,  según  el  proyecto  del  señor  Roo, 
aprobado  por  el  municipio  Pero  no  contó  éste  con 
una  seria  dificultad  en  aquella  nuestra  ciudad  de 
Montevideo,  desmantelada  por  el  sitio,  no  se  pudo  en- 
contrar tela  suficiente  para  tamaña  bandera  Hubo, 
pues,  de  desistirse  del  proyecto,  en  cuanto  a  sus  pro- 
porciones materiales 

Pero  las  morales  de  aquellos  júbilos  de  nuestro  pue- 
blo al  sentirse  libre,  libre  por  fin,  amigos  artistas, 
aunque  sin  tela  suficiente  para  su  primera  insignia  pa- 
tria, nos  revela  la  firme  subconciencia  que  tiene  de 
su  destino  Ése  pabellón  tricolor  en  el  baluarte  del 
Atlántico  representa,  notémoslo  bien,  amigos  míos,  el 

[36] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


primer  acto  de  plena  soberanía  de  la  nación  que  de- 
puso al  virrey  español  en  la  plaza  de  Buenos  Aires, 
el  héroe  anónimo  de  aquel  día  es  ya  un  hombre,  tiene 
su  nombre  propio 

Bien  vale,  pues,  la  pena  de  que  hablemos  algo  de 
eso,  complementando  datos  anteriores  de  las  dos  ban- 
deras que,  como  dos  nebulosas  desprendidas  del  va- 
por cósmico  de  la  revolución,  se  formaron  a  ambos 
lados  del  Plata  la  una,  la  mas  difusa  se  tiñe  de  ce- 
leste y  blanco,  la  otra,  como  el  espectro  de  un  astro 
más  conglomerado,  toma  la  coloración  roja  en  una 
banda  diagonal  que  se  proyecta  en  la  nube 

En  la  Banda  Occidental  encabezada  por  Buenos  Ai- 
res no  existe,  como  sabemos,  en  1814,  ni  puede  exis- 
tir una  bandera,  porque  la  independencia,  si  bien 
latente  en  aquel  pueblo,  no  ha  sido  declarada  por 
quien  aparece  como  su  órgano  de  relación  con  las 
demás  naciones  En  Buenos  Aires  se  gobierna,  con 
mas  o  menos  sinceridad,  pero  expresamente,  a  nom- 
bre y  representación  de  Fernando  VII  Será  esa  la 
razón  que  darán  muy  pronto  los  Estados  Unidos  para 
conciliar  sus  relaciones  con  España  con  la  aceptación 
de  agentes  consulares  de  Buenos  Aires,  éstos  son, 
para  la  patria  de  Washington,  funcionarios  españoles, 
enviados  de  Fernando  y  como  tales  son  autorizados 
por  sus  propios  comitentes 

Pero  en  la  Banda  Oriental  es  otra  cosa,  Artigas, 
su  genuino  representante,  reconocido  por  propios  y 
extraños,  no  invoca  al  rey  como  fuente  de  su  autori- 
dad, el  nombre  de  Fernando  esta  suprimido  expresa- 
mente hasta  de  las  preces  de  la  Iglesia  para  sustituirlo 
por  el  de  la  patria  "Mi  autoridad  emana  de  vosotros, 
dijo  a  los  representantes  de  su  pueblo,  y  ella  cesa 
por  vuestra  presencia  soberana" 


[37] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Bien  es  verdad  que  el  noble  signo  celeste  y  blanco, 
que  hoy  amamos  por  igual  los  argentinos  o  platenses, 
los  orientales  y  los  occidentales  del  Río  de  la  Plata, 
había  comenzado  ya  a  ostentarse  en  Buenos  Aires, 
como  escarapela  primero,  y  como  estandarte  de  gue- 
rra después,  como  tal  ha  flotado  en  las  naves  de 
Brown,  y  en  el  ejército  de  Alvear  Pero  no  sólo  no 
había  sido  sancionado  por  ninguna  entidad  represen- 
tativa, sino  que  su  propia  historia  nos  fija  el  sentido 
entonces  de  aquel  predestinado  emblema  Es  el  caso 
de  que  conozcamos  esa  historia,  que  la  complemen- 
temos mejor  dicho,  porque  ya  tuvimos  ocasión  de 
hablar  de  esos  amables  colores  la  primera  vez  que 
Belgrano  los  mostró,  en  forma  de  bandera,  a  sus  sol- 
dados, en  el  Rosario,  en  1812 

Si  severa  fue  la  orden  que  entonces  recibió,  y  que 
os  hice  conocer,  de  arriar  aquella  mrpiu  dente  bandera 
y  sustituirla  por  la  española  que  se  usaba  en  Buenos 
Aires,  no  lo  fue  menos,  sino  mas,  la  reprensión  de  que 
fue  objeto  cuando,  con  toda  inocencia,  pues  la  pri- 
mera intimación  no  había  llegado  a  sus  manos,  repi- 
tió el  acto  en  Rosario  en  Jujuv,  el  25  de  mayo  de 
aquel  año,  para  celebrar  el  aniversario  de  la  revolu- 
ción Belgrano  se  vio  obligado  a  ocultar  de  nuevo  su 
insignia,  reservándola,  según  decía,  "para  el  día  de 
una  gran  victoria"  Fueron,  pues  los  colores  españo- 
les los  que  presenciaron  la  obtenida  pi  ovidencialmente 
el  24  de  setiembre  en  Tucumán  como  fueron  ellos 
los  solos  testigos  de  los  combates  intiépidos  de  Brown 

Pero  conseguida  aquella,  el  general  victorioso  se 
juzgó  habilitado  para  hacer  reconocer  de  su  ejército 
el  predestinado  signo,  no  sin  hacer  coincidir  su  jura- 
mento con  el  de  obediencia  al  nuevo  gobierno  orga- 


[38J 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


nizado  por  la  Asamblea  General  Constituyente,  recién 
instalada  en  la  capital,  y  de  que  Alvear  era  el  arbitro 

La  nueva  bandera,  pues,  atravesada  por  la  espada  de 
Belgrano  en  forma  de  cruz,  recibió  el  juramento  de 
las  tropas  en  el  arroyo  de  Pasajes,  llamado  desde  en- 
tonces del  Juramento,  el  13  de  febrero  de  1813 ,  preci- 
samente cuando,  del  otro  lado  del  Plata,  nacía  la  ban- 
dera tricolor  Y  aquella  cruz  simbólica  llenó  de  sus 
resplandores  el  cielo  de  Salta,  el  20  del  mismo  mes 
¡n  koc  signo  vinces 

No  fue  adoptada,  sm  embargo,  como  bandera  de 
la  nación,  sino  como  distintivo  del  ejército,  y  en  for« 
ma  tácita,  sólo  lo  fue  expresa  en  julio  de  1816,  en 
que  el  Congreso  de  Tucumán,  después  de  declarada 
la  independencia  el  día  9,  sancionó  lo  siguiente,  que 
se  lee  en  el  acta  del  25  "Elevadas  las  Provincias  Uni- 
das de  Sud  América  al  rango  de  nación,  después  de 
la  declaratoria  solemne  de  su  independencia,  será  su 
pecuhar  distintivo  la  bandera  celeste  y  blanca  de  que 
se  ha  usado  hasta  el  presente  y  se  usará  en  lo  sucesivo 
exclusivamente  en  los  ejércitos,  buques  y  fortalezas,  en 
clase  de  bandera  menor,  ínterin,  decretada  al  término 
de  las  presentes  discusiones  la  forma  de  gobierno  más 
conveniente  al  territorio,  se  fijen,  con  arreglo  a  ella, 
los  jeroglíficos  de  la  bandera  mayor" 

He  aquí  que  aquellos  nobles  colores,  distintivo  sólo 
de  guerra  todavía,  quedan  a  la  espera  de  los  jeroglí- 
ficos que  los  transformarán  o  no  en  una  bandera  na- 
cional. Si  ellos  son  los  que  quiere  Belgrano,  serán 
los  de  una  nueva  monarquía,  como  lo  serán  &i  se  lleva 
a  ejecución  el  pensamiento  del  Congreso  casi  unánime, 
o  el  del  general  San  Martín,  que,  a  fines  de  1816,  ha 
levantado  aquella  bandera  menor  en  Mendoza,  para 


[39] 


JUAN  20RHILLA  DE  SAN  MARTIN 


hacerla  mayor  por  veredicto  de  la  gloria,  que  la  llama 
desde  los  Andes 

Artigas  ha  creado  entretanto  ese  estandarte  tricolor 
que  enarbola  en  el  Baluarte  Norte  de  Montevideo  Y 
esa  sí  que  es  una  bandera  major  y  definitiva,  lo  que 
se  llama  una  bandera  el  signo  de  una  nueva  nación 
republicana  que  se  ha  levantado  "a  la  faz  de  la  tie- 
rra"' El  héroe  oriental  de  la  revolución  ha  adoptado, 
como  no  podía  menos,  los  colores  de  Mayo,  el  azul  y 
blanco  que  distinguió  al  héroe  anónimo,  al  verdadero 
autor  de  aquella  revolución,  en  la  plaza  de  Buenos 
Aires,  pero,  como  si,  interprete  del  pueblo,  quisiera 
preservarlos  de  toda  profanación,  como  si  hubiera 
querido  no  dejar  allí  espacio  paia  escribir  otra  cosa, 
tacha  o  rubrica  aquel  documento  de  gloria  con  una 
raya  roja  diagonal  que  lo  atraviesa  de  parte  a  parte 
Y  la  bandera  fue  la  bandera  republicana  de  América 

Aquel  chorro  de  sangre  o  toque  de  fuego  fue  la  pie- 
dla hecha  ascua  que  purifico  lo»  labios  del  profeta, 
no  saldrá  de  allí  más  palabra  que  la  de  Verdad 

La  bandera  que  de  eso  ha  resultado  se  impone  a 
quien  la  mira  por  primera  ve?  como  una  cosa  ex- 
traña hecha  con  cierta  torpeza  o  precipitación  ner 
viosa,  obra  de  un  niño  o  de  un  alucinado  "La  ban- 
dera inspnada"  la  llamó  Rodó,  al  eni_ontrarse  con  esa 
impiesión  en  su  propio  espíritu  No  se  ve  en  ella, 
efectivamente,  la  mano  del  artifue  del  blasón,  nadie 
la  ha  enmpuesto,  parece  un  pajaro  policromo  de  nue- 
va especie,  que  ha  salido  de  la  espesura  del  pueblo 
enmarañado,  y  retuerce  en  el  aire  la  larga  cola  extra- 
vagante, y  mueve  de  un  lado  a  otro  la  cabeza  sonora, 
parecida  a  un  casco 

Ahí  la  tenemos,  pues,  posada  en  el  viejo  baluarte 
de  Montevideo,  en  el  extremo  del  continente,  como  en 


í  401 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


una  roca  del  mar,  ahuyenta  de  todos  los  horizontes 
todos  los  colores  extranjeros,  suyo  es  el  Atlántico, 
suyo  y  de  su  progenie. 

Fue,  pues,  Montevideo,  al  enarbolarla,  la  primera 
capital  emancipada,  sui  juris,  en  nuestra  América  aus- 
tral; la  primera  metrópoli  republicana  que,  sin  reser- 
va mental  alguna,  se  gobierna  a  nombre  del  pueblo, 
la  bandera  americana 

El  arte  del  blasón  acudió  entonces  a  comentar,  con 
sus  motes  y  heráldicas  empresas,  el  sentido  del  no 
estudiado  pabellón  Y  vemos  aparecer  entonces,  al  lado 
de  éste,  el  escudo  nacional  que,  en  sustitución  del  de 
castillos  y  leones  y  flores  de  lis,  ocupara  la  clave  de 
la  señorial  fortaleza  Una  cimera  de  plumas  de  aves- 
truz americano  lo  corona,  está  cortado  en  dos  cuarte- 
les* en  el  jefe,  o  cuartel  superior  azul,  un  sol  naciente 
brota  del  mar,  en  el  inferior,  un  brazo  desnudo  sos- 
tiene una  balanza  proyectada  en  campo  blanco  En 
la  orla  roja,  el  pensamiento,  todo  el  genial  pensamien- 
to de  Artigas,  y  todo  el  carácter  de  su  figura  histórica, 
han  tomado  la  forma  heráldica,  en  este  lema  o  divisa 
luminosa. 

Con  libertad  ni  ofendo  ni  temo 

Aquí  tenéis,  amigos  artistas,  un  dibujo  de  ese  es- 
cuda nuevo,  imaginado  por  aquel  hombre  singular 

Y  también  la  bandera,  la  que  se  alzo  en  el  fuerte 
de  gobierno  el  26  de  marzo  de  1815,  la  que,  en  ese 
25  de  mayo,  se  enarboló  en  el  bastión  Norte  de  la 
crudadela*  tres  fajas  horizontales-  de  azur,  como  dice 
el  arto  antiguo,  la  alta  y  la  baja,  blanca  la  central, 
tronchadas  todas  tres  por  una  banda  roja  diagonal, 


[41] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


del  ángulo  superior  diestro  al  inferior  siniestro  haw 
da  de  gules,  diría,  en  su  lengua,  el  viejo  heraldo  del 
blasón 

Es  preciso  que  miremos  largamente  ese  estandarte, 
amigos  míos 

Si  advirtierais  en  mí  un  si  es  no  es  de  emoción 
candorosa  al  hablaros  de  él,  es  preciso  que  me  miréis 
con  piadoso  corazón  Yo  bien  me  sé  que,  al  detenerme 
en  estas  pequeneces,  corro  el  pehgio  de  rayar  en  el 
énfasis  ingenuo  Y  eso  es  de  mal  gusto  para  algunos, 
bien  lo  se  jQue  le  hemos  de  hacei ' 

Yo  debo  ser  sincero  con  vosotros  Que  de  algo  me 
ha  de  servir,  alguna  que  otia  ve¿,  estar  conversando 
con  artistas  y  no  con  leguleyos,  mercaderes,  retóricos 
o  contadores  patentados 

Vosotros  conocéis,  tanto  como  \o,  y  acaso  más  que 
yo,  ti  ignoto  poder  de  las  banderas  sobre  las  almas 
sencillas  Y  la  mía  lo  es,  no  tengo  empacho  en  con- 
fesarlo, reclamando  absolución 

Pues  bien  nosotros,  los  diéntales,  poseemos  hoy 
nuestra  bandera  nacional,  la  que  simboliza  la  patria, 
y  es  conocida  de  todo  el  mundo,  fue  creada  por  la 
Asamblea  de  la  nación,  según  ley  de  diciembre  de 
1828,  modificada  en  jumo  de  1830,  cuando  el  recuer- 
do de  Artigas  parecía  escondido  entre  las  nubes  Quedó 
fundida  en  el  pabellón  nuevo,  sin  embargo,  en  el  sol 
heráldico  que  lo  corona,  la  franja  roja  diagonal  del 
pabellón  antiguo  Que  el  sol  es  rojo,  es  un  incendio 
navegante  por  los  espacios.  Miremos,  pues,  esa  ban- 
dera ,  es  esta  que  aquí  tenéis,  listada  de  azul  y  blanco 
cuatro  fajas  de  azur,  en  campo  de  plata,  nueve  fajas 
bicolores,  con  el  sol  de  oro  cenital,  en  el  cantón  dies- 
tro superior  de  plata  Convengamos  en  que  es  her- 
mosa No  hay  nada  más  amable  entre  las  nobles  cna- 


[42] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


turas  que  diluyen  sus  colores  en  el  aire.  Esta  encan- 
tadora bandera,  que  aman  y  conocen  los  niños  y  los 
ancianos,  y  las  tierras  y  los  mares  remotos,  es  el  sím- 
bolo, pujante  y  laborioso,  de  la  patria  soberana,  defi- 
nitiva, constituida,  es  la  bandera  viva  Bendita  sea 
Y  que  ella  viva  mientras  haya  colores  en  la  luz 
¡Pero  esta  vieja  de  Artigas,  que  desprendo  conmovido 
de  la  antigua  ciudadela,  para  ponerla  en  vuestras  ma- 
nos' |Ésta  de  los  pr uñeros  holocaustos,  que  beso  en 
vuestra  presencia,  amigos  artistas,  porque  sois  her- 
manos en  la  belleza  ésta  es  nuestra  bandera  muer- 
ta Esa  larga  y  roja  cicatriz,  que  atraviesa  sus  tres 
fajas,  es  la  herida  de  gloria  que  la  mató  Murió  de 
libertad.  La  historia  que  os  estoy  enseñando  no  es 
otra  que  la  de  esa  bandera,  amigos  míos,  la  de  su 
vida,  y  la  de  su  martirio 

¡Muerta'  Pues  bien,  no  Yo  os  aseguro  que  no  lo 
está,  vive  la  vida  de  los  dioses  inmortales,  la  subte- 
rránea del  mito  heroico,  la  interminable,  la  insonda- 
ble del  silencio,  que,  como  lo  dijimos  otra  vez,  es  el 
estado  divino,  el  eterno,  porque  todo  ruido  es  limitado 
y  pasajero 

i  Nuestra  bandera  de  Artigas' 

El  pabellón  listado,  que  hoy  enarbolamos  para  dis- 
tinguirnos, es  la  patria  que  nos  protege,  la  pujante, 
la  llena  de  sol,  es  objeto  de  amor,  y  elemento  tam- 
bién de  fuerza,  de  trabajo,  de  progreso  y  bienestar 
Pero  la  otra,  la  que  sangra  por  su  grieta  diagonal, 
é9ta  de  Artigas  que  os  estoy  mostrando,  ésta  es  inútil, 
no  sirve  para  nada  Y  por  eso  es  lo  que  es  sólo  amor, 
gloria,  belleza  Es  la  patria  que  protegemos,  objeto 
de  contemplación,  tesoro,  culto,  abolengo,  signo  de 
fiera  estirpe,  de  noble  raza 


[43] 


JUAN  ZORRILLA  DH  SAN  MARTIN 


Esa  es  también  nuestra,  amigos  míos,  lo  será  siem- 
pre, creemos  sentirla,  detrás  de  la  blanca  y  azul,  co- 
mo sombra  acompañante,  como  aquel  arcángel  que, 
con  su  espada  de  fuego,  guardaba  la  puerta  del  pa- 
raíso En  nuestros  días  de  recuerdos  nacionales,  esa 
vieja  bandera  reaparece  en  nuestros  aires,  pasa  por 
ellos  goteando  recuerdos  de  su  herida,  y  se  vuelve, 
cuando  el  sol  se  pone,  a  su  inmortal  silencio 

Si  esta  patua  llegara  a  peligrar  algún  día,  oh  ami- 
gos, entonces  se  vena  bien  cómo  la  bandera  de  Arti- 
gas no  está  muerta.  Será,  para  los  onentales,  lo  que 
el  viejo  crucifijo  recogido  de  las  manos  de  la  madre 
yacente  no  se  mira  a  menudo,  sirve  poco  o  nada  en 
la  vida  cotidiana       pero  sir\e  para  morir 

Algo  de  eso  está  escrito,  me  parece,  en  la  divisa 
misteriosa  que  en  su  escudo  gravo  Artigas 

Con  libertad  ni  ofendo  ni  temo 

.0  yo  sé  poco,  o  es  ese  el  lema  más  perpetuo  que 
pueblo  libre  pudo  adoptai 

¿Cómo  formó  nuestro  Artigas  esa  frase  inconsútil, 
¿Dónde  y  cuando  se  le  apareció9 

Bien  bien  Pasemos  a  otra  cosa,  a  asuntos 
de  más  peso  Bastante  tiempo  hemos  perdido,  para 
los  hombres  sabios,  filósofos,  personas  ocupadas,  di- 
ligentes rebuscadores  de  documentos,  etc ,  en  hablar 
de  estas  cosas  que  parecen  niñerías  escudos  ban- 
deras .  Casi  no  me  explico  cómo  >o,  hombre  seno, 
me  he  sentido  conmovido,  al  daros  el  escudo  y  el 
desangrado  pabellón  de  Artigas  Y  hasta  he  llegado 
a  creer  que  podía  provocar  en  vuestro  organismo, 
por  simpatía  fisiológica,  la  misteriosa  vibración  del 
mío 

[44] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Pasemos,  puea,  a  lo  muy  seno.  .  pero  sm  dejar 
de  convenir,  una  vez  más,  en  que  la  divisa  es  noble 
Y  es  serena  y  fuerte,  como  el  mar  sin  límites. 

CON  LIBERTAD  NI  OFENDO  NI  TEMO 


[49] 


CONFERENCIA  XV 


EL  GOBIERNO  DEL  HÉROE 

El  Hervidero  —  La  Meseta  de  Artigas  —  Purificación  — 
Artigas,  arquitecto  de  patrias  —  Religión  de  Artigas  — 
Laa  tristezas  intimas  del  héroe  —  La  esposa  enferma 
—  El  hijo  —  La  Iglesia  y  el  Estado  —  El  templo  y  la 
Escuela  —  Anécdotas  —  Gobierno  de  Artigas  —  Deabtu 
cion  de  Otorgues  —  Espíritu  democrático  —  La  vida  So 
cial  en  Montevideo  —  Artigas  y  Larrañaga  —  Semblanza 
de  Larrañaga  —  Su  viaje  a  Paysandú  y  su  descripción  de 
Artigas  —  La  Biblioteca  —  El  protector  en  su  despacho  — 
Artigas  legislador,  juez,  maestro,  pacificador  —  La  raza 
indígena  —  Relaciones  extenores  —  Union  Aduanera  — 
Títulos  y  tratamientos  —  Desinterés  del  héroe  —  Los  hono- 
rarios del  Libertador 

I 

Artistas  amigos 

El  26  de  marzo  de  1815  se  enarbola,  en  la  cruda- 
déla  de  Montevideo,  el  pabellón  de  la  primera  patria 
noplatense  independiente,  de  la  patria  de  Artigas 

Él  20  de  enero  de  1817,  apenas  dos  años  después, 
esa  bandera  será  arrancada  de  allí,  y  sustituida  por 
otra 

¿Volverá  a  flotar  en  ese  muro  la  de  oro  y  llama 
de  la  metrópoli  española9 

Ese  fue  el  ensueño  de  los  peninsulares  residentes  en 
Montevideo,  que,  día  a  día,  esperaron,  por  largo  tiem- 
po, la  llegada  de  una  escuadra  que  había  de  venir, 
que  no  podía  menos  que  venir  los  buques  fantasma* 


[47] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Eran  entes  de  razón,  no  llegaron  nunca  felizmente 
No  la  gran  señora  Híspanla  no  volverá  más,  como 
dueña,  al  hogar  emancipado  de  sus  buenos  hijos  uru- 
guayos, que  la  despidieron  con  vigor,  pero  sin  odio, 
no  volverá  mas  como  dueña,  sin  por  eso  perder  el 
carácter  de  madre  Artigas  no  la  odio  jamas  por  ser 
España,  y  mucho  menos  por  ser  madre,  sino  por 
negarse  a  serlo  de  un  hijo  digno  de  su  sangre  Que 
fue  America  quien  al  desprenderse  de  aquélla,  la 
hizo  fecunda  generatriz  de  seres  de  su  especie 

Tampoco  la  bandera  inglesa  volverá  a  flotar  en  el 
baluarte  uruguayo,  m  tiene  por  qué  ni  para  que,  la 
muy  exótica,  no  volverá,  yo  os  lo  aseguro,  a  pesar 
de  que  como  lo  sabéis,  el  director  Alvear  la  está  lla- 
mando, no  solo  a  Montevideo,  sino  también  a  Buenos 
Aires  y  a  todo  el  virreinato 

¿Sera  entonces  la  blanca  y  azul  de  Belgrano,  la 
del  Estado  Occidental9 

No,  mis  amigos,  ahora  menos  que  nunca  Si  eso 
hubiera  sido  posible,  la  campaña  del  Guayabo,  tan 
injustamente  provocada,  hubiera  roto  toda  comuni- 
dad de  bandera  entre  los  hermanos  de  ambos  marge- 
nes del  Plata,  por  mas  que,  como  España  madre,  no 
han  dejado  ellos  de  ser  hermanos,  ni  dejarán  de  ser- 
lo Pero  no  era  posible  Recordad  lo  que  os  dije 
cuando  os  expuse  la  situación  especialísima  de  este 
territorio  atlántico  subtropical,  no  lo  debéis  perder  de 
vista  ni  un  instante,  si  queréis  permanecer  en  la  re- 
gión de  las  causas,  oscura  y  silenciosa,  en  que  se  en 
gendran  y  nacen  las  banderas  que  vuelan  en  el  aire 

El  pabellón  que  va  a  venir  no  puede  ser  otro  que 
•1  portugués,  el  hermano  del  español  Vosotros  lo  sa- 
béis, y  sabéis  el  porqué 


[48] 


LA  EPOPEYA  DE  AETIGAS 


Esta  tierra  oriental  forma  parte,  geológicamente,  de 
la  isla  o  continente  del  Brasil,  del  levantamiento  atlán- 
tico, distinto  del  gran  macizo  andino  ya  oa  lo  dije 
al  principio  Recordad  que  el  ensueño  de  Poitugal  es 
hacer  suyo  todo  ese  continente,  dando  por  límite  a 
sus  dominios  el  Río  de  la  Plata,  que  lo  recorta  por 
el  Sur  y  lo  separa  del  macizo  occidental 

El  portugués  cuenta  con  ese  factor  geológico,  que 
atrae  a  su  seno  la  Provincia  Oriental,  pero  prescinde 
de  los  otros  factores  que  la  separan  con  doble  ener- 
gía el  climatérico,  el  sociológico  v  el  histórico,  el 
histórico  sobre  todo,  que  eon  la  sugestión  inmediata, 
determinante  de  la  acción  en  los  pueblos 

Portugal  espera  su  hora,  y  ésta  no  podía  ser  otra 
que  aquella  en  que  la  Provincia  Oiíental  se  despren- 
diera de  la  unión  con  las  demás  provincias  españo- 
las de  la  región  occidental,  sus  hermanas,  la  hora  en 
que  aquélla  se  encontrara  sola,  abandonada,  entiegada 
acaso  por  sus  afines  Ahora  la  cree  sola,  la  considera, 
y  no  sin  causa,  abandonada,  y  \a  a  lanzarse  sobre 
ella  Peror  ai  está  abandonada  de  la  oligarquía  de 
Buenos  Aires,  no  lo  esta  del  pueblo  argentino  Y  es 
a  éste  a  quien  Artigas  debe  v  quiere  conservar  en 
defensa  propia  y  de  la  causa  americana  He  ahí  el 
problema  cuál  de  esos  dos  espíritus  es  el  que  se 
inocula  en  aquel  pueblo,  >  cuál  el  que  triunfa  en  él 
y  con  él 

Pensad  bien  en  esto,  yo  os  lo  niego,  mis  amigos  ar- 
tistas, pensad  bien  en  esto,  que  es  de  capitalísima 
importancia 

Sólo  así  comprenderéis  lo  que  aquí  podría  llamarse 
el  secreto  manifiesto  de  Goethe  — manifiesto  a  todo 
el  mundo,  y  visto  sólo  por  los  héroes,  según  el  soció- 
logo inglés, —  y  que  no  es  otra  cosa  que  el  huevo 


[48] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


de  C  olón  de  nuestra  tradición  española  Solo  así  com* 
prenderéis  por  que  Artigas,  el  vidente,  después  de  ha- 
cer  al  Estado  Oriental  dueño  de  sí  mismo,  no  aceptara 
su  desmembración  absoluta  e  inmediata  de  los  dunas 
estados  rioplatenses,  sino  que,  por  el  contrario,  lucha- 
rá por  la  autonomía  dentro  de  la  alianza  o  federa* 
ción,  pugnará  por  imponer  ésta,  en  nombre,  no  sólo 
del  pueblo  oriental,  sino  también  del  argentino,  y  de 
la  tausa  americana,  a  los  que  pietendan  prescindir 
de  la  voluntad  de  los  pueblos  en  la  solución  del  gran 
problema 

La  desmembración  absoluta,  la  soledad  de  la  Pro- 
vincia Oriental,  entrañaba  su  caída  en  poder  del  ex- 
tranjero, como  la  soledad  de  todos  los  otros  estados 
americanos,  o  de  cualquiera  de  ellos  significaba  la 
caída  en  poder  de  España  del  que  se  encontrara  solo 
primeramente  y  de  todos  los  dmias  después  La  Amé- 
rica española  era  indivisible,  la  unión,  ti  mutuo  au- 
xilio, la  federación,  o  como  queráis  llamarle,  era  ley 
intrínseca  de  su  revolución,  constituía  su  propia  esen 
cía  Hablo  de  la  federación  internacional,  que  no  debe 
confundirse,  según  ya  os  lo  he  dicho,  con  la  forma 
de  organización  política  interna  de  los  distintos  es- 
tados, me  refiero  a  la  federación  formada  por  el  co- 
mún esfuerzo  contra  los  enemigos  comunes  de  la  in- 
dependencia, que  el  genio  visionario  de  Bolívar  llegó 
a  creer  posible  ya  entonces,  empíricamente,  como  or- 
ganización normal  del  continente  americano,  y  que 
Artigas  huo  verdad  práctica  en  los  estados  del  Plata, 
pienso  en  la  federación  del  porvenir,  que  acaso  vincu- 
lara a  todos  los  pueblos  ibéricos  en  un  proposito  so 
hdario,  sin  que  pierdan  por  eso  su  personalidad 

No  tengo  por  profundo  conocedor  de  la  historia  al 
que  dice,  pongo  por  caso,  que  San  Martín  con  loi  ar- 


£501 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


gentinos,  incluidos  entre  éstos  los  de  la  región  orien- 
tal, dieron  libertad  a  Chile  porque  le  prestaron  su 
apoyo,  o  que  Chile  y  los  rioplatenses  la  dieron  al 
Perú  No  es  tampoco  muy  digna  de  respeto  la  afir- 
mación según  la  cual  Bolívar,  el  héroe  venezolano, 
hizo  la  independencia  de  cinco  repúblicas,  y  todo  lo 
demás  que  ha  solido  decirse  por  ahí  Lo  que  todos 
hicieron  fue  dar  libertad  a  la  América  hispánica,  dar- 
se la  libertad  a  sí  mismos,  combatiendo  el  incendio  o 
extirpando  el  hormiguero,  no  sólo  en  casa  o  campo 
propios,  sino  también  en  la  casa  o  en  el  campo  del 
hermano  vecino,  de  donde  había  de  propagarse  de 
nuevo  No  era,  pues,  un  servicio  el  que  prestaban  los 
libertadores,  al  cruzar  fronteras  y  respetarlas  después 
era  un  deber  de  solidaridad  americana  el  que  cum- 
plían 

En  ese  deber  estaban  los  estados  occidentales  del 
Plata,  Buenos  Aires  especialmente,  con  relación  al 
oriental,  su  hermano,  que  tanto  había  contribuido  a 
la  común  independencia,  y  a  quien,  según  la  Junta  de 
Mayo,  "la  patria  argentina  era  deudora  de  los  días 
de  gloria  que  más  la  honran" ,  residía,  pues,  en  aquél, 
un  derecho  perfecto,  correlativo  de  tal  deber  Y  era 
ese  derecho  el  que  ejercía  Artigas,  que  se  consideraba, 
ante  todo,  caudillo  americano,  al  acaudillar  las  pro- 
vincias occidentales  de  Entremos,  Santa  Fe,  Córdoba, 
etc,  y  aun  la  de  Buenos  Aires,  al  fomentar  y  difun- 
dir en  ellas  el  espíritu  de  autonomía,  germen  de  la 
futura  federación  interna,  y  al  imponer  con  ellas,  a 
la  oligarquía  gobernante  en  Buenos  Aires,  el  cumpli- 
miento del  deber  de  mutuo  auxilio,  que  estaba  en  las 
mismas  entrañas  de  la  revolución  de  América 

Desgraciadamente,  en  Buenos  Aires  estaba  el  centro 
de  los  recursos,  de  que  la  oligarquía  se  consideraba 

[51] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


propietaria  exclusiva  como  producto  de  la  ciudad,  y, 
sobre  todo,  el  de  la  política  secreta,  el  de  la  diploma- 
cia ignorada  de  los  pueblos  Y  e«ta  será  la  que,  en  un 
momento  dado,  triunfará 

Con  esa  llave,  mis  queridos  artistas,  seguiréis  abncn 
do  la  puerta  de  la  historia  argentina,  que  es  necesa- 
rio abrir  de  par  en  par  Cerrada  lo  ha  estado,  y  bien 
herméticamente  al  parecer,  para  los  que,  maliciosos 
o  ignorantes  (inchnémonos  caritativamente  a  lo  se- 
gundo), han  hablado  aquí  de  guerra  declarada  por 
Artigas  a  los  argentinos,  de  enemistades  entre  ambos 
pueblos  y  de  otras  majaderías  de  ese  jaez  De  todo 
podían  tener  aquellos  directorios,  o  logias,  o  bandos, 
de  la  comuna  de  Buenos  Aires  con  que  tuvo  que  lu- 
char el  gran  caudillo,  de  todo  menos  de  cabeza  de 
aquel  pueblo,  que  entonces  era  uno  solo  El  Buenos 
Aires  político,  que  tanto  conocemos,  era  entonces  me- 
nos cabeza  de  Córdoba,  o  Santa  Fe,  o  Salta  menos 
aun.  si  cabe,  que  de  la  Banda  Oriental,  aquellos  hom- 
brea eran  más  ajenos  a  Jujuy  que  a  Montevideo,  no 
os  quepa  duda 

j  Artigas  enemigo  del  pueblo  argentino1  Abramos, 
amigos  artistas,  esas  amplias  puertas  de  la  historia, 
sepamos,  a  ciencia  cierta,  de  los  amigos  y  de  los  ene- 
migos de  la  patria  común  de  argentinos  y  orientales 
Os  saldrá  al  encuentro,  de  entre  la  sombra  disipada, 
el  hombre  de  paz  por  excelencia,  el  grande  inmortal 
amigo  de  aquellos  pueblos 

II 

Y  bien,  amigos,  llega  el  momento  de  que  observe- 
mos a  nuestro  modelo  en  su  más  épica  actitud,  de  que 
lo  miremos  de  alto  a  bajo  Quien  conociera  a  Arti- 


[52] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


gas  sólo  por  la»  historias  que  han  corrido  por  esos 
mundos  de  Dios,  sin  excluir  muchas  de  las  no  mal- 
intencionadas, no  sabría  sino  de  la  misa  la  media, 
como  suele  decirse;  acaso  admirara  en  él  al  caudillo 
armipotente,  especie  de  Aquilea,  destructor  de  ciuda* 
delaa;  pero  no  sospecharía  su  rasgo  verdaderamente 
original  y  heroico  El  general  Mitre,  que  fue  su  in- 
justo detractor,  inició  una  especie  de  reparación  de 
sus  agravios,  en  un  boceto  hiBtórico  que  acaba  de  re- 
velarnos Rodríguez  "Artigas,  escribía  Mitre  en  1881, 
es  una  especie  de  mito,  de  que  todos  hablan  y  nin- 
guno conoce,  y  cuyo  significado  histórico  es  más  com- 
plejo de  lo  que  a  primera  vista  parece"  Y  dice,  ade- 
mas: "Es  el  Upo  del  caudillo,  jefe  de  su  escuela, 
representa  un  sistema  y  un  pueblo  Es  el  Rómulo  de 
la  Banda  Oriental,  el  fundador  de  su  independencia, 
como  su  familia  lo  fue  de  su  población" 

Romulo  .  Rómulo  En  fin  pase,  algo  puede 
eso  significar  en  boca  de  Mitre,  pero  no  me  gusta  el 
parangón  Ese  Rómulo  de  la  leyenda,  el  hijo  de  la 
vestal,  el  amamantado  por  la  loba,  nos  sugiere  la  idea 
del  fundador,  pero  del  fundador  aventurero,  mata- 
dor de  Remo,  raptor  de  sabinas  y  lo  demás  que  por 
ahí  se  cuenta  Y  Artigas  no  era  eso,  sino  lo  que  voy 
a  enseñaros  ahora,  al  presentaros  vuestro  modelo  en 
la  actitud  que  lo  hace  aparecer,  efectivamente,  como 
una  especie  de  mito  en  la  de  constructor  de  cimien- 
tos de  democracia  Sólo  quien  se  sienta  capaz  de 
amarlo  estará  habilitado  para  comprenderlo 

Desalojados,  pues,  del  Estado  Oriental  todos  los 
extraños,  el  fundador  de  la  patria  no  entra,  sin  em- 
bargo, en  Montevideo,  a  vestirse  de  los  atributos  ex- 
teriores de  la  realeza,  o  del  poder,  y  a  ser  proclamado 
Presidente,  o  Gobernador,  o  Director  Supremo,  o  cual- 

[53] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


quier  otra  cosa  por  ese  estilo  Bolívar  tenía  necesidad 
de  ese  n aturdí  estímulo  del  hombre  el  triunfo,  la  acla- 
mación Su  hermosa  cabeza  reclamaba  la  corona  de 
laureles,  como  las  cumbres  de  las  montañas  sus  bos- 
ques de  pinos  14  general  San  Martín,  cuando  dominó 
en  el  Perú  y  penetró  en  Lima,  creyó  honradamente 
que  sólo  con  una  monarquía  podría  consolidarse  la 
nueva  patria,  y  recurrió  él  mismo  a  la  ostentación  pro- 
pia del  régimen  monárquico,  a  los  accidentes  o  aba- 
lorios 

"No  obstante  su  sencillez  espartana,  dice  Mitre,  acu 
só,  en  su  representación  externa,  esa  influencia  enfer- 
miza Su  retrato  reemplazó  al  de  Fernando  VII  en  el 
salón  de  gobierno,  para  presentarse  ante  la  multitud 
con  no  menos  pompa  que  los  antiguos  virreyes,  se 
dejaba  arrastrar  en  una  carroza  tirada  por  seis  caba 
líos  rodeada  de  una  guardia  regia,  y  su  severo  uni- 
forme de  granadero  a  caballo  se  recamó  profusa- 
mente de  palmas  de  oro". 

Artigas  es  la  antítesis  de  todo  eso,  él  distingue  bien 
los  accidentes  de  las  sustancias,  vrve  en  la  realidad 
de  las  cosas,  y  sabe  que  la  conservación  y  el  afian- 
zamiento de  la  independencia  oriental  no  está  en  la 
apariencia,  en  los  títulos  o  chirimbolos  de  que  se  ro- 
dee el  hombre  que  la  ha  creado  v  la  custodia,  sino 
que  está  en  otra  parte  Toda  ella  estriba  en  el  triunfo 
del  principio  democrático,  identificado  con  la  auto- 
nomía regional  de  las  provincias  occidentales,  y  en  la 
derrota  de  la  tendencia  absorbente  de  Buenos  Aires, 
que  es  la  monarquía  española,  o  inglesa,  o  cualquier 
otra  mas  o  menos  transitoria,  en  las  provincias  ar- 
gentinas Y,  como  consecuencia,  la  monarquía  portu- 
guesa en  la  oriental,  es  decir,  la  muerte 


[54] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Artigas  vio  eso  con  intensísima  claridad  Él,  que 
no  tenía  participación  ninguna  en  los  secretos  de  la 
Santa  Alianza  noplatense,  no  sabía  a  ciencia  cierta, 
como  lo  sabemos  hoy  nosotros,  que  el  director  Alvear, 
de  acuerdo  con  su  Consejo,  gestionaba  en  esos  mo- 
mentos la  entrega  incondicional  de  estos  países  a  In- 
glaterra, tampoco  sabía  de  las  diligencias  que  se  ha- 
cían entonces  por  Sarratea,  Rivadavia  y  Belgrano, 
que  ya  conocéis,  ni  de  los  sanedrines  que  se  congre- 
gaban en  Río  Janeiro,  para  entregar  la  Banda  Orien- 
tal a  Portugal  Pero  él  veía  todo  eso,  lo  veía  dentro 
de  sí  mismo,  por  intuición  proíética,  por  revelación 
de  su  dios  interior  Él  no  debía  entrar  ahora  en  Mon- 
tevideo, como  no  debió  entrar  con  el  séquito  de  Al- 
vear Su  puesto  hoy,  como  entonces,  estaba  en  otra 
parte  No  debía  aceptar  atributos,  m  preeminencias 
civiles,  tenía  otra  cosa  que  hacer  defender  la  inde- 
pendencia de  su  patria  en  las  provincias  occidentales, 
y  cumplir  para  con  éstas  el  deber  de  mutuo  auxilio 
contra  los  enemigos,  así  fueran  interiores  o  exterio- 
res, de  la  democracia  americana,  sinónimo  de  inde- 
pendencia ,  acaudillar  esas  provincias,  que  lo  han  acla- 
mado, y  prestarles  el  apoyo  oriental,  en  la  lucha  que 
sostienen  con  la  oligarquía 

En  esas  pro\incias  Artigas  ha  triunfado,  como  lo 
hemos  visto-,  éste  es  el  momento  de  su  apogeo  Co- 
rrientes, Entremos  y  Santa  Fe  le  obedecen,  enarbolan 
bu  bandera,  y  le  dan  el  título  de  Protector  de  los  Pue- 
blos Libres,  Córdoba  sigue  el  ejemplo  le  aclama  su 
libertador  y  escribe  ese  título  en  la  hoja  de  la  espada 
de  honor  que  le  consagra  Si  quisierais  ver  esa  espada 
por  curiosidad,  ella  está  a  la  vista  en  nuestro  Museo 
Nacional,  con  su  inscripción  en  el  acero 


[55] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Estaba,  pues,  Artigas  en  el  caso,  no  solo  de  defen 
der,  pero  de  gobernar  ese  enorme  esbozo  de  nación 
conglomerada  poi  su  genio,  de  inocularle  el  principio 
de  vida  orgánica  pero  de  \ida  propia  Y  eso  es  lo 
que  aquí  debemos  estudiar  con  alguna  prolijidad  el 
gobierno  del  héroe,  onginahsimo,  múltiple,  articulado 
Aquello  era  una  materia  cósmica  palpitante,  todo  es- 
taba por  formar,  según  la  lev.  de  su  esencia  y  de  su 
rotación,  todo  tenía  que  ser,  por  ende,  original,  las 
adaptaciones  inclusive  El  héroe  tiene  que  serlo  todo 
desde  maestro  de  escuela,  hasta  legislador  y  juez  y 
gendarme  Veamos,  pues,  ese  clásico  fenómeno,  no 
tiene  igual  en  la  historia  americana 

Artigas  deja  en  Montevideo  a  Otorgues  como  go- 
bernador militar,  y  al  Cabildo  como  autoridad  po- 
htico-administrativa,  y  él  va  personalmente  con  la 
bandera  truolor  que  ha  enarbolado  en  Montevideo,  a  - 
ponerse  en  contacto  con  los  pueblos  argentinos  que 
ha  emancipado  de  Buenos  Aires,  y  a  organizar  allí 
su  obra  a  dejar  en  ellos  gobiernos,  emanados  de  ellos 
mismos,  que  adpoten  aquella  bandera  como  la  de  la 
patria,  a  estimular  la  vida  autónoma,  iniciando  la  ac- 
tividad cívica  por  medio  del  sufragio  libre,  delimi- 
tando las  fronteras  de  los  diversos  estados  y  hacien 
dolas  respetar,  fundando  escuelas,  llamando  a  todos 
los  hombres  al  trabajo  y  al  comercio  Para  ello  cruza 
el  río  Uruguav  y  establece  su  cuartel  general  en  la 
villa  del  Paraná,  sobre  el  río  del  mismo  nombre, 
desde  allí  apoya  la  formación  del  gobierno  propio  en 
Santa  Fe,  cuvo  pueblo,  con  la  protección  de  sus  tro- 
pas, rinde  la  guarnición  de  Buenos  Aires  que  lo  opri- 
mía, hace  otro  tanto  en  Córdoba,  donde  su  intima- 
ción escrita  al  delegado  de  Buenos  Aires  es  inmedia- 
tamente obedecida  por  éste,  que  deja  al  pueblo 


[58] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


cordobés  en  libertad  de  elegir  sus  autoridades,  orga- 
niza los  gobiernos  autónomos  de  Entremos  y  Corrien- 
tes, que  quedan  bajo  su  amparo,  coloca  a  su  eapitán 
Andrés-Artigas  de  delegado  y  gobernador  de  las  Mi- 
siones Occidentales,  limítrofes,  no  Paraná  por  medio, 
del  estado  del  Paraguay,  ya  dominado  por  el  doctor 
Francia,  obliga  a  éste  a  respetar  esa  frontera,  y  hasta 
tienta  derrocarlo,  para  dar  al  pueblo  paraguayo  la 
disposición  de  si  mismo,  acude,  por  fin,  al  llamado 
de  la  capital,  donde  consigue  echar  abajo  la  tiranía 
de  Arrear,  dejando  al  pueblo  de  Buenos  Aires,  como 
a  los  demás,  en  el  uso  de  sus  derechos 

El  héroe  realiza  en  las  provincias  todo  eso  en  solos 
tres  o  cuatro  meses,  como  si  su  persona  y  su  palabra 
fueran  un  ensalmo,  toda  la  simiente  ha  quedado  en 
aquellos  surcos.  Repasa  entonces  los  ríos  Paraná  y 
Uruguay,  se  vuelve  a  su  tierra  Y,  en  la  costa  orien- 
tal del  Uruguay,  funda,  con  el  nombre  de  Purifica- 
ción, una  ciudad  original,  única  en  su  genero,  que 
será  la  capital  de  aquella  federación  embrionaria,  el 
centro  de  rotación  de  aquel  sistema  que  se  desprende 
del  caos 

Estaba  Purificación,  alia  en  el  Norte,  entre  nues- 
tras actuales  ciudades  de  Paysandú  y  Salto,  en  el  si- 
tio en  que  el  no  Uruguay  toma  el  nombre  de  Herví' 
dero,  a  causa  de  los  espumantes  remolinos  o  rompien- 
tes que  forma  la  comente  en  las  asperezas  de  su 
cauce  Allí,  en  la  costa  oriental,  se  levanta  la  que  se 
llama  Meseta  de  Artigas,  abrupto  promontorio  salien- 
te, en  forma  de  pirámide  trunca,  de  45  metros  de 
altura,  que  recorta  a  pico  sobre  el  río  sus  poderosos 
bancos  horizontales  de  arenisca  colorada,  cimentados 
en  tosca  consistente  y  dura  Desde  la  cumbre  de  ese 
torreón  natural,  además  de  dominarse  los  canales  del 

[57J 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


río  hasta  tiro  de  cañón,  y  más  allá,  se  ven  las  tierras 
de  ambas  margenes   las  altas  barrancas  acantiladas 
y  las  verdes  colmas  orientales,  de  este  lado,  las  eos 
tas  deprimidas  y  las  fértiles  llanuras  en tr emanas,  del 
lado  opuesto 

Al  Noite  de  esa  atalaya  estratégica  corre  el  arroyo 
del  Hervidero,  que  se  derrama  en  el  Uruguay,  y,  entre 
el  airo\o  y  la  meseta,  estableció  Artigas  ese  su  Cuar- 
tel General  de  que  hablamos,  primera  capital  de  la 
confederación  aigentma  la  ciudad  de  Purificación 
Aquél  será  el  centro  de  sus  operaciones  en  ambas  már- 
genes del  Uruguaj ,  centro  estratégico,  sobre  todo  si 
se  tiene  en  cuenta  que,  como  lo  estableció  Artigas  en 
sus  Instrucciones,  los  límites  del  Uiuguay  son,  por  el 
Norte,  la  línea  divisoria  de  los  dominios  españoles  y 
portugueses  El  Estado  comprendía,  por  consiguiente, 
las  Misiones  Orientales  toda  la  región  atlántica  sub- 
tropical, de  que  tanto  hemos  hablado 

Es  preciso  que  nos  detengamos  a  mirar  en  este 
momento  al  fundador  de  la  patria,  \a  que  estamos  en 
el  caso  de  fijarnos  especialmente  en  sus  actitudes  es- 
téücas  Nada  mas  mitológico  qut  esta  página  de  nues- 
tra historia,  y  nada  que  mejor  defina  aquella  singu- 
larísima figura  Vamos  a  estudiar  su  gobierno,  no 
con  arreglo  a  los  manuales  o  patrones,  sino  de  acuerdo 
con  la  inspiración  del  hombre  que  conversa  con  ver- 
dades 

Artigas,  al  trazar  el  circuito  de  Purificación,  tiene 
un  carácter  homérico,  que  lo  aleja  del  presente  y  lo 
coloca  entre  aquellos  fundadores  de  pueblos  que  ini- 
ciaban au  empiesa  cavando  y  defendiendo  los  fosos 
de  la  ciudad  primitiva,  y  cerrando  con  un  muro  el 
sagrado  recinto  que  la  leyenda  poblará  de  bus  supers- 


rs8] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


ticiones  heroicas  Aquí  se  evoca,  efectivamente,  la  fi- 
gura del  Róraulo  que  Mitre  creyó  entrever,  la  del  mtto 
o  enigma  que  el  ilustre  argentino  reconoció,  cuando 
menos,  en  aquel  hombre  mdescifrado  Purificación  es 
la  ciudad  uruguaya,  no  es  hija  de  conquistadores,  ea 
la  primogénita  Allí  no  flameará  más  pabellón  que  el 
de  la  patna,  como  un  pájaro  que  se  posó  una  tarde, 
al  pasar,  sobre  una  ruma,  el  pabellón  tricolor  enar- 
bolado  el  26  de  marzo  en  Montevideo  Hoy  apenas 
se  vén  en  aquellos  lugares  algunas  piedras  y  cimien- 
tos de  murallas  y  de  construcciones  toscas  depósitos 
de  municiones,  capilla,  cementerio  La  hierba  crece 
Bobre  esos  vestigios,  la  soledad  pensativa  los  rodea, 
y  los  ganados  pacen  por  aquellas  colinas  Con  el  an- 
dar del  tiempo,  después  del  invierno,  esa  ciudad  ha 
de  retoñar  en  sus  escombros 

En  los  tiempos  remotos,  en  que  el  aire  estaba  lleno 
de  dioses,  como  dice  Homero,  la  ninfa  Egena  hubiera 
descendido  a  la  cumbre  del  pequeño  promontorio  del 
Uruguay,  Artigas  habría  desaparecido  en  una  nube 
Vosotros,  los  artistas,  los  rapsodas  de  la  forma,  po- 
déis creerlo  así  con  sinceridad,  si  qurréis  que  Arti- 
gas desapareció,  envuelto  en  tempestuosa  nube  No 
es  una  mentira,  es  la  foima  estética,  es  decir,  ajena 
a  la  vida  práctica,  objeto  de  simple  contemplación,  de 
una  verdad  o  de  una  realidad  intrínsecas 

El  trazado  de  la  \illa,  comprendida  en  él  la  meseta, 
estaba  protegido,  al  Norte,  por  el  arroyo  Hervidero, 
al  Oeste,  por  el  Uruguay,  al  Sur  y  al  Este,  por  fosos 
profundos  y  por  baterías  colocadas  en  los  ángulos 
aparentes  Era  la  Roma  Cuadrada  de  la  Patria  Orien- 
tal Al  pie  del  promontorio,  y  defendidas  por  éste, 
como  las  primitivas  poblaciones  medioevales  por  el 
tastillo  feudal  del  picacho  inaccesible,  se  extendían  las 

[19] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


viviendas  de  barro  sin  cocer  y  paja,  en  su  mayor 
parte,  de  Purificación  Una  construcción  poco  más 
sólida  que  las  demás,  de  tres  o  cuatro  habitaciones, 
era  la  íesidencia  del  Jefe  de  los  Orientales,  cuya  vida, 
entonces  como  siempre,  fue  de  una  sobriedad  espar- 
tara Los  habitantes  de  Purificación  le  veían  cruzar  - 
«solitario  las  callejuelas  del  pueblo,  determinadas  por 
estacadas  de  postes  desiguales  y  toscos  que  cerraban 
sus  parcelas,  y  dirigirse  a  la  meseta,  al  paso  de  su 
caballo  picazo  e*  decir,  negro  de  cabo*  blancos,  de 
grande  alzada  \  de  arneses  modestos  pistoleras,  pre* 
tal  de  cueio  con  guarniciones  metálicas,  rendaje  fuer- 
te y  sencillo  Un  cojinillo  blanco  cubría  su  montura 
Iba  \e&tido  de  su  chaquetilla  azul  de  blandengue,  de 
collarín  y  bocamangas  rojas  con  el  cuello  blanco  cui- 
dadosamente planchado,  y  cubierto  por  un  poncho  de 
seda,  de  color  claro,  que  aun  conservamos,  en  m 
vierno  se  abrigaba  con  un  gran  poncho  de  paño  azul 
Calzaba  botas  con  pequeñas  espuelas  de  plata,  un 
chambergo  negro  de  castor  le  sombreaba  la  cara,  que, 
como  la  piel  de  sus  manos  finas,  conservó  siempre 
una  pálida  blancura  característica,  al  través  de  sus  ru- 
dísimas campañas  Le  veían  subir  lentamente  hasta 
la  cumbre  del  peñón,  cuando  el  sol  se  poma  en  las 
pampas  argentinas,  allí  permanecía  largas  horas  so- 
litario, a  la  sombra  de  los  pequeños  arbustos  que 
coronan  la  meseta  Miraba  -la  corriente  del  Uruguay, 
en  que  se  enfriaban  las  sombras  trémulas  de  la  ba- 
rranca, las  grises  lejanías  occidentales,  las  verdes  co- 
linas de  la  patria  Miraba,  sobre  todo,  en  su  propio 
pensamiento,  el  reflejo  melancólico  de  un  porvenir 
incierto  Su  fe  triunfaba  en  el,  sin  embargo,  la  fe  que 
lo  acompañó  hasta  el  fin. 


[80] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Nada  más  peregrino  que  el  carácter  de  aquella  po- 
blación, de  que  Artigas  quiso  hacer  una  gran  ciudad, 
y  que  vivió  y  desapareció  para  siempre  con  su  fun- 
dador. Mezcla  de  colonia  y  reducción  de  indios,  de 
campamento  fortificado  y  de  parque  o  maestranza,  de 
prisión  política  y  de  residencia  de  altas  personalida- 
des, ese  centro  original  de  sociabilidad  refleja  lo  más 
intenso  del  pensamiento  del  héroe,  a  quien  acompa- 
ñan como  secretarios  dos  hombres  ilustres  Barreiro 
primeramente,  y  después  Monterroso 

Artigas  reúne  allí  una  multitud  de  indios  guaycu- 
tús,  que  ha  reducido  a  la  civilización,  y  que  le  siguen 
como  a  un  dios,  con  la  fe  del  hombre  primitivo,  tan 
inclinado  a  divinizar  las  fuerzas  naturales  el  sol,  las 
estrellas,  el  viento,  la  superioridad  de  su  propio  se- 
mejante sobre  todo  Aumenta  ese  plantel  con  400  in- 
dios abipones  que,  acaudillados  por  sus  cuatro  caci- 
ques, se  acogen  a  él,  pone  a  todos  ellos  a  labrar  la 
tierra,  los  estimula  al  trabajo,  hace  de  esas  gentes 
y  sus  familias  el  núcleo  de  una  ciudad,  y,  de  esa 
obra,  el  titulo  para  él  de  supremo  honor  y  patriotis- 
mo Así  se  lo  dice  al  Cabildo  de  Montevideo,  a  quien 
se  dirige  en  una  hermosa  nota,  de  22  de  julio  de 
1816,  pidiéndole  la  remisión  de  útiles  de  labranza, 
arados,  picos  y  palas  "para  que  empiecen  estos  infe- 
lices, decía,  a  formar  sus  poblaciones  y  emprender 
sus  tareas  Y  es  preciso  también,  agregaba,  que  V  S 
me  remita  semillas  de  todos  los  granos  que  se  crean 
útiles  y  necesarios  para  su  subsistencia" 

Yo  quisiera  haceros  conocer  ese  documento,  al  me- 
nos ése,  entre  mil  que  poseemos,  y  en  que  se  reco- 
noce el  estilo  perBonahsimo  de  Artigas,  para  que 
percibierais  lo  que  hay  en  éste  de  realmente  intenso 
y  original  En  esa  nota  del  22  de  julio,  el  héroe  ín- 


[61] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


siete  en  lo  que  constituye  la  obsesión  de  su  espíritu 
el  problema  de  la  población  Sus  doctrinan,  dignas  de 
un  sociólogo,  sorprenden  a  quien  mira  algo  más  que 
las  apariencias.  Para  Artigas,  un  estado  es,  ante  todo 
V  sobre  todo,  un  conjunto  de  hombres,  o,  más  bien, 
de  familias  con  un  rasgo  común  diferencial  Y  como 
disiente  de  los  que  juzgan  que  e«e  elemento  "hom- 
bre" debe  importarse  de  Europa  para  que  sirva  de 
base  única  a  la  nueva  patria  americana,  no  concibe 
la  formación  de  ésta  sino  por  medio  de  la  conserva- 
ción de  los  hombres  y  familias  que  la  pueblan  A 
ninguno  desdeña,  en  todo  ser  humano  \e  la  unidad 
sociológica  de  la  patria  que  esta  formando  Quiere 
arrancar  el  indio  a  su  -vida  nómada,  y  agruparlo,  y 
hacerlo  cristiano,  desea  educar,  educar  todo  cuanto 
sea  posible,  a  sus  coterráneo?,  quiere  "que  sean  los 
orientales  tan  ilustrados  como  valientes",  desea,  como 
Bolívar,  pero  con  mas  insistente  energía  que  Bolívar, 
ver  formarse  una  fuerte  raza  americana,  que  sirva 
de  tronco  a  los  injertos  futuros  y  a  las  futuras  trans- 
formaciones progresivas 

Ese  su  pensamiento  no  se  limita  a  la  Patria  Orien- 
tal, abarca  toda  la  Argentina,  como  hemos  visto,  las 
provincias  que  creen  en  él,  sobre  todo,  y  cuyos  futu- 
ros destinos  son,  tanto  como  los  de  aquella,  el  objeto 
de  sus  anhelos  Y  aun  mas  habla  -de  América,  de  los 
americanos,  como  de  un  solo  pueblo  o  nación,  según 
lo  veréis  en  sus  documentos 

Él  es  el  verdadero  arquitecto  o  constructor  de  pa- 
trias, que  utiliza,  como  precioso  elemento,  lo  que  los 
otros  desechan  o  destruyen,  no  forma  sólo  soldados 
para  la  muerte,  quiere  economizar  hombres  para  la 
vida 

[62] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


¿Dónde  aprendió  Artigas  esas  altas  doctrinas9  Po- 
dríamos suponer  que  fueron  despertadas  en  él  por  el 
ilustre  sabio  don  Félix  de  Azara,  quien,  en  1800,  plan- 
teó al  virrey  el  problema  de  la  población,  le  conven- 
ció de  su  importancia,  y,  comisionado  paia  resolverlo, 
se  consagró  con  pasión  a  la  empresa  Recordaréis  que 
Azara  tuvo  en  Artigas  su  puncipal  colaborador,  le 
confio  la  tarea  de  repartir  tierras,  entregar  su  lote  a 
cada  poblador,  preparar  los  títulos,  etc ,  etc  La  in- 
fluencia del  insigne  historiador  y  naturalista  puede 
haber  perdurado  en  el  gran  caudillo,  pero  me  parece 
más  fundado  afirmar  que  éste  obraba,  sobre  todo,  por 
inspiración  propia,  recogida  en  la  vida,  en  el  estudio 
del  supremo  libro 

Muy  poco  estudiado  ha  sido  Artigas  bajo  ese  as 
pecto,  cuando  lo  sea,  y  lo  será  plenamente,  bu  figura 
cobrara  proporciones  desconocidas  Vosotros,  mis  ca- 
ros artistas,  podéis  adelantaros  al  porvenir  Yo  os 
aconsejo  que  os  detengáis  a  mirar  un  buen  rato  ese 
hombre  extravagante,  rodeado  de  sus  familias  indias 
en  el  Uruguay,  que  lo  veáis  poner  el  arado  en  manos 
de  los  aborígenes,  y  darles  semillas  que  sembrar  Son 
la  raza  que  poblaba  América,  la  raza  agonizante,  muy 
pocos  la  quieren,  muchos  la  execran  o  la  desdeñan 
aun  cuando  le  piden  su  sangre  Ya  os  hice  ver  cómo 
Washington  no  mandó  indios,  cómo  fueron  extermi- 
nados por  alia,  en  cambio,  importaban  negros  es- 
clavos jel  pavoroso  problema  de  hoy  en  aquel 
mundo  inglés'  Por  todas  partes  se  extinguía  la  pobre 
estirpe  indígena  Algunos  no  creían  hombres  a  esos 
indios  Artigas,  sí,  los  creyó  hombres,  y  los  amó  con 
predilección,  hasta  habló  su  lengua  Artigas  se  ex- 
presaba con  facilidad  en  guaraní  Ellos,  en  cambio, 
lo  juzgaron  un  semidiós,  y  le  dieron  toda  la  sangre 


[63] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


que  les  pidió  Y  él  hizo  de  ellos  soldados,  soldados  de 
la  patria,  disciplinados,  \  alientes  <<  Habría  soñado 
acaso  aquel  hombre  en  las  leyes  del  hibridismo  hu- 
mano, y  pensado  en  el  natural  del  americano  y  del 
europeo  en  tierra  americana * 

Ya  veréis  como  cuando  Ai  Ufas,  \encido  v  aban- 
donado de  todos,  se  hunda  en  1j  sombra  paraguaya, 
los  indios  de  las  Misiones,  los  últimos  amigos,  sal- 
drán a  su  encuentro  y  le  pedirán  la  bendición,  como 
si  vieran  en  el  al  gran  sacerdote  de  un  dios,  o  al  dios 
mismo,  la  rebelación  de  lo  divino  en  la  carne  Se 
dijera  que  la  pobre  raza  condenada  a  muerte  se  aga 
rraba  a  él  para  quedar  en  la  tierra 

Refiert  Samt-Hilaire,  en  la  narración  de  su  viaje  a 
Río  Grande,  que  vio  allí  un  niño  indio  del  Uruguay, 
que,  caído  prisionero  en  la  guerra  contra  Artigas,  ser- 
vía de  paje  al  gobernador  portugués  £1  indio  estaba 
bien  vestido  bien  tratado,  tenía  su  bonita  librea  azul 
con  botones  dorados  El  viajero  francés  le  preguntó 
si  estaba  contento  El  niño  bajó  la  cabeza 

— ¿Deseas  algo9  —  le  dijo 

—Sí 

— ¿Y  qué  es  lo  que  más  desearías' 
— jlrme  con  Artigas  —  contesto  el  niño,  —  irme 
con  Artigas1 

III 

Pero  los  tiempos  aquellos  no  eran  los  de  las  mito- 
logias  nóidicas  Artigas  no  se  convierte  en  Odino  Es- 
tamos en  tiempos  cristianos,  v  el  caudillo  de  los  orien- 
tales es  un  cristiano 

Al  daros  este  dato,  advierto  que  nada  hemos  ha- 
blado, hasta  ahora,  sobre  ese  punto  interesantísimo 

T64] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


la  religión  de  Artigas  Y,  si  mi  información  no  ha 
de  pecar  de  deficiente,  es  menester  que  os  ofrezca  ese 
elemento  de  juicio 

Carlyle  juzga  que  la  religión  es  el  hecho  más  im- 
portante para  juzgar  de  un  héroe  Bien  es  verdad  que 
él  no  entiende  por  religión  el  credo  eclesiástico  o  los 
artículos  de  la  fe  religiosa  suscriptos  por  aquél,  sino 
la  creencia  práctica,  o  el  sentimiento  íntimo,  determi- 
nante de  todos  sus  actos,  sobre  sus  relaciones  con  el 
misterioso  universo  de  que  forma  parte  "Esa  es  su 
religión,  dice,  o,  tal  vez,  su  escepticismo  o  no  reli- 
gión, la  manera  en  que  él  se  siente  espintualmente 
relacionado  con  el  mundo  invisible  o  no  mundo" 

Yo  de  mí  sé  decir  que  no  se  me  alcanza  la  diferen- 
cia esencial  entre  los  artículos  de  la  fe  religiosa  sus- 
criptos por  un  hombre  y  la  fe  misma,  si  ya  no  es  la 
mayor  o  menor  instrucción  de  cada  persona,  pero  si 
pensamos  en  que  la  religión  cristiana  la  Iglesia  Cris- 
tiana o  católica,  mejor  dicho,  antes  que  la  deposita- 
ría y  maestra  de  una  doctrina  filosófica  o  teológica, 
es  un  organismo  vivo  de  cuya  vida  espiritual  parti- 
cipan todos  los  hombres,  vivos  y  muertos,  que  son 
sus  células,  nos  convenceremos  de  que  los  artículos  de 
la  fe  se  identifican  de  tal  manera  con  el  sentimiento 
íntimo  determinante  de  nuestros  actos,  que  bien  pue- 
den ser  considerados  una  misma  cosa  La  tradición, 
tanto  como  la  escritura,  acaso  más,  es  el  alma  de  la 
vida  cristiana,  y  la  tradición,  expresada  en  la  litur- 
gia, es  la  escritura  vivida,  transmitida,  como  se  trans- 
mite el  color  de  los  ojos  en  una  raza,  las  inclinaciones, 
los  instintos  o  aptitudes  colectivas 

La  religión  es  el  vínculo  de  todas  las  humanas  fa- 
cultades con  Dios,  pero  no  es  posible  desconocer  la 
operación  trascendente  de  la  facultad  afectiva,  el  au- 


3 


[65] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


preino  teólogo  es  el  místico,  el  que  pone  Ib  verdad 
religiosa  en  la  fantasía,  motor  inmediato  del  corazón, 
para  que  en  éste  sea  latido,  amor,  conducta  El  mun- 
do invisible  no  es  el  "no  mundo",  por  otra  parte, 
no  es  del  todo  exacta,  aunque  es  feliz,  la  expresión 
de  Cari)  le  El  mundo  invisible  es  el  mundo  por  exce- 
lencia en  la  inmensa  creación  Que  Dios  creó  las  co- 
sas visibles  y  las  invisibles,  visibilmm  ommum  et  m- 
visibüium,  el  árbol  y  la  piedra  v  el  espíritu,  como 
sustancias  despertadas  por  su  palabra  en  el  caos 

Y  nadie  con  mas  intensidad  que  Carlyíe,  el  raro 
místico  protestante,  lo  ha  sentido  así 

Pero  cualquier  sea  la  expresión  del  maestro  inglés, 
el  sentido  de  ella  es  hondo,  y  convendremos  en  que 
tiene  razón  al  reclamar,  como  dato  esencial  en  el  es- 
tudio de  un  carácter  heroico,  el  relativo  a  su  sentir 
religioso 

Yo  me  explico  el  por  qué  no  se  me  ha  presentado 
hasta  ahora  la  ocasión  de  ofreceros  tan  importante 
factor,  para  la  resolución  del  problema  psicológico 
del  héroe  que  estudiamos  es  que  lo  he  creído  implí- 
citamente dicho,  al  hablaros  de  su  educación  y  de  su 
vida  Hubiera  dejado  de  sei  la  entidad  humana  que 
os  he  presentado  como  brotada  de  las  profundidades 
de  su  tierra,  si  no  hubiera  tenido  arraigada  en  las 
de  su  espíritu  nuestra  Religión  Católica,  tradicional 
en  su  país,  como  tuvo  Washington  la  cristiana  del 
suyo  Ella  era  la  base  de  la  sociedad  y  de  la  familia 
hispanoamericanas,  modelaba  las  costumbres  y  com- 
penetraba la  educación  y  la  instrucción  que  entonces 
se  recibía,  lo  contrario,  si  se  veía  alguna  vez,  era 
excepcional  y  exótico  Y  era  naturalmente  enemigo 
de  Artigas  Las  invasiones  inglesas  fueron  heroica- 
mente rechazadas  por  eso,  sobre  lodo   no  en  defensa 


T  66  3 


LA  EPOPEYA  DE  ABTIGAS 


de  España,  sino  de  la  religión  En  los  archivos  de  la 
Orden  Tercera  de  San  Francisco,  de  Montevideo,  he 
leído  la  profesión  en  esa  orden  de  los  Padres  de  Ar- 
tigas, la  de  su  hermano  y  su  esposa,  doña  Rafaela 
ViUagrán  No  he  hallado  la  strya,  pero  sus  vincula- 
ciones con  la  comunidad  franciscana,  en  cuyo  cole- 
gio se  educó,  y  la  adhesión  de  ésta  a  su  persona  y  a 
su  causa  son  notorias,  como  lo  es  el  concurso  que  le 
prestó  el  clero  secular  unánime,  los  curas  sobre  todo 

Este  dato,  amigos  artistas,  no  es  despreciable,  an- 
tes lo  juzgo  de  capital  importancia  para  el  verdadero 
historiador  que,  ajeno,  como  tal,  a  todo  prejuicio  o 
prosehtismo,  sólo  busca  poner  en  claro  el  hecho,  el 
fenómeno  biológico,  para  analizarlo,  y  descubrir  la 
ley  que  lo  regula  y  determina  Nada  como  la  actitud 
de  los  párrocos,  formadores  entonces  de  la  conciencia 
popular,  para  no  equivocarnos  sobre  el  rasgo  que 
imprime  su  carácter  a  nuestra  revolución,  y,  diferen- 
ciándola de  la  francesa,  por  ejemplo,  que  influyó  en 
algunos  letrados,  pero  no  en  la  masa  popular  ni  en 
sus  conductores,  le  da  más  bien  analogía  con  la  gue- 
rra de  independencia  española  precisamente  la  del 
pueblo  armado 

Leamos,  para  precisar  ese  importante  factor,  la 
siguiente  comunicación  que  Vigodet,  gobernador  de 
Montevideo,  dirige  al  obispo  de  Buenos  Aires,  ílustrí- 
suno  señor  Lúe  y  Riega,  partidario  del  rey  y  enemigo 
de  nuestra  revolución  americana,  el  14  de  diciembre 
de  1811  Son  los  momentos,  precisamente,  en  que  Ar- 
tigas, después  de  Las  Piedras  y  del  primer  sitio,  con- 
duce al  Pueblo  Oriental  en  el  Éxodo 


167] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


"limo  Sr 

"En  vano  sacrificaría  mis  desvelos  para  restituir  el 
orden  y  tranquilidad  perdidos  en  esta  Banda  Orien- 
tal, si  los  pastores  eclesiásticos  se  empeñan  en  sem- 
brar la  cizaña,  en  enconar  los  ánimos  y  en  alterar  el 
orden,  persuadiendo  la  rebelión  a  las  le)  es  patrias  - 

"jQué  doloroso  rae  es  decir  a  V  S  I  que  ésa  es 
la  conducta  de  casi  todos  los  párrocos,  eclesiásticos, 
seculares  y  regulares,  que  sirven  de  cura  de  almas  en 
esta  campaña'  Partidarios  del  error,  lo  defienden  con 
desvergüenza  audaz,  muy  ajena  a  su  sagrado  carác- 
ter, inspiran  el  odio  contra  los  buenos  vasallos  del 
Rey,  y  a  que  sean  despreciadas  las  providencias  de 
su  soberanía,  y  de  los  jefes  que,  en  su  nombre,  re 
gimos  estos  dominios   t  Conducta  blasfema1" 

Vigodet  denuncia  mdividualmente  a  los  principa- 
les culpables  al  cura  de  Canelones,  al  de  la  Colonia, 
al  clérigo  Arboleya,  "que  estuvo  en  el  Colla,  dice, 
y  cuyo  paradero  ignoro",  al  de  las  Víboras,  Sonano, 
San  José,  San  Ramón,  al  que  está  en  lugar  del  revo- 
lucionario Enrique  de  la  Peña,  etc ,  etc 

Y  agrega  en  su  nota  "Los  religiosos  mercedanos 
Fr  Casimiro  Rodríguez,  y  el  maestro  Fr  Ramón  Irra- 
zabal,  y  el  dominico  Fr  José  Rizo,  el  primero  teniente 
de  San  Ramón,  y  el  ultimo  de  Canelones  abandonado- 
nados  a  su  capricho  y  locura,  obran  como  los  párro- 
cos a  quienes  sirven  De  modo  que  las  ovejas  de  la 
grey  de  V  S  1  se  hallan  entregadas  a  los  lobo*  car- 
niceros" 

El  gobernador  termina  con  la  amenaza,  dice  al 
obispo  "Sentina  mucho  tener  que  valerme  de  la  au- 
toridad que  me  conceden  las  leyes,  para  obrar  por 


[68] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTICAS 


mí,  contra  la  conducta  de  unos  ministros  cuyo  de- 
coro quisiera  conservar  por  todos  los  medios  posi- 
bles". 

Para  conocer  directamente  el  sentimiento  de  esos 
hombres,  podríamos  leer,  con  ventaja,  me  parece,  la 
siguiente  nota,  que  encuentro  en  la  Gaceta  Es  del 
presbítero  doctor  don  Santiago  Figueredo,  cura  de  la 
Florida,  que  fue  capellán  de  Artigas  en  Las  Piedras 

"Excmo  Sr.» 

"Nada  hay  más  satisfactorio,  para  quien  de  veras 
ama  a  la  patria,  que  haberla  servido  con  desinterés  El 
sueldo  de  Capellán  Castrense  del  Regimiento  de  Blan- 
dengues y  Ejército  Oriental,  con  que  VE  me  ha 
honrado,  no  me  es  absolutamente  necesario  para  man- 
tenerme, en  esa  virtud,  lo  cedo  íntegro  para  las  exi- 
gencias de  la  patria,  por  el  término  de  un  año,  re- 
servándome extender  la  misma,  si,  en  lo  sucesivo,  no 
vanasen  las  circunstancias,  y  espero  que  tenga  V  E. 
la  bondad  de  aceptar  esta  pequeña  demostración  de 
mi  amor  patrio 

"Dios  guarde  a  V  E  muchos  años 

"Buenos  Aires,  13  de  abril  de  1813 

"Santiago  Figueredo" 

El  presbítero  don.  Valentín  Gómez,  cura  de  Canelo- 
nes, levanta  una  suscripción  patriótica,  su  teniente 
suscribe  cuarenta  doblones  y  se  ofrece  como  ranchero 

Creo  que  con  esto  basta  para  que  os  deis  cuenta 
de  las  relaciones  del  gran  caudillo  con  los  ministros 
de  su  Religión,  y  deduzcáis  de  ello  el  carácter  socio- 


[69] 


JUAlí  ZORIILLA  DE  SAN  UÁS.TOÍ 


lógico  de  la  emancipación  de  América,  pues  el  fenó- 
meno ea  el  mismo  en  toda  ella 

No  ha  faltado  quien,  en  presencia  de  tal  hecho, 
haya  querido  presentar  a  Artigas  como  inspirado,  ai 
no  sojuzgado  por  frailes  apóstatas  y  malvados  Los 
nombres  de  los  virtuosos  sacerdotes  que  le  acompa- 
ñaron, Peña,  Larrañaga, -Lamas,  Pérez  Castellano,  Or- 
tiz,  Figueredo,  Monterroso,  Barreiro,  Gómez,  y  los  de 
todos  esos  curas  párrocos  del  país,  sin  excepción,  que, 
como  habéis  visto,  fueron  sus  entusiastas  auxiliares, 
protestan  contra  esa  inconsistente  invención  Nadie 
ejerció  ni  pretendió  ejercer  influ encía  política  predo- 
minante sobre  el  espíritu  de  Artigas,  por  otra  parte 
En  aquella  época,  las  doctrinas  regahstas,  emanación 
de  las  antiguas  monarquías,  eran  corrientes,  aun  en 
el  clero ,  en  el  mas  encumbrado  sobre  todo ,  en  el  for- 
mado en  las  universidades  reales  Si  fuera  el  caso  de 
buscar  doctrinas  al  respecto  en  Artigas,  esos  princi- 
pios regahstas  serían,  más  que  otros,  los  que  en  él 
encontraríamos  como  vestigio  de  su  educación  colo- 
nial Que  bien  sabemos  como  pensaban  y  procedían 
los  Católicos  Reyes  Nuestros  Señores  en  esas  materias 
No  eran  muy  católicos,  que  digamos  si  les  aplicamos 
los  principios  verdaderamente  ortodoxos 

Pero  ello  no  tenia  nada  que  ver  con  el  sentimiento 
religioso  que  analizamos  en  el  caudillo  popular,  el 
sentimiento  religioso  no  era  en  el  un  producto  de  lo 
que  Carlyle  llama  la  parte  argumentativa  o  externa 
de  su  espíritu,  sino  que  brotaba  unido  a  todos  sus 
demás  afectos,  y  de  la  misma  fuente  psíquica  Sus 
actoi  de  religión  no  lo  eran  de  controversia,  ni  pro- 
fesiones de  fe  eran  emanaciones  espontaneas  de  su 
vida  íntima,  que,  lejos  de  pugnar,  se  fundían  y  se 
confundían  con  sus  tendencias  a  la  libertad  democrá- 


[70] 


LA  BPOFBYA  DE  ARTIGA* 


tica,  hija  primogénita  de  la  cristiana,  como  todos 
sabemos 

En  los  estados  del  Norte,  en  los  de  Bolívar,  las 
profesiones  de  fe  religioso,  la  proclamación  expresa 
de  determinados  dogmas  de  la  Iglesia,  que  se  escri- 
bían en  las  constituciones,  presumían  la  contradic- 
ción, tanto  o  más  que  testimonio  de  piedad,  parecen 
proclamaciones  de  principios  sociales,  o  protestas  con- 
tra los  que  querían  presentar  la  revolución  americana 
como  obra  herética  o  infernal,  para  inducir  al  pue- 
blo a  rechazarla  precisamente 

En  el  Río  de  la  Plata,  la  fe  católica  me  parece  me- 
nos argumentativa,  más  ajena  a  la  idea  de  combate 
Su  más  ferviente  adicto  es  el  general  Belgrano,  éste 
la  proclama  a  cada  paso  con  fervor  de  apóstol  de- 
clara a  la  Virgen  de  las  Mercedes  patrona  de  su  ejér- 
cito, atribuye  a  su  intercesión  las  victorias  de  la  pa- 
tria, inclina  ante  ella  solemnemente  las  banderas, 
congrega  al  pueblo  en  torno  de  sus  altares 

San  Martin  no  tiene  la  religiosidad  de  Belgrano, 
pero,  inducido  expresamente  por  éste,  rinde  su  tributo 
a  la  fe  popular,  también  él  pone  su  bastón  de  general 
a  los  pies  de  la  Virgen  del  Carmen,  declarada  pa- 
trona de  su  ejército,  como  del  chileno,  y  preside  per- 
sonalmente las  públicas  rogativas 

Yo  creo  que  también  en  religión,  aun  en  la  más 
sincera,  puede  existir  algo  que  pudiera  llamarse  el 
énfasis  teatral,  como  existe  la  vanidad  o  el  orgullo 
espirituales 

Artigas  no  ofreció  esas  solemnes  manifestaciones  de 
religiosidad,  menos  ferviente  que  Belgrano,  y  má» 
sincero  en  su  piedad,  mucho  más,  que  San  Martín, 
sus  actos  de  religión  no  tenían  el  carácter  de  acciones 
extraordinarias,  ni  menos  el  de  recursos  resonantes. 


[71] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Eran  en  él  tan  naturales  y  espontáneos,  como  los 
que  respondían  a  los  afectos  domésticos,  con  los  que 
se  confundían. 

El  más  amable  y  fiel  cronista  de  nuestras  tradicio- 
nes, don  Isidoro  De  María,  ligado  a  Artigas  con 
vínculo  de  familia,  nos  dice  al  narrarnos  la  traslación, 
dispuesta  por  este,  del  pueblo  de  las  Víboras  "Ac- 
cediendo a  la  petición  del  vecindario,  resolvió  su  tras- 
lación, creando  el  pueblo  de  las  T  acas  que  se  llamó 
del  Carmelo,  con  la  erección  de  «u  iglesia  bajo  la  ad- 
vocación de  la  Virgen  del  Carmen  de  que  era  devoto 
Artigas" 

Ese  dato,  recogido  de  la  iuente  de  f amiba,  como  lo 
veis,  con  encantadora  sencillez,  y  que  parece  de  es- 
casa significación,  no  lo  es  para  la  ciencia.  Esas  de- 
vociones  o  formas  del  culto,  aparte  de  su  significado 
religioso,  tienen  uno  psicológico,  y  aun  sociológico, 
que  el  historiador  no  puede  desdeñar  Ellas  son  tradi- 
ción doméstica,  persistencia  de  un  oculto  sentimiento 
delicado,  caliente  de  hogar,  al  través  de  los  hechos 
de  la  vida,  unidad  de  carácter,  de  eso  que  llama  Car- 
l\Ie  "conciencia  de  la  relación  del  hombre  con  el  no 
mundo*'  Es,  por  consiguiente,  ui  esos  afectos  domés- 
ticos, mas  aún  que  en  sus  actos  públicos,  donde  en- 
contramos las  profesiones  más  sinceras  de  fe  en  Ar- 
tigas, por  más  que  también  las  hallemos  en  aquellos, 
como  se  ve  en  sus  notas  en  que  ordena  acciones  de 
gracias,  dota  iglesias,  recomienda  el  cuidado  del  culto 
y  de  la  enseñanza  de  la  Doctrina  Cristiana  a  los  ni- 
ños, etc 

Y  aquellos  afectos,  razón  tiene  que  le  sobra  el  maes- 
tro Cari)  le,  son  lo  más  hondo  de  un  carácter  histó- 
rico, son  ellos,  precisamente,  los  que  distinguen  al 
hombre  que  podríamos  llamar  desarraigado  o  sobre- 


[72] 


-    LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


puesto  del  que  lleva  en  sí  mismo,  con  el  calor  ma- 
terno, el  del  cuerpo  social  cuya  célula  es  la  familia 
Sólo  eso  nos  permite  atribuir  a  tales  personas  su  ca- 
rácter épico,  el  de  personificación  de  las  cualidades 
de  una  estirpe  Bien  lo  entendieron  así  los  que,  por 
maligno  instinto,  y  para  arrancarle  lo  mas  precioso  de 
su  carácter,  quisieron  presentar  a  Artigas  como  un  am- 
bulante, divorciado  de  sus  padres  desde  la  juventud 
Y  han  secundado  tal  propósito  los  que,  por  prevencio- 
nes transitorias,  o  por  ese  respeto  humano  que  tan  a 
menudo  arrebata  al  hombre  la  libertad,  han  prescin- 
dido de  rasgo  tan  visible  y  principal  en  aquella  per- 
sona histórica  Tanto  valdría  suprimir  en  los  héroes 
griegos  de  la  ¡liada,  los  sacrificios  a  los  dioses  in- 
mortales, o  en  los  caballeros  germánicos  del  Santo 
Graal,  el  cántico  arrodillado.  No  comprenderá  la 
belleza  de  la  figura  de  Artigas,  ciertamente,  quien  no 
se  sienta  con  fuerza  suficiente  para  penetrar  respetuoso 
hasta  aquel  fondo  de  su  espíritu  en  que,  como  una 
lámpara  noctambula,  está  encendida  esa  devoción  a 
la  Virgen  del  Carmen  de  que  nos  habla  De  Mana,  no 
comprenderá  esa  belleza  ni  belleza  alguna  Es  la  vieja 
armadura  del  antepasado,  el  escudo  de  Aquiles  for- 
jado por  un  dios,  los  penates  de  Troya  salvados  por 
Eneas  para  cimentar  en  ellos  la  nueva  estirpe  del  La- 
cio, nuestra  latina  gloriosa  estirpe 

La  figura  épica  de  Artigas  en  el  Nuevo  Mundo  re- 
presenta el  gran  paso  hacia  adelante,  con  relación  al 
griego,  y  aun  al  caballero  medioeval  el  es  el  héroe 
cristiano  de  la  democracia  moderna  arraigada  en  el 
pasado  Que  las  individualidades  fuertes,  como  los  ár- 
boles eternos,  lo  son  tanto  mas,  cuanto  más  penetren 
sus  raices  tierra  adentro,  para  erguir  mas  briosamente 
sus  troncos  y  sus  ramas. 


[73] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SA.K  MARTQI 


Es  el  caso  de  advertir  aquí,  si  a  embargo,  que  esai 
íntimas  relaciones  con  el  "no  mundo",  motor  recón- 
dito de  aquella  voluntad,  no  eran  incompatibles,  an- 
tes se  compadecían  y  hasta  confundían  con  las  del 
mundo  sensible  en  su  aspecto  mas  espiritual  el  rela- 
tivo a  ese  instinto  de  supervivencia  o  de  terrena  in- 
mortalidad que,  como  ley  misteriosa  de  la  naturaleza, 
encontramos  siempre  en  la  del  hombre  Eso  que  lla- 
man gloria,  efectivamente,  gloria  humana,  y  que  pa- 
rece consistir  en  el  anhelo  de  ser  conocido  y  alabado 
por  gentes  a  quienes  uno  no  conoce  ni  conocerá  ja- 
mas, tiene  mucho  de  fantasma  o  ilusión,  cuya  incon- 
sistencia sube  de  punto  cuando  aquellas  gentes  han 
de  ser  las  que  \ivan  cuando  nosotros  no  vivamos, 
pero  no  es  posible  negar  que  es  ese,  sin  embargo, 
uno  de  los  mas  nobles  motivos  determinantes  de  la 
acción  del  hombre,  y  que  esa  gloria  terrenal  es,  cuan- 
do menos,  la  cosa  más  parecida  a  la  verdadera 

La  inaudita  creación  de  Cervantes,  el  español  que 
creó  a  Don  Quijote,  es  el  poema  de  la  inmortalidad, 
eso,  que  hace  reír  y  llorar  al  mismo  tiempo,  sólo  eso 
es  lo  que  ha  hecho  del  Quijote  el  humano  poema  uní- 
■versal  Las  armas  del  hidalgo  manchego  cobran  todas 
las  formas  de  que  puede  vestirse  el  hombre,  dentro 
de  todas  ellas  cabe  el  caballero  que  sirvió  a  Dulcinea, 
"sólo  para  poder  llamarse  suyo",  ésta  se  llama  Cien- 
cia, Belleza,  Patria  . .  y  siempre  Gloria. 

¿Será  acaso  menos  locura  el  abnegarse  por  una 
Dulcinea  real,  pero  puramente  humana,  simple  labra- 
dora de  tierra,  que  por  la  imaginaria  del  buen  Alonso 
Quijano9  ¿Donde  está  la  realidad  objeto  digno  de  la 
abnegación  del  hombre?  Según  sea  ese  objeto,  y  no 
según  la  armadura  del  caballero  que  lo  sirve,  la  ac- 
ción humana  será  más  o  menos  cuerda,  para  atrio 


[741 


LA  KFOPSYA  DB  ARTICA» 


en  absoluto  Absoluto  ha  de  ser  aquel  objeto  Sólo 
los  santos  han  sentido,  pues,  el  amor  heroico  Que 
sólo  Dios  es  el  Todo  Amable  Y,  sin  embargo,  aquel 
instinto  tiene  siempre  algo  de  sagrado,  infunde  siem- 
pre respeto 

Artigas,  gran  Quijote  vestido  de  casaquilla  de  blan- 
dengue y  de  poncho  americano,  lo  sintió  en  modo  ex- 
traordinario, fue  el -agente  inmediato  más  visible  de 
su  acción  heroica  Para  analizar  esa  faz  de  su  carác- 
ter, tan  ligada  a  la  del  sentimiento  rebgioso  que  estu- 
diamos, tenemos  un  caso  en  todo  extremo  interesante 
Poco  después  de  ocupado  Montevideo  por  los  orien- 
tales, en  mayo  de  1815,  murió  en  campaña,  de  enfer- 
medad natural,  el  comandante  don  Blas  Basualdo,  jefe 
animoso  e  inteligente  del  ala  izquierda  de  nuestro 
ejército,  y  gobernador  de  Corrientes,  a  quien  Artigas 
quería  con  predilección  Aquella  muerte  lo  conmovió 
en  grado  sumo  Ordenó  la  celebración  en  todas  partes, 
en  Montevideo  especialmente,  de  solemnes  exequias  re- 
LgiosaB  en  sufragio  del  alma  de  su  amigo,  pero  la 
vida  imaginativa  reclamó  en  él  algo  más  para  la  som- 
bra del  guerrero  muerto  Leamos  la  singular  comuni- 
cación que  dirige,  con  tal  motivo,  al  Cabildo  de  Mon- 
tevideo, desde  su  cuartel  general,  el  21  de  mayo  de 
1815 

"Cuartel  General,  mayo  21  de  1815 

"Acabamos  de  perder  al  virtuoso  ciudadano  coman- 
dante de  división  don  Blas  Basualdo  La  muerte  le 
arrancó  de  nosotros  después  de  una  dolencia  dilatada, 
y  en  el  lleno  de  sus  destinos,  señalando  su  carrera  con 
mil  servicios  brillantes  que  reclaman  el  reconocimien- 
to de  la  patria  y  el  llanto  de  lo»  hombres  de  bien.  Yo 
he  regado  au  sepulcro  con  mis  lágrimas  y  ho  tribu- 


[75] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


lado  a  su  memoria  todas  las  honras  debidas  a  su  me- 
ntó admirable  Sin  embargo,  sus  trabajos  y  sus  glo- 
rias piden  una  demostración  La  Provincia  le  debe 
fatigas  de  cinco  años,  la  victoria  coronó  tres  veces 
sus  esfuerzos,  y  sus  resultados  bienhechores  halagaron 
la  consolación  publica  Yo  excito  todo  el  civismo,  la 
ternura  y  la  gratitud  de  esa  noble  corporación,  para 
que,  acompañando  mi  justo  dolor  y  el  del  ejército, 
lleve  su  memoria  al  pie  de  los  altares,  dedicando  un 
día  la  piedad  religiosa  en  su  obsequio  Y  para  eter- 
nizarlo como  corresponde,  en  nuestra  historia  y  en  la 
gloria  particular  a  que  es  tan  acreedor,  he  tenido  a 
bien  determinar  un  convite  fúnebre,  que  deberá  se- 
guirse a  las  exequias  del  templo 

"Vuestra  señoría  tendrá  la  dignación  de  celebrarlo 
en  su  casa  consistorial,  haciéndolo  con  la  mayor  fru- 
galidad, concurriendo  en  ropa  de  ceremonia,  y  ofre- 
ciendo al  fin  la  única  copa  que  habrá,  a  la  meniona 
de  aquel  ciudadano  fiel,  derramará  todo  su  licor  so- 
bre una  palma  que  ocupará  desde  el  principio  el  cen- 
tro de  la  mesa  Llevemos  así  su  nombre  glorioso  a  la 
posteridad,  y,  uniendo  constantemente  nuestras  lágri- 
mas, demos  un  ejemplo  de  gratitud,  y  enseñemos  a 
honrar  la  virtud  de  un  hombre  que  vivió  para  servir 
a  sus  hermanos,  y  bajó  al  sepulcro  con  tan  preciosos 
anhelos 

"Tengo  el  honor 

"José  Artigas" 

"Al  Muy  Ilustre  Cabildo  de  Montevideo" 

El  deseo  de  Artigas  fue  satisfecho  Los  solemnes 
funerales  de  Basualdo  se  celebraron  en  la  iglesia  ma- 
triz con  pompa  extraordinaria  Bajo  la  dirección  del 
juez  de  fiestas,  don  Ramón  de  la  Piedra,  un  túmulo 


[76] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


suntuoso,  ornado  de  guirnaldas  y  rodeado  de  cipre- 
ses  y  de  columnas  con  inscripciones,  fue  erigido  en 
la  nave  central  del  templo,  enlutado  desde  sus  corni- 
sas y  con  las  ventanas  veladas  de  crespón,  los  cantos 
litúrgicos  estuvieron  a  cargo  de  un  buen  coro  de  vo- 
ces acompañadas  de  orquesta,  la  profusión  de  luces 
de  cirio  que  inundaban  las  tres  naves  nos  ha  sido  con- 
servada por  De  María,  que  nos  ha  transmitido  y  do- 
cumentado ha9ta  los  gastos  hechos  Más  de  un  millar 
de  pesos,  suma  cuantiosa  con  relación  a  la  época, 
fueron  invertidos  en  aquellas  honras  sin  precedente, 
sólo  la  cera  consumida,  once  arrobas  costo  518  pesos 
Pero  es  la  ejecución  del  rito  cívico  concebido  por 
Artigas  lo  que  en  este  cuadro  pone  su  nota  de  color 
original  Los  capitulares  montevideanos,  Pérez,  Blan- 
co, de  la  Piedra,  de  León,  Cardoso,  de  la  Rosa,  Juan 
María  Pérez  y  Pía,  vestidos  de  gala,  rodearon  la  mesa, 
sobre  la  que  se  colocó  la  simbólica  palma,  traída  para 
ello  de  Santa  Lucía,  una  sola  copa  llena  de  vino  se 
veía  en  aquella  mesa  El  alcalde  de  primer  \oto,  don 
Pablo  Pérez,  pronunciando  algunas  palabras  de  glori- 
ficación y  de  duelo,  derramó  aquel  vino  sobre  la  pal 
ma.  Y  el  cortejo,  en  terminando  el  festín,  se  retiró  en 
silencio 

No  acertaría  a  precisar,  por  mi  parte,  todo  lo  que 
esa  singular  escena  pudiera  sugerirnos,  después  de  la 
primera  impresión  de  sorpresa  o  de  regocijado  co- 
mentario que  parece  despertar  No  todo  es  de  son- 
reír, sin  embargo,  en  esa  escena,  debemos  hacer  de 
manera  a  entrever  la  verdad  escondida  bajo  las  ex- 
trañas apariencias  de  aquel  extravagante  rito  Fácil  es 
percibir,  a  primera  vista,  y  en  primer  término,  la  in- 
fluencia sobre  nuestros  hombres  cultos,  Artigas  entre 
ellos,  de  los  estudios  de  latinidad  clásica  que  en  el 


[77] 


JUAN  ZORBILLA  DE  SAN  MARTIN 


convento  de  franciscanos  se  hacían  Ese  vino- ofrecido 
a  la  memoria  del  bravo  Basualdo  sobre  la  palma  sim- 
bólica no  es  otra  cosa,  si  bien  se  mira  que  las  liba- 
ciones de  los  tróvanos  de  Eneas  sobre  la  pira  fune- 
raria, la  harina  esparcida  sobre  la  oveja  negra  in- 
molada a  los  manes  de  Anquises,  o  los  ritos  prescri- 
tos al  mismo  Eneas  por  la  Sibila  de  Cumas  En  esas 
mismas  lágrimas  con  que  riega  el  héroe  oriental  el 
sepulcro  de  su  perdido  amigo,  cree  uno  ver  las  ver- 
tidas por  Aquiles  el  griego  sobre  el  cuerpo  de  Pa- 
troclo,  en  su  tienda,  "junto  a  las  huecas  naves" 

Los  hombres  que  constituían  la  sociedad  de  Artigas 
se  habían  formado  en  las  letras  grecolatmas,  los  ver- 
sos de  Virgilio,  reflejo  de  los  de  Homero  los  del 
canto  VI  de  la  Eneida  sobre  todo,  les  eran  familiares, 
los  maestros  y  discípulos  de  los  claustros  francisca- 
nos, Monterroso,  Larrañaga,  Lamas,  Barreiro,  los  tra- 
ducían y  recitaban,  sin  lugar  a  duda  Como  los  bar- 
dos de  Ossian  I<is  de  Fingal,  el  guerrero  escandinavo, 
ellos  entretuvieron  muchas  veces  las  noches  del  orien- 
tal en  las  veladas  del  campamento,  a  la  luz  del  fogón, 
con  los  relatos  homéricos  o  \irgihanos  Artigas  se 
ha  inspirado  en  eso  al  concebir  su  convite  fúnebre, 
no  cabe  duda, 

Pero  es  otro  el  más  hondo  comentario  que  aquella 
escena  nos  sugiere  La  adopción  por  Artigas  del  rito 
helénico  en  un  momento  de  plena  -verdad,  como  el  de 
la  muerte  de  su  predilecto  amigo,  nos  revela  en  aquel 
espíritu  la  existencia  de  una  vida  imaginativa  y  afec- 
tiva, y  la  de  un  entusiasmo  sacro,  que  sólo  se  encuen- 
tran en  las  almas  sinceras  como  niños,  representati- 
vas de  lo  más  hondo  y  permanente  y  universal  del 
alma  humana 


[78] 


LA  BPOWYA  DB  ARTIGAS 


¿También  algo  de  locura  o  de  insana  exaltación 
quijotesca,  me  decís9 

Como  gustéis  Si  los  relatos  homéricos  han  podido 
ser,  para  el  caballero  de  América,  lo  que  los  libros  de 
caballería  para  el  de  la  Mancha,  ellos  han  sido  para 
ambos  lo»  reveladores  del  alto  sentimiento  primitivo  o 
primordial  de  que  hablamos,  característico  del  hom- 
bre épico  esa  exótica  libación  de  Artigas  ante  la  pal- 
ma simbólica,  con  toda  su  extravagancia,  nos  revela 
al  hombre  inspirado,  igual  en  todas  partes,  necesitado, 
para  sus  fuertes  impresiones  extraordinarias,  de  la  re 
presentación  de  lo  que  puede  ser  la  eterna  vida;  la 
fe  en  la  presencia  de  los  muertos  entre  los  vivos,  in- 
nata en  el  hombre,  la  eficacia  de  la  oblación  o  del 
holocausto  propiciatorio,  el  vinculo  perpetuo  entre  los 
que  son  y  los  que  fueron 

No  es  tan  exótica,  por  otra  parte,  como  parece,  en 
el  ambiente  cristiano  de  nuestro  país,  aquella  liba- 
ción de  su  peisonaje  representativo  En  las  costum- 
bres de  nuestros  gauchos,  de  origen  español,  ha  exis- 
tido, >  aun  existe,  la  de  no  agotar  la  copa  que  se 
bebe,  sino  dejar  en  ella  una  pequeña  porción  del  li- 
cor, que  el  gaucho  echa  al  suelo  diciendo  respetuo- 
samente ¡Para  las  ánimas '  Algo  de  eso,  mas  o  me- 
nos estilizado  por  el  recuerdo  homérico,  nos  parece 
reconocer  en  ese  vino  de  Artigas  derramado  sobre  la 
palma,  evocando  el  nombre  de  Basualdo  la  oblación 
o  la  ofrenda  propiciatoria  para  el  ánima  invisible  y 
presente 

Hay  en  todo  eso  una  verdad  recóndita  la  del  su- 
fragio por  los  difuntos,  que  pertenece  a  la  vida  sobre- 
natural 

Pero  está  también  en  él,  compenetrado,  el  senti- 
miento de  la  gloria  humana,  de  una  inmortalidad  visi- 


[79] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


ble  que  parece  reclamar  nuestra  propia  naturaleza  en 
su  instintivo  horror  a  la  nada  La  inmortalidad  sin 
alguna  especie  de  cuerpo  o  penespintu,  dice  Unamuno 
con  mucha  gracia,  no  es  inmortalidad  Bien  puede  ser 
así  la  resurrección  de  la  carne  es  también  dogma  cris- 
tiano Pero  sea  de  ello  lo  que  fuere,  es  indudable  que 
ese  anhelo  de  la  fama,  de  la  supervrv  encía  sensible, 
es  común  a  todos  los  hombres  no  \ulgares  en  abso- 
luto, y  ha  sido  estímulo,  en  todos  tiempos,  de  grandes 
y  buenas  acciones  El  Quijote  polimorfo  anda  por  el 
mundo  en  todo  tiempo  y  lugar,  no  cabe  duda,  y  lleva 
una  verdad  dentro  del  yelmo 

En  Artigas  existió  esa  fe  en  la  gloria,  como  motor 
inmediato,  casi  exclusivo,  de  sus  actos  Cuando  ya 
mu)  viejo,  desterrado,  pobre,  abandonado  de  todos, 
reciba  la  visita  de  un  extranjero  que  le  dirá  que  su 
nombre  y  su  fama  persisten  en  el  mundo,  el  héroe 
nonagenario  sentirá  una  lagrima  en  los  ojos,  y  dirá 
conmovido  "Es  todo  lo  que  me  queda  de  tantos  tra- 
bajos, hoy  vivo  de  limosnas" 

Pero  no  es  ése  el  agente  profundo,  persistente,  or- 
dinario que,  fijando  el  concepto  de  sus  relaciones  con 
el  "no  mundo",  determina,  según  Carlvle,  su  vida 
heroica  Como  su  congénere  de  la  Mancha,  que,  ante 
la  verdad  de  la  muerte  próxima,  deja  de  ser  el  caba- 
llero andante  para  volver  a  ser  Alonso  Quijano  el 
Bueno,  y,  vuelto  a  su  ser  racional,  se  prepara  a  mo- 
rir como  cristiano  viejo,  el  Quijote  de  chaquetilla  de 
blandengue,  que  hará  otro  tanto,  no  recurre  a  las  li- 
baciones homéricas  ni  a  la  invocación  de  los  manes, 
cuando  las  amarguras  y  los  pesares  de  su  vida  dolo- 
rosa  lo  llaman  a  silencio  Entonces  se  ve  bien,  en  el 
fondo  de  ese  noble  e»píntu,  la  realidad  profunda 


r8o] 


LA  EPOPEYA  M!  AETIGAS 


Os  ofrezco,  para  penetrar  en  ella,  esta  carta,  que 
debo  original  a  Lorenzo  Barbagelata,  dirigida  por  el 
gran  caudillo  a  su  madre  política,  doña  Francisca  Ar- 
tigas de  Villagrán,  desde  este  caserío  de  Purificación 
en  que  estamos,  precisamente  Está  fechada  en  19  de 
mayo  de  1815,  en  la  misma  fecha  en  que  ordena  el 
convite  fúnebre  de  Basualdo  En  ella  dice* 

"De  Rafaela  (la  esposa  enferma)  sé  que  sigue  lo 
mismo  ,Cómo  ha  de  ser'  Cuando  Dios  manda  los 
trabajos,  no  viene  uno  solo,  Él  lo  ha  dispuesto,  y 
así  me  convendrá  Yo  me  consuelo  con  que  esté  a  su 
lado,  porque  si  Vd  me  faltase,  serían  mayores  mía 
trabajos  Y  asi,  el  Señor  le  conserve  a  Vd  la  salud" 

No  creo  que  disuene,  amigos  míos,  esa  nota  melan- 
cólica, que  no  puede  atribuirse  a  un  secretario,  en  me- 
dio de  nuestra  narración  homérica,  antes  la  juzgo  ne- 
cesaria a  su  estructura  orgánica  Ella  nos  da  el  acorde 
en  tono  menor,  que  dina  un  músico,  de  la  heroica 
sinfonía  que  se  va  desarrollando  en  mis  palabras,  y 
que  debéis  escuchar  íntegra  Sólo  así  sentiréis  con 
claridad  los  pasos  de  un  hombre  de  carne  y  hueso  que 
camina  sobre  la  tierra,  y  que  lle\a  un  corazón 

Esa  carta  que  hemos  leído  nos  conduce  a  recordar 
congojas  íntimas  del  héroe,  aquellas  de  que  os  hablé 
al  principio,  al  haceros  saber  el  matrimonio  de  Arti- 
gas con  su  prima  Rafaela  Villagrán  Artigas  soñó  en- 
tonces en  la  felicidad,  una  fugaz  hora  de  sol  brilló 
entre  las  tormentas  de  su  vida 

Os  dije  que  su  joven  esposa,  al  ser  madre  por  se- 
gunda vez,  y  dar  a  luz  su  hija  Eulalia,  dos  años  des- 
pués  de  su  matrimonio,  le  fue  arrebatada  para  siem- 
pre, por  esa  enfermedad  que  llaman  locura  o  delirio 
puerperal,  y  cuyo  germen  morboso  se  ignora  aún 
Se  pierde  la  conciencia  del  yo,  el  espanto  relampa- 


[81] 


JUAN  ZORRILLA.  DE  SAN  MARTIN 


guea  en  el  cerebro,  y  alumbra  apariciones,  se  hiela 
la  vida  inteligente  y  la  afectiva,  la  afectiva  sobre  todo, 
muere  el  amor,  el  alma  se  sumerge  en  esa  noche  con 
intermitencias,  entra  en  sus  tinieblas  y  sale  de  ellas, 
como  la  luna  al  través  de  las  nubes  Cuando  reapa- 
rece, comienza  por  desconocerse  a  sí  misma,  y  a  los 
seres  que  más  amó,  se  esfuerza  por  penetrar  en  sus 
propias  tinieblas,  y  el  esfuerzo  la  postra  y  reabre  la 
herida  misteriosa  del  cerebro  Ourre  una  mejoría,  la 
luz  se  va  haciendo  lentamente,  raja  una  aurora  pá- 
lida de  inteligencia  y  de  amor,  se  cree  en  la  proximi- 
dad del  día  psíquico,  pero  la  noche  cae  de  nuevo, 
con  sus  relámpagos  y  sus  apariciones  negras  Y  los 
caminos  se  llenan  de  sombra,  y  el  alma  huye  espan- 
tada, y  la  herida  del  cerebro  se  hace  mortal 

Artigas  había  perdido  para  siempre  a  su  esposa, 
pero  no  la  esperanza  de  recobrarla  Y  é^ta  no  hacía 
otra  cosa  que  diluir,  en  los  años,  el  dolor  de  las  ho- 
ras aciagas  Las  horas  nos  quedan  paia  llorar  los  ins 
tantea 

jLa  esperanza  de  la  tierra'  ,-Es  realmente  una  fuen- 
te de  felicidad ?  "¿Oh  hombre,  dice  Isaías  el  profeta 
de  las  siderales  estrofas,  oh  hombre'  Desde  que  te 
destete  tu  nodriza,  desde  que  te  aparten  del  pecho 
que  te  nutre,  aguarda  tribulación  sobre  tribulación 
aguarda  también  esperanza  sobre  esperanza'" 

Esa  esperanza  atribulada  acompañó  a  Artigas  Quien 
lo  sigue  como  )o  lo  he  seguido,  amigos  míos,  siente, 
de  vez  en  cuando,  como  gotea,  en  ciertas  horas  de 
sa  vida,  la  negra  sangre  de  esa  herida  que  lleva  con- 
sigo Obligado  a  alejarse  de  la  mujer  que  amó,  vuelve 
primeramente  a  su  faena  de  blandengue,  recorre  los 
campos  desiertos,  acaudilla  después  a  su  pueblo,  li- 
bra las  batallas  de  la  patria,  pero  su  pensamiento  ín- 


[321 


LA  EFOFgTA  DB  ARTIGAS 


siste  en  su  perdida  felicidad,  que  no  cree  desvanecida 
para  siempre. 

Leamos  esta  carta  que,  desde  el  Paso  de  Polanco, 
escribe  a  su  madre  política,  el  16  de  agosto  de  1809 

"Mi  mas  venerada  señora  Aquí  estamos  pasando 
trabajos,  siempre  a  caballo,  para  garantir  a  los  veci- 
nos de  loa  malévolos  Siento  en  el  alma  el  estado  de 
mi  querida  Rafaela.  Venda  usted  cuanto  tengamos  pa- 
ra asistirla,  que  es  lo  primero,  y  atender  a  mi  Jo<Ȏ 
María,  que  para  eso  he  trabajado" 

Ese  José  María  es  su  hijo,  cuya  educación  reco- 
mienda y  encarece  constantemente  en  sus  cartas,  en 
todas  éstas,  aun  en  medio  de  los  azares  de  su  \ida,  se 
reflejan  sus  horas  de  melancóhcos  recuerdos  Aquí  te- 
nemos una,  entre  muchas,  dirigida  a  don  Antonio 
Pereyra,  después  de  la  campaña  del  Guayabo,  "¿Qué 
ha  sido  de  mi  desgraciada  familia9"  pregunta  ante 
todo  He  aquí  otra  llena  de  carácter  Es  de  1818  Ar- 
tigas, en  el  fragor  de  la  lucha  suprema,  escribe  a  los 
suyos,  y  envía  de  regalo  a  su  hijo  con  expresiones  de 
cariño,  un  pequeño  tití  o  mono  salvaje,  que  ha  con- 
seguido allá  en  el  Norte,  remite  algunos  modestos  ob- 
sequios a  su  familia,  >erba  mate,  frutas  Esas  cartas 
domésticas  me  hacen  conocer  a  Artigas,  jo  os  lo  ase- 
guro, mucho  más  que  las  pragmáticas  y  documentos 
oficiales  En  ellas  se  ve  cómo  su  espíritu  fluctúa  entre 
la  ilusión  y  el  desencanto  Recibe,  en  1815,  una  noti- 
cia favorable  sobre  la  salud  de  su  mujer,  y  escribe 
con  jovialidad  a  su  madre  "Expresiones  a  Rafaela, 
dígale  que  no  sea  tan  ingrata,  y  que  tenga  éata  por 
suya"  Le  llega,  en  1816,  la  «íuLua  de  la  reaparición 
del  mal  que  se  creía  vencido,  y  entonces  escribe  esa 
doliente  pero  resignada  carta,  digna  de  un  asceta  cris- 
tiano "Dio*  lo  ha  dispuesto  así,  y  así  me  convendrá" 


[83] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Pero  algo  mas  que  el  análisis  de  la  vida  espiritual 
o  afectiva  de  Artigas  nos  reclama  en  este  momento. 
Pues  vamos  a  seguirlo  como  gobernante,  es  razón  que 
conozcamos  el  concepto  que  tiene,  y  hace  practico, 
sobre  las  relaciones,  no  tanto  de  su  persona,  cuanto 
de  la  nacional,  con  ese  *'no  mundo"  o  mundo  invisi- 
ble que,  si  no  se  equivoca  Carlyle  es  lo  primero  para 
juzgar  de  una  entidad  heroica  Artigas,  con  todo  su 
pueblo,  y  por  tradición  de  su  estirpe,  creía  también 
en  eso  en  que  la  persona  de  una  nación,  como  la  de 
un  hombre,  es  un  ente  capaz  de  relaciones  morales,  y 
apto,  por  lo  tanto,  para  cultivar  las  de  todo  ser  inteli- 
gente con  el  Creador  y  Conservador  del  Universo, 
juzgaba,  con  el  consenso  humano,  que  han  existido 
pueblos  escogidos,  como  los  ha  habido  protervos  o 
malditos,  y  en  su  misión  de  constructor  de  pueblos, 
procedió  de  acuerdo  con  esos  sus  hondos  sentimientos 

En  Purificación  levanta,  como  núcleo  de  sociabili- 
dad, el  primer  templo  erigido  por  la  patria  indepen- 
diente Ya  os  imaginaréis,  mis  bravos  artistas,  que 
esa  construcción  no  era  una  maravilla  de  arquitec- 
tura Pero  era  un  templo  allí  se  adoraba  al  solo  Dios, 
y  a  Jesucristo,  Redentor  del  mundo  Su  fundador  pide 
a  Montevideo  la  inmediata  remisión  de  "una  imagen 
de  la  Virgen  de  la  Concepción,  y  los  ornamentos  y  pa- 
ramentos sacerdotales  necesarios  para  el  culto"  Con 
su  asistencia,  se  celebra  allí,  en  octubre  de  1815,  la 
primera  misa  a  la  que  concurren  las  tropas  v  el  pue- 
blo, oficiaba  fray  José  Benito  Lamas,  que  había  lle- 
gado el  30  de  setiembre,  con  el  carácter  de  "capellán 
del  general  don  José  Artigas",  en  compañía  del  pres 
bítero  Otazú,  y  que  será  más  tarde  Vicario  Apostólico 
de  la  República  Lamas  era  uno  de  los  franciscanos 
expulsados  de  Montevideo  por  el  gobernador  español 


[84] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Las  tropas  continúan  asistiendo  a  misa  todos  los  días 
festivos 

Advirtamos,  con  este  motivo,  una  vez  más,  el  rasgo 
épico  u  objetivo,  que  siempre  hemos  descubierto  en 
este  vigoroso  carácter  Artigas  no  es  un  empírico  ni 
un  reformador,  mucho  menos  un  importador  de  cosas 
ajenas  Él  no  inventa  una  nación,  al  dar  a  la  suya 
la  libertad  política,  es  el  exponente  de  la  América 
española  que  se  emancipa  de  su  metrópoli,  pero  no 
para  interrumpir  su  historia,  sino  para  continuarla,  no 
para  ser  reengendrada,  sino  para  seguir  viviendo  la 
propia  vida  orgánica  secular  Y,  si  bien  la  vida  es 
transformación  progresiva,  ella  es  sobre  todo,  conser- 
vación o  persistencia  del  ser  que  nace,  crece,  se  repro- 
duce y  muere 

Todo  lo  que  en  los  pueblos  americanos  es  embrión, 
raíz,  palpitación  anímica,  todo  está  en  Artigas  armo- 
nizado, como  en  ninguno  de  los  héroes  de  la  gente  la- 
tina, con  la  ingenua  profundidad  de  lo  no  aprendido. 
En  medio  de  los  hombres  que  lo  rodean,  políticos  clá- 
sicos, más  o  menos  encasillados  a  lo  Carlos  III,  o  a 
lo  Directorio,  o  a  lo  Bonaparte,  él  ea,  efectivamente, 
un  extravagante,  a  fuerza  de  ser  una  verdad  entre  las 
ficciones  Artigas  es  a  eso  que  se  llama  la  política  o 
los  políticos,  lo  que  es  Cervantes,  por  ejemplo,  a  la 
literatura,  o  Velázquez  a  la  pintura  de  su  época  y  de 
todas  las  épocas  Quien  llamara  literato  al  autor  del 
Quijote  diría  una  simpleza  análoga  a  la  del  que  lla- 
mara pintor  de  cuadros  al  autor  de  las  Meninas,  pero 
la  ma>or  de  las  majaderías  es,  me  parece,  la  de  los 
que  clasifican  a  este  Artigas  entre  los  tales  "políti- 
cos" Así  como  Velázquez  y  Cervantes  no  son  intér- 
pretes de  la  naturaleza,  sino  la  naturaleza  que  se 
expresa  a  sí  misma  por  sus  órganos,  Artigas  es  la 


[85] 


JUAN  ZORRILLA  DS  SAN  MARTIN 


América  española  que  se  hace  libre  en  éL  £1  no  eg 
Rivadavia,  pongo  por  caso,  ni  siquiera  San  Martín, 
porque  estos  son  literatos  o  pintores  insignes,  clásico» 
cada  uno  de  ellos  en  su  género,  dignos  de  la  horna- 
cina preparada  para  las  estatuas  debidamente  propor- 
cionadas, Artigas  no  tiene  hornacina  que  le  venga 
bien  Por  eso  los  historiadores  patentados  no  encuen- 
tran dónde  ponerlo,  no  ajusta  en  ninguna  parte,  les 
desbarata  el  retablo  de  la  historia  pía  tense  convenida, 
y  aun  el  de  la  americana  Y  lo  echan  a  las  tinieblas 
exteriores 

La  América  inglesa  tuvo  uno  de  esos  hombres,  aun- 
que no  tan  perfectamente  autóctono  como  Artigas,  en 
aquel  Wa&hington  de  que  hablamos,  no  fue  éste  tam- 
poco un  reformador  ni  un  inventor,  y  recordaréis  que 
también  él  fue  un  buen  hombre  religioso,  y,  como  el 
Oriental,  creyó  en  el  alma  capaz  de  relaciones  con 
Dios  del  pueblo  que  libertaba  Pero  aquel  pueblo,  pro- 
cedente de  las  emigraciones  inglesas  puritanas,  tenia, 
bajo  ese  aspecto,  una  muy  sena  diferencia  con  el  de 
cepa  española  la  reforma  de  Lutero,  introducida  allí 
por  el  rey  Enrique  no  sé  cuántos,  hizo  del  mismo  rey 
el  pontífice  del  cristianismo  inglés,  la  ruptura  del 
vinculo  político  con  el  monarca  tenía  que  entrañar,  por 
ende,  la  del  religioso  con  el  pontífice  En  la  América 
de  Artigas,  en  la  católica,  las  cosas  pasaban  de  otro 
modo  el  rey  no  era  pontífice,  no  debía  serlo,  cuando 
menos  Romper  con  el  primero,  representante  de  Es- 
paña, no  era  divorciarse  del  segundo,  representante 
de  Jesucristo,  el  solo  Señor  y  mucho  menos  susti- 
tuirse a  él  La  unión,  por  lo  tanto,  del  estado  libre 
recién  nacido  con  la  Iglesia  era  ley  congénita  de  la 
libertad,  si  esta  había  de  ser  la  de  la  misma  persona 
desprendida  de  las  entrañas  españolas 


[86J 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Artigas  pensó  en  ello  desde  el  primer  momento* 
en  las  relaciones  directas  del  Estado  Oriental  con  la 
Santa  Sede;  en  la  autonomía  eclesiástica  nacional  La 
existencia  de  un  prelado  oriental,  emanación  directa 
del  Papa,  al  lado  del  soberano  civil,  directa  emana- 
ción del  pueblo,  era  elemento  esencial  de  su  pensa- 
miento 

Con  la  impaciencia  de  toda  gran  pasión,  soñó  en 
satisfacer  la  suya  sin  perdida  de  tiempo,  quiso  ver  le- 
vantado un  templo  uruguayo  desde  sus  cimientos,  allí, 
en  Purificación,  su  capital  autóctona,  como  el  mago 
de  la  leyenda  Tres  meses  después  de  reclamar  del  Ca- 
bildo de  Montevideo  la  imagen  y  los  ornamentos  para 
eu  capilla  provisional,  le  pide,  en  nota  de  8  de  oc- 
tubre, las  campanas  "para  la  nueva  iglesia  que  pienso 
levantar  en  esta  villa"  Muy  interesante  es  ese  ensueño 
de  aquel  hombre  ingenuo,  me  trae  de  nuevo  a  la 
memoria  la  leyenda  bretona  de  que  una  vez  hablamos, 
la  de  aquella  ciudad  tragada  por  el  mar,  cuyas  torres 
creen  ver  en  el  fondo  de  las  olas,  cuando  el  agua  es 
transparente,  los  pescadores  de  la  costa  Hoy  leo  aque- 
lla nota  de  Artigas,  y  me  parece  oír,  en  el  fondo  del 
Uruguay,  junto  a  la  meseta,  en  que  el  río  es  muy  pro- 
fundo, el  sonido  de  las  campanas  que  sólo  aquel  oyó 
sonar  en  su  catedral  sumergida  Las  campanas  que 
encargó  al  Cabildo  de  Montevideo  no  hallaron  ciudad 
material  en  que  posarse,  desgraciadamente,  no  sona- 
ron nunca,  pero  la  ciudad  moral,  la  iglesia  uruguaya, 
tuvo  allí  sus  cimientos 

También  en  esto,  como  en  lo  político,  es  el  pensa- 
miento de  Artigas  el  que  ha  predominado  No  pocos 
de  sus  émulos  hubieran  visto  en  la  unión  o  separa- 
ción de  la  Iglesia  >  el  Estado  algo  tan  accidental  como 
la  forma  de  gobierno  Como  hubieran  consentido  la 


[87] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MASTIN 


monarquía  británica  o  borbónica  sm  maldita  ia  re- 
pugnancia, ellos  hubieran  aceptado  para  estos  pueblos 
la  "no  religión"  de  que  habla  Carlyle,  y  aun  la  reli- 
gión inglesa  con  su  pontífice  la  sustitución  de  la  per- 
sona Artigas,  no,  él,  como  Washington,  juzgaba  el 
punto  como  cosa  sena,  eran  hombres  arraigados,  y 
sus  frutos  tenían  que  ser  según  su  especie  Examine- 
mos, pues,  al  primero,  bajo  ese  interesante  aspecto 

Como  en  lo  civil  del  virrey,  la  Banda  Oriental  de- 
pendía espiritualmente  del  obispado  de  Buenos  Aires, 
y  de  allí  procedía,  por  lo  tanto,  inmediatamente,  la 
jurisdicción  del  presbítero  don  Juan  José  Ortiz,  sacer- 
dote insigne,  cura  párroco  de  la  matriz  de  Montevideo, 
cuya  espléndida  iglesia  constru)o  Ejercía  el  curato 
desde  la  época  colonial,  desde  1785,  y  en  el  lo  encon- 
tró la  revolución  de  1810 

Vimos  cómo  asomó  con  ésta  el  primer  inevitable 
conflicto,  cuando  el  doctor  Pérez  Castellano  hubo  de 
disentir  de  su  obispo,  con  ocasión  del  Cabildo  Abier- 
to de  Montevideo  en  1808,  acabamos  de  oír  la  que- 
jas y  amenazas  de  Vigodet  al  mismo  prelado  de  Bue- 
nos Aires,  con  motivo  de  la  actitud  patriótica  del 
clero  oriental  Muj  común  es,  como  sabemos,  en  la 
hiBtoria  de  los  imperios,  esa  tendencia  a  atar  sus  cadá- 
veres a  la  Iglesia  para  ver  de  flotar  con  ella  No  puede 
ser.  el  hecho  es,  y  no  puede  negarse,  que  los  impe- 
rios pasan,  uno  tras  otro,  y  la  Iglesia  permanece 

El  cura  Ortiz,  al  adherirse  Artigas  a  la  revolución 
en  1811,  siguió,  lo  mismo  que  todo  el  clero,  la  suerte 
de  los  patriotas,  formó  parte  del  congreso  de  la  ca- 
pilla de  Maciel,  regresó,  por  fin,  a  su  curato  cuando, 
debelado  el  dominio  español,  cayó  Montevideo  en  po- 
der de  los  americanos  Terminada,  a  su  vez,  la  poco 
juiciosa  dominación  de  la  comuna  bonaerense  sobre 


[88] 


LA  EPOPEYA  DE  ABTIGAS 


la  ciudad  orienta],  y  ocupada  ésta  por  sua  dueños,  he- 
mos visto  y  vamos  a  ver  cómo  Alvear  caerá  del  man- 
do por  obra  del  pueblo  de  Buenos  Aires  apovado  en 
Artigas,  y  cómo  será  sustituido  por  un  gobierno  ami- 
go, al  parecer,  del  gran  caudillo  que  lo  ha  elevado 
Sucederá  esto  en  abril  de  1815 

Precisamente  en  esos  momentos,  22  de  abril,  fallece 
en  Montevideo  el  cura  Ortiz,  >  es  sustituido  por  el  ilus- 
tre don  Dámaso  Antonio  Larrañaga,  que  toma  pose- 
sión de  la  parroquia  el  6  de  Julio  de  1815  Procede  su 
designación,  muy  grata  a  Artigas,  su  grande  amigo, 
del  señor  don  José  León  Planchón,  Vicario  Capitular 
de  Buenos  Aires  en  sede  vacante,  por  muerte  del  úl- 
timo obispo  español  del  Río  de  la  Plata 

Artigas,  en  junio  de  ese  año  1815,  solicita  para  el 
señor  Larrañaga  una  delegación  expresa  de  jurisdic- 
ción espiritual  sobre  la  Banda  Oriental  y  Provincia 
de  Entremos,  es  su  primer  paso  hacia  la  autonomía 
eclesiástica  que  persigue  El  de  los  Orientales,  y  le 
envía  la  delegación  que  solicita,  para  el  caso  de  inco- 
municación con  Buenos  Aires 

Muy  poco  ha  de  durar,  desgraciadamente,  ese  pri- 
mer albor  de  emancipación  plena  El  sustituto  de  Al- 
vear en  el  gobierno,  no  bien  considere  que  no  le  es 
necesaria  la  amistad  de  Artigas  para  sostenerse  en  él, 
continuara  la  injusta  guerra  contra  su  causa  y  su 
pueblo,  y  ella  pondrá  en  peligro,  por  un  momento,  la 
armonía  entre  la  potestad  civil  y  la  eclesiástica  El  se- 
ñor Planchón,  llevado  por  el  conflicto  político,  retiró 
a  Larrañaga  sus  facultades,  y  éste,  acatando  la  reso- 
lución de  su  superior  jerárquico,  la  hizo  saber  al  Jefe 
de  Iob  Orientales 

No  eran  los  ejemplos  y  enseñanzas  de  los  Reyes 
Católicos  nuestros  señores,  a  buen  seguro,  ni  los  de 


[89] 


JUAN  BORRILLA  DI  KAN  MARTIN 


los  canonistas  en  boga  entonces,  lo^  que  hubieran  po- 
dido inducir  a  Artigas  a  la  mas  discreta  actitud,  y 
fueron  ellos,  no  los  principios  democráticos,  los  que 
le  sugirieron  la  nota  que  dirigió,  con  tal  motivo,  al 
Cabildo,  el  25  de  Noviembre  En  ella,  adoptando  los 
términos  de  los  patronos  reales,  ordena,  en  son  de 
represalia  la  expulsión  de  los  eclesiásticos  venidos  de 
Buenos  Aires,  y  su  reemplazo  por  sacerdotes  orien 
tales 

Mucha  inteligencia  y  no  menos  virtud  fueron  en- 
tonces necesarias  para  conjurar  el  peligro  de  un  cis- 
ma, pero  felizmente  estaba  allí  Larrañaga  Éste  reci 
bió  del  Cabildo  la  noticia  de  la  resolución  de  Artigas, 
y,  en  9  de  diciembre,  la  contesto  diciendo  que  escri- 
biría al  Jefe  del  Estado  Asi  lo  hizo  efec tiv amenté,  y, 
pese  a  la  intromisión  de  terceros,  que  hubieran  enco- 
nado aquel  maligno  germen  de  d'scordia,  la  digna 
actitud  y  la  palabra  serena  de  Lanañaga  disiparon  el 
nublado  Artigas  revocó  su  orden,  v  sus  relaciones 
con  la  Iglesia  fueron  desde  entonces  de  todo  en  todo 
cordiales 

Una  circunstancia  cooperó  a  tal  resultado  el  señor 
Planchón  fue  sustituido  por  el  doctor  Don  Victono 
Achega,  y  éste,  amigo,  como  Planchón,  y  compañero 
de  estudios  de  Larrañaga,  se  dirigió  a  Artigas  hacién- 
dole saber  su  elección  de  Vicario  Capitular,  v  envían 
dolé  los  documentos  con  que  delegaba  en  Larraña- 
ga su  jurisdicción  sobre  la  Banda  Oriental  y  Entre- 
mos No  dejo  aquél  de  aprovechar  esa  nueva  oca- 
sión de  hacer  practico  su  anhelo  de  paz  y  de  armo- 
nía al  par  que  remitió  el  diploma  al  prelado  oriental 
ordenó  al  Cabildo,  por  nota,  que  felicitase  a  Achega 
por  bu  nombramiento,  mientras  él,  el  8  de  enero,  lo 
hacía  personalmente  en  término-  do  respetuosa  amis 


[90] 


LA  «POPEYA  Dí  ARTIOAS 


tad,  y  expresándole  su  opinión  "sobre  el  orden  que, 
en  su  concepto,  deben  guardar  los  asuntos  eclesiásti- 
cos, mientras  no  terminen  nuestras  diferencias  polí- 
ticas" 

Al  revés  de  lo  que  pasará  con  éstas,  aquella  unión 
de  la  Iglesia  y  el  Estado  continuara  sin  tropiezo,  hasta 
ser  consagrada  en  la  constitución  de  la  república,  las 
mayores  vicisitudes  no  la  conmoverán  La  misma  con- 
quista extranjera,  la  portuguesa,  fugaz  pero  inteli- 
gente, dejará  intacto  ese  eslabón  entre  la  patria  nueva 
y  la  primitiva  heroica,  al  hacer  declarai  por  un  con- 
greso ad  hoc  la  incorporación  de  esta  Provincia  Cis- 
platina  a  su  corona,  el  rey  de  Portugal  no  tocara  esta 
jurisdicción  delegada  en  Larrañaga,  ni  se  atribuirá 
facultades  pontificias,  acordará,  por  el  contrario,  en  „, 
el  acta  misma  de  incorporación,  recurrir  a  la  Santa 
Sede,  en  demanda  de  jurisdicción  directa  para  el  pre- 
lado oriental  Y,  sin  solución  alguna,  esa  autoridad 
espiritual  pasará,  de  mano  en  mano,  de  Lanañaga, 
nuestro  primer  prelado  nacional  que  desempeña  el 
Vicariato  Apostólico  creado  en  1832,  a  ese  Lamas  que 
celebra  la  primera  misa  en  Purificación,  y  que  muere 
en  1857,  ya  preconizado  primer  obispo  de  Montevi- 
deo, y  al  insigne  don  Jacinto  Vera,  que,  en  1878, 
ocupa  la  sede  episcopal  de  la  nación  Y  en  la  persona, 
por  fin,  de  don  Mariano  Soler,  varón  esclarecido  si 
loa  hay  en  América,  la  iglesia  aquella  a  que  Artigas 
quiso  dar  su  primer  templo  en  Purificación  sera  in- 
corporada, como  iglesia  metropolitana,  al  concierto 
del  mundo  cristiano  El  19  de  abril  de  1898,  en  el  ani- 
versario precisamente  del  desembarque,  en  la  Agrá- 
ciada,  de  los  treinta  y  tres  hombres  a  quienes  ver«. 
moa  terminar  nuestra  epopeya,  el  sucesor  de  Larra- 


[91] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


ñaga  recibirá  en  Roma,  de  manos  de  León  XIII,  el 
palio  de  arzobispo  de  Montevideo 

La  historia  pues,  de  la  Iglesia  en  la  República 
Oriental  del  Uruguay  comienza  con  su  fundador,  no 
sonaron  sus  campanas  en  "la  nueva  iglesia  que  pen- 
saba levantar  en  su  villa",  pero  uno  cree  reconocerlas 
en  las  que  hoy  suenan  en  las  torres  de  la  catedral  de 
Montevideo  como  si  salieran  del  fondo  de  las  olas  en 
que  estuvieron  sumergidas  con  el  nombre  \  gloria 
del  héroe 

Junto  al  templo,  el  procer  oriental  funda  en  Puri- 
ficación la  escuela,  para  la  que  pide  y  recibe  del  Ca- 
bildo los  textos  y  útiles  de  enseñanza  Es  también  fray 
José  Benito  Lamas  quien  la  dirige 

Yo  espero  mis  amigos,  que  tampoco  desdeáaremo9 
este  dato  en  nuestro  estudio,  por  él  podéis  penetrar 
mucho  en  ese  espíritu,  y  por  eso  os  lu  daré  después 
mas  amplio  A  cada  paso  vais  a  encontrar  en  Artigas, 
en  él  personalmente,  esa  constante  preocupación  de 
enseñar  al  pueblo,  lo  veréis  desmontarse  de  su  caba- 
llo de  gueria,  solo  para  dejar  fundada  una  escuela  en 
un  caserío,  asi  lo  vemos  en  un  documento  que  ahora 
aparece  en  San  José  de  Mayo,  por  ejemplo,  otro  nos 
ofrece  el  archivo  de  Corrientes,  sobre  una  escuela  en 
el  Paraná,  fundada  por  él  Lo  vemos,  entre  el  estré- 
pito de  las  armas  en  los  mismos  momentos  en  que 
sus  enemigos  se  lanzan  contra  él,  sembrar  escuelas  en 
el  Carmelo,  en  las  Misiones,  donde  quiera  que  haya 
tierra  removida 

Ninguna,  sin  embargo,  tiene  tanto  color  como  ésta 
en  que  fray  José  Benito  Lamas  enseña  a  los  niños  al 
lado  de  Artigas,  este  mismo  se  presenta  a  veces  en 
ella  a  estimular  a  sus  ciudadanos  al  estudio,  a  la 


[92] 


LA  SPQPBYA  PE  AJtTlGAS 


buena  conducta,  al  patriotismo,  ellos  lo  conocen  bien, 
lo  ven  llegar  con  alegría,  buscan,  todos  y  cada  uno, 
la  caricia  de  su  mirada  severa 

Atraídos  por  aquel  núcleo  de  nueva  vida,  los  hom- 
bres y  las  familias  acuden  a  Purificación,  la  villa 
aumenta  de  día  en  día,  ios  colonos  dedicados  a  la 
agricultura  le  imprimen  su  sello  de  permanencia  Pero 
ese  trabajo  inas  es  elemento  de  educación  que  de  pro- 
ducción inmediata,  nuestra  verdadera  fuente  de  ri- 
queza era  entonces,  como  lo  es  hoy,  la  ganadería,  y 
Artigas  organiza  grandes  carneadas  de  animales  bra- 
vios, cuyos  cueros  secos  remite  a  Montevideo,  y  vende 
allí  a  comerciantes  ingleses,  o  a  las  casa&  de  Lezica  o 
de  Brown  en  Buenos  Aires,  y  cu>o  importe  destina 
a  la  adquisición  de  armas,  pólvora  y  demás  artículos 
de  guerra  que  aquéllos  le  remiten 

Quisiera  que  os  asomarais  un  momento  siquiera  a 
ese  plantel  de  vida  civilizada  creado  por  Artigas  en 
el  desierto,  recurramos,  para  ello,  a  la  siguiente  carta 
que  el  padre  Monterroso,  sucesor  de  Barreiro  en  la 
secretaría,  dirige  a  éste  a  Montevideo  "Por  acá,  le 
dice,  esto  va  tomando  un  nuevo  orden  Esta  población 
se  va  aumentando  a  fuerza  de  trabajo  El  comercio 
sigue  en  boga,  y  los  cueros  se  pagan  aquí  a  doce  rea- 
les Esperamos  dos  ingleses  que  vienen  a  pagarlos  a 
plata  y  fueron  a  traer  sus  buques  al  Arroyo  de  la 
China  Ha\  muchas  pulperías  y  tendejones,  porque  ya 
sabes  lo  que  son  los  soldados  hacen  sus  cuentos  a 
escondidas,  y  en  ese  trapicheo  logran  todo" 

Y  si  queréis,  por  fin,  una  nota  de  color  que  os  haga 
ver  un  momento  la  figura  del  mismo  Artigas  en  aquel 
medio,  leamos  esta  afectuosa  carta  que  escribe  desde 
Purificación  a  Barreiro  "Cómpreme  una  docena  de 
sillas  de  las  inglesas,  y  una  mesa  de  arrimo  .    A  doña 

C93] 


JUAN  ZORRILLA  DI  SAN  MARTIN 


Bárbara  (esposa  de  Barreiro)  dígale  de  mi  parte  que, 
aunque  estamos  viejos  nos  gusta  andar  tiesos,  y  que 
me  mande  un  poco  de  almidón'* 

Pero  la  original  población  del  Hervidero  no  es  sólo 
cuartel  general,  campamento  fortificado,  colonia  y  re- 
sidencia del  primer  magistrado  oriental  Es  también 
una  especie  de  cárcel  correccional,  que  suple  la  falta 
de  la  que  debiera  existir  en  Montevideo,  y,  muy  es 
pecialmente,  lugar  de  destierro  o  confinamiento  de  los 
enemigos  de  la  patria,  campo  de  concentración,  como 
hoy  se  le  llama  en  las  guerras  modernas  Artigas 
quiere  tener  allí,  bajo  su  vigilancia  inmediata,  a  los 
que  pueden  ser  elementos  de  destrucción  de  su  obra, 
ya  como  agentes  de  reacción  española,  ya  como  per- 
turbadores del  orden  político  interno,  exige  premio- 
samente del  Cabildo  de  Montevideo  que  le  sean  remi- 
tidos los  culpables  y  le  reprocha  mas  de  una  vez  su 
poco  celo  en  observar  su  mandato  Poco  celo  desple- 
gaba, efectivamente  el  Cabildo  en  ese  sentido,  y  bien 
se  explica  el  conflicto  entre  sus  ideas,  v  procederes  y 
el  pensamiento  y  la  acción  del  jefe  del  estado  El 
Cabildo,  persona  colectiva  formada  de  ciudadanos  pa- 
triotas, pero  vinculados  a  todos  sus  convecinos,  no 
podía  ver,  no  quena  ver  lo  que  la  gran  persona  depo- 
sitaría de  todo  el  pensamiento  tenía  ante  los  ojos, 
anhelaba  la  libertad,  pero  al  menor  precio  posible,  sin 
sacrificar,  a  no  ser  en  lo  más  indispensable,  los  afec- 
tos domésticos,  era  demasiado  duro  eso  de  enviar 
confinado  a  Purificación  al  jefe  español  de  una  fami- 
lia amiga,  que  suplicaba,  o  al  político  influyente  en 
Buenos  Aires  Juzgaban,  por  otra  parte,  aquellos  ciu- 
dadanos que  las  muchedumbres  de  que  Artiga»  hacía 
soldados  eran  demasiado  incultas  que  sena  mejor 
formar  escuadronea  disciplinados  como  los  europeos, 


[94] 


LA  1P0PKYA  DB  ARTIGAS 


bien  uniformados,  de  buena  apostura  Es  claro  que 
eso  era  lo  más  civilizado,  lo  más  amable,  sobre  todo, 
pero  esos  sacrificios  eran,  precisamente,  el  grande  ho- 
locausto que  reclamaba  nuestra  emancipación,  era  el 
que  hacia  Artigas  especialmente  Éste  veía  bien  que, 
para  realizar  la  independencia  americana,  era  preciso 
contar  con  algo  más  que  con  las  compañías  de  cívicos 
de  la  ciudad  colonial,  de  morriones  bordados  por  ama- 
bles manos,  sólo  las  lanzas  gauchas  podían  oponerse 
y  se  opusieron  a  los  tercios  españoles  Artigas  tema 
razón,  como  sabéis 

Una  expedición  de  reconquista  be  prepaiaba  en  Es- 
paña, no  se  hablaba  entonces  de  otra  cosa,  los  espa- 
ñoles de  Montevideo,  sus  aliados  interiores,  soñaban 
con  ella,  el  portugués,  por  otra  parte,  se  hacía  va 
sentir  en  el  Norte,  cerca  del  campamento  del  caudillo, 
v,  lo  que  era  peor  de  todo,  éste  tenía  la  intuición  de 
la  complicidad  de  Buenos  Aires  con  el  extranjero, 
tenía  )a  clavada  en  el  corazón  vidente  esa  amarga 
sospecha,  que  los  capitulares  de  Montevideo  juzgaban 
temeraria,  era  imposible  Por  eso  tachaban  a  Artigas 
de  suspicaz,  y  de  crueles  sus  precauciones,  y  de  arbi- 
trarias, por  eso  las  atenuaban,  cuando  no  las  resis- 
tían 

Artigas  se  veía,  pues,  en  la  necesidad  de  intimar, 
duramente,  a  veces,  el  cumplimiento  de  sus  órdenes, 
de  imputar  al  Cabildo  una  tibieza  culpable  en  la  de 
fensa  de  la  vida  amenazada,  cuando,  aparentando  cum- 
plir aquéllas,  le  remitía  gentes  inofensivas  mientras, 
sin  energía  para  resistir  las  influencias  domesticas 
conservaba  dentro  de  la  plaza  los  elementos  adversos 
realmente  temibles 

Eso  dio  ocasión  a  que  los  enemigos  del  héroe,  lo» 
que  él  quería  tener  cerca  de  sí,  forjaran  una  leyenda, 


[95] 


JUAN  ZORRILLA  DB  SAN  MARTIN 


en  que  Artigas  figuraba  consumando  crueldades  con 
su»  prisioneros,  los  mataba  por  centenares,  los  estran- 
gulaba, em  olviéndolos  en  cueros  frescos  de  vaca,  que 
hacía  secar  al  sol  Esa  leyenda  insidiosa  aparecía  ve- 
rosímil, en  Buenos  Aires  sobre  todo,  donde  las  ejecu- 
ciones de  Liniers  y  de  Álzaga,  y  las  venganzas  políti- 
cas sangrientas,  ya  de  Alvear,  \a  de  sus  vencedores, 
llenaban  la  imaginación  popular  Pero  no,  Purifica- 
ción era  el  reverso  de  la  vieja  capital  colonial  allí  no 
se  derramó  una  sola  gota  de  sangre  ni  una  sola,  no 
se  cita  el  nombre  de  una  sola  víctima  Algunos  ciuda 
danos  fueron  i  educidos  a  prisión,  y  puestos  después 
en  libertad,  muchos  estaban  allí  sólo  confinados,  y 
hasta  se  les  permitía  trasladarse  a  Montevideo,  en 
busca  de  sus  familias,  y  regresar  con  ellas  dentro  de 
un  pla/o  determinado 

Nada  mejor  que  la  pintura  anecdótica  para  darnos 
idea  del  carácter  de  esa  población,  como  lugar  de  con- 
finamiento o  de  concentración,  como  hov  te  dice  La 
tradición  es  copiosa,  y  nos  ha  sido  conservada,  con 
todo  su  color,  por  el  inapreciable  don  Isidoro  De 
María 

Nos  encontramos  con  un  talabartero  español,  Cas- 
tro, que,  con  la  cabeza  alborotada  por  el  vino,  se  echa 
en  Montevideo  a  la  calle,  dando  gritos  de  ,viva  Es- 
paña' ¿viva  Fernando  VII'  Barreiro  lo  remite  a  Puri- 
ficación No  es  eso  lo  que  Artigas  quiere  ver  a  su 
lado  principalmente  Encuentra  al  pobre  hombre,  y  le 
pregunta  la  causa  de  su  prisión 

— Señor,  le  dice  Castro,  )o  estaba  borracho,  y  di 
un  viva  a  España  y  al  Rey. 

— Pues  mire  usted,  amigo,  le  dice  Artigas  sonrien- 
do, aquí  hasta  los  borrachos  gritan  jviva  la  patria' 
Pero  a  usted  lo  autorizo  a  gritar  k\iva  España',  por- 


[96] 


I«A  DH  ARTIGAS 


que  también  tengo  por  aquí  algunos  godos,  y,  como 
están  bien  seguros,  no  hay  para  qué  disgustarlos 
— No,  señor,  también  yo  gritaré  tviva  la  patria' 
— Bien,  bien .  Está  usted  en  libertad ,  voy  a  man- 
darlo a  su  oasa,  pero  lo  malo  no  es  lo  que  usted  grita, 
sino  lo  que  U9ted  bebe. . .  Vayase  en  paz,  y  no  vuelva 
a  alegrarse  con  exceso 

Muy  diBtinto  es  el  carácter  de  otro  preso,  con  quien 
nos  hallamos  en  Purificación,  allí  está  el  doctor  don 
Lucas  Obes,  llamado  por  Artigas  para  dar  cuenta  de 
su  administración  como  funcionario  en  el  período  de 
Otorgues,  el  tortuoso  caudillo  inspirado  por  las  bru 
jas,  las  ideas  monárquicas  de  este  Obes  nos  son  co- 
nocidas, y  bien  puede  ser  la  gran  bruja  de  aquél.  Se- 
gún referencias  de  don  José  Benito  Lamas,  que  acaso 
le  sugirió  la  idea,  el  doctor  Obes  aprovechó  el  día 
de  San  José,  onomástico  de  Artigas,  y  dedicó  a  éste 
algunos  versos  Convengamos  en  que  el  recuiso  em- 
pleado no  es  de  los  que  denuncian  mucho  temor  El 
doctor  Obes  fue  puesto  en  libertad  y  restituido  a 
Montevideo 

La  anécdota  es  vana  El  buen  sastre  Revenios,  en- 
viado también,  como  Castro,  y  por  causas  análogas, 
decía  a  De  María  "Estaba  mejor  en  Purificación,  que 
en  Montevideo  con  Otorgués,  el  general  Artigas  rae 
destinó  de  ranchero,  con  la  sola  obligación  de  ir  a 
mÍBa  de  tropa  todos  los  domingos  Estuve  allí  un 
mes,  y  luego  me  mandó  libre  a  la  ciudad" 

Si  con  eso  tenéis  bastante,  como  yo  lo  creo,  de 
anécdota  colorida,  pasaremos  a  otra  cosa,  mas  impor« 
tante  al  parecer,  sin  perjuicio  de  que  hablemos  más 
adelante  del  mas  ilustre  de  los  prisioneros  de  Artigas, 
y  que  no  será  otro,  aunque  os  sorprenda,  que  Luis 
XVII,  rey  de  Francia  por  la  gTacia  de  Dios 


4 


[97] 


JUAN  ZORRILLA  DB  SAN  MARTIN 


IV 

Desde  esa  primera  capital  de  la  república  Artigas 
gobierna  el  nuevo  estado,  informe  aún  que  es  su 
patria,  \  vela  por  la  persona  de  los  que  formaran 
la  patria  argentina  federal,  la  que  hoy  existe,  con- 
serva >  tuitiva  en  ellos  todo  germen  de  vida  Su  prin- 
cipal empeño  e-i  apresurar  el  momento  de  dar  a  todo 
eso  la  forma  política  que  tiene  concebida,  o  de  en- 
caminal  lo  a  ella  rectamente 

Ese  momento  no  llego,  todos  los  malignos  elemen- 
tos se  conjuraron  para  no  dejarlo  en  su  tierra,  la 
invasión  portuguesa,  incitada  poi  Buenos  Aires,  cayo 
inmediatamente  sobre  él,  como  lo  veréis,  invocando  la 
anaiquía  y  el  despotismo  de  Artigas,  v  las  amenazas 
de  éste  contra  la  fronteia  Pero  ese  íuga¿  periodo  de 
gobierno  y  administración  nos  permite  entrever  lo 
que  haoía  en  aquel  espíritu  < \traordinano,  lo  que 
hubiera  hecho  ese  hombre  en  otro  ambiente  No  tuvo 
ni  elementos,  ni  tiempo  ni  reposo  "tuvo  que  modelar 
su  obra  en  barro,  en  vez  de  cincelarla  en  marmol  le 
faltó  la  materia,  peí  o  no  la  inspiración" 

Como  os  lo  he  dicho,  fue  Otorgues,  por  ser  el  jefe 
que  se  hallaba  más  próximo  el  designado  por  Artigas 
para  tomar  posesión  de  Montevideo  \  gobernar  allí  en 
su  nombie  Nadie  ignora  lo  que  es  en  cualquier  parte 
del  mundo,  una  soldadesca  vencedora  la  de  Otorgues 
no  era,  por  cierto,  ni  podía  ser  una  excepción  Otor- 
gues no  podía  ser  muy  superior  a  Alvear  Montevideo 
tuvo  que  ser  víctima,  por  consiguiente  en  los  prime- 
ros momentos,  de  las  brutalidades  de  aquella  gente, 
cuyo  jefe,  aunque  de  origen  urbano  y  pariente  cer- 
cano de  Artigas,  era  el  hombre  rústico  que  conoce- 
mos, y  que,  contra  lo  que  su  jefe  esperaba,  fue  ín- 


[98] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


capaz,  porque  no  lo  quiso  o  no  lo  pudo,  de  reprimir 
laB  torpezas  de  sus  muchachos  No  faltaron  gentes, 
por  otra  parte,  y  no  de  los  gauchos,  por  cierto,  que 
creyeron  poder  continuar,  en  provecho  propio  y  en 
nombre  de  la  Patria,  los  abusos  de  la  administración 
porteña  se  sacaba  dinero  del  vecindano,  del  español 
sobre  todo,  y  no  se  rendían  cuentas  claras,  ni  mucho 
menos  Aquello  fue  un  desbarajuste 

Lo  que  eso  ha  senado  a  los  enemigos  de  la  causa 
oriental  para  deprimir  a  Artigas,  no  es  para  narrarlo, 
las  tropelías  de  la  soldadesca  de  Otorgués  han  sido 
pintadas  con  los  mas  vivos  colores  y  con  un  celo  vir- 
tuoso implacable  Cualquiera  diría,  en  levendo  tales 
pinturas,  que  Monte\ideo  vio  lo  que  en  parte  alguna 
del  mundo  se  ha  visto,  y  que  ese  período  de  gobierno 
fue  una  larga  tiranía  de  Artigas,  que  contrastaba  con 
las  honradeces  y  libertades  de  otros  pueblos 

Y  eso  no  es  verdad  Lo  es,  sin  duda,  que  la  solda- 
desca cometió  brutalidades,  se  cuenta,  v  >o  lo  creo,  que 
hubo  soldados  que  entraban  en  las  tabernas,  bebían, 
y  se  iban  sin  pagar,  diciendo  "La  Patria  paga",  se 
dice,  y  tampoco  me  cuesta  creerlo,  que  las  familias 
vivían  encerradas,  paia  no  exponerse  en  las  calles  a 
las  groseras  tropelías  de  aquella  gente,  aún  recuerda 
la  tradición  las  gt acias  del  mismo  Otorgués  que,  en 
una  recepción  oficial,  por  ejemplo,  invita,  con  irónica 
cortesía,  a  algunos  concurrentes  españoles  a  servir  de 
asiento  a  las  damas,  a  falta  de  sillas  en  el  salón  Esa 
es  la  nota  de  color  caí acterística  de  aquellos  días, 
pero  hablar  de  tiranía  de  Artigas,  con  ese  motivo,  es 
algo  mas  que  injusto  En  primer  lugar,  no  se  quitó  la 
vida  a  nadie,  ni  cosa  parecida,  no  se  alzo  allí,  por 
cierto,  la  horca  de  Elio,  ni  las  de  Rivadavia  destina- 
das a  Aliaga  y  sus  compañeros,  más  numerosos  aún 


[99] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


que  lo»  de  Limers,  tampoco  se  consumaron  confisca- 
ciones, tan  en  boga  en  aquellos  tiempos,  pero,  sobre 
todo,  esa  angustiosa  situación  duro  solo  tres  o  cuatro 
meses,  el  uempo  necesario  para  que  los  abusos  llega- 
sen, fidedignos  a  conocimiento  de  Artigas,  que,  como 
sabemos,  había  estado  ausente,  lejos,  alia  en  el  Pa 
rana,  oigani/ando  las  provincias  occidentales  y  sep- 
tentrionales Si  de  algo  sirven,  por  ende,  en  nuestra 
historia,  esos  tres  o  cuatro  meses  de  desorden,  es 
precisamente  para  poner  de  relieve  la  autoridad  y  los 
propósitos  del  gran  caudillo 

No  bien  regresó  a  su  país  de  la  misión  organiza- 
dora a  la  Banda  Occidental,  y  llegó  a  su  noticia  lo 
que  ocurría  en  Montevideo,  destituyó  a  Otorgues  su 
deudo,  su  primer  jefe,  en  términos  que  se  pasaron  de 
Beveros,  envió  en  su  reemplazo,  de  comandante  mili- 
tar, al  honesto  Fructuoso  Rivera,  que  ya  conocemos, 
y  designó,  como  delegado  crvil,  a  don  Miguel  Barreiro, 
caballero  sin  tacha  y  magistrado  íntegérnmo,  cuya 
administración  fue  ejemplar  Para  conocer,  aunque 
de  paso,  a  este  Barreiro,  redactor,  según  algunos,  co- 
mo recordaréis,  de  las  Instrucciones  de  1813,  j  se- 
cretario entonces  de  Artigas  atengámonos  a  la  sem- 
blanza que  de  él  nos  hace  Larrañaga  en  Paysandú, 
en  el  momento  en  que  estamos  precisamente  "Fuimos 
recibidos,  dice,  por  don  Miguel  Francisco  Barreiro, 
joven  de  29  años,  pariente  y  secretario  del  general,  y 
que  ha  participado  de  todos  sus  trabajos  y  privacio- 
nes. Es  menudo  y  débil  de  complexión,  tiene  un  ta- 
lento extraordinario,  es  afluente  en  su  conversación, 
y  su  semblante  es  cogitabundo,  carácter  que  no  des- 
merecen sus  escritos,  en  las  largas  contestaciones  con 
el  gobierno  de  Buenos  Aires  sobre  todo" 


[1001 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Pero  Artigas  hizo  más  en  presencia  de  las  denun- 
cias que  recibió  sobre  la  irregular  conducta  de  su 
delegado  militar  en  Montevideo  llamó  a  juicio  a  los 
que  habían  administrado  dineros  públicos,  y,  cuando 
sus  cuentas  no  fueion  claras,  les  castigó  con  no  me- 
nos severidad  que  a  Otorgues,  captándobe  la  malque- 
rencia de  hombres  de  letras,  que  serán  sus  detracto- 
res naturalmente  Esos,  y  sus  congéneres,  son  los 
autores  de  la  legenda  sobre  las  maldades  del  héroe 
Bueno  será,  que  leamos,  porque  lo  merece,  la  comuni- 
cación que  dirige  Artigas  a  Barreiro,  al  resvestirlo  de 
su  representación  Ea  una  especie  de  programa  de 
gobierno,  que  os  conviene  conocer 

"Señor  Delegado  don  Miguel  Barreiro 

"Los  sucesos  ocasionados  por  los  reiterados  des- 
órdenes de  que  ha  sido  victima  esa  ciudad,  por  los 
desaciertos  del  jefe  que  burló  mis  disposiciones,  y  mi 
permanencia  necesaria  en  campaña  para  repeler  al 
enemigo,  me  ha  puesto  en  el  caso  de  separarlo  inme- 
diatamente, fijándome  en  la  persona  de  Vd  para  re- 
emplazarlo en  su  empico 

"Y  aunque  tengo  plena  confianza  en  su  honorabili- 
dad y  rectitud,  crevendo,  como  creo,  que  Vd  desem- 
peñara la  delegación  del  gobierno  con  toda  aquella 
moderación  que  debe  existir  en  el  carácter  del  fun- 
cionario publico,  sin  embargo,  debo  recomendarle, 
muy  encarecidamente,  que  ponga  Vd  todo  su  especial 
cuidado,  y  toda  su  atención,  en  ofrecer  y  poner  en 
práctica  todas  aquellas  garantías  necesarias  para  que 
renazca  v  se  asegure  la  confianza  pública,  que  se 
respeten  los  derechos  individuales,  y  que  no  se  mo- 
leste tu  se  persiga  a  nadie  por  sus  opiniones  privadas, 
siempre  que  los  que  profesan  diferenfes  ideas  a  las 


[101] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


nuestras  no  intenten  perturbar  el  orden  y  envolver- 
nos en  nuevas  revoluciones. 

"Aunque  verbalmente  he  suministrado  a  Vd  todas 
mis  órdenes,  he  creído,  no  obstante  conveniente  rei- 
terar lo  mas  esencial  por  medio  de  esta  nota,  paia 
que  tenga  Vd  siempre  presente  mis  deseos  de  propor- 
cionar la  tranquilidad  a  los  ánimos  de  los  vecinos, 
que  han  sufudo  tanto  con  las  peripecias  de  la  revo 
lución 

"Así  es  que  en  ese  camino,  sea  Vd  inexorable,  y 
no  condescienda  en  manera  alguna  con  todo  aquello 
que  no  se  ajuste  a  la  justicia  y  a  la  razón,  y  castigue 
Vd  severamente,  >  sin  miramientos,  a  todos  los  que 
cometan  actos  de  pillaje,  o  atenten  a  la  seguridad  o 
a  la  fortuna  de  cualquiera  de  los  habitantes  de  esa 
ciudad 

"Esperando  que  sabrá  Vd  interpretar  bien  estos 
deseos,  aprovecho  la  oportunidad  para  asegurarle  mi 
confianza  en  sus  medidas  al  respecto,  congratulán- 
dome, con  este  motivo,  en  saludarle  >  repetirme  armo 
amigo 

"José  Artigas" 

Muy  de  este  momento  me  parece,  para  confirmar 
lo  que  estamos  diciendo,  y  agregar  una  animada  nota 
de  color  a  nuestro  cuadro,  haceros  conocer  un  hecho, 
nuevo  en  nuestra  historia  rioplatense,  que  acaba  de 
llegar  a  mi  noticia  He  aquí  que  se  nos  ofrece  un 
curioso  testigo  del  gobierno  de  Artigas,  en  tiempo  del 
selvático  Otorgues  Os  lo  anuncié  cuando  hablamos  de 
los  prisioneros  Aunque  os  parezca  inverosímil,  ese 
testigo  es  nada  menos  que  el  hijo  de  Luis  XVI  del 
fin  de  Francia,  que  fue  prisionero  del  Jefe  de  loe 
Orientales,  sin  que  nos  hayamos  percatado  de  ello 


E102] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Conozcamos  ese  caso,  o  cuento,  o  como  queráis  lla- 
marle, que  de  todo  tiene,  sin  excluir  su  parte  de  ver- 
dad Es,  cuando  menos,  una  historia  interesante,  que 
puede  distraernos 

Vosotros  no  ignoráis  la  lejenda,  que  ha  tenido  y 
aún  tiene  sus  creyentes,  relati\a  a  la  evasión  de  las 
prisiones  del  Temple  de  aquel  amable  niño,  hijo  de 
Luis  XVI  y  de  Mana  Antonieta,  que,  entregado  huér- 
fano a  la  brutalidad  del  zapatero  Simón,  es  tenido  por 
muerto,  pero  reaparece  a  principios  del  siglo  XIX 
Los  supuestos  delfines  de  Francia  que  entonces  brotan 
de  la  sombra,  como  sagrados  dueños  del  restaurado 
trono,  son  varios  Fontohve  y  Persat,  el  Barón  de 
Naundorff,  Eleazar  L'Iroquois,  Mathunn  Bruneau.  Este 
último,  que  es  el  testigo  de  que  os  hablo,  se  presenta, 
en  Francia,  en  1815,  diciéndose  ser  el  hijo  de  Luis 
XVI  que  ae  evadió  de  manos  del  bárbaro  zapatero, 
dejando  en  su  lugar,  para  morir  en  su  nombre,  otro 
niño  enfermo,  introducido  a  la  prisión  en  un  caballo 
de  cartón  o  de  madera  Algunos  partidarios  o  creyen* 
tes  lo  rodean,  v  hasta  llegan  a  dar  malos  ratos  a  la 
legitimidad  de  Luis  XVIII,  que  no  las  tiene  todas 
consigo  cada  vez  que  la  sombra  de  Luis  XVII  se  pa- 
sea por  el  mundo 

¿De  dónde  viene  este  Mathunn  Bruneau,  o  Pkehp- 
peau,  o  Dufresne,  o  Charles  de  Navarre,  que  con 
todos  esos  nombres  figura  ese  delfín  en  los  procesos9 
¿Dónde  ha  transcurrido  hasta  entonces  su  misteriosa 
vida'  Es  eso  lo  que  nos  interesa  Aliene  de  Montevi- 
deo, de  ser  aquí  pn&ionero  de  Artigas,  con  el  nombre 
de  Charles  de  Navarre,  precisamente  en  el  momento 
en  que  nos  encontramos  de  nuestra  historia 

El  proceso  de  este  pretendiente  al  trono  de  Francia, 
que  resulta  condenado  por  impostor  en  1818,  y  que 


1103] 


JUAN  ZORRILLA  DS  BAN  MARTIN 


muere,  o  no  muere,  dos  años  después,  en  las  cárceles 
del  Mont  Samt-Michel,  existen  en  los  archivos  de 
Rouen,  donde  fue  seguido  Ha  sido  publicado  en  par- 
te, pero  la  que  a  nosotros  nos  interesa,  y  que  figura 
en  la  pieza  29  del  expediente,  es  completamente  iné- 
dita, y  me  ha  sido  transmitida,  con  una  interesante 
consulta,  por  la  histonógrafa  francesa  madame  de 
Saint  Leger  Dice  allí  el  procesado  que  él,  "Luis  Car- 
los, rev  de  Francia  por  la  gracia  de  Dios*1,  <iaho  fugi- 
tivo de  su  patria  para  los  Estados  Unidos  donde  sir- 
vió, como  capitán  de  ingenieros  a  lab  ordenes  del 
general  WiHiam,  paso  después  a  la  América  española, 
y  figuró,  como  coronel  de  dragones  en  el  ejercito  del 
virrey  de  Lima,  y  en  ese  carácter,  en  una  batalla 
que  llama  de  Gnlly,  cae  en  poder  -del  enemigo,  y  es 
enviado  prisionero  al  general  Artigas  que  lo  retiene 
en  Montevideo,  bajo  el  gobierno  de  Otorgues,  y  lo 
pone  después  en  libertad  Conozcamos  su  declaración 
literal 

"En  1815  cuando  vo  me  encontraba  en  Mon1e\ideo, 
detenido  por  orden  del  general  en  jefe  de  esta  pro- 
vincia Arfigue,  y  de  Othorgues,  gobernador  de  Mon 
tevideo,  que  han  tenido  muchas  consideraciones  fbea- 
coup  d'égards)  hacia  mi  persona,  aunque  prisionero 
de  guerra  en  mi  calidad  de  coronel  de  dragones  del 
1  er  regimiento  del  virrey  d&  Lima,  permanecí  en 
aquel  paii  cotí  un  nombre  supuesto" 

Esa  e«  la  fecha  como  podemos  recordarlo  en  que 
el  virrey  de  Lima  hace  sus  proposiciones  a  Artigas, 
que  éste  rechaza  pero  no  se  me  alcanza,  lo  confieso, 
cómo  y  poi  dónde  ese  coronel  del  virrey  de  Lima, 
prisionero  en  una  batalla  de  Gnlly,  que  no  conoce- 
mos, pudo  llegar  a  poder  de  Artigas  en  1815,  si  ya 
no  es  que,  soldado  del  ejército  con  que  Pezuela  triunfa 


[104] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


de  Belgrano  en  Vilcapugio  y  A>ohuma  ( octubre  y 
noviembre  de  1813 "I,  ha>a  caído  después  en  poder  de 
las  animosas  guerrillas  (¿grilly9)  de  Guemes,  que, 
deBde  1814,  detienen  al  invasor  triunfante  Artigas, 
como  sabemos,  de^de  su  capital  del  Hervidero,  ha 
seguido  el  proceso  de  esas  campañas  del  Peiú,  con  la 
misma  pasión  con  que  dirige  las  propias  en  el  Plata, 
todas  ellas  no  son  más  que  una  sola  para  el  gran  cau- 
dillo que  lo  es  de  la  libertad  de  América,  el  mismo 
se  considera  y  se  dice  tal  a  cada  paso,  como  hemos 
dicho,  habla  siempre  de  la  causa  de  los  americanos, 
a  quienes  considera  j  llama  paisanos,  sin  distinción, 
nada  de  esa  causa  le  es  ajeno,  Vilcapugio,  Ayohuma, 
Sipe-Sipe  lo  preocupan  tanto  como  la  resistencia  de 
Montevideo  Lo  veréis  dirigirse  a  Guemes  para  estimu- 
lar su  esfuerzo  contra  el  español,  en  los  mismos  tér- 
minos con  que  se  dirige  a  sus  caudillos  de  Entrerríos 
o  Santa  Fe,  y  que  no  difieren  esencialmente  de  los 
que  emplea  en  sus  relaciones  con  San  Martín,  o  con 
O'Higgms,  su  gran  paisano  chileno  o  con  Bolívar,  el 
de  Venezuela,  advertiréis  cómo  busca  la  mano  de 
Monroe,  el  presidente  angloamericano,  al  mismo  tiem- 
po que  rechaza  la  que  le  tiende  Pezuela  el  español 
invasor,  a  cuyo  ejército  afirma  haber  pertenecido  ese 
coronel  de  dragones  y  rey  de  Francia,  que  se  dice 
nuestro  prisionero  Bien  pudiera,  pues,  hallarse  por 
este  camino,  el  seguido  por  el  errante  francés  desde 
Pezuela  hasta  Artigas,  pero  sea  de  ello  lo  que  quiera, 
bástenos  con  persuadirnos,  por  ahora,  de  que  ese  su- 
puesto delfín  que,  en  1818,  da  cuenta  en  Rouen,  en 
forma  tal  y  tan  exacta,  de  lus  gobiernos  de  Artigas  y 
Otorgues,  no  ha  inventado  su  dicho,  ha  estado  en  el 
Plata  en  1815  Y  contengamos,  sobre  todo,  en  que 
eae  rey  Luis  XVII,  que  sólo  recuerda  de  su  cautiverio 


[105] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


en  Montevideo  las  consideraciones  de  que  fue  objeto, 
no  ha  estado  en  poder  de  los  bárbaros  inventados  por 
las  historias  perversas,  sino  en  manos  del  soldado  ca 
ballero  y  del  jefe  de  estado  que  \a  conocéis,  y  segui- 
réis conociendo  bajo  ese  amable  aspecto 

Algunos  han  dicho  que  Artigas  gobernaba  arbitra- 
riamente, v  hasta  le  han  llamado  tuano,  porque  se 
reservaba  intervenir,  en  ultima  instancia  en  las  reso- 
luciones de  los  cabildos  bcgún  las  leves  españolas, 
los  capitane-s  generales  teman  hasta  atribuciones  judi- 
ciales Durante  300  años  no  existió,  con  atribuciones 
efectivas,  sino  el  ejecutivo  del  virrev  o  del  goberna- 
dor Ellos  «e  ocupaban,  en  efecto  exclusivamente,  en 
hacer  cumplir  los  estatutos  y  decretos  que,  sobre  las 
más  triviales  materias  de  administración,  dictaban  el 
Consejo  de  Indias  y  los  reyes  de  España  Aquel  poder 
fue  el  único  omnímodo,  y  giraba  sohtano  en  la  órbita 
de  los  atributos  indecisos  del  gobierno  colonial,  por- 
que, en  efecto,  las  leyes  de  Indias  eran  "una  extraña 
amalgama  de  disposiciones  incongruentes  y  a  veces 
contradictorias1'  ejercidas  caprichosamente  lejos  de 
todo  contrapeso  superior 

j  Aplicar  a  Artigas  los  preceptos  constitucionales  de 
hoy'  i  Investigar  si,  en  la  patria  aquella  recién  nacida, 
los  poderes  ejecutivo,  legislativo  y  judicial  estaban  de- 
bidamente separados  y  garantidos  en  su  independen- 
cia' Creo  que  es  exigir  algo  mas  de  lo  justo 

Os  he  citado  alguna  vez,  si  mal  no  recuerdo  la  opi 
nión  de  Sarmiento,  según  la  cual  "la  autoridad  se 
funda  en  el  asentimiento  indeliberado  que  una  nación 
da  a  un  hecho  permanente" 

Ningún  hecho  permanente  mas  natural  e  indiscuti- 
ble que  la  supremacía  de  Artigas,  y  el  asentimiento 


[106] 


LA  BPOPGYA  DE  ARTIGAS 


indeliberado  de  su  nación,  él  había  dicho,  sin  em- 
bargo a  los  representantes  del  pueblo,  en  el  Congreso 
del  año  1813  "Mi  autoridad  emana  de  vosotros  y 
cesa  por  vuestra  presencia  soberana" 

Lo  había  dicho  con  plena  sinceridad  Artigas  era, 
ante  todo  y  sobie  todo,  un  hombre  sincero  Hacer  una 
verdad  orgánica  de  aquella  declaración  es  su  ideal 
Cuando,  aplicando  el  método  con  que  Carlyle  estudia 
el  gobierno  clásico  del  héroe,  se  estudia,  amigos  ar- 
tistas, esa  época  del  gobierno  de  Artigas,  se  ve,  con 
toda  claridad,  que  el  supremo  anhelo  del  fundador 
de  la  patria,  después  de  asegurar  su  independencia, 
no  es  otro  que  el  de  formar  y  organizar  la  entidad  en 
cuyas  manos  debe  y  quiere  colocar  la  autoridad  que 
está  en  las  suyas 

Su  autoridad  es  tan  indispensable  como  indiscuti- 
ble ,  desaparecer  Artigas  y  desaparecer  la  Patria  Orien- 
tal en  ese  momento,  es  la  misma  cosa  Y,  con  ella,  la 
federación  republicana  argentina  Pero  Artigas  no 
hace  un  gobierno  absoluto,  todo  lo  contrario  Con- 
serva la  autoridad  v  el  influjo  necesarios  para  dar  un 
núcleo  de  unidad,  de  cohesión  y  de  vida  a  aquel  orga- 
nismo inarticulado  e  incipiente,  hace  sentir  ese  in- 
flujo cada  vez  que  la  disolución  lo  amenaza,  pero  no 
mata  la  vida  colectiva  en  la  célula  social,  la  estimula, 
la  tonifica,  quiere  el  gobierno  propio,  el  de  los  más 
aptos,  de  los  más  honestos,  designados  libremente  por 
el  pueblo  Para  eso  procura  dar  a  los  cabildos  de  to- 
dos los  estados  cuya  vida  autónoma  protege,  al  de 
Montevideo  especialmente,  con  el  que  sustituye  el 
cargo  de  gobernador  intendente  fracasado  con  Otor- 
gues, el  mayor  número  de  atribuciones;  los  incita  a 
desempeñarlas  con  libertad,  se  dirige  a  ellos  en  tér- 
minos de  respeto,  ^  hasta  d«  acatamiento,  les  pide 


[107] 


JUAN  ZORRILLA  DI  SAN  MARTIN 


recursos,  jamás  dispone  de  éstos  por  ai  mismo,  les 
recomienda  las  obras  de  progreso  la  protección  del 
pueblo,  la  de  los  desheredados  principalmente,  la  es- 
crupulosidad en  la  administi  ación  la  conservación,  so- 
bre todo,  de  la  idea  y  del  sentimiento  de  patria,  y  el 
deber  de  defenderla  hasta  el  sacrificio 

El  Cabildo  de  Montevideo  es  elegido  por  todos  los 
demás  cabildos  del  país,  unidos  a  electores  de  la  ciu- 
dad, éstos  son  uno  por  cada  cuartel  de  la  capital  y 
extramuros  El  caudillo  no  cesa  de  encarecer  el  res- 
peto a  la  libertad  de  sufragio  y  de  estimular  su  ejer- 
cicio El  pueblo  comenzaba  así  a  ejercitarse  en  la 
vida  institucional,  y  se  ve  con  toda  claridad  que  Arti- 
gas no  desea  otra  cosa  crear  v  vigorizar  la  entidad 
que  debe  sustituirlo  en  el  mando  político,  no  ser  él 
necesario  a  la  vida  de  la  nación  que  funda 

Es  interesantísima,  entre  otras  del  mismo  género, 
su  nota  de  3  de  agosto  de  1815,  en  que  incita  empe- 
ñosamente al  Cabildo  a  la  fundación  de  un  periódico, 
con  la  imprenta  que  fue  arrebatida  por  Alvear  a 
Montevideo,  y  que  Artigas  ha  logrado  rescatar  El 
Cabildo  publica  el  prospecto  de  El  Periódico  Orien- 
tal, y  remite  al  caudillo,  con  nota,  el  primer  ejemplar 
"el  primer  fruto,  dice,  de  la  prensa  de  nuestro  Estado 
libre  Oriental  bajo  los  auspicios  de  V  E  " 

No  es  posible  dejar  de  observar,  sin  embargo,  en 
este  ca«o  como  en  tantos  otros,  la  convicción  ponde- 
rada con  que  aquél  procede,  después  de  establecer 
las  ventajas  de  la  prensa  libre,  agrega  en  su  nota 
"Aquella  también  imprime  a  los  malvados  el  prurito 
de  escribir  con  brillos  apasionados  ideas  perniciosas 
a  la  sociedad,  pero  es  difícil  que  se"  desplome  la  gran- 
de obra  de  la  libertad  si  los  buenos  escritores  ayudan 
a  fijar  lo  «óhdo  de  su  fundamento" 


[108] 


IA  EPOPEYA  OS  ARTIGAS 


Este  aspecto  de  la  figura  histórica  de  Artigas,  ami- 
gos míos,  el  que  nos  lo  presenta  como  hombre  de  es- 
tado original,  fuerte  en  su  sinceridad,  maestro  por  su 
propia  visión  y  no  discípulo  sumiso  de  teorizantes, 
será  estudiado  en  el  porvenir,  no  lo  haremos  ahora 
nosotros  con  toda  la  atención  que  reclamaría,  pero  sí 
con  la  necesaria  para  fijar  muy  bien  ese  rasgo  funda- 
mental de  aquel  hombre  singular,  "caudillo  entre  los 
pensadores  y  pensador  entre  los  caudillos  de  América" 
Yo  os  aseguro  que  uno  se  siente  atraído  hacia  tal 
estudio,  cuando  lee,  con  admiración,  sus  comunicacio- 
nes al  Cabildo,  en  que  dice,  con  cierta  impaciencia,  a 
sus-  compatriotas  "Piensen  Vds  por  sí  mismos, 
obren  por  propia  inspiración,  resuelvan,  no  me  lo 
consulten  todo,  recurran  al  pueblo,  háganlo  ser  y  pen 
sar  también  a  el;  sean  Vds  libres,  conscientes,  res- 
ponsables de  sus  actos" 

Artigas  ha  percibido,  no  hay  duda  alguna,  y  quiere 
extirpar,  el  germen  del  mal  que,  desde  la  lejana  Rusia, 
\eía  León  Tolstoi,  el  extraño  patriarca,  en  estas  nues- 
tras repúblicas  hispanoamericanas  Es  muy  curiosa  esa 
opinión  de  Tolstoi  "He  ahí  una  raza,  dice,  refi- 
riéndose a  nosotros,  que  tiene  semejanza  con  la  raza 
moscovita,  es  aguerrida,  amante  de  las  artes  y  de  las 
letras,  pero,  como  la  nuestra,  es  refractaria  a  la  ho- 
mogeneidad democrática  En  lo  individual,  el  latino- 
americano es  el  hombre  má9  liberal  del  mundo,  mas 
aún  que  el  francés,  pero,  en  lo  colectivo',  pierde  su 
identidad  o  se  transforma  en  energía  reaccionaria  En 
los  sajones  sucede  lo  contrarío  En  fuerza  de  ese  fe- 
nómeno, las  comunidades  latinas  tienden  a  la  concen- 
tración del  poder,  en  tanto  que  las  sajonas  buscan  su 
distribución  y  expansión  Toda  nacionalidad  o  gobiei- 
no  que  centralita  el  poder  en  perjuicio  de  la  mayoría 


[109] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


camina,  por  razón  natural,  a  la  decadencia  y  a  la  diso- 
lución Cuanto  más  absoluta  es  una  tiranía,  mayores 
son  sus  gérmenes  de  decadencia'"  Es  conveniente  ob- 
servar que,  en  esa  visión  del  porvenn,  coinciden  con 
Tolstoi  lo«»  representantes  de  la  ma^  pura  ortodoxia 
Toniolu  por  ejemplo,  el  maestro  italiano  de  la  socio- 
logía católica  moderna,  la  expone  v  sintetiza  como 
"la  dirección  a  una  general  participación  de  todos  los 
elementos  de  la  sociedad  en  una  mas  perfecta  forma 
de  la  civilización  cristiana  para  el  porvenir''  Y  no 
puede  menos  de  existir  tal  coincidencia  Que  toda 
verdad  es  ortodoxa,  según  afirma  un  grande  obispo 

Tolstoi  teme,  según  eso,  la  desaparición  de  los  lati- 
nos ante  lo-)  sajones  en  América  El  pesimista  patriar- 
ca ruso  al  través  de  la  distancia,  >  Artigas  el  liber- 
tador autóctono,  al  través  del  tiempo,  veían  lo  mismo 
en  nuestra  raza  Eso  era  lo  que  éste  temía,  >  quena 
extirpar  en  germen  cuando  pugnaba  por  vigorizar  las 
entidades  colectivas  de  estos  puebloa  con  la  federación, 
y  las  unidades  físicas  con  la  democracia  evitar  la 
concentración  que  sus  enemigos  buscaban,  realizar  la 
distribución  v  expansión,  por  todo  el  organismo,  del 
agente  dinámico  de  vida 

Dejemos  eso  sugerido,  para  que  lo  estudie  el  por- 
venir, v  volvamos  a  cosas  más  concretas 

V 

Es  de  ver  la  vida  nacional  y  social  que  en  ese  fu- 
gaz periodo  de  existencia  de  la  primera  patria,  se  des- 
arrolla en  Montevideo  estimulada  por  Artigas  Aquella 
sociedad,  de  una  cultura  tan  elevada  como  la  de  una 
capital  moderna,  ofrece  un  espectáculo  interesantísi- 
mo Aquí  me  encuentro,  entre  mis  tradiciones  y  docu- 


[110] 


LA  EFOPEYA  DE  ARTIGAS 


mentos  domésticos,  a  don  Juan  Benito  Blanco,  que 
hace  bordar  por  manos  amables,  que  no  cobran  su 
labor,  el  primer  escudo,  el  coronado  por  la  cimera 
de  plumas,  para  el  morrión  de  sus  granaderos,  las 
familias  del  país  se  reúnen  para  celebrar  los  triunfos 
de  la  patria  y  U  gloria  de  su  fundador  y  caudillo, 
mientras  los  españoles  se  congregan  por  las  tardes,  en 
la  muralla  o  Recinto  que  da  sobre  el  mar,  a  ver  si 
aparece,  en  el  horizonte,  la  escuadra  reconquistadora 
que  esperan,  y  que  no  puede  tardar,  con  su  bandera 
española  al  tope  Esos  son  los  que  Artigas  quiere  te- 
ner en  Purificación,  si  amenazan  el  orden  público, 
porque  también  él  espera  tranquilo  la  reconquistadora 
armada,  como  centinela  avanzado  de  América  La  es- 
pera sin  temor  "Que  se  desplome  el  mundo  sobre  no 
sotros,  le  oiréis  decir,  con  tal  que  estemos  unidos" 

El  pueblo  aquel  tiene  una  fe  que  parece  supersti- 
ciosa en  su  caudillo,  se  juzga  libre  y  seguro  a  la  som- 
bra de  bu  escudo  El  Cabildo,  por  decreto  de  21  de 
enero  de  1816,  ordena  "a  todos  los  estantes  y  habi- 
tantes de  esta  Banda  Oriental  (excepción  de  los  mi- 
nistros, empleados  públicos  y  militares  al  servicio  de 
otras  potencias)  el  uso  en  el  sombrero  de  la  escara- 
pela tricolor",  y  "recomienda  al  bello  sexo  la  osten- 
tación de  esos  colores  sobre  el  brazo  y  en  el  pecho, 
en  amable  recuerdo  de  que  el  pabellón  oriental  pro- 
tege, reúne  y  procura  la  felicidad  general  de  todos 
los  habitantes  del  país'* 

En  27  de  enero  del  mismo  año,  dicta  un  bando 
de  30  artículos  "para  promover  esa  feliudad"  En 
él  legisla  sobre  el  orden  y  segundad  nacionales,  prohi- 
bición de  juegos,  cafés  y  pulperías  inconvenientes,  uso 
de  armas,  asistencia  pública,  diversionas,  segundad  de 


[1113 


JUAN-  ZORRILLA  DE  SAN  MAfiTIN 


las  construcciones,  incendios,  padrón  del  vecindario, 
administración  de  correos,  vialidad,  etc  Y,  corno  nota 
fundamental,  que  nos  da  el  espíritu  de  aquella  ciu- 
dad, el  interesante  bando  o  decreto  dice  en  su  articulo 
"Que  toda  persona  que  sea  osada  a  blasfemar 
del  santo  nombre  de  Dios,  manifestar  irre\erencias, 
cantar  coplas  deshonestas,  proferir  palabras  malsonan- 
tes o  contrarias  a  la  santa  religión  y  sagrada  causa 
que  defendemos,  sera  castigada  con  todn  el  rigor  de 
las  leyes" 

El  pabellón  de  Artigas,  el  de  la  banda  roja  diago 
nal,  es  aclamado  por  el  pueblo  en  Montevideo  Se  ce- 
lebian  fiestas  sociales,  saraos  animadísimos  y  llenos 
de  cortesía,  en  obsequio  del  patriaica  hbeitador,  au 
senté  en  el  ¡leí videro,  en  ellos  bailan  los  rigodones 
de  honor  los  caballeros  y  las  damas  cuyos  apellidos 
8011  el  sedimento  de  la  nación  Pere>ra  Rrvera,  La- 
rrañaga,  Ellaun,  Maturana,  Blanco  Chopitea  Lapido, 
Trapani,  "Viana,  Juanicó,  del  Pozo  Lamas,  Aldecoa, 
Bauzá  ^:a  han  aparecido  los  bardos  de  la  nueva 
patria  Araucho  e  Hidalgo,  soldados  poetas,  90n  su 
verbo  musical,  el  segundo  representa  personalmente, 
en  la  Casa  de  Comedias,  el  25  de  ma^o  de  1816,  su 
drama  Sentimientos  de  un  patriota  en  que  aparece,  y 
es  objeto  de  apoteosis,  la  bandera  tricolor  recién  crea 
da,  y  cuyos  colores  ostentan  las  damas  en  el  pecho, 
el  primero  da  a  las  tablas  su  monologo  en  verso,  Fi- 
Uan  La  sociedad  los  aplaude  Sus  inspiraciones  pa- 
trióticas balbucientes  son  el  tema  que  anima  las  ter- 
tulias de  la  tarde  en  el  Paseo  de  la  Alameda  Las 
funciones,  en  esa  Casa  de  Comedias,  se  abrían  ron  la 
Canción  patriótica,  letra  de  Hidalgo,  cmo  coro  era 
repetido  por  la  concurrencia  v  decía 


[112] 


LA  EPOPEYA  HE  ARTICAS 


Bravos  úñentele*, 
Himnos  entonad, 
Que  Artigas  va  al  templo 
De  la  libertad 

Pese  a  su  candor  ingenuo,  esos  cantos  matinales  lo 
son  de  una  aurora  verdadera  son  los  cantos  del  ga- 
llo, trompeta  del  día,  como  dice  Shakespeare 

Artigas  oye  sólo  de  lejos  esas  aclamaciones  pero 
las  recibe  con  alegría  El  popular  gobernante,  que, 
como  sabéis,  es  un  caballero  por  su  origen  y  sus  re- 
laciones, no  va  a  su  ciudad  natal,  que  le  debe  su 
nueva  vida,  pero  estimula  en  ella  toda  iniciativa  de 
progreso,  como  hemos  visto  El  contraste  entrp  esa 
vida  social  de  Montevideo  y  la  que  lleva  el  primero 
de  sus  hijos  en  los  campos,  en  medio  de  los  pueblos, 
consagrado  a  mantener  y  educar  los  más  remotos,  > 
pobres,  y  desamparados,  cuva  miseria  comparte,  me- 
rece nuestra  atención  Ese  contraste  es  el  tema  de  al- 
gunas preciosas  páginas  que  nos  ha  legado  el  presbí- 
tero don  Dámaso  Larrañaga  que,  en  esos  momentos, 
visitó  a  Artigas  Debemos  conocerlas,  pero,  para  bien 
apreciarlas,  conviene  conozcamos  primeramente  a  su 
autor,  al  mismo  Larrañaga,  con  quien  ya  nos  hemos 
encontrado  más  de  una  vez  Es  la  figura  más  repre- 
sentativa, quizá,  de  nuestro  medio  social,  y  la  de  más 
alta  autoridad. 

El  pueblo  de  Buenos  Airea,  que  no  ha  querido  ni 
quiere  el  despotismo  de  Alvear  va  a  derrocarlo  muy 
pronto,  como  lo  veremos,  con  el  apoyo  de  Artigas 
Éste  concebirá  entonces,  después  de  su  triunfo,  una 
nueva  esperanza  de  realizar  au  pensamiento,  y  con- 
vocará, con  ese  objeto,  todos  loa  pueblos,  en  Purifi' 


[113] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


cación  El  estado  de  Buenos  Aires  responderá  a  su 
llamado,  acreditando  ante  e!  una  comisión  formada 
de  los  señores  Pico  y  Rivarola  Montevideo,  a  quien 
Artigas  convoca  como  a  todos  los  demás,  enviara  tam- 
bién una,  formada  de  nueve  miembros,  entre  los  que 
descuella  este  Larrañaga  de  que  hablamos,  y  vamos 
a  conocer 

Imaginaos  a  Linneo  o  a  Cuvier  nacidos,  no  en  Mont- 
beliard  o  en  Suderhof,  sino  en  nuestra  piara  fuerte 
de  Montevideo,  a  fines  del  siglo  XVIII  Algo  de  eso 
fue  Larrañaga,  e-ste  es,  en  la  esfera  de  la  ciencia,  lo 
que  Artiga-*  en  la  de  la  visión  política  un  caso,  lo 
que  se  llama  un  caso  Como  Artigas,  y  como  Rivera  y 
Lavalleja,  \  como  Pérez  Castellano,  y  Barreiro,  y 
Monterroso,  y  demás  proceres  orientales,  Larrañaga 
procede  de  antigua  familia  española  fundadora  de  Mon- 
tevideo, es  un  criollo  que  no  ha  estado  en  Europa 
Nace  a  fines  del  siglo  XVIII  )  1771 1 ,  aprende,  en 
nuestro  comento  de  franciscanos,  latín  \  filosofía,  es- 
tudia algo  más  en  Buenos  Aires  y  Córdoba,  donde 
sigue  la  carrera  eclesiástica,  que  abraza  abandonando 
la  idea  fugaz  de  dedicarse  a  la  medicina,  y  se  ordena 
de  epístola  En  Rio  Janeiro  por  fin,  recibe  el  sacerdo 
cío  a  los  veintiséis  años  de  edad  (1798) 

Y  he  aquí  que,  con  esa  preparación,  se  encieira  en 
este  su  país,  y  en  medio  de  nuestras  tempestades  polí- 
ticas, y  mezclado  en  ellas,  brilla  como  un  asteroide 
de  lejana  constelación  intelectual,  y  nos  deja,  en  su 
persona,  la  posesión  del  primer  sabio  americano  de 
aquel  tiempo 

Larrañaga  fue  un  sacerdote  ejemplar  primer  vica- 
rio apostólico  de  la  república,  capellán  de  nuestros 
ejércitos  en  las  invasiones  inglesas,  en  la  reconquista 
de  Buenos  Aires,  en  las  campañas  d«  la  mdependtn- 


[114] 


LA  «POPKYA  DE  ARTIGAS 


cía  En  medio  del  fuego,  auxiliaba  a  los  caídos;  en 
la  vida  ordinaria,  socorría  a  todo  el  mundo  a  los  ni- 
ños especialmente,  fue  el  fundador  de  U  pumera  casa 
de  expósitos  de  Montevideo,  cultivó,  conservó  y  di- 
fundió la  vacuna,  amó  a  los  indígenas  y  veló  por  ellos, 
era  todo  candad,  todo  -virtud  Fue,  ademas,  hombre 
político,  legislador,  cabildante,  diplomático  Si  mal 
no  recuerdo,  diplomático  fue  también  el  italiano  Dan- 
te, diplomático  guelfo,  >  político  de  Florencia,  y 
algo  más  por  eae  estilo  Pero  Dante  es  el  autor  de  La 
Divina  Comedia,  Larrañaga  es  el  sabio  noplatense 
Fue  astrónomo,  geólogo  botánico,  naturalista,  etnó 
logo,  geógrafo,  meteorologista  filólogo,  hombre  de  le- 
tras, cultivo  la9  lenguas  clásicas  y  pose\ó  las  vi\as 
inglés,  italiano  francés,  la  literatura  inglesa,  sobie 
todo,  ejerció  en  él  grande  influencia  Don  Andrés 
Lamas  lo  coloca  "en  las  alturas  luminosas  en  que  bri- 
lla don  Félix  de  Azara*',  peio  solo  como  botánico, 
que  como  geólogo,  lo  supera,  v  también  en  erudición 
bteraria  y  sentimiento  de  lo  bello 

No  es  posible,  amigos  míos,  daros  una  idea  apio- 
ximada  de  la  obra  de  Larrañaga,  "pnmer  monumento 
científico  del  Río  de  la  Plata",  como  dice  Lamas  Su 
solo  Diario  de  Historia  Natural  <de  1803  a  1823), 
ajustado  al  sistema  de  ^.mneo,  que  elogió  --u  obra, 
consta  de  2  600  páginas  en  folio ,  rontiene  una  serie 
de  observaciones  meteoiologicas  y  astronómicas  del 
territorio  oriental,  estudios  sobre  el  origen  y  costum 
bres  de  sus  habitantes,  lecciones  practicas  de  agricul- 
tura, etc  Entre  sus  obras,  aun  mulitas  en  nutstro  Ar- 
chivo Nacional,  se  registra  un  estudio  sobre  el  idioma 
chana,  la  lengua  de  una  tnbu  aborigen  del  Uiugua\, 
otro  notabilísimo  sobre  la  formación  geológica  de  loa 
terrenos  del  Plata,  dibujos  coloreados,  admirables,  de 


[115] 


JUAN  ZORRILLA  O»  «Alt  MARTIN 


los  objetos  naturales  que  describe,  escritos  históricos, 
políticos,  literarios  Ya  que  no  directamente,  podéis 
juzgar  de  lo  que  hay  en  todo  eso  por  su  reflejo  en  el 
espíritu  de  los  sabios  de  aquel  tiempo  Cuvier,  Hum 
boldt,  Bompland,  Saint-Hilaire  Freycinet  Con  todos 
ellos,  como  con  Linneo,  mantuvo  Larrañaga  relacio- 
nes epistolares  interesantísimas 

Bompland  le  escribe  "Me  sera  muy  grato  cultivar 
con  usted  una  correspondencia  asidua,  y  estoy  más  - 
interesado  que  usted  en  ello,  pues  usted  está  más  ver- 
sado que  yo  en  la  historia  natural  de  estos  países  " 
"Me  desesperaría  si  se  publicaran  mis  manuscritos  sin 
su  asentimiento,  son  obras  a  las  que  tiene  usted  mil 
veces  mas  derecho  que  yo,  y  que  considero  propiedad 
suya" 

"Estoy  cada  vez  más  admirado  de  sus  trabajos,  que 
son  inmensos  y  sobrepasan,  me  atrevo  a  decirlo,  cual- 
quier idea  exagerada  que  pudiera  haberse  concebido 
Es  increíble  que,  solo  en  ese  país,  entregado  a  la  his- 
toria natural,  sin  guía,  sin  libros,  haya  usled  podido 
reunir  tantos  objetos  diferentes,  y  ordenarlos  como 
usted  lo  ha  hecho  Cada  vez  que  miro  sus  cuadros,  mi 
admiración  se  aumenta  En  Europa  se  aguarda  su 
obra"  / 

Y  le  escribe  Saint  Hilaire  "No  he  encontrado  en 
América  persona  alguna  con  la  capacidad  de  usted  pa- 
ra hacer  adelantar  la  ciencia,  y  consideraría  una  des- 
gracia que  se  viera  usted  obligado  a  descuidarla". 

"Los  sabios  franceses,  le  escribe  Freycinet  en  larga 
carta  desearían  aprovechar  las  investigaciones  de  us- 
ted, y  me  atrevo  a  esperar  que  tendrá  a  bien  enviarles 
algún  informe  Monsieur  Cuvier  quedaría  muy  satis- 
fecho si  usted  le  comunicara  sui  descubrimientos  en 
historia  natural,  la  Sociedad  de  Geografía  desea  con* 


[116] 


tarlo  en  el  número  de  sus  miembros,  pronto  recibirá 
una  nota  oficial,  y  me  atrevo  a  esperar  que  tendrá  a 
bien  satisfacer  nuestros  anhelos" 

MHe  comunicado  a  nuestro  sabio  Cuvier,  le  dice 
Saint-Hilaire,  lo  que  usted  me  hizo  el  fa\or  de  enviar- 
me sobre  el  tatú  fósil  Como  se  propone  una  segunda 
edición  de  su  obra,  desea  vivamente  que  usted  publi- 
que algo  sobre  ese  interesante  objeto,  y  me  encarga 
se  lo  pida  en  su  nombre". 

Larrañaga  mantiene  entonces  correspondencia  direc- 
ta con  Humboldt  y  con  Cuvier,  este  último  lo  men- 
ciona con  honor,  aunque  suponiéndolo  brasileño,  en 
su  obra  monumental  sobre  las  revoluciones  del 
globo. . 

Pero  es  preciso  que  leamos  algo,  una  página  si- 
quiera, del  mismo  Larrañaga,  para  conocerlo  perso- 
nalmente Veamos  esta  carta,  por  ejemplo,  que  dirige 
a  Bompland.  "No  puede  usted  figurarse  la  \iolencia 
que  he  tenido  que  hacerme  para  tratar  cosas  que  >a 
tenía  casi  abandonadas,  y  que  piden  tiempo,  tranqui- 
lidad y  meditación,  y,  a  veces,  una  paciencia  más  que 
estoica,  para  entrar  en  todos  loa  pormenores  en  que 
entran  hoy  en  día  los  naturalistas,  éstos,  tan  delica- 
dos como  los  astrónomos,  no  tienen  por  perfectas 
aquellas  observaciones  en  que  no  se  computan  los  áto- 
mos de  la  cantidad,  como  en  las  de  éstos  los  segundos 
de  tiempo 

"Linneo  ha  sido  mi  único  maestro  No  obstante, 
como  es  preciso  seguir  la  moda,  y  someterse  a  las  lu- 
ces que  nos  suministra  el  siglo  XIX,  i  emito  a  usted 
los  Mammúares  clasificados  por  nuevos  métodos,  tam- 
bién con  algunas  innovaciones  mías,  ya  que  nos  es 
permitido  a  todos  metodizar  Lob  caracteres  que  pre» 
sentó  son  originales,  r  tcomodadoa  sólo  al  paf».  En 


[117] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


esto  he  imitado  a  Laraarck  en  su  Flora  de  Francia, 
pero  tengo  también  trabajos  generales  para  aquellas 
especies  que  no  se  encuentian  en  Goechn  En  el  Ja- 
neiro compré  la  gran  edición  de  Buííon  por  Sonnim, 
y  las  obras  de  Cuvier  y  otros  célebres  zoologistas,  el 
señor  Chapus  tuvo  la  bondad  de  facthtaiire  l<a  segunda 
edición  de  su  Diccionario  de  la  Historia  Natural,  que 
cuenta  va  15  volúmenes  Estov  ahora  poi  consiguiente, 
al  nivel  de  la  mav  or  parte  de  los  últimos  descuhnmien 
tos  Por  eso  me  he  atrevido  a  hacei  algunos  géneros 
V  especies  nuevos,  y  honrar  de  ese  modo  nuestra  zoo- 
logía con  los  nombres  de  los  sabios  mas  ilustres" 

Pero  leer  a  Larrañaga,  el  sabio,  sin  agregar  algo 
en  que  se  revele  el  hombre  espiritual,  sería  ofender, 
me  paiccc  su  memoria  Tomemos,  al  azar,  este  pá- 
rrafo de  su  carta  a  Bompland,  paia  que  su  noble  es- 
píritu descanse  en  su  luz  "Cuando  pueda  reunir  es- 
tos grandes  materiales,  ¿tendré  tiempo  de  colocar 
estas  hermosas  piedras  labradas  v  cinceladas'1  ¿Me 
moriré  sin  la  dulce  complacencia  de  dejar  perfeccio 
nado  este  suntuoso  templo  al  Autor  de  la  Naturaleza, 
para  hacerme  acreedor  a  que  me  reciba  mss  benig- 
namente en  sus  eternos  tabernáculos9  " 

Y  bien,  amigos,  me  parece  que,  con  lo  dicho,  tene- 
mos bastante  para  darnos  una  idea  de  lo  que  fue  ese 
hombre  de  nuestro  país  que,  en  1848,  muere  ciego,  en 
su  quinta  del  Miguelete  ciego,  a  fuerza  de  mirar  al 
través  del  lente  de  su  microscopio  y  de  su  telescopio 
imperfecto  Las  estrellas  de  nuesLio  hemisferio  au- 
mentaron su  luz  con  la  de  sus  ojos  humildes,  la  de 
su  fuerte  corazón  quedó  toda  en  esta  su  tierra,  en 
que  inoculó  su  vida  entera,  la  infundió  en  su  historia, 
en  sus  árboles  nativos,  en  flus  héroes  gloriosos,  en 
•us  pájaros  indígenas  Yo  he  recogido  en  mis  tradi- 


[118] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


clones  de  familia,  de  don  Juan  Ildefonso  Blanco,  que 
hizo  el  retrato  al  óleo  del  prelado,  la  última  imagen 
de  aquel  hombre  sonriente,  con  los  ojos  fijos  ocultos 
en  $us  lentes  negros,  sentado  bajo  los  árboles  que  él 
plantó,  y  que  aún  \rven  Pero  nada  refleja  aquella 
transfusión  lenta  y  paulatina  de  un  alma  pura  en  la 
naturaleza  amable  que  la  rodea  como  la  carta  que 
escribe  entonces  Larrañaga  a  su  sobrina  doña  Clara 
Errazquin  de  Jackson  hay  en  ella  Cantar  de  los  Can- 
tares, Noche  serena  "Estoy  ciego,  pero  siento  el 
olor  de  mis  flores,  oigo  el  zumbido  de  mis  colmenas 
y  loa  cantos  de  mis  urracas,  me  da  en  la  cara  el 
viento  suave  de  la  mañana,  }  bendigo  a  Dio*,  que  ha 
hecho  tanta  maravilla  con  un  orden  admirable  " 
jOh  noche  azul  e&trellada' 

Larrañaga  fue  admirador  de  Artigas,  como  hemos 
dicho,  tuvo  en  el  una  fe  que  corría  parejas  con  el 
respeto  que  el  héroe  le  profeso,  dicho  sea  en  honor 
del  uno  y  del  otro,  reconoció  en  Artigas  al  Profeta, 
cuando  éste  faltó,  el  sabio  patriota  se  sintió  en  el  va- 
cío como  muchos  otros,  ere} ó  larga  la  noche  sin  as- 
tros Son  melancólicas,  pero  no  desesperadas,  las  pa- 
labras que  pronuncia  cuando  se  resigna  a  aceptar, 
como  mal  menor  la  dominación  extranjeia  'El  dulce 
nombre  de  patria,  dice,  debe  enternecernos,  pero  el 
patriota  no  ea  aquel  que  invoca  su  nombre,  sino  el 
que  aspira  a  salvarla  de  los  males  que  la  amenazan" 
Ese  criterio  llevará  a  Larrañaga  a  formar  entre  lo» 
que,  como  en  Buenos  Aires,  esperaban  algo  de  la  mo- 
narquía, y  a  aceptar,  por  fin,  una  vez  vencido  Artigas, 
la  precaria  dominación  portuguesa,  a  aceptarla,  no  a 
buscarla  £1  será  el  candidato  indiscutible  para  sena- 
dor del  reino  portugués,  será,  como  Rivadavia  en  la 
otra  Banda,  el  hombre  represéntate  o  de  la  Oriental 


[119] 


JUAN  20SJULLA  DE  SAN  MARTIN 


del  Plata,  pero  siempre  declaró,  expresamente,  que 
aceptaba  aquello  para  evitar  mayores  males,  para  pre- 
parar el  advenimiento  de  la  soñada  patria  libre  y 
democrática,  anunciada  por  el  héroe  desaparecido 

En  el  momento  en  que  estamos,  181 5  el  héroe  vive, 
Larrañaga  es  su  creyente,  como  \oIvió  a  serlo  y  pro- 
clamarlo después  Veámoslos  junto*,  que  e-te  cuadro 
está  aún  por  hacerse  el  de  Artigas  \  Larrañaga 
Acaso  el  bajorrelieve  lo  reclame  para  el  tímpano  del 
futuro  Panteón  Nacional  Se  lee  el  Diario  que  aquel 
escribe  en  su  viaje  a  Paysandú,  y  uno  cree  estar  le- 
yendo uno  de  los  cantos  de  la  ¡liada  El  sabio,  que 
va  en  busca  de  Artigas,  cruza  y  de=cnbe  aquellas  nues- 
tras soledades,  se  le  encuentra  dormido  sobre  una  pila 
de  cueros  de  vaca,  al  pie  de  una  higuera,  para  evitar 
el  humo  de  los  fuegos  atizados  con  la  grasa  de  las 
reses,  se  le  sigue  al  través  de  los  nos  vadeados  en  el 
carruaje  flotante  sobre  pipas  atadas  a  las  ruedas, 
los  hombres  desnudos  lo  escoltan  a  nado,  abanados 
a  la  crin  del  caballo,  se  le  ve  alojado  en  alguna  es- 
tancia hospitalaria  del  camino,  contento  de  hallar  en 
ella  pan  y  abrigo  contra  las  heladas  de  las  noches  de 
invierno  crudo,  °ontra  los  perros  rabiosos  o  los  mos- 
quitos, tan  rabiosos  como  los  perros,  allí  nos  des- 
cribe los  banquetes  en  que  se  comen  las  reses  gordas 
que  se  han  asado  en  el  suelo  a  fuego  lento  Y,  en 
medio  de  todo  eso,  el  sabio,  después  de  celebrar  su 
misa  al  rayar  la  aurora  y  de  leer  su  Breviario,  se 
interna  solo  en  el  bosque,  recorre  las  colmas  y  las 
costas,  estudia  la  naturaleza,  clasifica  la  fauna  y  la 
flora  que  se  van  ofreciendo  a  su  examen,  revela  las 
ignoradas  riquezas  de  su  tierra,  anuncia  su  porvenir, 
fenhela  su  libertad   Cuando,  años  después,  en  1837, 


[120] 


hA  BPOPSYA  Dg  AgTIQAfl 


juzgue  que  ésta  está  alcanzada,  escribirá,  al  aceptar 
el  cargo  de  presidente  de  la  Biblioteca  y  Museo,  a  loa 
que  regala  todos  sus  tesoros  científicos  "Siempre  es- 
peré que  llegaría  el  tiempo  de  esta  suspirada  y  ventu- 
rosa época,  en  que  mis  ocios  mismos  serían  útiles  a 
nuestra  patria,  y  a  los  progresos  de  las  ciencias,  por- 
que sabía  que  exploraba  un  país  virgen  y  feracísimo, 
viéndome  en  la  precisión  de  poner,  como  Adán,  nom- 
bre a  todas  las  producciones  que  se  rae  presentaban, 
paia  dapne  a  entender  de  los  sabios" 

Llega,  pues,  por  fin,  este  nuevo  Adán  en  busca  de 
Artigas  a  Paysandú,  nuestra  bella  ciudad  de  hoy,  y 
que  era  entonces,  según  él  nos  dice,  "pueblo  de  in- 
dios, cristianizados  en  su  mayor  parte,  sus  casas  a 
excepción  de  cinco  o  seis,  todas  son  de  paja  La  igle- 
sia no  se  distingue  de  las  demás  sino  por  ser  ma- 
yor "  "Y  aunque  es  un  pueblo  tan  infeliz,  agrega 
el  sabio,  tiene  el  honor  de  ser  interinamente  la  Capital 
de  los  Orientales,  por  hallarse  en  él  su  jefe  y  toda  su 
plana  mayor,  con  los  diputados  de  los  demás  pueblos" 

Allí  había  ido,  efectivamente,  Artigas  desde  Purifi* 
cación,  a  esperar  a  los  enviados  de  los  estados  o  pro- 
vincias que  había  congregado  en  su  torno,  especial- 
mente a  los  orientales,  éstos  reciben  en  el  camino  una 
nota  suva  de  3  de  junio  de  1815,  en  que  les  ruega 
apiesuren  su  marcha,  pues  nada  resolverá  sin  su  con- 
curso, "cualquiera  demora  en  ustedes,  les  dice  en  esa 
nota,  retardaría  mis  providencias  para  la  felicidad 
general,  me  hallo  sin  poder  resolver  En  esa  virtud, 
apresuren  ustedes  sus  marchas,  que  yo  me  hallo  en 
eate  punto,  desde  donde  los  saludo  con  mis  más  afec- 
tuosas consideraciones"  La  embajada  se  apresuró,  y 
llegó  oportunamente  a  Pavsandú 


[121] 


JUAN  ZORRILLA  QS  *AN  MARTIN 


Veamos,  pues  cómo  vivía  el  gobernante  del  Herví 
dero,  mientras  en  Montevideo  se  aclamaba  su  nombre 

"Nuestro  alojamiento,  escribe  Larrañaga,  fue  la  ha 
bitacion  del  general,  ésta  se  componía  Je  dos  piezas 
de  azotea,  con  otro  rancho  contiguo,  que  servia  de 
cocina  Los  muebles  se  reducían  a  una  petaca  de  cue- 
lo y  unos  catres  sin  colchón,  que  servían  de  camas  y 
de  sofás  al  mismo  tiempo" 

"El  general  estaba  ausente,  había  ido  a  comer  a 
un  falucho  en  que  se  hallaban  los  diputados  de  Bue- 
nos Aires  "  También  se  encontraban  alh,  en  unos 
ranchos  que  servían  de  cuerpo  de  guardia,  los  jefes 
que,  con  una  barra  de  grillos,  habían  sido  remitidos 
a  Artigas  por  el  gobierno  de  Buenos  Aires  Larrañaga 
recuerda  la  generosa  conducta  del  caudillo  para  con 
esos  prisioneros,  que  conoceremos  después,  v  escribe 
con  orgullo  patriótico  "Ella  ha  sido,  con  justicia,  su 
mámente  aplaudida  por  los  buenos  anicncanos  >  ha 
acabado  de  desengañarlos  de  que  nue-Uo  héroe  no 
es  una  fiera  111  un  facineroso,  como  lo  habían  pin- 
tado con  negros  colores  sus  émulos  o  los  em  idiosos 
de  su  gloria" 

Ya  hablaremos  de  esos -prisionero»  más  adelante, 
ahora  veamos  a  Artigas  que  regresa  a  las  cuatro  de  la 
tarde,  acompañado  de  un  ayudante  \  de  una  pequeña 
escolta 

La  conferencia  de  la  comisión  onental  con  Artigas 
dura  varias  horas,  hasta  la  de  la  cena  El  caudillo  ha- 
bla, peí  o  sobre  todo  escucha  Larrañaga  nos  mani- 
fiesta en  su  Diario  la  admiración  que  siente  por  aquel 
hombre  no  se  ha  percatado,  sin  embargo,  por  lo 
visto,  de  la  que  él  mismo  inspira  al  que  llama  "nues- 
tro héroe"  Y  si  por  algo  puede  éste  ser  llamado  tal, 
por  nada  lo  es  tanto  como  por  ese  rasgo  que  no  ha 


[122] 


LA  BPOPEYA  DE  ARTIGAS 


percibido  Larrañaga,  y  que  distingue  al  héroe  del 
tirano  por  su  capacidad  de  reconocer  y  respetar  el 
heroísmo  en  todas  sus  formas  Sus  relaciones  con  el 
sabio  prelado  nos  dan  esa  nota  de  bu  carácter  con 
mucha  precisión  Larrañaga  amaba  y  admiraba  a  Ai 
tigas,  pero  no  era  capaz  de  bsonjearlo,  la  major  parte 
de  lo  que  sobre  el  escribió,  este  Diario  que  estamos 
leyendo  inclusive,  fue  ignorado  de  aquél 

Esas  dos  almas  fuertes  se  revelaron  con  ocasión  de 
la  intriga  que,  en  ese  año  de  1815,  precisamente,  poco 
después  de  la  escena  que  ahora  narramos,  urdieron 
en  Purificación  algunos  celosos  amigos  que  soplaron 
en  los  oídos  de  Artigas  informes  y  comentarios  sobre 
la  independencia  de  juicios  del  vicario  apostólico,  y 
de  que  hablamos  al  hablar  de  las  relaciones  de  la 
Iglesia  con  el  Estado  Larrañaga  recibió  una  atenta 
carta  del  procer,  en  que  parecía  hacerse  eco  de  tales 
cosas  Y  la  fortaleza  que  estaba  bajo  la  evangélica 
mansedumbre  del  prelado  salió  a  luz,  su  carta  con- 
testación a  Artigas  es  toda  una  libertad  "Si  V  E 
le  dice,  desea  mi  retiro,  puede  decirlo  sin  rodeos,  vo 
no  pretendo  seguir  en  la  vicaría  ni  jamás  la  he  pe- 
dido". 

Artigas  era  bien  capaz  de  respetai  aquella  fuerza 
moral  que  limitaba  la  suya,  y  le  abrió  paso  inclinán- 
dose, como  el  caballero  ante  la  castellana  altiva  Ni 
un  solo  vestigio  dejó  aquel  incidente,  leemos  las  cai- 
tas posteriores  del  piócer  al  sabio,  de  enero  de  1816 
en  adelante,  y  no  hallamos  en  ellas  sino  términos  amis- 
tosos, respetuosos,  amables  No  le  fue  en  zaga,  por 
cierto,  su  rendido  admirador,  él  mismo  recordaba 
después  a  Artigas,  en  uua  de  sus  cartas,  aquel  inci- 
dente, toda  la  culpa,  le  dice,  la  tuvo  "esa  clase  de 
chismosos  que  pretendían  separar  a  dos  hombres  que 


[123] 


JUAN  tO  BRILLA  D»  flAN  MARTIN 


tan  bien  se  comprendieron  siempre  desde  los  albores 
de  la  revolución". 

Veamos,  pues,  ahora,  el  cuadro  de  Larrañaga  y 
Artigas  en  Pavsandu  El  primero  nos  describe  al  se- 
gundo en  estos  términos  "Su  conversación,  dice  en 
su  Diario,  tiene  atractivo,  habla  quedo  y  pausado, 
no  es  fácil  sorprenderlo  en  largos  razonamientos,  pues 
reduce  la  dificultad  a  poca9  palabras,  \,  lleno  de  ex- 
periencia, tiene  una  previsión  y  un  Uno  extraordina- 
rios Conoce  mucho  el  corazón  humano,  principal- 
mente el  de  nuestros  paisanos,  y  asi  no  hay  quien  le 
iguale  en  el  arte  de  manejarlos  Todos  le  rodean  y 
siguen  con  amor,  aunque  viven  desnudos  \  llenos  de 
miserias  a  su  lado  Y  no  es  por  falta  de  recursos 
sino  por  no  uprmiir  a  los  pueblos  ron  contribuciones, 
prefiere  dejar  el  mando,  a  ver  que  no  se  cumplen  sus 
disposiciones  en  esta  parte  Ese  ha  sido  uno  de  los 
principales  motivos  de  nuestra  misión'' 

La  cena  que  presenta  Artigas  a  sus  huespedes  me- 
reció la  descripción  de  Larrañaga,  >  cieo  que  no  es 
indigna  de  nuestro  examen  de  artistas  "Un  poco  de 
asado  de  vaca,  caldo,  un  guisado  de  carne,  pan  ordi- 
nario v  vino  servido  en  una  taza  por  falta  de  vasos 
de  vidrio  cucharas  de  hierro  estañado,  manteles  de 
algodón  de  Misiones,  sin  servilletas  Y  aun  esto, 
agrega  el  narrador,  según  supe  después  era  prestado" 
Ese  menú  se  aumentará  al  día  siguiente  "con  unos 
bagres  amarillos,  que  se  pescaron  en  el  rio  Uruguay", 
bueno  es  citarlos,  porque  Larrañaga  los  halló  exce- 
lentes, y  porque  es  pescado  clásico  Podemos  mirar 
con  bastante  precisión  esa  mesa,  presidida  por  Arti- 
gas, que,  como  veis,  ha  hecho  lo  posible  porque  sea 
decorosa,  cuatro  personas  están  sentadas,  las  restan- 
tes, fray  José  Benito  Lamas,  Risau,  Revna,  el  cura  Or- 


[124] 


LA  ffOPTÍA  DE  ARTIGAS 


tiz,  están  de  pie,  no  hay  asientos  para  más,  no  hay 
otra  cosa  Y  rasgo  final  de  la  buena  voluntad  del  an- 
fitrión "Acabada  la  cena,  dice  Larrañaga,  nos  fui- 
mos a  dormir,  el  general  me  cede,  no  sólo  su  cama 
(un  catre  de  cuero),  sino  también  su  cuaito,  y  se 
retira  a  un  rancho.  No  hubo  forma  de  hacerlo  ceder 
en  este  punto,  no  oyó  mis  excusas,  y  desatendió  mi 
resistencia" 

Al  día  siguiente,  es  el  mismo  Artigas  quien  madru 
ga  y  sorprende  a  sus  huéspedes  en  la  cama  ,  Y  les 
ofrece  frugal  desayuno  un  ponche  con  dos  huevos 
batidos,  que  se  hallaron  con  dificultad  . 

Os  he  ofrecido,  amigos,  formas  propicias  al  relie\e 
escultórico,  os  las  he  sugerido,  cuando  menos  Fuer- 
za es  penetrar  ahora,  porque  de  algo  nos  sirvan,  en 
el  espíritu  que  las  habita,  y  que  es  la  sola  realidad 
estética,  pensaremos  en  el  porqué  de  esa  tenacidad 
que  se  observa  invariable  en  Artigas  en  no  \ivir 
en  Montevideo  ni  en  ciudad  alguna  No  ha  faltado 
quien,  mirando  con  ojos  distintos  de  los  de  Larra- 
ñaga, no  ha  visto  en  ella  otra  cosa  que  instinto  in- 
civiL 

Si  estudiamos  sociológicamente  el  fenómeno,  obser- 
varemos que  no  es  ese  rasgo  de  Artigas  el  que  más 
caracteriza  a  los  cauddlos  populares  que  predominan, 
éstos,  por  el  contrario,  tienen  generalmente,  como 
anhelo  definitivo,  el  de  ocupar  el  trono,  chico  o  gran 
de  Esa  ambición  está,  muy  a  menudo,  en  razón  ín 
versa  de  las  aptitudes  Las  ínsulas  son  el  ensueño  de 
los  Sanchos,  de  los  escuderos  andantes,  que  hasta  se 
creen  capaces  de  ser  arzobispos,  si  a  mano  wne 

Los  verdaderos  caballeros  no  se  quitan  las  armas, 
ni  comen  pan  a  manteles,  mientras  no  realizan  su 
ideal'  ser  dignos  del  amor  de  Dulcinea  Ellos  envían 


[125] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIK 


a  sus  escuderos,  a  quienes  instruyen  para  gobernado- 
res, a  falta  de  mas  altas  aptitudes.  Jes  enseñan  a  cor- 
tarse las  uñas,  a  raparse  las  barbas  aborrascadas,  a 
\eshr  con  lujo,  y  a  adoptar  gesto*  y  actitudes  adecúa 
do«  Que  no  pocas  veces  vemos  en  poder  de  Sancho 
la  celada,  la  lanza  y  hasta  la  cabalgadura  de  su  amo 
Pero  hiy  algo  más  digno  de  atención  El  anhelo 
de  trono"  \  ducados,  amigos  artistas,  es  la  limitación 
y  el  escollo  de  los  mismos  héroes,  la  carencia  de  ese 
deseo  es  lo  que  determina,  precisamente,  los  dos  ca- 
lacteres  extremos  o  el  del  hombre  montaraz  que  odia 
la  vida  civilizada,  o  el  del  héroe  pleno  que  la  forma, 
sin  el  estimulo  de  gozarla,  porque  para  eso  vino  al 
mundo 

Yo  me  explico  cómo  \  por  que  los  enemigos  de 
este  Artigas  lo  han  presentado  como  el  tipo  del  pri 
mero,  del  hombre  selvático,  poique  no  hay  termino 
medio  o  es  el  más  bárbaro,  o  es  el  más  grande,  el 
solo  grande 

El  petit  caporal  de  Areola,  llevado  poi  sus  soldados 
del  campo  glorioso  a  la  ciudad,  a  ser  emperador  y 
esposo  de  María  Luisa,  y  tronco  de  dinastía,  es  el  hé- 
roe transformado  en  tirano,  ti  primeio  ennoblece  la 
humanidad  el  segundo  la  humilla  Nadie  ha  humi- 
llado mas  al  hombre  que  ese  Bonaparte,  petit  caporal 
"Cuando  llega  la  soberbia,  dice  el  Libro  de  los  Pro- 
verbios entonces  llega  la  deshonra" 

El  caudillo  de  Israel,  aquel  Sansón  abstemio  de  la 
cabellera  inviolada,  oye  el  deleite  de  la  mujer,  y,  con 
el  cabello,  pierde  la  vocación  y  el  carácter  Solo  sirve, 
desde  entonces  para  tirar  de  la  nona,  como  el  mulo, 
o  como  todo  el  mundo 

iLas  delicias  de  Capuar  iLos  brazos  de  Dahla' 


[128] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


jSan  Martin  arrastrado  en  carroza  doiada'  j  Bolí- 
var adorado  por  hombres  y  mujeres'  Loa  espíri- 
tus de  la  tiranía  acechan  a  los  héioes  en  las  ciudades 
las  brujas  les  salen  al  paso  4Tú  seras  rev'  jTú 
seiás  rey* 

El  claro  conocimiento  de  las  propias  aptitudes  con- 
junto de  inclinaciones  innatas  que  cultivadas  por  la 
voluntad,  forman  el  carácter,  eso.  elevadu  a  una  gran 
potencia,  es  lo  que  determina  la  vocación  del  heroís- 
mo, el  cambio  de  empleo  producido  por  las  circuns- 
tancias es  prueba  de  falla  de  energía  en  la  aptitud 
La  energía  en  la  propia  vocación,  por  el  contrario, 
engendra  el  respeto  hacia  la«  aptitudes  de  los  demás 
"A  medida  que  se  tiene  mas  ingenio,  dice  Pascal,  se 
ve  que  hay  más  hombres  originales"  Recordaréis  que 
Artigas  decía  a  Posadas  que  sólo  anhelaba  realizar 
su  pensamiento  para  retirarse  al  descanso  Nadie  ha 
dicho  eso  con  mavoi  sinceridad,  y  nadie  lo  compren- 
dió como  Larrañaga  Artigas  no  \a  a  las  ciudades 
porque  nadie  ha  sentido  como  él  la  propia  vocación, 
él  sabe  que  la  suya  no  pugna  con  la  de  los  escuderos 
ilustres,  pero  les  es  superior  pone  la  herramienta 
en  manos  de  quien  mejor  la  sabe  manejar,  como  dice 
el  inglés,  el  arco  de  Uhses  en  las  de  quien  puede 
tenderlo,  deja  a  los  otros  el  cuidado  de  las  co^as  do- 
mésticas, v  él  ie  reserva  la  misión  supiema  fundirse 
en  el  pueblo,  confundirse  con  él  amasar  el  légamo 
sagrado  e  infundir  en  éste  el  espíritu  de  que  se  siente 
poseído  Por  eso  no  va  a  la  ciudad,  por  eso  come  la 
carne  asada  a  fuego  lento  de  las  hecatombes  popu- 
lares 

Una  anécdota,  que  no»  ha  conseivado  la  tradición, 
dará,  color  local  a  esa  bella  idea  de  los  antiguos 


[127] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MASTIN 


El  hecho  tenía  lugar  en  Las  Piedraa  Artigas  se 
había  sentado  a  la  mesa  en  compañía  de  sus  mas 
cultos  oficiales  -v  de  algunas  personas  crviles,  cuando 
se  le  anunció  la  llegada  de  uno  de  sus  caudillos  cam- 
pesinos portador  de  un  parte  \erbal  El  que  llegaba 
era  un  gaucho  bravio,  había  recoindo  treinta  y  cinco 
leguas  en  veinticuatro  horas,  y  venía  transido,  ja- 
deante >  sin  comer  Artigas  se  separó  de  sus  comen 
sales,  tomo  un  trozo  de  carne  asada,  que  se  puso  a 
comer  con  su  cuchillo  de  campo,  v  entonces  hizo  en- 
trar al  gaucho  mensajero  Le  ofreció  un  pedazo  del 
asado  que  comía  El  gaucho  sacó  su  cuchillo,  v  co- 
mió, en  compañía  de  Artigas,  y  mientras  desempeñaba 
su  comisión,  de  aquella  simbólica  carne  asada 

Creo  que  el  cuadro  es  homérico  El  gaucho  nopla- 
tense  vio  siempre,  en  aquel  hombre,  un  ser  superior, 
pero  un  ser  de  su  especie,  digno  de  amor  al  par  que 
de  respeto  E^o  es  lo  que  el  héroe  quena  no  humillar 
al  pueblo,  estar  en  él,  ser  considerado  un  semejante 
por  los  más  desgraciados,  ser  la  forma  personal,  aman 
ble  para  todos,  para  esos  desgraciados  especialmente, 
de  la  patria  por  que  morían  Mas  adelante  leeremos 
papeles  que  nos  iluminaran  esa  laz,  la  mas  gTande  y 
personal  de  esta  noble  figura 

La  comida  que  Artigas  presentó  a  Larrañaga,  en 
Paysandú,  tenía  un  carácter  muy  d istmio  de  la  que 
ofreció  al  gaucho  hambiiento 

Allí,  entre  otros  pensamientos,  le  indicó  el  insigne 
sabio  oriental  la  conveniencia  de  fundar  en  Montevi- 
deo una  biblioteca  pública  Artigas  acogió  la  idea  con 
entusiasmo,  le  incitó  a  realizarla  sin  pérdida  de  tiem- 
po, poniéndose  para  ello  de  acuerdo  con  su  delegado 
Barreiro  La  biblioteca  se  inauguró  el  25  de  mayo  de 


U28] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAi 


1816,  y  su  inauguración  formó  parte  de  los  lucidos 
festejos  populares  y  sociales  que  se  realizaron,  en  los 
días  24,  25  y  26,  en  conmemoración  de  la  fecha  ini- 
cial de  la  revolución  Larrañaga  hizo  allí,  en  un  dis- 
curso memorable,  en  su  celebre  Oración  inaugural 
calificada  de  magistral  por  Andrés  Lamas,  la  apología 
del  Jefe  de  los  Orientales  Éste,  por  su  parte,  para  in- 
corporarse en  espíritu  al  acto  reahzado  en  Montevideo, 
dispuso  que  en  ese  día  el  santo  y  seña  del  ejército 
fuera*  "Sean  los  orientales  tan  ilustrados  como  va- 
lientes" 

Yo  quisiera  que  pudierais  conocer,  mis  amigos,  la 
correspondencia,  que  poseemos,  de  Artigas  con  Larra- 
ñaga, en  ella  nos  ha  quedado  la  huella  de  los  anhelos 
de  progreso  moral  y  material  alimentados  por  "el  hom 
bre  más  extraordinario,  después  de  Francia,  según 
dice  Robertson,  entre  todos  los  que  figuran  en  los 
anales  del  Río  de  la  Plata" 

Y  pues  el  nombre  de  Robertson  acude  a  mi  memo- 
ria, recuerdo  que  nadie  nos  ha  descrito  como  él,  en 
sus  Letters  on  Paraguay,  la  figura  de  Artigas  en  Pu- 
rificación Los  tonos  de  su  cuadro  no  son  menos  vigo- 
rosos que  los  del  de  Larrañaga  en  Paysandu,  como 
vais  a  \erlo 

Los  hermanos  Robertson,  emprendedores  comercian- 
tes ingleses,  se  establecieron,  en  1815,  en  las  Provin- 
cias Unidas  en  Entremos,  Corrientes,  Paraguay,  etc 
La  empresa  era  audaz  y  arriesgada,  allí,  como  en 
cualquier  parte  del  mundo  que  se  hallara  en  circuns- 
tancias análogas  Uno  de  los  Robertson  remontaba  el 
río  Paraná,  en  un  barco  cargado  de  mercaderías, 
cuando  éste  fue  detenido  y  secuestrado  por  partidas 
artiguist&B  El  comandante  de  la  escuadrilla  británica 

[129] 

t 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


en  el  Rio  de  la  Plata,  Joceím  Percy.  reclamó  ante  Ar- 
tigas, y  éste  satisfizo  plenamente  la  reclamación  Que- 
daron, sin  embargo,  algunos  perjuicios  por  indemni- 
zar, y  qui«o  entonces  Robertson  conocer  y  ponerse  en 
relación  directa  con  aquel  famoso  general  Artigas, 
"con  un  hombre  dice,  que  se  había  elevado  a  tan  sin 
guiar  altura  de  celebridad,  y  cuya  palabra  era  ley, 
en  ese  momento,  en  todo  el  ancho  y  en  todo  el  largo 
del  antiguo  virreinato  de  Buenos  Aires"  Fue,  pues, 
peí  son  alíñente  a  Purificación,  con  una  carta  del  capi- 
tán Percy  y  otra  de  un  amigo  personal  del  gran  cau* 
dillo 

Llegó,  por  fin,  al  Hervidero,  >  grande  fue  su  sor- 
presa al  hallarse,  en  la  amplia  \  rústica  tienda  de 
campaña  del  héroe,  con  la  escena  siguiente  "El  Pro 
tector  dice  estaba  dictando  a  dos  secretarios  (uno 
de  ellos  era  Barreiro)  que  ocupaban,  en  torno  de  una 
mesa  de  pino,  las  dos  únicas  ««illas  que  había  en  toda 
la  choza  y  esas  mismas,  con  el  asiento  de  esterilla 
roto 

"Para  completar  la  singular  inr* onü;ruencia,  el  piso 
de  la  choza  (que  era  grande  \  hermosa)  en  que  esta- 
ban  reunidos  el  general,  su  Estado  Mavor  \  <=us  se- 
cretarios, se  veía  sembrado  de  ostentosos  sobies  de 
comunicaciones  procedentes  de  todas  la-»  provincias 
dictantes  algunas  de  ellas  1  500  millas  de  ese  centro 
de  operaciones,  >  dirigidas  a  Su  Excelencia  el  Pro- 
tector 

"En  la  puerta  estaban  los  caballos  jadeantes" de  los 
correos,  que  llegaban  cada  media  hora,  \  los  caba- 
llos de  refresco  de  los  que  salían  con  igual  frecuen- 
cia" 

El  comerciante  inglés  se  sorprende  de  la  calma  v 
seguridad  con  que  Artigas,  en  medio  de  aquel  am- 


[130] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


biente,  despachaba  sus  asuntos  "Pienso,  dice,  que  si 
los  negocios  del  mundo  entero  hubieran  pesado  sobre 
sus  hombros,  habría  procedido  de  igual  manera  Pa- 
recía un  hombre  abstraído  del  bullicio,  j  era,  de  este 
solo  punió  de  vista,  si  me  es  permitida  la  alusión, 
semejante  al  más  grande  de  los  generales  de  nuestros 
tiempos" 

Y  Robertson  continúa 

"Al  leer  mi  carta  de  introducción  (la  particular), 
Su  Excelencia  se  levantó  de  su  asiento,  y  me  recibió, 
no  solo  con  cordialidad,  sino  también,  lo  que  me  sor- 
prendió mas,  con  los  modales  de  un  caballero,  y  de 
un  hombre  realmente  bien  educado 

"Iniciada  mi  conversación,  la  interrumpió  la  llegada 
de  un  gaucho,  y,  antes  de  transcurrir  cinco  minutos, 
ya  el  general  Artigas  estaba  nuevamente  dictando  a 
sus  secretarios,  engolfado  en  un  mundo  de  negocios, 
al  mismo  tiempo  que  me  presentaba  excusas  por  lo 
que  había  ocurrido  en  la  Bajada,  y  condenaba  a  sus 
autores". 

VI 

Más  aún  que  el  cuadro  pintoresco,  con  ser  de  tonos 
tan  justos,  considero  preciosa  en  esa  página  la  des- 
cripción de  la  actividad  intelectual  de  nuestro  primer 
gobernante.  Ella  nos  invita  a  estudiar  su  gobierno  ci- 
vil, a  seguir  esos  correos  gauchos  que,  con  la  pala- 
bra-ley de  Artigas,  van  y  vienen  en  un  espacio  de  mil 
quinientas  millas  de  Buenos  Aires  a  Santiago  del 
Estero,  de  Córdoba  a  Montevideo,  a  lo  largo  de  los 
ríos  inmensos  Paraná  y  Uruguay,  en  cuyo  extremo 
septentrional  están  las  Misiones,  limítrofes  con  el  Pa- 
raguay; a  lo  ancho  de  las  pampas  argentinas,  que  se 


[1311 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


extienden  desde  Buenos  Aires  hasta  la  cordillera  de 
los  Andes  Es  indispensable  que  estudiemos  muy  se- 
riamente ese  raro  fenómeno,  que  no  puede  menos  de 
tener  causas  profundas 

Aquella  tienda  de  Purificación  era,  efectivamente, 
el  centro  de  vida  de  una  inmensa  red  circulatoria  Po- 
demos darnos  cuenta  de  las  distancias  que  debía  re- 
correr la  palabra  que  de  allí  salía,  pero  nada  son  los 
centenares  de  leguas  que  alejan  a  Buenos  Aires  o 
Montevideo  de  Córdoba,  de  Salta  o  del  Paraguay,  si 
se  los  compara  con  las  distancias  morales  que  separan 
los  hombres  y  pueblos  que  alh  se  mueven  Desde  el 
estado  social  de  Buenos  Anes,  por  ejemplo,  hasta  el 
de  las  Misiunes,  pobladas  por  los  indios  de  las  anti- 
guas reducciones  jesuíticas,  se  recorre  una  larga  escala 
de  núcleos  de  vida  heterogéneos  sin  influencia  al 
guna  recíproca,  sin  nada  casi  que  sea  un  principio 
de  unidad  orgánica 

Artiga*  quiere  crear  esa  influencia  con  su  espíritu 
éste  ha  de  alcanzar  a  todos  ellos,  en  todos  ha  de  pe- 
netrar, como  el  solo  medio  de  amasar  aquel  conjunto 
con  sustancia  propia  lo  mismo  en  las  poblaciones 
mas  o  menos  cultas,  en  que  inocula  el  principio  demo- 
crático, que  en  las  masas  indígenas,  a  quienes,  en 
lenguaje  evangélico  o  bíblico,  despierta  al  sentimiento 
de  libertad,  y  hasta  al  de  la  dignidad  colecti\a  Para 
ello  este  doctrinero  laico  ha  de  hc-blar  a  cada  uno  su 
lengua,  ha  de  cultivar,  sobre  todo,  cualquier  princi- 
pio de  vida  inmanente  que  allí  se  encuentre  y  que 
pueda  servir  de  centro  de  conglomeración,  así  sea  el 
más  rudimentario 

Eso,  la  construcción  de  una  patria,  desde  sus  ci- 
mientos, es  lo  admirable  que  nos  va  a  ser  revelado 
por  los  papeles  que  Robertson  vio  dictar  en  la  tienda 


[132] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


de  Purificación,  y  que  entresacaremos  de  una  enorme 
masa  que  hoy  poseemos  felizmente.  Leamos  primero 
los  más  sencillos,  éste,  por  ejemplo  es  una  comunica- 
ción de  Artigas  al  Cabildo  de  Montevideo  "Sena  be- 
néfico, le  dice,  la  multiplicación  de  la  vacuna,  tanto 
en  nuestra  campaña  como  en  Enlrerríos,  Córdoba  y 
Misiones,  donde  la  viruela  hace  fatales  estragos  Es- 
pero con  brevedad  los  virus  que  V  S  pueda  mandar- 
me, para  repartirse  entre  estos  pueblos  y  en  todo  el 
Entremos»,  debiendo  cuidarse  de  su  seguridad  y  aco- 
modo 

"Espero  igualmente  los  dos  tomos  que  V  S  me 
ofrece  referentes  al  descubrimiento  de  Norte  América, 
su  revolución,  sus  vanos  contrastes  y  sus  progresos 
hasta  el  año  1807  Yo  celebrana  que  ese  libro  tan  in- 
teresante estuviese  en  manos  de  todos  loa  orientales" 

Advertiremos  mas  de  una  ve¿,  en  el  cuiso  de  nues- 
tro estudio,  la  afición  de  Artigas  a  la  historia  e  insti- 
tuciones de  Estados  Unidos  que  sus  émulos  no  cono- 
cían o  desdeñaban  El  coronel  Cáceres,  en  sus  Metnu' 
rías,  nos  dice  "Artigas  tenía  grandes  simpatías  por 
los  americanos  del  Norte,  de  cuyo  gobierno  tuvo  mu- 
chas veces  agentes  cerca  de  si ,  algunos  de  los  oficiales 
que  trajo  don  José  Miguel  Carreid  para  su  empresa 
sobre  Chile  sirvieron  a  las  órdenes  de  Artigas''  Es 
eso  interesante,  pero,  con  ser  muy  concurrente  a  nues- 
tro propósito,  no  es  lo  que  más  quieio  que  notemos 
ahora  Veamos  estos  otros  manuscritos  concordantes 
con  el  anterior,  que  recibo  inéditos  de  los  archivos  de 
Corrientes  Por  mas  de  un  concepto,  conviene  que  ios 
conozcáis  al  pie  de  la  letra,  fondo  y  forma  son  en 
ellos  esenciales  Que  en  éstos,  como  en  todos  mis  pa- 
peles, más  que  probanzas,  yo  os  ofrezco  color,  carác- 
ter, visión  directa  de  hombres  y  sucesos  Artigas  ea- 


[133] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


cribe  "Al  muy  ilustre  Cabildo  de  Comentes  Ad- 
junto a  V  S  un  oficio  del  Cabildo  de  Montevideo, 
con  250 "almanaques  He  sustituido,  en  lugar  de  los 
cincuenta  restantes,  cincuenta  cartillas,  que  podran  ser 
igualmente  benéficas  para  la  enseñanzd  de  la  juven- 
tud de  ese  pueblo  Espero  que  V  b  hará  uno  de  sus 
primeros  empeños  en  su  arreglo  y  fomentó" 

Bien,  veamos  éste,  del  7  del  marzo  "Acompaño  a 
V  S  un  ejemplar  de  la  Instiuccion  '¡obre  la  Vacuna* 
un  vidrio  con  pus,  v  otra  instrucción  manuscrita  so- 
bre el  modo  de  preparar  la  operación,  todo  con  el 
objeto  de  deparar  a  la  humanidad  un  consuelo  tan 
eficaz  Yo  celebraré  que  V  S ,  penetrado  del  gran 
interés  que  reporta  a  la  provincia  su  propagación,  to- 
me las  más  eficaces  providencias  para  que  ella  se  ex- 
tienda con  abundancia  y  a  la  brevedad  posible" 

No  dejemos  de  mirar,  siquiera  sea  de  paso,  esta 
otra  pieza,  del  25  de  abril,  con  la  que  remite,  al  mis- 
mo Cabildo,  el  Compendio  de  la  Historia  de  Norte 
América  que  pidió  al  Cabildo  de  Montevideo  "ansio- 
so, dice,  de  que- sus  luces  basten  a  esclarecer  las  ideas 
de  esos  magistrados,  y  lodo  contubuya  a  iijar  nues- 
tros adelantos'' 

De  e*os  documentos,  amigos  míos,  están  repletos 
los  archivos  de  todas  las  provincias  argentinas,  lo  mis- 
mo que  los  nuestros,  en  los  propios  términos  de  pro- 
tección y  enseñanza  que  emplea  con  el  Cabildo  de 
Comentes,  habla  Artigas,  desde  aquella  su  capital, 
con  Guemes,  el  caudillo  de  Salta,  como  lo  veréis,  con 
López  el  de  Santa  Fe,  con  el  Cabildo  de  Montevideo, 
con  Andresito,  su  capitán  en  Misiones,  de  que  habla 
remos  después,  con  el  Cabildo  y  Directorios  de  Bue 
nos  Aires,  con  todo  el  mundo 


L 134] 


I*A  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


No  seré  yo  quien  tenga  por  hombre  serio  al  que 
no  atribuya  su  importancia  a  estos  escritos,  a  los  más 
ingenuos  sobre  todo,  ellos  nos  sirven,  más  que  el 
parte  tle  una  batalla,  y  aun  de  dos,  para  no  confundir 
a  este  constructor  contemplativo  con  los  hombres  ge« 
néncos,  así  se  llamen  capitanes  generales,  diplomáti- 
cos o  políticos  expertos,  que  todo  es  lo  mismo  precep- 
tistas o  aphcadores  de  métodos  aprendidos,  persona- 
jes ausentes  de  todas  partes,  ausentes  de  sí  mismos, 
sobre  todo  Sólo  a  este  general  Artigas  se  le  ocurría 
entonces,  entre  los  guerreadores  de  la  época,  la  pere- 
grina idea  de  preservar  de  la  viruela  a  los  pobres  de 
EntrernoB,  y  a  los  de  Corrientes  y  Córdoba  y  las 
Misiones,  sólo  él  pensaba  en  enviar  cartillas  y  alma- 
naques para  que  leyeran  los  niños  indios,  e  Historia 
de  Norte  América  para  iniciar  en  sus  principios  o 
ideales  a  los  conductores  del  pueblo 

La  preocupación,  la  obsesión  iba  a  decir,  de  este 
entraño  soldado,  con  respecto  a  la  enseñanza  del  pue- 
blo, no  bien  tiene  un  momento  de  reposo,  es  algo  que 
os  llamara  mucho  la  atención  A  cada  paso  nos  lo 
encontramos  dominado  por  esa  idea,  aun  en  medio 
de  sus  campañas,  aun  en  sus  épocas  de  ma\or  mise- 
ria Aquí  me  encuentro,  por  ejemplo,  con  un  expe- 
diente que  me  remite  el  señor  canónigo  Borques, 
amigo  mío,  es  un  juicio  iniciado  en  1821,  en  fl  Pa- 
raná, por  doña  Francisca  del  Valle  Esta  señoia  re 
clama  el  precio  del  alquiler  de  una  tasa,  "que  el 
general  Artigas,  cuando  estuvo  en  el  Paraná  en  1815, 
le  tomó  personalmente  en  arrendamiento  \  que  se 
destinó,  por  su  orden  expresa,  a  una  escuela  de  prime- 
ras letras  para  la  educación  de  la  ju\entud"  Recor- 
daréis esa  estadía  de  Artigas  en  el  Paraná,  donde, 
después  de  retirarse  del  sitio  de  Montevideo,  fija  su 


[135] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


centro  de  influencia  sobre  Córdoba,  Santa  Fe,  Misio- 
nes, etc  La  reclamante  obtiene  del  gobernador  Hereñú 
el  pago  de  los  alquileres. 

Yo  convengo  amigos  míos,  en  que  muchos  de  aque- 
llos pueblos  eran  entonces  muv  poca  cosa,  poblacio- 
nes pobres  y  rudimentarias  Pero  no  eran  aduares 
movibles,  sino  vértices  sociológicos,  formados  por  la 
rotación  espiral  del  \apor  cósmico,  células  o  como 
queráis  llamarles,  de  lo  que,  andando  el  tiempo,  será 
nuestra  nación  argentina,  tanto  oriental  como  occiden- 
tal, y  que  aquel  hombre  solo  custodiaba  por  vocación 
recóndita  Hoy  son  capitales  de  estado,  ese  Paraná, 
caserío  entonces  esparcido  en  la  barranca,  en  que  el 
Protector  deja  su  escuela,  e9  hoy  la  capital  del  estado 
de  Entremos  en  la  que  el  nombre  de  Artigas  es 
casi  desconocido,  cuando  no  menospreciado  o  exe- 
crado Otros  prohombres,  ajenos  al  medio,  sólo  yux- 
tapuestos a  él,  hubieran  exterminados  esas  poblacio- 
nes sin  maldito  el  escrúpulo  tal  hubo  entre  ellos  que 
las  redujo  a  cenizas,  como  se  hizo  en  el  Rosario  de 
Santa  Fe,  y  estuvo  por  hacerse  en  Santa  Fe  mismo, 
en  holocausto  a  la  civilización,  no  les  iba  mucho  en 
ello,  por  lo  visto,  no  eran  necesarias  a  la  gloria  que 
buscaban  Esos  hombres  no  construían  nada  nuevo, 
la  patria  debía  venir  hecha  de  Europa,  pero  Artigas, 
si,  en  su  pensamiento  se  estaba  edificando  una  na- 
ción Su  empeño  en  conservar  hombres  y  pueblos,  la 
extraña  predilección  que  *iente  por  los  más  humildes, 
sm  excluir  los  indígenas,  es  lo  que  le  imprime  el  ca- 
rácter épico,  de  simplicidad  suprema,  que  se  advierte 
también  en  ciertos  momentos  de  Bolívar,  el  venezolano 

Porque  es  de  iaber  que  no  han  faltado  quienes  han 
tomado  ocasión  de  esa  piadosa  solicitud  de  Artigas 
hacia  los  indígenas  de  su  tierra  americana,  para  mo- 


[136] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


tejarlo  de  bárbaro  Aquel  Sarmiento,  por  ejemplo,  que, 
entre  loa  fugaces  resplandores  intermitentes  de  su  Fa- 
cundo, entrevio  en  el  caudillo  oriental  el  Bolívar  del 
Plata,  dice,  cuando  se  da  a  estudiar  Conflictos  y  Ar- 
monías de  Razas,  que  "los  movimientos  de  la  Banda 
Oriental  fueron  un  levantamiento  indígena  encabezado 
por  Artigas"  Es  claro  que  lo  dice  con  menosprecio 
Eso  no  es  verdad,  como  sabéis,  Artigas  no  encabezó 
solo  indígenas  como  los  jesuíta'*  misioneros,  pero  los 
consideró  hombres,  eso  si,  parte  integrante  del  pue- 
blo que  conducía,  no  compartió,  cuando  menos,  la 
idea  de  exterminarlos 

Problema  es  éste  que  nos  invita  como  ninguno  al 
anabsis  profundo  en  dónde  está  en  este  caso  la  bar- 
barie, y  en  dónde  el  espíritu  de  civilización  Artigas 
es,  efectivamente,  uno  de  esos  espíritus,  le  hallamos, 
no  cabe  duda,  ciertas  analogías  con  aquellos  misione- 
ros jesuítas  que,  inspirados  en  candad,  soñaron  con 
la  fundación  de  una  sociedad  sai  generis  en  las  soleda- 
des del  Paraguay,  evitando  la  contaminación  del  hom- 
bre primitivo,  y  formando  una  conciencia  colectiva 
pura,  pero  nadie  dejará  de  notar  la  diferencia  Vale 
la  pena  de  que  nos  detengamos  en  ella  Aquí  tenemos 
un  libro,  por  ejemplo,  que  puede  seivnnos,  es  el 
Imperio  Jesuítico,  de  Leopoldo  Lugones,  libro  oficial, 
que  refleja  doctrinas  corrientes  en  el  mundo  moderno 
Leamos  esto  que  allí  9e  dice  para  condenar  el  sistema 
de  los  jesuítas,  por  contrario  a  la  independencia  ame- 
ricana "La  independencia  sm  la  libertad  espiritual  era 
una  subalterna  evolución  política  con  el  resultado  se- 
guro de  una  reconquista,  o  de  una  nueva  subordina- 
ción, dice  el  escritor  argentino,  las  nacionalidades 
recién  fundadas  no  habrían  hecho  más  que  subdividir 
la  decadencia  general,  pero  no  remediarla,  ti  adopta- 


[137] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


ban,  en  vtz  de  las  instituciones  democráticas,  que  son 
las  únicas  progresivas  en  el  medio  moderno,  la  teo- 
cracia, o  la  monarquía,  con  cuyo  advenimiento  soñara 
el  conservatismo  miope  de  la  revolución" 

Hay  en  eso  una  parte  de  verdad,  como  lo  veis,  eran 
dos  sueños,  efectivamente  Pero  rechazadas  tanto  la 
teocracia  jesuítica,  porque  aparejaba  la  reconquista 
monárquica »  cuanto  la  monarquía  bonaerense,  porque 
no  era  independencia  de  America  ¿qué  nos  queda 
como  fundamento  de  la  nueva  nación,  con  respecto  a 
la  población  indígena  que  estaba  allí9 

No  restan,  efectivamente,  sino  dos  extremos  o  el 
exterminio  de  aquellas  poblaciones  para  dejar  libre 
la  tierra  a  la  nueva  raza,  o  la  educación  democrática 
de  lus  hombres  que  aquí  existían  Lugones  va  a  ex- 
ponernos y  defendernos  una  de  etas  soluciones,  Arti- 
gas es  el  héroe  de  la  otra 

''Los  portugueses  primero,  dice  Lugones,  con  su  ho- 
rrenda incursión,  que  extermino  a  los  indios  y  Car- 
los III,  con  la  expulsión  de  los  jesuítas,  que  dio  por 
resultado  la  muerte  de  las  misiones,  libraron  a  Amé- 
rica  del  tropiezo  mas  grave  que  habría  sufrido  al 
emanciparse 

"No  hay,  agrega,  ni  inocentes  ni  culpables,  sino 
organismos  que  luchan  por  subsistir  en  el  campo  de 
la  vida" 

Os  hice  notar  oportunamente,  amigos  artistas,  que 
en  la  América  inglesa,  en  la  de  Washington,  se  pensó 
también  de  análoga  manera  la  nueva  patria  se  libró 
allí  de  aquel  tropiezo  exterminando  sus  indios  aborí- 
genes, pero  importo  negros  esclavos  para  susti- 
tuirlos 

Artigas  no  pensó  asi,  efectrv amenté,  Artigas  no 
pensó  así ,  es  un  original,  un  primitivo,  ese  buen  hom- 


[138]  " 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


bre  Él  creyó  en  lo  sagrado  de  la  persona  humana, 
sin  distinción  de  raza,  para  él,  asesinai  un  semejante 
fue  siempre  un  crimen,  salvarlo,  amarlo,  una  virtud 

El  hombre  aquel  era  conducido  por  una  vieja  voz 
la  del  Smaí,  la  del  Decálogo  ¿Cuál  de  eso?  senti- 
mientos se  inspira  en  la  ley  del  hombre9  ¿Será  Ar- 
tigas o  el  matador  de  razas  quien,  en  definitiva,  se 
alzará  en  el  alto  promontorio  de  las  gentes  futuras 
como  símbolo  heroico  del  honor  en  nuestra  América? 

Fundid,  amigos  artistas,  sin  temor  de  hacer  obra 
efímera,  fundid  bronce  para  vaciar  este  modelo  de 
escultura  que  os  ofrezco,  sólo  ese  bronce  dirá  pala- 
bras eternas  a  la  América  definitiva  Que  hay  pala 
bras  que  son  de  vida,  que  no  pasaran  aunque  pasen 
los  cielos  y  la  tierra  el  homicida  es  y  sera  eterna- 
mente un  culpable,  como  lo  será  el  adúltero  y  el  la- 
drón, sea  cual  sea  la  inmediata  consecuencia  de  su 
crimen 

No  dejemos  de  advertir  aquí,  ante  todo,  porque  es 
oportuno,  que  el  hecho  que  Lugones  da  por  cierto  no 
es  cierto  No,,  no  es  \erdad  que  el  portugués,  con  su  - 
horrenda  incursión  contra  Artigas,  que  vamos  a  co- 
nocer, haya  exterminado  la  raza  indígena  en  América, 
librando  a  ésta  de  un  tropiezo  para  su  emancipación 
Esa  raza  no  murió,  ni  ha  muerto  todavía  Y  muerta 
resucitará  en  el  bronce  Y  hará  justicia 

El  número  de  ilustres  mulatos,  y  de  mestizos  ameri- 
canos, y  aún  de  indios  puros,  que  hallamos  entre  los 
proceres  de  la  independencia  nopíatense,  es  extraordi- 
nario, aún  hoy  tenemos  frecuentes  casos  de  regresión 
atávica  la  mirada  negra  del  indio  reaparece  en  el 
fondo  de  ciertos  ojos  azules  es  el  pasado  que  mira 
hacia  el  porvenir 


[139] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


La  muerte  de  la  monarquía,  buscada  por  ese  con- 
servatismo  miope  de  que  nos  habla  Lugones,  es  un 
hecho,  no  hay  duda,  en  América,  pero  el  exterminio 
de  la  americana  raza,  no  Es  el  sentimiento  de  Arti- 
gas el  que  ha  flotado  sobre  las  aguas 

El  ideal  democrático  de  éste  era  la  sola  realidad, 
pieciso  es  confesarlo,  estaba  más  arraigado  en  la 
naturaleza,  cuando  menos,  que  el  mismo  de  caridad 
que  inspiraba  al  jesuíta  la  constitución  de  su  remo  in- 
dígena Eri  é«te  tan  imposible  como  el  imperio  de 
Buenos  Aires,  con  ser  mucho  mas  amable  y  abne- 
gado, por  bueno  que  fuera  el  hombre  que  el  jesuíta 
salvaba  para  la  fe,  el  salvado  por  Artigas  para  la  de- 
mocracia rudimentaria  era  más  real  mas  persistente 
como  unidad  sociológica,  o  más  bien  dicho  como 
base  de  evoluciones  progresivas  inevitables,  providen- 
ciales Artigas,  como  vais  a  veilo,  coincidía  con  el 
misionero  en  el  propósito  de  hacer  bueno  a  aquel 
hombre  primitivo  al  hacerlo  cristiano,  laborioso,  ins- 
truido, pero  no  lo  separaba  de  su  tiempo  ni  del  fu- 
turo próximo  lo  incorporaba,  como  uudadano,  y  aun 
como  héroe  a  la  sociedad  civil,  que  se  formaba  como 
nuev4  unidad  del  mundo  internacional 

No  es  de  extrañar  que  se  le  hava  culpado  por  ello 
de  aversión  al  extranjero,  los  que  tal  le  imputaban 
lo  eran  ellos  mismos,  extranjeros  a  la  nueva  nación, 
frutos  del  árbol  viejo  que  creían  abonar  con  la  materia 
orgánica  del  cadáver  indígena 

Artigas  concibió  la  vida  del  injerto,  es  decir,  la 
existencia  de  dos  tejidos  vivos  cuvas  células  cicatri- 
zadoras,  al  ponerse  en  contacto,  se  alimentan  recipro- 
camente, pero  conservando,  como  patrón,  el  tronco 
vivo  americano  en  contacto  con  la  madre  tierra  Aaí 
lo  veréis  cultivar  con  el  extianjero  relaciones  de  amis- 


[140] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


tad,  de  comercio,  de  mutua  consideración;  pero  siem- 
pre dentro  de  los  principios  conservadores  de  la  per- 
sona nativa 

Eso  es  Artigas,  bajo  el  más  hondo  de  sus  aspectos, 
desde  que  lo  vemos  trazar  con  Azara  las  fronteras  de 
su  patria,  hasta  que  muere  en  el  Paraguay  rodeado 
de  una  población  casi  indígena,  cuya  sangre  respetó, 
como  a  toda  sangre  humana,  y  amó  con  predilección 

Lo  que  en  las  naciones  americanas,  amigos  míos, 
ha  persistido  y  persistirá  de  aquella  sangre  indígena, 
puede  ser  y  ha  sido  objeto  de  estudios  y  conclusio- 
nes varias,  hov  comienza  a  analizarse  la  filogénesis 
de  nuestro  pueblo,  su  historia  antropológica,  la  evo- 
lución de  sus  instintos,  desde  el  núcleo  primitivo  hasta 
la  aparición  de  una  nueva  raza,  que  dicen  constituirá 
la  definitiva  nación  de  América  No  diré  yo  que  ta- 
les datos  no  puedan  contribuir  a  la  mejor  compren- 
sión de  la  historia  del  Plata,  y  hasta  la  de  este  nues- 
tro Artigas,  su  iluminado  protagonista,  pero,  franca- 
mente, atribuyo  menos  importancia  que  otros  a  ese 
factor  Yo  tengo  para  mi  que  la  existencia  de  tal 
nueva  raza  predominante,  con  estigmas  hereditarios, 
como  fundamento  de  las  naciones  de  este  contmente, 
no  es  cosa  averiguada,  ni  mucho  menos,  creo  que 
este  Nuevo  Mundo  será,  en  definitiva,  de  la  raza  cau- 
cásica o  europea,  sin  perjuicio  de  las  influencias  del 
medio,  que  formaran  acaso  un  subtipo  de  la  misma 
estirpe  Con  el  andar  del  tiempo,  de  mucho  tiempo, 
la  raza  indígena  disuelta  en  el  enorme  aluvión  inmi- 
gratorio, sera  sólo  un  recuerdo,  me  parece,  la  natura- 
leza respeta  a  las  razas,  pero  no  a  los  híbridos  Y  las 
superiores  prevalecen  Ese  proceso,  sin  embargo,  para 
ser  obra  de  civilización,  y  no  de  barbarie,  ha  tenido 
y  tiene  que  ser  e\olutivo,  secular,  no  de  exterminio 


[141] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


En  el  asunto  vivo,  dice  Carlyle,  la  transformación  es 
de  ordinario  gradual,  asi,  cuando  la  serpiente  se  des* 
poja  de  su  vieja  piel,  la  nueva  está  va  formada 
La  creación  v  la  destrucción  se  efectúan  simultánea- 
mente siempre  a  medida  que  se  despiertan  las  ceni- 
zas del  viejo  Fénix,  se  desarrollan  misteriosamente 
los  filamentos  orgánicos  del  nuevo 

Era,  por  tanto,  Artigas  quien  vigorizaba  el  núcleo 
de  la  nación  que  se  formaba  y  ho>  existe,  embriona- 
ria acaso  todavía,  al  acaudillar  v  respetar  las  diver- 
sas razas  que  lo  constituían,  sin  excluir  la  indígena 
Ésta  la  oscura  estirpe  destinada  a  la  inmolación  re 
clamaba,  precisamente  por  eso,  y  aún  reclama,  la  pie- 
dad, cuando  menos,  de  una  raza  vencedora  Y  era 
Artigas,  cuando  enviaba  cartillas  >  catecismos  cristia 
nos  y  vacuna  a  los  pobres  indios  de  Corrientes,  el 
héroe  verdadero  de  la  sola  civilización  que  fue  ci- 
miento de  la  nueva  sociedad  A  eso  debe  la  indepen- 
dencia hispanoamericana  si  no  me  equivoco,  el  íasgo 
supremo  que  la  diferencia  de  la  inglesa  v  la  sobrepone 
a  la  misma  en  íhzación  española  la  abolición  de  la 
esclavitud  la  igualdad  especifica  de  todos  los  hijos  de 
Adán  Artigas,  amigos  míos  es  el  mas  alto  represen- 
tante de  ese  titulo  de  nuestra  estupe  a  la  gratitud  de 
los  hombres,  la  raza  hispánica  en  America  jiuede  re- 
clamarlo para  gloria  propia 

Es  de  advertir  que  los  Píndaros  balbucientes  de 
nuestro  ciclo  heroico,  los  primeros  poetas  de  la  inde- 
pendencia, sintieron  el  influjo  subconsciente  de  esa 
verdad,  cuando  en  sus  cantos,  que  aún  son  hov  los  him- 
nos nacionales  de  las  repúblicas  que  aquí  viven,  invo- 
caban la  tradición  y  hasta  la  sangre  indígena,  cuyo 
sacrificio  imputaban,  a  España,  para"  glorificar  la  li- 
bertad de  nuestra  América  Ellos  no  eran  indios,  pero 


[142] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


sentían  los  soplos  pasajeros  de  las  remotas  causas  Yo 
mismo  hube  de  sentirlos,  quiero  creerlo,  cuando  di- 
ciendo verdades  que  no  conocía,  vi  Algo  nuestro  en 
esos  "héroes  sin  redención  y  sin  histona,  sin  turabas 
y  sin  lágrimas",  que  murieron  en  Tabaré,  yo  entrevi 
en  ellos  "los  mártires  acaso  de  una  patria",  y  le9  dejé 
la  rama  del  sauce  de  nuestro  bosque  sacro  No  sabía 
yo  entonces,  como  ahora  lo  sé,  que  el  espíritu  que 
me  dictaba  versos  no  podía  ser  otro  que  el  de  este 
misterioso  Artigas,  conductor  piadoso  de  aquellas  víc- 
timas, más  nobles  y  propiciatorias,  por  cierto,  que 
las  ovejas  negras  de  los  sacrificios  de  Aquiles,  el  do- 
mador de  caballos,  a  las  divinidades  implacables  de  su 
estirpe 

Hoy  leo  con  respeto  casi  religioso,  y  quiero  que 
leáis  conmigo,  este  papel,  por  ejemplo,  dirigido  por 
Artigas,  el  22  de  julio  de  1816,  al  Cabildo  de  Co- 
mentes. 

"Informado  por  el  cura  y  el  cacique  de  Garay  de 
las  necesidades  de  aquella  iglesia,  el  hecho  ha  excitado 
mi  compasión,  y,  en  consecuencia,  creo  oportuno  ex- 
poner a  V  S  que  de  los  fondos  de  esa  tesorería  se 
franqueen  cien  pesos  para  vino  y  cera  y  otros  útiles 
precisos  para  aquella  iglesia" 

Y  este  otro  que  dirige  a  Andrés  Artigas,  que  go- 
-  bierna  en  su  nombre  y  representación  las  Misiones, 
vestigio  de  las  antiguas  reducciones  jesuíticas  "In- 
cluyo a  usted  la  relación  de  los  efectos  que  conducen 
en  la  carretilla  de  Yapeyú  los  encargados  de  llevarlos 
Las  velas  de  Castillo  las  repartirá  usted,  dos  para  ca- 
da una  de  las  iglesias  de  Yapevú,  la  Cruz,  Santo  Tomé 
y  Concepción,  y  lo  mismo  el  vino,  que  es  para  misas" 

Es  chocante,  no  hay  duda,  la  figura  de  ese  general 
que  así  se  pone  en  relación  con  curas  y  caciques,  y 


[143] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


personalmente  se  ocupa  en  mandarles  cera  y  vino 
Tiene  que  parecer  un  barbaio,  sin  duda,  a  los  que 
juzgan  que,  para  librar  a  America  del  tropiezo  mas 
grave  en  su  emancipación,  era  el  caso  de  exterminar 
a  aquellos  hombres  inocentes,  tiene  que  parecerles  un 
bárbaio,  no  se  le  ven  analogías  con  los  otros  generales, 
cuando  menos  Perú  acaso  se  las  encontramos  con  la 
figura  de  aquel  expugnador  de  ciudadelas,  fundador 
de  remos,  que,  de  vuelta  del  sitio  de  la  sagrada  Ilion, 
conversa  con  "el  divino  porquero",  y  también  con  el 
cabrero  de  Itaca,  "parecido  a  un  dios"  Ningún  lec- 
tor de  las  rapsodias  homéricas  dejara  de  recordarlas 
aquí,  aquellos  principes  o  caciques  griegos,  "bellos 
como  inmortales",  con  sus  escudos  de  siete  pieles  de 
buey,  recibían  también  de  Aquiles.  "el  de  los  pies  li- 
geros", el  vino  dulce  de  las  libaciones  a  Zeus  que 
amontonan  las  nubes,  y  los  bueyes  gordos  de  las  he 
catombes  propiciatorias  .  Si  \uestro  espíritu,  amigos 
míos,  estuviera  en  disposición  de  escuchar  palabras 
interiores,  y  de  percibir  bellezas  invioladas,  yo  os  ha- 
ría notar  aquí,  no  tanto  la  analogía  cuanto  la  dife- 
rencia entre  el  héroe  de  la  epopeya  americana  que 
estudiamos,  y  aquellos  semidioses  de  las  rapsodias 
barbaras»,  os  haría  advertir  que  ese  vino  que  enviaba 
Artigas  al  cura  de  Garay  y  a  las  pobres  iglesias  de 
Yapeyu  y  la  Cruz,  era  muy  otro  que  el  de  las  bbacio- 
nes  a  Zeus,  aunque  estaba  destinado  también  a  un 
sacrificio  propiciatorio  Artigas  enviaba  ese  vino  al 
pobre  sacerdote  para  que  le  sirviese  de  materia  en  el 
Eterno  Holocausto  de  la  Nueva  Ley,  que,  borrando 
los  antiguos  ritos  sanguinarios,  sustituyó  las  víctimas 
degolladas  a  las  divinidades  implacables,  niños,  vír- 
genes, carneros  y  toros,  por  la  Victima  Divina  inmo- 
lada al  Padre  por  la  redención  del  mundo 


[144] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Bien  comprendo,  amigos  míos,  que  esas  reminiscen- 
cias mueren,  cuando  no  se  profanan,  al  solo  tentar  la 
forma  articulada,  serían  necesarias  palabras  omni- 
potentes que  yo  no  tengo,  ni  sé  de  quién  las  tenga, 
para  hablar  de  lo  inefable  Immortalia  mortah  ser~ 
mone  notantes,  dice  Lucrecio,  expresar  cosas  inmor- 
tales en  términos  mortales  Excusado  me  parece  deci- 
ros, por  otra  parte,  que  no  creo  que  Artigas  tuviera 
plena  conciencia  de  esos  misterios  de  su  terrestre  mi- 
sión, el  Dios  del  héroe  era  el  Deus  absconditus  el 
velado  en  el  misterio,  no  las  divinidades  sensuales 
del  bello  mito  homérico  Pero  si  el  rapsoda  ciego  po- 
día penetrar  en  los  consejos  de  los  dioses  que  no  exis- 
tieron, la  inspiración  cristiana  bien  pudiera  ser  el  se- 
creto entrevisto  y  adorado  del  Dios  Providente,  Causa 
de  las  Causas,  que  conduce  a  los  inmortales  y  echa 
los  cimientos  de  las  naciones  Lo  dejaremos,  sin  em- 
bargo, amigos  poeta9,  pues  pudiera  ser  tachado  todo 
esto  de  inaccesible  idealismo. 

Accesible  será,  en  cambio,  para  todos,  el  estudio, 
que  llamaremos  de  tejas  abajo,  del  gobierno  de  Arti- 
gas en  sus  relaciones  internacionales,  o  en  la  resolu- 
ción de  los  problemas  económicos,  políticos,  adminis- 
trativos, etc  ,  etc ,  que  se  le  ofrecían  en  aquella  tienda 
de  purificación  De  todo  eso  nos  hablan  los  papeles, 
y  de  todo  debemos  hablar  nosotros  Si  os  fatigan,  des- 
cansaremos, pero  no  podemos  prescindir  de  ellos,  de 
los  venerables  papeles,  hay  mucha  gente  que  sólo  en 
ellos  encuentra  la  verdad 

En  la  misma  fecha  en  que  Artigas  enviaba  cera  y 
vino  al  cura  y  al  cacique,  se  dirigía  a  Monroe,  el  pre- 
sidente de  Estados  Unidos,  organizaba  el  corso  marí- 
timo, y  concertaba,  desde  esa  su  primitiva  cancillería, 
con  el  comandante  de  la  escuadra  inglesa,  el  arreglo 


E145] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


de  las  relaciones  comerciales  de  la  Gran  Bretaña  con 
las  provincias  confederadas  que  protegía,  mientras 
trazaba  al  Cabildo  de  Montevideo  su  norma  de  con 
ducta  para  con  las  potencias  extranjeras  en  estos  tér- 
minos "Prevengo  a  V  S  que  110  se  rebaje  un  ápice 
en  su  representación  .  jamás  deben  imponernos,  sino 
al  contrario,  someterse  a  las  leyes  territoriales"  Eso 
no  obstaba,  como  lo  habéis  ^ísto,  a  que  atendiera  y 
satisficiera  toda  justa  reclamación,  v  bueno  es  adver- 
tirlo, para  no  atribuir  a  torpe  jactancia  sus  palabras 
No  es  éste  el  momento,  sin  embargo,  de  que  nos  de- 
tengamos en  esta  interesantísima  faz  del  gobierno  del 
héroe,  una  ocasión  mas  propicia  que  la  actual  va  a 
ofrecérsenos  más  adelante  En  este  momento,  Artigas 
no  ha  perdido  todavía  la  esperanza  de  realizar  su 
idea  en  unión  con  todos  sus  hermanos,  con  Buenos 
Aires  sobre  todo,  pero  pronto  \ai<>  a  verlo  entregado 
por  éstos  al  extranjero,  y  entonce*,  solo  completa- 
mente solo,  en  guena  con  el  enemigo  de  América,  be 
ligerante  en  la  tierra  y  en  el  mar,  reconocido  como  tal 
por  Estados  Umdo3,  completareis  el  estudio  que  ahora 
indicamos,  con  el  conocimiento  pleno  de  sus  ideas  so- 
bre el  derecho  de  gentes  a  que  se  acoge 

Conozcamos  entretanto  las  que  lo  guían  en  lo  re- 
lativo a  la  organización  interna  de  su  tierra  a  la 
producción  v  distribución  de  su  riqueza,  a  su  inci- 
piente comercio,  a  su  vida  política  y  económica  Es 
este,  como  os  lo  he  dicho,  el  aspecto  que  imprime  su 
verdadero  carácter  a  esta  original  figura 

"No  he  perdonado  fatiga,  dice  en  una  de  sus  co- 
municaciones al  Cabildo,  ni  desmayaré  en  las  que 
deban  prodigarse,  hasta  ver  planteada  en  el  territo- 
rio la  fertilidad  que  es  de  esperar,  >  que  miro  como 
una  consecuencia  de  nuestros  afanes"  "Sería  conve- 


lí 146] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


mentísimo,  escribe  en  otra,  que  V  S  publicase  un 
bando  para  que  los  hacendados  poblasen  y  ordenasen 
sus  estancias,  sujetasen  sus  ganados  a  rodeo,  los  mar* 
casen,  etc  ." 

Llega  ahora  a  mis  manos  y  noticia  el  texto  íntegro 
del  Reglamento  Provisorio  de  la  Provincia  Oriental 
para  el  Fomento  de  la  Campaña  y  Segundad  de  sus 
Hacendados,  dictado  por  Artigas  en  su  Cuartel  Gene- 
ral el  15  de  setiembre  de  1815,  y  en  que  toma  forma 
concreta  ese  su  ideal  predominante  Ese  Reglamento, 
que,  como  dice  Carlos  Arocena,  es  el  origen  de  nues- 
tra legislación  rural,  reclama  nuestra  atención  toda 
entera  En  los  29  artículos  de  que  consta  se  crea,  con 
atribuciones  administrativas  v  judiciales,  un  alcalde 
provincial  v  tres  subtenientes  de  provincia,  éstos  por* 
drán  instituir  jueces  pedáneos,  todos  dependen  del 
gobierno  de  Montevideo  La  principal  misión  de  to- 
dos ellos  es  la  de  ''fomentar  con  brazos  útiles  la  po- 
blación de  la  campaña"  Distribuirán  para  ello  las 
tierras  disponibles,  con  prevención  de  que  "los  más 
infelices,  sin  distinción  de  raza,  serán  los  más  privi- 
legiados, si  .con  su  trabajo  y  hombría  de  bien  propen- 
den a  su  propia  felicidad  y  a  la  del  estado*'  "Serán 
preferidos  los  casados  a  los  solteros,  los  americanos  a 
los  extranjeros,  las  viudas  pobres  con  hijos  serán  es- 
pecialmente agraciadas"  Es  de  advertir  que  esos  fa- 
vorecidos más  son  usufructuarios  que  dueños  de  las 
tierras  que  reciben,  no  tienen  la  facultad  de  vender- 
las m  gravarlas,  el  estado  se  reserva  la  de  dar  a  todo 
eso  su  definitivo  carácter  una  vez  que  se  organice  a 
sí  propio 

En  ese  admirable  Reglamento  se  ve  atendida,  sobre 
toda  otra  atención,  nuestra  primera  fuente  de  riqueza, 
la  ganadería ,  se  establece  en  él  un  Registro  de  marcas 


[147] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


de  ganado,  se  somete  a  reglas  la  matanza  y  el  pro- 
creo, se  legisla  sobre  la  exportación  de  los  animales 
al  Brasil,  etc  ,  pero,  como  una  protesta  de  fe  en  la 
patria  recién  nacida,  se  crea  también  una  Junta  espe- 
cial de  Agncultuia,  encargada  de  fomentar  los  progre- 
sos rurales,  que  parece  adelantarse  un  siglo  a  su  pre- 
cario tiempo 

Para  apreciar  esa  nuestra  primera  ley  de  tierras, 
promulgada  en  nuestro  país,  sería  menester  que  nos 
diésemos  cuenta  de  lo  que  eia  esle  en  aquella  época 
Trescientos  mil  kilómetros  del  fértilísimo  suelo  que 
conocemos  tenían  sólo  algunos  centenares  de  terrate- 
nientes la  población  total  no  pasaba  de  algunos  mi- 
llares de  hombres  esparcidos  Aquellos  campos  no  te- 
nían lindes  eran  un  mar  sin  pla\as  como  los  peces 
en  éste,  los  ganados  innumerables  parecían  nadar  en- 
tre aquellos  pastos  generosos,  las  reses  \ acunas  co- 
rrían, mezcladas  a  los  a\estruces  >  a  los  venados,  por 
las  colinas  desiertas,  era  una  riqueza  inagotable 

La  faena  del  hombre  para  explotarla  no  podía  ser 
otra  que  la  que  era  la  caza  a  caballo  con  el  lazo  y 
la  boleadora,  lo  solo  apropiable  era  el  cuero  de  la 
res,  la  carne  pertenecía  a  la*  a\es  de  rapiña 

Pero  aun  para  esa  labor  eran  necesarios  \  existían 
núcleos  de  vida  civilizada,  las  estancias,  especie  de 
jalones  con  que  el  hombre  amojonaba  el  desierto  poco 
a  poco  y  se  lo  apropiaba  Los  hacendados  que  tales 
estancias  poblaban,  sus  familias,  sus  peones,  fueron 
las  células  germinales  de  nuestro  organismo  social  Y 
eran  células  sana9,  de  buena  cepa,  os  lo  aseguro,  aque- 
llos núcleos  lo  eran  de  familias  cristianas,  honestas, 
patricias  muchas  de  ella9,  de  costumbres  puras,  de 
sentimientos  caballerescos  Desbravadores  del  desierto, 
aquellos  hacendados,  que  como  recordaréis,  sólo  en 


[  148  j 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


el  capitán  de  blandengues  José  Artigas  veían,  desde 
el  tiempo  colonial,  la  gaiantía  de  sus  vidas  y  hacien- 
das, fueion,  con  los  gauchos  que  compartían  su  labor, 
y  a  quienes  muchas  veces  sentaban  a  au  mesa,  los 
verdaderos  núcleos  de  nuestro  organismo  democrá- 
tico 

Es  una  simpleza  calificar  de  bárbaras  sus  faenas  o 
sus  trajes  por  no  adaptarse  al  corte  europeo,  es  una 
simpleza 

Bien  sabían  ellos  que  aquellas  faenas  reclamaban 
mejora,  pero  el  progreso  en  la  labor  campesina  exigía 
uno  previo  en  el  régimen  colonial,  éste  restringía  loa 
cultivos,  la  industria,  el  comercio,  llegaba  hasta  im- 
pedir el  cultivo  de  la  viña  en  América,  para  no  per- 
judicar la  producción  de  España.  Organizados  en  cor- 
poraciones, aquellos  hacendados  acudieron  vanas  ve- 
ces al  rey  en  demanda  de  libertad  para  explotar  la 
riqueza  ganadera  y  agrícola,  mas  real  que  el  oro  tan 
codiciado,  como  ellos  le  decían,  para  aprovechar  las 
carnes  que  se  desperdiciaban,  para  dar  valor  a  los 
primeros  trigos  que  no  teman  consumidores 

Pero  era  machacar  en  hierro  frío,  y  eso,  más  que 
nada,  engendró  el  anhelo  de  una  patria  independiente 

De  aquellos  hacendados  salieron  nuestros  principa- 
les caudillos  ciudadanos ,  Artigas  mismo  era  de  au  cla- 
se, lo  habían  sido  sus  abuelos,  lo  eran  su  padre  y  sus 
hermanos  Él  conocía,  pues,  el  pensar  y  el  sentir, 
las  cualidades  y  los  defectos,  las  costumbres  y  los  ca- 
racteres de  aquellas  poblaciones  rurales,  y  dijo  al- 
guna vez,  en  un  momento  solemne,  y  con  pena,  que 
"acababa  por  encontrar  más  virtudes  en  el  gaucho 
que  en  los  hombres  de  mayor  cultura" 

Artigas  sabía  todo  eso,  lo  había  tocado,  lo  ha- 
bía sentido  en  sus  entrañas  No  eran,  pues,  doctri- 


[149] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


ñas  o  tesis  apiendidas  en  libros  exóticos  las  que  san- 
cionaba en  esa  ley  de  tierras  que  estamos  analizando 
Como  labor  superior  a  toda  otra,  era  preciso  prote- 
ger vigorizar  aquellos  gérmenes  de  vida  propia,  los 
verdaderos  los  únicos,  era  preciso  multiplicarlos,  dis- 
minuir las  soluciones  de  continuidad,  haciendo  ha- 
cendados de  los  gauchos,  fijando  hombres  nuestros, 
familias  nuestras,  en  los  inmensos  espacios  interme- 
dios, atraer  hacia  ellos  todos  los  elementos  dispersos 
capaces  de  ser  reducidos,  sin  distinción  de  raza,  era 
preciso  conglutinarlos,  por  fin,  por  obra  del  9oplo 
democrático,  e  imprimirles  su  movimiento  de  rota- 
ción en  torno  de  aquellos  vértices,  tributarios  a  su  vez 
del  gran  vértice  espiral  la  independencia  americana 
Bien  claro  se  ve  ese  espíritu  en  este  Reglamento  o 
Ley  de  tierras  públicas  Aquel  legislador  de  Purifica- 
ción, como  lo  veis  v  lo  tocaréis  con  la  mano  más 
adelante  entrevio  entonces  el  problema  que  aún  hoy 
está  por  resolver  la  ciencia  los  latifundios  el  impues- 
to sobre  la  tierra,  la  propiedad  misma  de  ésta,  lo  sa- 
grado del  trabajo  Todo  estaba  entrevisto  en  aquella 
tienda  en  que  Robertson  mira  a  Artigas  con  sorpresa, 
v  si  bien  me  guardaré  de  afirmar  que  tales  proble- 
mas quedaron  allí  resueltos,  basta  \  sobra  a  mi  pro- 
pósito el  que  sepáis  que  allí  se  estudiaron  \  se  intentó 
su  solución 

Es  muy  interesante,  para  penetrar  en  el  pensamiento 
de  aquel  genial  legislador,  la  contestación  dada  por 
él  a  un  joven  de  Montevideo,  que  busca  su  influencia 
para  obtener  un  empleo  administrativo  "Yo  soy  de 
parecer,  le  dice  Artigas,  que  epioveche  usted  la  opor- 
tunidad de  los  terrenos  que  se  están  repartiendo  en 
la  provincia,  y,  dedicándose  a  su  cultivo,  hallaría 
usted  en  ello  su  porvenir  y  el  de  su  familia" 


[150] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Como  complemento  de  ese  Reglamento,  es  el  caso 
de  examinar  otra  ley  fundamental,  en  que  no  se  re- 
fleja menos  la  visión  que  tiene  Artigas  del  porvenir 

Es  otro  "Reglamento  Provisorio  que  deben  obser- 
var los  Recaudadores  de  Puertos  Habilitados  de  Co- 
mentes, conforme  al  que  se  observa  en  los  demás 
puertos  de  la  Confederación  de  la  Banda  Oriental  del 
Paraná"  Está  suscripto  por  Artigas,  como  lo  veis,  en 
Purificación,  el  4  de  abril  de  1816,  es,  por  lo  tanto, 
como  el  que  acabamos  de  estudiar,  uno  de  los  pape- 
les que  el  caudillo  dictaba  a  sus  secretarios  en  aque- 
lla su  tienda  en  que  Robertson  lo  visito  En  ese  Re- 
glamento o  Tarifa  de  Derechos  Aduaneros,  que  es  el 
primer  jalón  de  nuestra  organización  comercial,  se 
gravan  con  impuestos  las  mercancías  procedentes  de 
ultramar,  pero,  al  par  que  se  recargan  las  que  pro- 
ceden de  Buenos  Alies  como  acto  transitorio  de  re- 
presalia, se  declaran  exentos  de  derechos  los  de  la 
Banda  Oriental,  v  casi  exentos,  pues  pagan  un  im- 
puesto mínimo,  todos  los  frutos  de  América,  éstos 
abonan  cuatro  pesos,  mientras  los  ultramarinos  pa- 
gan veinticinco  o  más  Quedan  libres  de  todo  grava- 
men "El  oro  o  plata  sellados  o  en  barra  Toda  clase 
de  armamento  o  útil  de  guerra  Los  libros  y  todo  ins- 
trumento de  artes  y  ciencias  Sera  libre  de  todo  dere- 
cho la  introducción  de  efectos  a  la  campaña,  siempre 
que  sean  conducidos  por  americanos" 

Al  través  de  sus  errores  económicos,  bien  se  per- 
cibe, en  este  intercambio  casi  libre  entre  la  Banda 
Oriental  del  Paraná  y  la  Oriental  del  Uruguay,  y  en 
el  de  éstas  con  toda  la  America,  la  percepción  instin- 
tiva de  los  ZoÜvcrem  o  Asociaciones  aduaneras,  que 
ha  sido  la  base  de  las  unidades  nacionales  europeas 
Esa  visión  de  Artigas  es  hoy  todavía,  como  sabemos, 


[151] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


la  del  porvenir  en  el  continente  americano  La  Con- 
federación de  América,  que  sera  en  Bolívar  un  pro- 
yecto empírico,  es  en  Artigas  una  ley  de  la  naturaleza, 
a  la  que  obedece,  en  esto  como  en  todo,  sin  necesidad 
de  acuerdos  ni  reciprocidades 

¿Era  ése  el  ensueño  de  un  alunnado'  Acaso  sí, 
aquel  hombre  se  adelantaba  un  siglo  a  su  época,  pero 
convengamos  en  que  era  un  sueño  genial  en  el  genio 
hay  algo  de  alucinación  según  dicen,  jo  no  lo  sé  a 
ciencia  cierta 

Pero  era  un  soñador,  efectivamente,  un  extrava- 
gante aquel  buen  hombre  Al  rayai  el  año  1816,  cuan- 
do el  ejercito  portugués,  incitado  por  Buenos  Aires, 
e&ta  en  marcha  contra  él,  contra  su  anarquía,  abriga 
la  creencia  de  que  la  nueva  nación  está  ya  formada, 
que  sólo  falta  afianzarla  por  la  libertad  y  el  trabajo 
perseverante  Quiere  ser  guerreio  lo  menos  posible, 
sólo  lo  indispensable,  la  visión  plena  de  la  realidad 
futura  se  proyecta  en  su  honrado  pensamiento,  con 
la  intensidad  de  las  cosas  presentes  Se  advierte  en  él, 
como  rasgo  característico,  el  que  lo  es  del  héroe  fun- 
dador el  amor  de  la  planta  hacia  su  semilla  El  hé- 
roe lo  es  todo,  amigos  míos,  puede  serlo,  cuando 
menos,  el  árbol  está  todo  en  la  simiente  "La  bellota, 
dice  Amiel,  no  es  smo  la  encina  que  ha  perdido  sus 
ramas,  sus  hojas,  su  tronco  y  sus  raíces,  esto  es,  to- 
dos sus  aparatos,  sus  formas,  sus  particularidades, 
pero  que  se  ha  concentrado  en  su  esencia,  en  su 
fuerza  figurativa,  que  puede  recobrar  por  completo". 

VII 

Vais  a  ver  eso  carácter  heroico  en  Artigas,  pero 
ante»  hamos  de  distinguir  lo  que  Carlyle,  con  ser  Car- 


[152] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


lyle,  no  distinguió,  me  parece,  con  bastante  preci 
8ión  el  héroe  del  tirano  Carlyle  se  siente  tentado  de 
ver  un  héroe  hasta  en  Rodríguez  de  Francia  No  el 
tirano  no  puede  ser  e\  héroe  pleno,  porque  no  es 
-  germen  de  vida ,  la  esencia  de  la  vida  esta  en  el  mo- 
vimiento que  la  transmite,  dice  Bergson  La  tiranía, 
amigos  míos,  es  intransitiva,  al  condensar  en  sí  toda 
la  energía  vital,  difunde  el  frío  de  la  muerte  en  torno 
suyo  Heroísmo  es  abnegación  y  sacrificio,  sólo  la 
inmolación  es  definitivamente  heroica.  El  heroísmo 
está  en  razón  inversa  de  los  egoísmos  o  concupiscen- 
cias del  hombre,  sin  excluir  el  ansia  de  gloria  hu- 
mana, los  héroes  son  el  agente  de  lo  divino  que  re- 
aparece, de  tiempo  en  tiempo,  para  enderezar  los 
senderos  o  restablecer  las  armonías,  por  eso  no  sa- 
len, generalmente,  de  las  academias  de  ciencias  pro- 
gresivas La  verdad,  el  amor,  vienen  siempre  al  mun- 
do en  un  establo,  ha  dicho  alguien 

Vamos,  pues,  a  convencernos  plenamente,  a  la  luz 
de  algunos  papeles,  de  cómo  en  este  Artigas,  si  se 
advierten  todos  los  rasgos  del  héroe,  se  excluyen  to- 
dos los  del  tirano  Se  ha  discutido,  y  de  e3o  habla- 
mos oportunamente,  sobre  quién  fue  el  redactor  de 
las  Instrucciones  de  1813,  otro  tanto  pudiera  hacerse 
sobre  quién  lo  fue  de  los  proyectos  de  ley  o  Regla- 
mentos que  acabamos  de  examinar,  si  fue  Monterroso, 
si  Barreiro,  etc  Pero  si  la  duda  cabe  sobre  quién  es 
allí  el  legislador,  ella  no  se  ocurre  sobre  quien  es  el 
maestro,  el  juez,  el  consultor  y  conservador  de  aquel 
vastísimo  germen  de  república  democi ática,  el  alma 
de  todo  aquello.  Lot  documento»  que  do  eso  nos  ha- 
blan tienen  tal  carácter,  que  nos  parece  leerlos  iobrs 
el  hombro  de  quien  los  está  escribiendo 


[153] 


JUAN  ZORRILLA  DE  9AN  MARTIN 


En  el  archivo  de  Corrientes  que  examinamos  existen 
137  paginas  manuscritas  de  comunicaciones  de  Arti- 
gas, suscriptas  todas  por  él  en  ese  año  1816,  es  una 
correspondencia  asidua,  casi  diaria  en  que  el  caudi- 
llo ordena  pero  sobre  todo  aconseja,  pacifica,  es- 
timula, enseña,  incita  a  la  vida  v  a  la  esperanza, 
procura  que  todos  compartan  su  pensamiento  e  imiten 
sus  virtudes,  que  sean  hombres  de  bien  sobre  todo 
En  Santa  Fe  se  guarda  un  in  folio  manuscrito  de  la 
misma  naturaleza,  hasta  las  pro\incias  más  remotas 
llegaban,  como  los  granos  de  un  trigo  germinal,  las 
palabras  de  aquel  sembrador  de  pan 

Y  eso  si  que  no  puede  confundirse,  el  estilo  de 
Artigas,  que  aquí  más  que  en  cualquier  otro  caso, 
es  el  hombre,  se  reconoce  en  esos  innumerables  pape- 
les como  si  se  le  oyera  la  voz,  o  se  le  viera  pasear, 
a  largos  pasos  por  aquella  su  tienda  de  campaña  en 
Purificación  envuelto  en  bu  poncho  blanco  En  esa 
enorme  correspondencia,  desconocida  u  ocultada,  que 
hoy  esta  brotando  de  todas  partes,  ^e  ve  confirmada 
la  do<i<  npcion  del  comerciante  ingles  todos,  de  cen 
tenares  de  leguas  a  la  redonda,  recurien  a  Artigas 
acuden  a  el  por  consejo,  por  órdenes,  por  justicia  y 
protección  Aquel  hombre  atiende  personalmente  a  to- 
do el  mundo  busca  y  distribuye  los  pocos  íecursos 
que  están  a  su  alcance,  lo  mismo  aunas  ijue  ropas,  lo 
mismo  pólvora  que  vino  y  palabras  vivas,  estimula 
las  desfallecientes  energías  administra  justicia,  man- 
tiene la  vida  inmanente  en  todo  el  ancho  y  en  todo 
el  largo  del  antiguo  virreinato  de  Buenos  Aires,  en  el 
que  su  palabra  era  ley,  como  dice  Robeitson  Sí,  era 
le>,  pero  lev  de  la  naturaleza,  brotada  como  ésta  de 
la  propia  esencia  de  la  vida,  acatada  por  los  pueblos 
como  acatan  los  árboles  la  grande  voz  de  la  estación 


[154] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


en  que  cesa  la  mueite  aparente,  y  te  percibe  la  re- 
cóndita palpitación  universal 

Notad  los  términos  en  que  contesta  Artigas  a  la  pro- 
vincia de  Corrientes,  que  se  queja  de  su  falta  de  re- 
cursos y  se  los  pide  "Mis  soldados  y  oficiales,  ha- 
ciendo una  campaña  actrva,  &t  contentan  con  la  ra- 
ción y  el  vestuario  La  guarnición  de  Montevideo  no 
está  tan  bien  dotada  como  el  piquete  de  Corrientes" 
Aquí  tenemos  una  gestión,  que  sigue  con  mucho  em- 
peño, para  que  le  sea  remitido  un  criminal,  Toran-_ 
zos,  que  ha  cometido  un  asesinato  ale\oso  en  el  Salto, 
y  ee  ha  refugiado  en  otra  provincia,  el  caudillo  quie- 
re que  le  sea  remitido,  "para  ser  juzgado  y  senten- 
ciado allí  donde  perpetró  su  odioso  crimen"  Obser- 
vad, en  cambio,  su  actitud,  ante  una  sedición  o  aso- 
nada política,  cuv  os  promotores  le  son  denunciados 
y  remitidos,  según  sus  órdenes  por  aquel  Cabildo 
"Quedo  enLerado,  dice,  de  los  motivos  que  dieron  mé- 
rito al  suceso  de  Curuzú  Cuatiá  Vuestra  Señoría  hará 
que  se  siga  sumaria  información  sobre  los  delitos  de 
que  son  acusados  los  reos,  y,  a  medida  de  la  justifi- 
cación de  los  hechos,  se  castiguen  los  delitos  Pero 
V  S.  sabe  a  qué  grado  pueden  ascender  las  pasiones, 
y  que,  las  mas  veces,  gime  la  inocencia  oprimida  por 
la  iniquidad  Hago  esto  pi  emente  a  V  S  ansioso  de 
que  la  justicia  reluzca  en  su  mayor  esplendor". 

Os  repito  que  no  os  leo  estos  papeles  como  narra 
cion  o  comprobación  de  hechos,  sino  para  que  co- 
nozcáis tipos,  caracteres,  ambiente  social  visión  sobre 
todo,  visión  de  aquel  hombre  extraño  que  allí  apa- 
rece como  un  mito  Conviene  para  ello  que  leamos 
este  manuscrito  de  Andrés  Artigas,  hijo  adoptivo  y 
delegado  del  caudillo  en  Misiones,  relacionado  con  el 
incidente  de  que  hablamos,  lo  poseo  autógrafo,  como 


[155] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


io  veis,  conoced  la  correcta  firma  de  eee  Andrés  Ar- 
tigas, Andresito,  de  que  hablaremos  mas  tarde 

"Mi  general  Adjunto  a  V  S  el  oficio  que  me  di- 
rige el  gobierno  de  Corrientes,  para  que  se  entere  de 
él,  y  al  mismo  tiempo  se  trate  de  aclarar  esto,  por- 
que mi  honor  es  el  que  padece,  pues  \o  soy  uno  de 
los  nombrados  Yo  lie  contestado  que  era  muy  sen- 
sible el  que  se  formara  mal  concepto  de  mí,  pues  mis 
desvelos  no  eran  otros  que  el  de  la  felicidad  publica, 
y  que  si  las  sospechas  eran  dimanadas  de  la  reunión 
de  gente  en  la  capilla  de  la  Merced,  ésta  era  arre- 
glada a  las  órdenes  que  también  venían  de  V  S  »  y 
que  esa  reunión  no  era  en  detrimento  de  esa  provin- 
cia, sino  para  el  seguro  y  quietud  pública,  y  al  mis- 
mo tiempo,  que  adjuntaba  a  V  S  el  oficio,  para  que 
si  me  encontraba  delincuente,  era  subdito  y  me  suje- 
taba a  toda  pena,  y  que  intertanto,  a  e^ag  personas 
tratase  de  asegurarlas  ha«ta  que  se  aclarase  la  cosa, 
porque  esos  hombres  no  son  mas-  que  unos  perturba- 
dores de  la  paz,  quietud  y  sosiego  Estimare  a  V  S 
que  esta  cosa  se  aclare 

"He  recibido  los  sables  y  lanzas,  y  quedo  en  armar 
toda  la  gente  que  pueda,  yo  en  todas  partes  tengo 
guardias,  y  así  no  me  descuido  en  nada 

"Dios  guarde  a  V  S  muchos  años 

"Cuartel  de  la  Candelaria,  15  de  abril  de  1816 

Andrés  Artigas" 

Es  muy  de  advertir,  con  este  motivo,  que  Artigas 
tenía  gran  celo  por  los  limites  jurisdiccionales  de 
cada  provincia  hacia  que  se  respetasen  mutuamente 
las  fronteras  la  de  Corrientes  con  Misiones,  las  de 
Misiones  con  el  Paraguay,  las  de  Santa  Fe  con  Bue- 


[156] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


nos  Aires.  £1  mismo  es  el  primero  en  respetarlas  es 
el  protector,  pero  no  el  conquistador 

Veamos  ahora  los  términos  en  que  Artigas  ae  ex- 
presa con  motivo  de  esos  sucesos  Se  dirige  al  Ca- 
bildo de  Corrientes,  y  le  dice 

"Pacificadas  las  diferencias  políticas  de  esa  pro- 
vincia, es  forzoso  meditar  en  la  unión  de  esos  cuida 
danos  Los  que  estuvieron  sujetos  a  la  censura  del 
Congreso  sobre  el  resultado  de  su  sumario,  se  hallan 
hasta  la  fecha  retenidos,  y  creo  que  sus  padecimien- 
tos han  satisfecho  sus  delitos.  Yo,  después  de  haber 
examinado  el  sumano  y  la  sentencia,  hallo  que  a  to- 
dos no  corresponde  de  un  mismo  modo  la  resolución, 
y  que,  en  general,  no  se  presentan  ante  los  ojos  del 
observador  sino  hechos  presuntuosos,  dirigidos  por  el 
conflicto  de  las  pasiones 

"Para  mí  es  rnuy  doloroso  esta  rivalidad  y  ger- 
men pernicioso  entre  paisanos  e  hijos  de  esta  gran 
familia  Con  ello  se  debilita  el  poder  y  la  opinión,  en 
un  tiempo  en  que  la  concentración  es  del  todo  precisa. 

"Por  lo  mismo,  y  deseando  que  la  justicia  no  quede 
vulnerada,  he  creído  conveniente  exponer  a  V  S  que 
dichos  ciudadanos  regresen  al  seno  de  sus  familias 
£1  pueblo  no  podra  j  ustif icar  sus  recelos,  cuando  tiene 
autoridades  instituidas  a  su  satisfacción  Yo  increpare 
su  conducta  basta  el  extremo  de  hacerles  responsables 
de  cualquier  ulterior  suceso,  y  protesto  a  V  S  no 
miraré  con  indiferencia  cualquier  tumulto  en  ese  pue- 
blo, después  de  mi  generoso  procedimiento  Corrien- 
tes mirara  con  asombro  el  benéfico  influjo  de  su  li- 
bertad, cuando,  guiado  por  sus  propios  contrastes, 
prefiera  la  tranquilidad  y  el  reposo  a  la  turbulencia 
que  ha  aminorado  su  reputación,  sus  intereses  y  bu 
salud  pública 


[157] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


"V  S  ,  encargado  de  conservarla,  debe  ser  el  ejem- 
plar de  aquellas  virtudes  que  caracterizan  a  un  magis- 
trado celoso,  Lo  espero,  >  que  V  S  convenga  con- 
migo en  las  ideas  de  hacer  respetable  la  justicia,  y, 
por  este  principio,  hacerse  amar  de  sus  conciudadanos 

"Tengo  el  honor  de  saludar  a  V  S  con  todo  nu 
afecto 

"Purificación,  20  de  marzo  de  1816 

José  Artigas 

"Al  muy  Ilustre  Cabildo  de  Corrientes" 

Como  lo  hemos  ya  observado,  ese  tono  de  man- 
dato persuasivo,  tan  lleno  de  caiacter,  que  aquí  no- 
tamos, es  el  de  todos  los  documentos  de  este  origi- 
nal educador  benevolente  y  fuerte  de  pueblos  recién 
nacidos,  los  enseña  a  andar,  los  sostiene  mientras 
ellos  no  pueden  caminar  sin  apovo,  pero  solo  con  el 
objeto  de  qut  ¡o  hagan,  todos  son  chicos  y  son  gran- 
des para  él,  el  solo  grande  en  su  simplicidad,  lo  mis- 
mo Buenos  Aires  o  Montevideo,  que  Corrientes  o  las 
Misiones  i  Hacerse  amar  de  sus  conciudadanos'  Pen- 
sad, amigos,  en  el  ideal  de  autoridad  que  ese  caba 
Uero  andante  persigue,  y  mirad  en  qué  términos  con 
testa  al  Cabildo  de  Montevideo,  una  vez  que  éste  le 
pide  instrucciones  "La  manera  de  entablar  el  co- 
mercio le  escribe,  la  economía  en  todos  los  ramos  de 
la  administración  pública,  el  entable  de  las  relaciones 
extranjeras  y  vanos  otros  negocios  foiman  el  objeto 
de  la  misión  de  V  S  .  " 

"Mis  esfuerzos  y  los  del  delegado,  le  dice  después, 
no  bastan,  es  preciso  que  V  S,  encargado  del  go- 
bierno inmediato  de  la  provincia,  se  desvele  ígual- 


f  158  ] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


mente  Hay  que  constituir  en  las  alturas  ejemplos  de 
virtud 

"Los  primeros  en  la  confianza  de  un  pueblo  deben 
ser  los  ejemplares  donde  aprendan  virtud  los  ciuda- 
danos" 

Ese  fundamental  principio,  el  del  gobierno  propio, 
el  de  la  autoridad  no  soportada  sino  amada  por  el 
pueblo ,  el  del  odio  a  la  adulación  del  poderoso  injusto, 
esta  en  boca  de  Artigas  en  todo  momento,  es  la  pie- 
dra angular  de  su  edificio  Tomemos  cualquiera  de 
sus  cartas,  ésta,  por  ejemplo,  que  dirige,  en  febrero 
de  1815,  al  ciudadano  Juan  Bautista  Méndez,  Mavor 
de  Comentes,  es  epístola  evangélica 

"Quedo  impuesto  por  su  fa\orecida,  de  sus  deseos 
en  mi  obsequio  Crea  usted  que  el  tiempo  es  testigo 
de  desengaños,  )  que  él  dará  a  entender  que  yo  no 
tengo  enemigos,  sino  en  los  que  se  oponen  a  la  publica 
felicidad  y  que  serán  únicamente  mis  amigos  los  que 
contribuyan  a  fijarla  Los  hechos  son  los  que  forman 
los  hombres  públicos,  y  la  voluntad  general  decidirá 
el  que  sea  digno  de  esa  confianza  Yo  y  todo  ciuda- 
dano estará  dependiente  de  esa  ley,  a  la  que  tenemos 
ligada  nuestra  felicidad 

"Saludo  a  usted  con  todo  mi  afecto 

"Cuartel  General,  en  marcha,  27  de  febrero  de  1815" 

Ese  empeño  de  Artigas  en  que  todos  piensen  con 
él,  es  rasgo  propio  de  su  gobierno,  quiere  que  todos 
sepan  lo  que  el  hace,  y  por  qué  lo  hace,  que  sean 
conocidos  sus  pasos,  sus  propósitos,  sus  palabras  To- 
mad como  tipo  de  esa  tendencia  esta  comunicación, 
por  ejemplo,  de  21  de  agosto,  también  es  dirigida  al 
Cabildo  de  Comentes 


M69] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


"Indujo  a  V  S  en  copia,  este  ultimo  parte  del 
gobierno  de  Santa  Fe  sobre  la  prisión  del  general  de 
mar  Ingojen  v  otros 

"Igualmente  indujo  a  V  S  esas  gacetas  que  ha 
conducido  un  enviado  de  Buenos  Aires,  el  doctor  pre- 
bístero  don  Domingo  Antonio  Zapiola  Él  regresa  sin 
haber  hecho  más  que  invitar  a  la  unión  Yo  le  res 
pondí  que  siempre  la  había  apetecido,  y  que,  por 
parte  de  aquellos  gobiernos  siempre  se  nos  había  pro 
vocado  a  la  guerra 

"Que,  por  consecuencia,  y  mientras  el  gobierno  no 
nos  inspirase  la  debida  confianza,  y  dejase  al  pueblo 
de  Santa  Fe,  y  los  demás  de  la  confederación,  en  su 
tranquilidad  y  sosiego,  jamas  podríamos  partir  de  un 
principio  sóbdo  en  las  ulteriores  resoluciones" 

Llega,  por  fin,  amigos  aitistas,  la  oportunidad  de 
haceros  conocer  especialmente,  como  la  última  nota 
de  color  de  este  cuadro  de  genero,  las  relaciones  de 
Artigas  con  su  hijo  adoptivo  Andrés  que  es  su  dele- 
gado, gobernador  o  doctrinero,  en  esas  Misiones  de 
que  hemos  hablado,  linderas  con  el  Paraguay  allá  en  el 
Norte,  en  el  Continente  de  Entremos  Esas  Misiones, 
pobladas  por  los  indios,  están  casi  abandonadas  des- 
de la  expulsión  de  los  jesuítas  españoles  que  las  fun- 
daron sólo  Artigas  piensa  en  ellab  como  parte  de  la 
patria,  sólo  él  quiere  conservar  y  conservó  las  occi- 
dentales del  Uruguay  para  los  argentinos,  y  sueña 
con  recuperar  de  los  portugueses  las  orientales  para 
los  uruguayos  Portugal  no  debe  interponerse  allí,  no 
debe  haber  solución  de  continuidad  en  el  patrimonio 
de  los  herederos  de  España  En  esa  instintiva  convic- 
ción estaban  todos  aquellos  pueblos,  tolo  Buenos  Ai- 
res no  la  comparte,  sólo  Buenos  Aires,  que  no  se  preo- 
cupa de  tal  problema,  porque  cuenta  con  el  rev  que 


[1601 


UL  epopeya  de  artigas 


vendrá  con  su  corte,  tampoco  Rodríguez  de  Francia, 
que  no  mira  con  tan  malos  ojos  como  Artigas  al  ene- 
migo portugués,  y  hasta  aspira  a  ensanchar  mas  allá 
del  río  Paraná  la  frontera  del  estado  que  arrebata  a 
la  acción  común 

Contra  todos  esos  enemigos,  tendencias  de  Buenos 
Aires,  y  amenazas  portuguesas  y  españolas,  y  tenta- 
tivas del  doctor  Francia,  contra  todo  eso  está  allí  de 
centinela  avanzado  ese  capitán  de  Artigas,  el  misio- 
nero Andrés,  que  después  conoceremos  como  una  de 
las  figuras  más  simpáticas  de  nuestra  historia  El  pa- 
dre Artigas  tiene  una  extraña  predilección  por  él,  lo 
inspira,  lo  educa,  como  ai  fuese  el  héroe  niño  de  la 
leyenda,  lo  arma  caballero  de  su  ideal  Allí  lo  tiene, 
pues,  con  tres  objetos  fundamentales  cooperar  a  la 
defensa  de  la  autonomía  de  las  provincias  contra  los 
ataques  de  Buenos  Aires,  detener  las  pretensiones  del 
doctor  Francia,  tentando  una  resurrección  del  pueblo 
paraguayo  contra  ese  su  Urano,  estar  prevenido,  por 
fin,  contra  toda  empresa  de  Portugal  sobre  las  Misio- 
nes occidentales,  y  servir  de  núcleo  para  la  recon- 
quista de  las  Misiones  orientales  cuando  suene  el  mo- 
mento Él,  por  su  parte,  está  en  guardia  contra  la 
amenaza  de  Españas  de  que  también  habla  a  André> 
constantemente 

Respecto  del  Paraguay,  escribe  a  éste  el  22  de  oc- 
tubre de  1815  "Yo  nada  más  tengo  que  repetir  a 
usted  sino  que  los  paraguayos  se  guardaran  de  pasar 
el  Paraná  Ojalá  que  Francia  entrase  en  ese  delirio, 
pero  debiera  venir  en  persona  para  que  entonces  cono- 
ciese más  de  cerca  la  injusticia  con  que  ha  procedido, 
y  de  que  es  responsable  ante  las  aras  de  la  patria'* 
No  es,  pues,  el  Paraguay,  sino  aquel  exótico  perso- 
naje quien  se  atraviesa  al  paso  del  héroe 


[181] 


JUAN  ZORRILLA  DE  IAN  MARTIN 


Cuanto  a  Buenos  Aires,  veréis  cómo  ese  Andrés 
Artigas  baja  de  las  Misiones  en  auxilio  del  gobierno 
popular  de  Comentes,  cuando  las  expediciones  o  agen- 
tes de  la  oligarquía  pretenden  dominar  esa  provincia 
para  abrir  paso  al  rey  y  a  la  raza  que  vendrán 

En  cuanto  a  los  portugueses  Artigas  tiene  en  cons- 
tante alerta  a  su  bravo  capitán  misionero,  "pues  ese 
enemigo  puede  caer  lmpensadamente,^  como  le  dice 
Le  ordena  observar  sus  movimientos  y  colocar  sus 
fuerzas  estratégicamente,  le  remite,  con  ese  objeto, 
desde  Purificación,  todo  elemento  de  guerra  de  que 
puede  disponer  fusiles,  pólvora,  balas,  hierro  para 
lanzas,  sables  para  los  oficiales,  alguna  pieza  de  arti- 
llería, ganados,  le  manda  instrucciones  concretas  so- 
bre todo,  tácticas  de  defensa  contra  el  doctor  Francia, 
planes  de  ofensa  y  de  defensa  contra  Portugal 

Pero  son  otros  los  envíos  e  instrucciones  en  que 
quiero  ahora  concentrar  vuestra  atención  amigos  míos, 
mas  importante  aún  que  ese  aspecto  político  v  militar, 
es  el  que  deseo  seguir  haciéndoos  advertir  en  vuestro 
modelo  el  de  educador  de  aquella  región  indígena 
primitiva,  que  quiere  conservar  v  dignificar,  como 
parte  integrante  de  su  patria  La  copiosa  correspon- 
dencia con  Andresito  al  respecto  es  de  lo  más  her- 
moso que  puedo  ofreceros  como  íasgo  propio  de  esta 
figura  homérica,  puramente  hispanoamericana  Hay 
en  esa  correspondencia  documentos,  como  el  primero 
que  os  haré  conocer,  que  hacen  dudar  de  si  es  un  co 
mediante  o  un  homénda  de  carne  y  hueso  el  que  en 
ellos  habla,  el  estudio  de  este  carácter  excluye,  sin 
embargo,  la  insinceridad,  y  se  recuerda  lo  que  dice 
Mitre  de  Artigas  que  es  un  enigma,  una  especie  de 
mito  Mirad  la  nota  que  dirige  a  Andrés  desde  el  Pa- 
raná, el  15  de  marzo  de  1815    comienza  con  una 


[162] 


LA  EPOPEYA  Dg  ARTIGAS 


proclama  o  salmo  profético  en  que  habla  a  los  indios 
misioneros,  y  les  presenta  algo  así  como  una  creden- 
cial que  ha  recibido  de  Dios  "Por  un  favor  del  cielo, 
Ies  dice,  he  sido  llamado  al  mando  de  las  Misiones, 
he  puesto  mi  ejército  frente  al  tiránico  dominio  por- 
tugués que  os  esclaviza,  fundado,  en  primer  lugar,  en 
que  Dios  favorecerá  mis  santos  pensamientos,  y  en  el 
brillante  estado  de  mis  armas  después  "  "El  Dios 
de  los  Ejércitos,  les  agrega,  me  ha  colmado  de  todos 
aquellos  beneficios  que  son  necesarios  para  rebatir 
todo  enemigo  de  la  empresa  que  defiendo  . . "  "Ahora, 
pues,  amados  hermanos  míos,  abrid  los  ojos  y  ved  que 
se  os  acerca  y  alumbra  ya  la  luz  de  la  libertad;  sa- 
cudid ese  yugo,  descansad  en  el  seno  de  mis  ar- 
mas. "  "Yo  vengo  a  ampararos,  vengo  a  buscaros, 
porque  sois  mis  semejantes  y  mis  hermanos,  vengo  a 
daros  lo  que  los  portugueses  os  han  quitado  el  año 
1801  por  causa  de  las  intrigas  españolas" 

Artigas  se  compara  allí  con  Moisé9,  libertador  de 
Israel  del  yugo  de  Faraón,  declara  que  está  pronto, 
con  sus  tropas,  a  derramar  toda  la  sangre  que  tenga 
en  las  venas  en  defensa  de  los  indios  desventurados, 
les  protesta  su  amor  en  términos  entrañables  "(Ea, 
pues,  compaisanos  míos,  concluye,  levantad  el  sagrado 
grito  de  libertad,  destruid  la  tiranía 

A  continuación  de  ese  apostrofe,  en  la  misma  nota 
en  que  lo  incluye,  el  caudillo  comienza  a  instruir  de 
bus  propósitos  a  su  delegado  entre  esos  indios,  Andrés 
Artigas,  le  anuncia  las  gestiones  de  arreglo  que  tiene 
pendientes  con  Buenos  Aires  para  la  común  defensa 
contra  "la  epidemia  de  los  españoles  que  vienen  de 
Europa,  según  le  avisan  de  Montevideo'*,  lo  hace  po- 
nerse en  guardia  contra  los  portugueses,  que  terán 
aliado»  de  aquéllos,  y  también  contra  Rodríguez  da 

[163] 


JUAN  ZORRILLA.  DE  SAN  MARTIN 


Francia,  el  tirano  paraguayo,  le  ordena  que  organice 
elecciones  libres  de  diputados,  a  fin  de  que  también 
los  indios  tengan  sus  representantes  en  los  congresos 
que  se  realicen  Y  termina  "Es  cuanto  tengo  que 
prevenir  a  u&ted,  \  exhortarle  a  que  trate  cada  día 
con  más  amor  a  esos  naturales,  y  Ies  proporcione  los 
medios  que  estén  a  su  alcance  para  que  trabajen  y 
sean  felices" 

Él  mismo,  por  su  parte,  se  consagra  a  esa  empresa 
ton  una  predilección  singular,  envía,  como  hemos  di- 
cho, a  su  capitán  indígena  los  elementos  de  guerra, 
pólvora,  hierros  de  lanzas,  alguna  pieza  de  artillería, 
piedlas  de  fusil  para  que  defienda  la  libertad,  pero 
más  aún,  y  con  mayor  empeño,  elementos  de  cultura 
y  bienestar  cartillas  para  enseñanza  de  los  niños,  un 
maestro  herrero  que  enseñe  t>u  oficio  a  los  jóvenes, 
telas  y  sombreros,  ropas,  enseres  útiles,  cirios  para 
los  altares,  vacuna  para  preservar  de  la  viruela,  inci- 
taciones al  trabajo,  al  comercio,  al  orden  y  a  la  paz 
"De  las  piezas  de  gasa  blanca  que  le  envío,  le  dice 
en  una  de  esas  cartas,  dará  usted  una  para  repartirla 
entre  don  Andrés  Yabacú  y  el  corregidor  de  Concep- 
ción A  cada  uno  de  ellos  dará  usted  una  pieza  de 
listado  azul  El  corte  de  pantalón  es  para  usted,  y 
todo  lo  demás  para  que  lo  distribuya  entre  la  tropa, 
3  supla  las  necesidades  de  los  más  menesterosos" 
"Remito  a  usted,  le  dice  el  26  de  abril,  un  libro  que 
contiene  la  instrucción  de  la  vacuna,  para  que  la  ponga 
en  todos  los  que  no  tienen  la  viruela,  que  es  el  mejor 
preservativo  contra  ese  contagio  asolador  Remito  a 
usted  los  vidrios  para  que  pueda  usted  recogerla  y 
perpetuarla,  haciendo  eee  beneficio  a  la  humanidad" 

Convendréis,  amigos,  en  que  ese  general  que,  sin 
perjuicio  de  cultivar  correspondencia  con  Monroe,  ob- 


[184] 


LA  IPOPMA  DE  ARTIGAS 


sequía  con  un  corte  de  pantalón  a  su  capitán  indígena, 
tiene  algo  de  los  héroes  inverosímiles  Aquiles  y  Eneas 
hacían,  como  sabéis,  de  esos  regalos  a  sus  soldados, 
hijos  de  diosa  algunos 

De  ese  pueblo  que  así  cuida  con  solicitud  casi  ma- 
ternal, forma  el  gran  caudillo  sus  soldados,  cuenta 
con  ese  ejército  indígena  para  formar  la  patria  inde- 
pendiente Y  le  muestra  su  bandera  tricolor,  la  de 
la  franja  diagonal,  como  sagrado  signo  y  como  pren- 
da de  victoria  "Celebro,  escribe  a  Andrés  en  22  de 
noviembre,  que  haya  usted  recibido  cuanto  llevó  la 
carretilla,  y  también  el  sable  y  la  bandera  j  Cuando 
ésta  sea  enarbolada,  que  no  sea  para  bajarla  con  des- 
honra de  los  orientales f" 

Pero  Artigas  quiere  que  los  defensores  de  ese  estan- 
darte lo  sean  solo  por  amor  a  él  es  ésta  una  nota 
muv  digna  de  atención  aquel  general  no  acepta  sino 
soldados  voluntarios  Los  vecinos  de  Aguapey  y  Vera, 
por  ejemplo,  se  quejan  de  haber  sido  forzados  al  ser- 
vicio militar,  Artigas  escribe  a  Andrés  sobre  el  caso, 
indignado  de  que  se  diga  que  tal  atentado  se  ha  per- 
petrado por  orden  suya  "Ninguno  de  mis  soldados 
es  forzado,  le  dice  en  nota  de  13  de  marzo  de  1816, 
todos  son  volúntanos,  y  decididos  por  sostener  su  li- 
bertad y  sus  derechos" 

"No  crea  usted,  le  escribe  el  25  de  agosto,  no  crea 
usted  que  nadie  sea  capaz  de  sorprender  o  prevenir 
mi  juicio,  ni  permitiré  que  su  autoridad  sea  ultra- 
jada Lo  que  interesaos  que  usted  se  porte  como  hom- 
bre de  bien,  que  castigue  a  los  delincuentes  y  premie 
a  los  virtuosos,  que  llene  la  justicia  rectamente,  sin 
atender  empeños  ni  pasiones,  que  mire  por  los  mise- 
rables, que  los  trate  con  amor,  para  de  ©ete  modo 
hacerse  obedecer  y  amar" 


[165] 


JUAN  IGBMXLLA  DK  SAN  MAJtTD? 


La  pasión  de  aquellos  naturales  hacia  Artigas  se 
comprende,  pues,  todos  quieren  llegar  hasta  el,  verlo 
tocarlo,  en  las  carretas  que  9e  le  envían  a  Purifica 
ción  desde  Misiones  van  todos  los  que  pueden  ir,  hom- 
bres, mujeres,  nmo9,  familias  enteras  Artigas  recibe 
esas  caravanas  pintorescas,  y  las  despide  con  gran 
cariño,  les  deja  su  recuerdo  como  un  culto  He  aquí 
cómo  contesta  un  obsequio  que  su  capitán  le  ha  en- 
viado en  tres  carretas  con  muchos  bueyes  y  numeroso 
personal  Vale  la  pena  de  leerla  integra,  es  todo  un 
cuadro  de  género 

"Señor  don  Andrés  Artigas 

"He  recibido  las  tres  carretas  y  ocho  bueyes  del 
alcalde  de  Candelaria  que  condujo  la  verba  Regresa 
con  una  carreta  y  los  demás  bueyes,  v  toda  la  gente 
Todos  van  vestidos,  hombres  y  mujeres,  también  re- 
mito dos  sacos  de  sebo  para  el  alumbrado  de  ese 
pueblo 

"Ya  dije  a  usted  en  mi  oficio  anterior  lo  que  ahora 
repito  que  daba  a  usted  las  gracias  por  su  recuerdo, 
y  que  me  avise  el  importe  de  la9  carretas,  si  no  son 
pertenecientes  al  estado 

"Páselo  usted  sin  novedad,  y  le  desea  toda  felicidad 
su  afectísimo 

"José  Artigas 

"Purificación,  diciembre  de  1815" 

Artigas  agrupa  así,  por  el  afecto,  a  aquellos  hombres 
primitivos,  para  incorporarlos  a  la  sociedad  para 
ello  las  incitaciones  al  trabajo  de  que  antes  hablamos 
ion  aquí  la9  más  premiosas  y  expresivas  "Recomien- 
do a  usted,  dice  a  su  delegado  en  nota  de  20  de  junio, 


[166] 


LA  EPOPEYA  DB  ARTIGAS 


inspire  a  esos  naturales  el  deseo  de  activar  su  comer- 
cio y  expender  sus  frutos  Al  efecto,  hágales  hacer  sus 
carretas,  que  corten  maderas  para  \ender,  que  fo- 
rrenten  sus  siembras  de  tabaco,  algodón  y  demás  fru- 
tos, como  también  el  beneficio  de  la  yerba  Por  muy 
lentos  que  empiecen  esos  trabajos,  aquí  son  plata  de 
contado  Así  se  remediarán  las  necesidades  y  se  ins 
pirara  a  esos  naturales  el  amor  al  trabajo  Entonces 
verán  su  adelanto,  como  sucede  entre  nosotros  De 
ese  producto  es  de  donde  vamos  sacando  armas  y 
todo  lo  preciso" 

"Usted  no  deje  de  alumbrar  a  esos  naturales,  le 
dice  en  otra  nota,  para  que  conduzcan  sus  maderas, 
algodón,  yerba  y  tabaco,  por  el  Uruguay,  a  este  des- 
tino Así  abrirán  el  comercio  Ellos  llevarán  nuestros 
frutos,  y  que  traigan  los  suyos  Anímelos  usted  para 
que  hagan  sus  viajes  en  canoas  y  conduzcan  sus  efec- 
tos río  abajo,  que  ellos  verán  la  utilidad  pronta- 
mente" 

En  20  de  junio  le  envía  un  oficio  para  el  Cabildo 
de  Concepción,  en  que  estimula  a  éste  a  establecer 
allí,  bajo  su  protección,  una  fabrica  de  pólvora  "Yo 
desearía,  dice,  la  formación  de  ese  establecimiento, 
que  sena  benéfico  para  Misiones  y  para  la  masa  co- 
mún, proveyéndonos  de  un  renglón  que  necesitamos 
comprarlo  fuera,  v  que,  en  este  caso,  produciría  al 
país  ventajas  incalculables" 

En  ese  mismo  año  16,  como  lo  recordaréis,  se  cele- 
bra en  Montevideo  el  sexto  aniversario  de  la  mdepen 
dencia  con  lucidas  fiestas  públicas,  se  inaugura  allí 
la  biblioteca  con  el  concurso  entusiasta  de  Artigas, 
Larrafíaga  pronuncia  su  memorable  discurso  inaugu- 
ral Artigas  remite  este  discurso  y  la  descripción  de 
las  fiestas  a  su  capitán  misionero,  le  hace  saber  el 


EX67] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


santo  y  seña  dado  al  ejército  "Sean  los  Orientales 
tan  ilustrados  como  valientes'',  v,  como  obsequio 
oportuno,  le  dice  en  su  carta  ''Igualmente  remito  a 
usted  e*a  obra  sobre  la  Revolución  de  Norte  América 
Por  ella  verá  usted  cuánto  trabajaron  y  se  sacrifica- 
ron por  allá  hasta  realizar  el  sistema  que  defendemos" 

Sumergido  en  esa  labor  compleja  está  Artigas, 
cuando  recibe  las  primeras  noticias  de  la  invasión  por- 
tuguesa que  las  interrumpe  Inmeditamente  transmite 
esas  noticias  a  su  capitán  misionero,  reiterándole  las 
órdenes  de  estar  en  guardia,  poro  aun  entonces  le 
dice  "Mnmtras  ellos  no  despliegan  sus  planes,  es 
preciso  que  nos  empleemos  en  poner  orden  en  los 
pueblos,  y  empeñar  su  vecindario  en  el  adelantamiento, 
siquiera  para  el  remedio  de  sus  necesidades  Eso  es  lo 
que  estoy  haciendo,  y  lo  que  debe  usted  hacer,  apro- 
vechando del  sosiego  a  que  nos  tienen  reducidos  las 
circunstancias,  tanto  con  respecto  al  Paraguay  y  Bue- 
nos Aires,  como  respecto  a  Portugal  Veiemos  por 
dónde  apaiece  la  tormenta". 

La  tormenta,  amigos  artistas  estaba  ya  sobre  la 
cabeza  de  aquel  hombre  honrado  cuando  tal  hacia  y 
escribía,  la  veréis  abatirse  sobre  él  y  dominar  su  pa- 
tria, v  no  dejar  piedra  sobre  piedra  en  esas  pobres 
Misiones  del  Urugua>,  orientales  v  occidentales  Las 
orientales  serán  arrebatadas  para  siempre  a  la  familia 
española,  exterminados  los  hombre*.,  conquistados  los 
territorios  Y  todo  por  Portugal  en  consorcio  con  Bue 
nos  Aires,  todo  en  odio  a  Artigas  motejado  de  bár- 
baro 

VIII 

Y  bien,  amigos,  os  he  detenido  acaso  demasiado  en 
la  lectura  de  papeles,  con  menoscabo,  quizá,  de  la 


[168] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


estética,  tan  respetable  para  nosotros,  pero  confío  en 
que  no  considerareis  del  todo  perdido  vuestro  tiempo 
Que  bien  sabréis  vosotros  transformar  la  arena  en 
vidrio,  y  el  vidrio  en  cristal  de  roca.  Yo  he  querido 
haceros  percibir  las  analogías,  pero,  sobre  todo,  las 
diferencias  entre  este  moderno  caudillo,  que  parece 
fabuloso,  y  los  antiguos,  fabulosos  y  reales,  que,  co 
mo  él,  fundaron  o  libertaron  pueblos  Prometeos  rap- 
tores del  divino  fuego,  jueces  de  Israel,  promulgado- 
res  de  leyes  de  tempestad  Aquéllos,  los  hijos  de  diosa, 
o  los  profetas  realmente  inspirados  de  la  Biblia,  eran 
considerados  ungidos,  depositarios  de  una  autoridad 
descendida  a  ellos  desde  el  cielo,  este  Artigas,  el  pro- 
feta sincero  y  real  de  la  democracia,  siente  en  sí  mis- 
mo el  principio  superior  de  que  toda  autoridad  emana , 
pero,  precisamente  por  eso,  no  cree  que  en  su  volun- 
tad arbitraria  está  la  fuente  del  derecho  y  la  justicia, 
él  odia  la  tiranía  aun  en  sí  mismo,  declara  a  cada 
paso  que  bu  autoridad  procede  inmediatamente  de  la 
sociedad  de  que  él  mismo  es  una  parte,  como  lo  es 
la  cabeza  de  todo  el  organismo,  y  que  aquélla  cesa, 
pese  a  toda  fuerza  material,  desde  el  momento  en  que 
no  existe  la  fuerza  moral  la  virtud,  que  es  la  sola 
vida,  lo  solo  que  de  Dios  procede  Él  es  de  su  pueblo, 
pero  el  pueblo  no  es  suyo  para  atribuirse  la  facultad 
de  entregarlo,  por  ai  y  ante  sí,  a  Inglaterra  o  a  Fran- 
cia, o  devolverlo  a  España  si  así  lo  resuelven  las 
Santas  Alianzas  propia»  o  ajenas,  contra  todas  ellas 
está  apercibido  en  defensa  de  la  personalidad  de  aquel 
pueblo  Tampoco  se  juzga  con  la  facultad  de  susti- 
tuirse a  él,  erigiéndose  en  dictador  de  sus  destinos,  y 
mucho  menos  con  la  de  inmolarlo  a  nada  que  no  8**  * 
la  propia  libertad.  Que  la  vida  sólo  le  inmola  a  un 
fin  superior  a  la  vida  misma,  Artigas,  como  lo  veía, 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


no  quiere  ser  el  hombre  necesario;  no  ejerce  un  de- 
recho de  8u  persona,  cumple  un  deber  de  su  misión 
Su  autoridad  es  una  vocación,  un  ministerio,  y,  por 
consiguiente,  un  sacrificio,  cuando  no  se  juzgue  real- 
mente útil  o  se  sospeche  perjudicial,  sentirá  que  no 
es  nada,  lo  veréis  transformarse  en  un  mendigo  vaga- 
bundo, y  desaparecer  como  una  nube  del  poniente, 
como  un  incorpóreo 

Ese  es  el  hombre,  amigos  míos,  aunque  parezca  in- 
verosímil, que  os  ofrezco  para  el  mármol  casi  una 
abstracción  No  ha  vuelto  a  verse  desde  entonces  por 
estos  mundos,  os  lo  aseguro,  no  ha  vuelto  a  verse,  ni 
se  verá  en  mucho  tiempo  Si  aún  estuviera  por  apa- 
recer, que  no  lo  creo  el  último  en  la  sene  de  los 
horneadas,  ese  inspirado  encontraría  en  Artigas,  no 
en  Bolívar  ni  en  Washington  el  héroe  de  la  última 
epopeya  humana  la  del  Nuevo  Mundo,  predestinado 
a  una  futura  democracia  Hablo,  como  lo  compren 
deis,  y  adopto  para  ello  una  ajena  forma  clasica,  "de 
la  epopeya  nacional  directa,  de  origen  popular,  de 
inspiración  ingenua  y  primitiva,  nacida  en  las  entra- 
ñas de  una  raza  o  incorporada  a  ella  y  hecha  suya 
por  un  misterio  de  hipostasis,  que  suele  aparecer  en 
el  momento  de  conglomeración  de  una  sociedad,  y  co- 
incidir con  la  revelación  o  primer  balbuceo  de  su 
idioma,  que  enlaza  los  primitivos  himnos  religiosos 
de  cada  pueblo  con  sus  crisis  de  constitución  política, 
con  la  consagración  de  su  independencia,  y  con  el 
recuerdo  del  héroe  mítico  o  representativo  que  las 
encarna" 

Esa  casi  ya  imposible  Epopeya  de  Artigas,  mis  ar- 
tistas, reaparición  transformada  del  espíritu  de  los 
Eddas  o  los  Nibelungos,  de  los  cantos  de  Gesta  o  del 
Romancero,  concentrará  en  su  forma  no  aprendida  el 


[170] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


espírítü  de  la  edad  nueva,  la  de  la  democracia-virtud, 
democracia-amor  y  justicia,  que  hoy  apenas  entréve- 
teos, como  concentró  Homero  el  alma  de  la  mítica 
antigüedad,  y  Dante,  en  su  Comedia  enorme,  los  res- 
plandores de  la  fecunda  edad  intermedia  Canto  ori- 
ginal en  las  humanas  melodías,  ella  será  la  rapsodia 
terminal,  para  muchos  siglos,  del  canto  a  los  descu- 
brimientos de  portugueses  y  españoles,  que  ojo  Ca- 
moens  en  el  mar  de  ruidos  innumerables,  el  nuevo 
homénda  nos  haré  ver  y  sentir  cómo  la  ráfaga  de 
viento  que  llevaba  a  Artigas  era  la  misma  que  empu- 
jaba las  naos  de  Colón  y  las  de  Os  Luisiadas 

Por  mares  a"  antes  nunca  navegados 

Y,  al  vestir  de  la  suprema  belleza,  que  es  la  verdad 
suprema,  el  cielo  heroico  de  la  democracia  americana, 
encarnada  en  aquel  hombre  casi  mitológico,  quedará 
exento  de  su  condición  de  mortal,  pues  vivirá  la  vida 
de  un  larguísimo  futuro,  al  lado  del  héroe  mismo, 
como  eu  verbo  musical 


Y  por  si  estas  mis  palabras  os  parecen  enfáticas,  lo 
que  mucho,  y  acaso  no  sin  razón,  me  temo,  no  ter- 
minemos con  ellas  nuestra  larga  conversación  de  hoy, 
volvamos,  un  momento  siquiera,  a  los  papeles,  vene- 
rables personajes,  que  dejamos  interrumpidos,  dare- 
mos un  toque  fmal  documentarlo  a  nuestro  esbozo, 
y  nos  haremos  así  perdonar  nuestros  momentos  de  ex 
travío  sibilino 

Como  contraste  al  cuadro  primitivo  de  la  educa- 
ción indígena,  recordemos  las  relaciones  de  Artiga* 


[171] 


JUAN  ZORRILLA  PE  SAN  MARTIN 


con  el  Cabildo  de  Montevideo  entidad  muy  respeta- 
ble, cuyas  iniciativas  despierta  v  estimula  Notemos 
una  que  se  resiste  a  secundar,  sin  embargo 

El  Cabildo  acuerda,  por  unanimidad,  siguiendo  el 
ejemplo  de  las  provincias  occidentales  que  han  acla- 
mado al  héroe  oriental,  dar  a  éste  y  reconocerle  la 
representación,  jurisdicción  y  tratamiento  de  Capitán 
General,  con  el  título  de  Protector  y  Patrono  de  ía 
Libertad  de  los  Pueblos  Algún  tiempo  después,  aque- 
lla corporación  pidió  para  si  misma  el  titulo  de  Exce- 
lencia, que  le  correspondía  desde  la  reconquista  de 
Buenos  Aires  jEl  titulo  español'  Es  indudable  que  el 
fundador  de  la  Patria  fue  muy  poco  comprendido  por 
sus  contemporáneos,  y  no  es  de  extrañarse  Recorda- 
réis la  carta  de  Sarratea  a  Posadas  en  que  le  hacía 
saber  que  Artigas,  el  modesto  ciudadano,  aceptaba 
condecoraciones  de  Fernando  VII  Conviene  que,  en 
este  caso  al  menos,  conozcáis  los  términos  textuales 
en  que  contesta  Artigas  "Es  superfluo,  dice  al  Ca- 
bildo, que  empleemos  lo  precioso  del  tiempo  en  cues- 
tiones inútiles,  los  títulos  son  los  fantasmas  de  los 
Estados  y  sobra  a  esa  ilustre  corporación  tener  la  glo 
na  de  sostener  su  libertad  sobre  la  base  de  su  derecho 
El  Cielo  quiera  proteger  nuestros  votos,  ),  mientras 
se  acerca  tan  feliz  momento,  es  mi  parecer  que  V  S 
ajuste  su  tratamiento  al  que  hoy  conservan  los  demás 
cabildos  Por  lo  mismo  he  conservado  yo  hasta  el 
presente  el  titulo  de  simple  ciudadano,  sin  aceptar  la 
honra  con  que  me  distinguió  el  Cabildo  que  V  S  re- 
presenta" 

Bueno  es  que  recordemos  que  otro  tanto  hizo  Ar- 
tigas con  el  título  de  Protector  de  los  Pueblos  Libres, 
que  le  acordaron  las  Provincias  Occidentales  Jamás 
lo  uíó  en  loa  acto*  reahzadoi  tn  nombrt  y  reprtsen- 


[172] 


LA  BPOFEYA  DX  ARTIGAS 


t ación  de  esas  provincias,  se  limitó  a  expresar  que 
éstas  estaban  bajo  la  protección  de  la  Provincia  Orien- 
tal,  y  se  atribuyó  solo  la  dirección  de  su  política 

Y  pasemos  a  otro  aspecto,  que  os  será  muy  aun- 
pático,  de  la  figura  que  estudiamos 

El  Cabildo  indica  a  Artigas  un  ciudadano,  don  Pedro 
Elizondo,  como  el  más  apto  para  el  desempeño  de  un 
puesto  adminístrate  o  pero  le  hace  saber  que  no  le 
es  adicto  "Si  halla  V  S  en  ese  ciudadano,  contesta 
Artigas,  las  cualidades  precisas  para  la  administra- 
ción de  fondos  públicos,  es  indiferente  la  adhesión  a 
mi  persona  Póngalo  V  S  en  posesión  de  tan  impor- 
tante ministerio,  y  a  V  S  toca  velar  sobre  la  delica- 
deza de  ese  manejo  Es  tiempo  de  probar  la  honradez, 
y  de  que  los  americanos  florezcan  en  virtud  i  Ojalá 
que  todos  se  penetrasen  de  esos  mis  grandes  deseos 
por  la  felicidad  común'" 

Para  comprender,  mis  amigos  artistas,  el  fenómeno 
que  entraña  esa  escrupulosidad  de  Artigas  en  la  ad- 
ministración, sería  necesario  que  hiciéramos  un  es- 
tudio de  las  corrupciones  coloniales,  v  de  las  que  ee 
siguieron  en  las  administraciones  patrias  Eso  está  es- 
crito; pero  no  cabe  en  nuestras  conv  ersaciones,  ni  es 
grato  recordarlo 

La  situación  de  Artigas  le  hubiera  permitido  ser 
uno  de  tantos  señores  de  vidas  y  haciendas,  hubiera 
podido  imponer  contribuciones  sin  responder  de  su 
inversión,  o  rindiendo  cuentas  de  gran  capitán  Excu- 
sado es  decir  que  os  podría  recordar  casos  por  doce- 
nas en  la  revolución  americana,  como  en  todas  las 
habidas  v  por  haber  Artigas  no  hace  eso,  no  lo  hizo 
jamás  Vivía  en  la  pobreza,  pedia  recursos  al  Ca- 
bildo, pero  le  recomendaba  la  mayor  economía,  y, 
sobre  todo,  la  má«  extrema  parsimonia  en  imponer 


[173] 


JUAW  ZORRILLA  SZ  SAN  MARTIN 


gravámenes  al  pueblo  "El  solo  nombre  de  contribu- 
ción, decía,  me  inspira  aversión  irresistible"  Entre 
otros  datos  pintorescos,  poseemos  el  expediente  segui- 
do por  el  Excelentísimo  Cabildo  para  autorizar  los 
gastos  de  decorosa  instalación  del  Jefe  de  los  Orien- 
tales, y  que  son  abonados  por  el  ministerio  de  Ha- 
cienda, previa  intervención  de  la  bala  Capitular  y  de 
vanas  oficinas  y  funcionarios  Alguna*  varas  de  tela 
blanca,  vajilla  de  loza  y  cristal,  un  colchón  \  dos  al- 
mohadas, un  catre  de  campaña  de  hierro  y  lona  cons 
tituyen  el  ajuar  Lo  primero,  minuciosamente  docu 
mentado,  costó  ciento  treinta  v  nueve  pesos,  dos  reales 
y  un  cuartillo,  por  las  seis  varas  de  lona  del  catre  se 
pagaron  cinco  pesos  y  dos  reales,  diez  pesos  fue  ne 
cesarlo  abonar  al  maestro  talabartero  Artajeta  por 
su  trabajo  de  "armar  un  catre  para  el  señor  General 
don  José  Artigas"  Éste  se  consideró  generosamente 
obsequiado  por  su  patria 

¿Os  parece  esto  una  leyenda-'  Lo  parece,  sin  duda 
alguna  Y  es  una  verdad  Artigas  mvio  y  muño  po 
bre,  sus  manos,  que  no  tuvieron  una  mancha  de  san- 
gre, tampoco  estuvieron  manchada*  de  oro 

Tengo  llenas  las  mías  de  esos  elementos  de  juicio 
sobre  el  carácter  del  héroe  que  debéis  interpretar, 
amigos  artistas,  sólo  vacilo  en  la  elección,  para  voso- 
tros, de  los  más  sugestivos  Tomad  uno  al  azar  Arti- 
gas contesta  la  carta  en  que  uno  de  sus  fieles  se  duele 
de  las  calumnias  que  fraguan  contra  el  héroe  oriental 
algunos  de  sus  enemigos  Esas  calumnias  llovían  sin 
cesar,  implacables,  inverosímiles,  han  quedado,  como 
sabéis,  en  la  historia  provisional  Artigas  era  un  mal- 
vado, un  bárbaro,  un  enemigo  de  la  patria  y  de  la 
humanidad  "Deje  usted  que  hablen  y  prediquen  con- 
tra mí  le  contesta,  eso  ya  sabe  usted  que  sucedía  aun 


C174] 


LA  ZPQgIYA  PB  ABT1GAS 


entre  los  que  me  conocían,  cuánto  más  entre  los  que 
no  me  conocen.  Mis  obras  son  mas  poderosas  que  sus 
palabras,  y,  a  pesar  de  suponerme  el  ser  más  criminal, 
yo  no  haré  más  que  proporcionar  a  los  hombres  los 
medios  de  su  felicidad  y  desterrar  de  ellos  aquella 
ignorancia  que  les  hace  sufrir  el  yugo  de  la  tiranía 
Seamos  librea,  y  seremos  felices" 

Artigas,  preocupado  sólo  de  defender  la  patria, 
nunca  se  ocupó  en  defenderse  a  sí  mismo,  estando, 
por  otra  parte,  la  prensa  monopolizada  por  sus  ene* 
migos,  apenas  pudo  levantar  los  cargos  que  oficial- 
mente  se  le  hicieron  Siempre  despreció  los  demás, 
"No  necesito,  escribió  una  vez,  vindicarme  en  el  con- 
cepto  público,  y  mucho  menos  asalariar  apologistas" 

Yo  quisiera,  mis  amigos,  haberos  hecho  conocer 
personalmente  a  ese  hombre  de  bien,  haceros  oír  el 
timbre  de  su  voz,  ver  el  color  de  su  mirada,  sentir  el 
contacto  de  su  mano,  que  os  tiende  muj  abierta,  con 
la  franca  ingenuidad  del  hombre  sincero 

En  la  plenitud  de  su  predominio,  vive  frugalmente, 
sólo  conserva  cierta  corrección  en  el  vestir,  desde 
aquella  época  de  su  juventud  en  que  nos  lo  describía 
su  anciana  sobrina  Eso  daba  a  su  porte  un  aire  de 
distmcion  que,  como  lo  habéis  visto,  hacen  notar  to- 
doB  los  que  lo  visitaron  en  esa  época  Era  modesto  y 
afable,  pero  enemigo  de  todo  desalmo,  refractario  a 
toda  famibandad  grosera,  que  engendra  menospre- 
cio, la  carcajada,  el  grito  desapacible,  la  explosión 
ruidosa  de  la  pasión  eran  ajenos  a  su  modo  de  ser 
ponderado,  armonioso  y  sobrio 

Es  pobre,  ya  lo  hemos  dicho,  tan  pobre  como  to- 
dos los  suyos  Su  anciano  padre,  don  Martin  José 
Artigas,  de  rico  estanciero  que  había  sido  hasta  el 
momento  en  que  acompañó  a  su  hijo  libertador  en  la 


[175] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


bíblica  emigración  del  pueblo,  ae  ha  convertido  en 
un  vecino  indigente,  la  viuda  de  su  primo  hermano 
don  Manuel  caído  en  la  batalla  de  San  José,  aquel 
cuyo  nombre  esta  inscripto  en  la  pirámide  de  Mayo 
de  Buenos  Aires,  vive  en  el  mayor  desamparo,  la 
misma  familia  del  caudillo,  su  esposa  enferma,  su  hijo 
pequeño,  su  suegra,  habitan  un  pueblo  de  campo,  en 
la  escasez  Ninguno  de  ellos  se  juzga  acreedor  de  la 
patria,  todos  callan,  sobre  todo  Artigas 

El  Cabildo  de  Montevideo  determina,  por  fin,  es- 
pontáneamente, imitar  a  la  esposa  del  procer  a  resi- 
dir en  la  capital,  y  le  señala  una  pensión  de  cien 
pesos  mensuales,  a  más  de  amueblarle  la  casa,  v  cos- 
tearle la  educación  de  su  hijo 

Artigas  no  ¡>e  juzga  con  derecho  a  tanto  Él  ha  re- 
chazado las  ofertas  reiteradas  del  opulento  virrey  es- 
pañol, riquezas,  grados,  predominio,  pero  acepta,  pa- 
ra su  mujer  y  su  hijo,  la  protección  de  la  patria,  y, 
al  recibir  la  comunicación  del  Cabildo,  contesta  "Or- 
deno con  esta  fecha  a  mi  mujer  y  suegra  que  admitan 
solamente  la  educación  que  V  S  proporciona  a  mi 
hijo,  que  ellas  pasen  a  vivir  en  su  casa,  y  que  reci- 
ban de  V  S  sólo  cincuenta  pesos  para  su  subsisten- 
cia Aún  esta  erogación  — créalo  V  S  —  la  hubiera 
ahorrado  a  nuestro  Estado  naciente,  si  mis  facultadei 
bastasen  para  sostener  aquella  obligación,  pero  no 
ignora  V  S  mi  indigencia,  y,  en  obsequio  de  mi  pa- 
tria, ella  me  obliga  a  ser  generoso,  al  par  que  agra- 
decido" 

La  viuda  de  Manuel  Artigas,  el  soldado  caído  en 
San  José,  recibe  treinta  pesos  mensuales,  y  el  derecho 
de  ocupar  una  pequeña  casa  del  estado 

En  cuanto  al  anciano  padre  del  caudillo,  es  éste 
quien  índica  la  remuneración  de  sub  sacrificios  por  la 


[176] 


< 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


patria  pide  al  Cabildo  que,  si  no  hay  inconveniente, 
lo  auxilie,  como  a  los  demás  que  están  en  su  caso, 
con  cuatrocientas  o  quinientas  reses,  de  las  destinadas 
a  repartirse  entre  los  estancieros  patriotas,  "pues  le 
era  doloroso  oír  los  lamentos  de  su  padre,  a  quien 
amaba  y  veneraba,  y  no  se  atrevía  a  proceder  por  sí 
mismo  en  el  asunto,  temiendo  se  atribuyera  a  parcia- 
lidad lo  que  era  obra  de  la  razón" 

Y  dejemos  esto,  me  parece  que  es  bastante  para 
que  conozcáis  personalmente,  amigos  míos,  a  ese  hom- 
bre Vosotros  me  diréis  si  os  sentís,  o  no,  ante  la 
plenitud  de  un  hombre  Ubre 


[177] 


CONFERENCIA  XVI 


EL  CORAZON  DEL  HÉROE 

El  apogeo  de  Artigas  —  Tentaü\a  de  incorporar  el  Paraguay 
a  su  influencia  —  Francia  3'  Artigas  —  Francia  y  Alvear 

—  Sobre  Buenos  Aires  —  Caída  de  Alvear  en  Fontezue 
las  —  Los  vencedores  y  el  vencedor  —  Homenajes  a  este  — 
Las  venganzas  —  Lúa  crímenes  de  la  gloria  —  Venganza 
de  Artigas  —  "No  soy  el  verdugo  de  Buenos  Aire%"  — 
Bases  de  paz  —  Derechos  basados  "en  el  antiguo  régimen" 

—  "El  año  1816  será  el  año  feliz  de  los  orientales."  —  Es 
necesario  que  un  hombre  muera  por  el  pueblo  —  La  franja 
roja  diagonal  de  la  bandera 

I 

Hemos  dejado  bien  clai amenté  establecido  el  carác- 
ter del  primer  Presidente  o  Jefe  Supremo,  o  soberano 
legitimo,  o  como  queráis  llamarle,  de  ese  Estado  Oneri' 
tal  del  Uruguay  y  el  Plata,  que  habéis  \isto  nacer  de 
la  madre  demociacia 

Afirmemos  sin  reservas  que  Artigas  e3  el  primer 
magistrado  republicano  de  esta  parte  de  América  Su 
nombre  es  lo  de  menos  Carióle  le  llamaría  rev,  en 
el  sentido  de  rector,  regente,  conductor,  del  más  apto, 
del  que  nos  marca  la  conducta  No  e9  menos  acciden- 
tal la  primera  forma  provisional  de  su  gobierno,  la 
forma  definitiva,  en  éste  como  en  todos  los  casos,  y 
como  todas  las  formas,  brotara  espontáneamente  de 
la  esencia 

Artigas  se  preocupó  inmediatamente,  como  hemos 
dicho,  de  realizar  aquella  forma  en  toda  la  región 


1 1791 


JUAN  ZORRILLA  DS  SAIf  MARTIN 


sometida  a  *u  influjo  Ésta  no  se  limitaba  a  su  Patria 
Oriental,  el  predominio  del  héroe  sobre  las  provincias 
occidentales  ge  con«umó  como  el  cumplimiento  de  una 
ley  natural  No  sólo  había  aquél  dominado  la  Meso- 
potamia  argentina,  comprendida  entre  los  ríos  Uru- 
guay y  Paraná,  el  continente  de  Entrerríos,  de  que 
hemos  hablado  sino  que,  salvando  este  último,  y  mu- 
cho más  allá,  regía  los  destinos  de  Santa  Fe  v  de 
Córdoba  Esos  estados  o  provincias,  Entrerríos,  Co- 
rrientes, Santa  Fe  y  Córdoba,  se  habían  acogido  ex- 
presamente a  su  protección,  y  lo  aclamaban  como  el 
solo  capaz  de  arrebatarlos  a  la  absorción  de  las  logias 
secretas  de  Buenos  Aires,  que,  por  colectivo  instinto, 
rechazaban  Las  demás  provincias,  hasta  la  falda  de 
los  Andes,  se  sentían  misteriosamente  atraídas  a  la 
órbita  lejana  de  aquel  ígneo  capitán,  y  sentían  su  in- 
flujo, como  el  de  una  mole  en  Totación 

Artigas  había,  pues,  realizado  su  \asto  nlan  polí- 
tico las  provincias,  bajo  su  protección,  habían  ven- 
cido a  Buenos  Aires  y  conservado  su  derecho  a  dis- 
poner de  sí  mismas  Las  multitudes  aclamaban  al  hom- 
bre oriental,  los  gobernadores  sostenidos  por  él, 
le  obedecían  y  confiaban  en  él,  y  esperaban  sus  ór- 
denes 

El  campo  abierto  a  su  actividad  se  extendía  pues, 
desde  el  Plata  hasta  los  Andes,  como  lo  dice  Robert- 
son,  su  palabra  era  ley  en  todo  el  largo  y  todo  el 
ancho  del  antiguo  virreinato  Pero  lejos  de  ^obreco 
gerse,  al  verse  solo  en  tan  magna  empresa,  insistió 
en  realizar  íntegramente  su  primitivo  pensamiento  En 
el  concierto  de  aquellos  pueblos,  que  serán,  en  Artigas 
y  por  Artigas,  el  núcleo  de  la  independencia  democrá- 
tica argentina,  faltaba  uno,  como  sabemos,  adorné*  dt 


[180] 


LA  EPQPSYA  Dí  ABTIGAS 


la  comuna  de  Buenos  Aires,  que  entraba  como  ele- 
mento esencialísimo  en  su  vasto  plan  el  Paraguay 

El  Paraguay  continuaba  encerrado  en  su  caverna 
el  doctor  Fiancia,  con  los  ojos  policromos  encendidos 
bajo  loa  párpados,  asomaba  la  cabeza  en  la  sombra 
Hizo,  como  hemos  visto,  tentativas  de  ensanchar  sus 
fronteras  hacia  el  Sur,  salvando  la  natural  del  río 
Paraná,  pero  Artigas,  por  órgano  de  Andrés,  su  ca- 
pitán en  Misiones,  no  sólo  lo  detuvo  y  rechazó  sus 
fuerzas  en  un  combate  librado  en  Candelaria,  sino 
que,  como  también  lo  hemos  dicho,  pensó  en  librar 
al  pueblo  paraguayo  de  aquel  su  tirano 

Esa  provincia  del  Paraguav  tiene  con  la  oriental  el 
vinculo  de  especial  solidaridad  que  va  hemos  estu- 
diado, un  enemigo  común  que  las  atisba  el  portu- 
gués, son  aliadas,  tienen  que  serlo,  pero  Rodríguez 
de  Francia  no  quiere  conflicto  alguno  con  los  portu- 
gueses Artigas  ve  eso  con  claridad  meridiana  Allá, 
en  la  frontera  paraguaya,  esta  su  futuro  inevitable 
campo  de  batalla,  en  que  orientales  y  paraguayos  de- 
ben luchar  por  la  vida  El  Paraguay  tiene,  por  tanto, 
que  vivir,  es  fuerza  se  incorpore  a  la  acción  gloriosa 
de  los  pueblos  presididos  por  Artigas  Éste  no  deja 
un  momento  de  pensar  en  él,  esa  idea  es  una  obse- 
sión de  su  espíritu. 

Recordad,  mis  bravos  artistas,  que  nos  encontramos 
en  el  año  1815  Sólo  Artigas  hubiera  podido  arrancar 
el  Paraguay  a  su  tirano,  pues  allí  el  hombre  no  ha« 
bía  aparecido. 

Bien  Berá  que  recordemos  también  ahora  las  misio- 
nes diplomáticas  enviadas  al  Paraguay  por  Buenos 
Aires,  en  1811  y  en  1813,  con  el  objeto  de  arrebatar 
al  monstruo  su  presa  por  medio  de  halagos.  Todavía 
en  ettoe  momentos  en  que  estamos,  el  30  de  enero  de 


[181] 


JUAN  ZORRILLA  DI  SAN  MARTIN 


1815,  el  director  Alvear,  al  mismo  tiempo  que  ofre- 
cía a  la  corona  de  Inglaterra  la  propiedad  del  Plata, 
se  dirigía  respetuosamente  al  dictador  del  Paraguay, 
describiéndole  una  situación  llena  de  peligros,  a  causa 
de  la  expedición  española  que  amenazaba  "Los  celos 
contra  Buenos  Aires,  le  dice,  sostenidos  por  algún 
tiempo  en  virtud  de  imputaciones  y  dudas  maliciosas, 
no  pueden  continuar,  después  que  «se  ha  visto  que  ella 
misma  ha  desmembrado  su  pro\inna,  v  que  está  dis- 
puesta a  reconorer  la  federación  o  cualquier  otra  for- 
fa,  si  en  realidad  es  ése  el  deseo  de  los  pueblos,  como 
lo  ha  hecho  últimamente  con  la  Provincia  Oriental, 
de  quien  sólo  exige  una  correspondencia  amistosa" 

Artigas  estaba  al  tanto  de  esas  relaciones  de  los  dos 
dictadores  "Asi  Alvear  como  Francia,  escribe  enton- 
ces a  su  capitán  en  las  Misiones,  -Vndres  Artigas,  es- 
tan  unidos  rontia  nosotros,  de  Buenos  Aires  se  !e 
mandan  armas  y  municiones" 

Y  así  era  efectivamente,  pero  con  detalles  de  inte- 
rés En  31  de  marzo  de  1815,  por  ejemplo,  Nicolás 
Herrera  escribe  esta  pintoresca  carta  a  Robertson,  el 
comerciante  ingles,  que  parte  para  el  Paraguay  "El 
señor  director  Alvear  me  ha  encargado  prevenga  a  us- 
ted haga  presente  al  doctor  Francia  que  le  dará  25 
fusiles  por  cada  100  paraguayos  que  le  remita  de 
aquella  piovmcia  para  reclutas  de  estos  regimientos, 
y  proporcionalmente  pólvora  y  municiones  Puede  us- 
ted asegurárselo  así,  en  la  inteligencia  que  se  cumplirá, 
y  se  darán  garantías  o  fianzas  si  se  quiere,  lo  que 
mteiesa  es  la  brevedad  Deseo  a  ustpd  un  viaje  feliz, 
y  mande  a  su  atento  servidor  y  amigo  q  b  s  m , 

"Nicolás  Herrera 
"Secretario  del  Estado  de  Buenoi  Anea" 


[182] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Pero  81  Artigas  conocía  a  Alvear,  no  lo  calaba  me- 
nos el  muy  taimado  de  don  Gaspar  de  Francia  %  Con- 
que cambiar  paraguayo?  por  fusiles?,  se  dijo  para  su 
coleto  No,  me  quedo  con  los  paraguayos"  Y  tapió 
más  herméticamente  su  guarida,  y  se  hizo  confirmar 
en  la  dictadura  perpetua,  y  se  dijo  neutral  con  rela- 
ción a  todo  el  mundo  Era  un  gran  original  ese  caba- 
llero Francia 

Fue  entonces  cuando  Artigas,  que  sabía  muy  poco 
de  súplicas,  resolvió  penetrar  personalmente  en  el  Pa 
raguay,  y  salvarlo  de  la  tiranía.  Inició  una  conspira- 
ción contra  el  dictador  Invitó  de  nuevo  a  los  caudi- 
llos paraguayos  a  vivir 

Ya  os  hice  meditar,  amigos  artistas,  en  cuan  dis- 
tinta manera  hubiera  sido  la  historia  de  ese  esforzado 
pueblo  paraguayo,  que  vivió  cincuenta  años  bajo  el 
yugo  de  tres  despotismos  consecutivos,  si  Artigas  hu- 
biera logrado  incorporarlo  a  la  acción  heroica  popu- 
lar, desligando  los  brazos  a  sus  hipnotizados  caudillos 

Os  haré  ver,  por  otra  parte,  cuan  distinta  hubiera 
sido  la  acción  del  mismo  Artigas,  y  el  destino  de  su 
tierra,  y  el  lote  territorial  de  la  América  española,  si, 
al  descargar  sobre  la  Banda  Oriental  el  nublado  de 
la  invasión  portuguesa»  que  Artigas  \eia  en  el  hori- 
zonte, y  que  vosotros  vais  a  ver,  hubiera  aquél  con- 
tado con  la  alianza  de  esa  nación  paraguaya,  de  valor 
insuperable.  ¡Oh'  Las  fronteras  de  las  hermanas  his- 
pánicas serían  hoy  muy  distintas  de  lo  que  son,  pro- 
bablemente, las  de  todo  el  mando  hispánico 

Y  que  el  pueblo  paraguayo,  a  no  ser  la  fascina- 
ción de  Francia,  hubiera  secundado  al  par  de  las  pro- 
vincias occidentales  argentinas,  la  acción  de  Artigas, 
es  algo  de  que  no  puede  dudarse  Bien  sentía  ese  pue- 
blo que  el  Jefe  de  los  Orientales  no  abrigaba  el  pro- 


[183] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MASTIN 


pósito  de  conquistarlo,  y  bien  se  le  alcanzaba  que  la 
causa  de  orientales  y  paraguayos  era  una  sola  Arti- 
gas no  hubiera  sido  rechazado,  ciertamente,  como  lo 
fue  Belgrano,  en  aquella  tierra  Con  sólo  presentarse, 
con  solo  mirar  intensamente  a  los  ojos  de  aquellos 
hombres,  y  decirles  su  mensaje,  pueblo  y  caudillo  hu- 
bieran formado  un  héroe  solo 

No  pudo  ser  Artigas  no  pudo  atravesar  la  frontera 
paragua\a 

Mejor  que  narraros  el  hecho,  quiero  comunicaros 
un  pintoresco  documento,  casi  nuevo  en  la  historia, 
y  que  os  impondrá  del  asunto  más  y  mejor  de  lo  que 
yo  pudiera  hacerlo  Es  el  proceso  inédito,  que  llega 
ahora  a  mis  manos,  levantado  por  Francia  conlra  don 
Manuel  Atanasio  Cabanas,  primer  campeón  militar 
del  Paragua),  vencedor,  como  recordaréis,  en  la  ba- 
talla de  Tacuari  El  proceso  se  inicia  en  1822,  y  la 
sentencia  que  en  él  recae  está  fechada  en  agosto  de 
1833,  es  decir,  después  de  muerto  el  procesado  Ea 
de  notar  que  Artigas  estaba  ya  entonces  en  poder  de 
Francia,  pues  se  había  refugiado  en  el  Paraguay 

Puesto  que  oportunamente  os  hice  conocer  la  sen- 
tencia del  director  Posadas,  en  que  se  ponía  a  precio 
la  cabeza  del  Jefe  de  los  Orientales,  bueno  es  que 
conozcáis  ésta  del  dictador  paraguayo,  hermana  de 
aquélla,  y  no  menos  llena  de  color  y  de  estética  ex- 
presión No  me  digáis  que  es  larga  y  chabacana  Es 
una  pieza  intensa,  que  debéü  conocer,  quieras  que  no 
Artigas  lo  necesita 

Y  dice  así 

AUTO 

"Asunción  y  Agosto  tras  de  mil  ochocientos  treinta 
y  tr*s 


[184] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


"Resultando  que  Manuel  Atanasio  Cabanas,  muerto 
sin  herederos,  ha  sido  un  traidor  a  la  Patria  y  al  Go- 
bierno por  haber  mantenido  correspondencia  con  el 
malvado  caudillo  de  bandidos  y  perturbador  de  la  pú* 
bhca  tranquilidad  José  Artigas,  y  haberse  encargado 
de  reunir  y  aprontarle  gente  de  auxilio  para  cuando 
viniese,  según  sus  ridiculos  ofrecimientos,  a  tomar  la 
República,  llevarse  la  cabeza  del  dictador  y  ponerle 
a  él  y  a  otros  en  el  gobierno,  cuya  nueva  infamia  y 
ruindad  cometió  el  citado  Cabanas  después  que  no 
quiso  tomar  parte  alguna  en  la  revolución  que  aquí 
se  hizo  para  extinguir  el  mando  de  España,  cuando 
avisado  del  cuartel  en  que  ee  habían  reunido  los  pa- 
tricios para  que  viniese  a  incorporarse  con  ellos,  no 
sólo  se  enfadó  con  el  portador  del  recado,  sino  que, 
con  descarada  vileza,  respondió  que  vendría  en  sien- 
do llamado  por  el  Gobernador,  que  era  el  europeo 
Velazco  no  obstante  lo  cual,  el  presente  gobierno  por 
exceso  de  bondad  le  dio  los  despachos  de  Coronel, 
aun  sin  mentó,  sin  servicio  ni  suficiencia,  compro- 
bándose con  tan  informes  procedimientos  que  era  un 
verdadero  enemigo  de  la  Patria  y  que,  resuelto  a  au- 
xiliar al  Caporal  de  ladrones  y  salteadores  Artigas, 
estaba  dispuesto  a  quedarle  vilmente  subordinado  y 
tenerle  sometida  la  República,  como  era  consiguiente, 
a  fin  de  que  después  no  le  despojase  de  su  soñado 
Gobierno,  en  que  él  y  otros  atolondrados,  con  quien 
igualmente  estaba  en  correspondencia,  como  también 
consta  de  autos,  creían  en  su  delirio  y  necedad  que 
pondría  a  unos  y  engrandecería  a  otros  sm  reflexio- 
nar por  su  inepcia  que  lo  que  intentaba  era  ver  sx, 
al  abrigo  de  algunos  simples  infatuados  y  embauca- 
dos con  el  aliciente  y  engaños  de  varias  y  disparata- 
das ofertas,  lograba  introducir  sm  peligro  al  Paraguay 


[185] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


sut  cuadrillas  de  miserables  bandoleros  y  facinerosos, 
a  robar  y  saquear  cuanto  pudiesen  para  remediar  sus 
miserias,  su  pobreza  y  sus  extremas  necesidades  co- 
mo hacían  en  otras  partes,  viniendo  últimamente,  des- 
pués de  tan  te  ruido,  alboroto  y  afectada  valentía  o 
fanfarronada,  cuando  se  \io  arrumado  y  perseguido 
de  muerte  aun  de  los  su>os  por  consecuencia  y  efecto 
natural  de  sus  desórdenes,  locuras  v  desatinados  pro 
cedimientos,  a  implorar  la  clemencia  y  amparo  del 
mismo  Dictador,  tuva  cabeza  había  ofrecido  llevar, 
el  cual,  recentando  de  generosidad,  sin  embargo  de 
que  el  ale\oso  y  bárbaro  malévolo  no  era  acreedor  a 
la  compasión,  no  aolamente  le  admitió,  sino  que  ha 
gastado  hberalmeme  centenares  de  pesos  en  socorrer- 
lo, mantenerlo  y  \estirlo,  habiendo  venido  desnudo, 
sin  más  vpsluano  ni  equipaje  que  una  chaqueta  colo- 
rada y  una  alforja,  sin  que  los  ruines  aturdidos  y 
revoltosos  que  fundaban  en  el  las  madores  esperan- 
zas de  gobierno,  ventajas  y  adelantamientos,  le  hubie- 
sen hecho  la  menor  limosna  o  socorrido  en  agrade- 
cimiento de  sus  grandiosos  o  graciosos  ofrecimientos, 
riéndolo  en  tal  angustia  y  fatalidad  que  acaso  la  Pro- 
videncia ha  permitido  para  que  los  ilusos  o  deslum- 
hrados, los  facciosos,  lo*  depravados  encubiertos  y 
los  deseosos  de  trastornos  políticos  abran  los  ojos  y 
entiendan  que  las  gentes  de  otros  países,  envidiando  y 
odiando  al  Paraguay  por  no  haberse  sometido  a  sus 
ideas  de  logro  predominio  y  con\  emencia,  lo  que 
desean  y  buscan  es  la  ocasión  de  entrar  a  apoderarse 
del  Estado  engañando  a  los  incautos  y  simples,  sub- 
yugar e  imponer  leyes  a  los  paraguayos,  extraer  y 
sacar  riquezas  caudales  y  la  plata  que  sólo  aquí  co- 
rle todavía,  y,  finalmente,  llevar  gente  para  sus  em- 


ri86] 


LA  EPOPEYA  Dg  ABTIGAS 


presas  y  servicios,  para  después  reírse  del  Paraguay 
y  mofar  orgullosamente  a  las  paraguayas 

"En  virtud  de  todo,  se  declaran  confiscados  \  apli- 
cados a  gastos  públicos  y  servicio  del  Estado  todos 
los  bienes  que  aparecieran  corresponder  al  citado  Ma- 
nuel Cabanas,  o  ser  de  su  pertenencia  en  su  falleci- 
miento, y  a  ese  efecto,  se  expedirán  las  providencias 
convenientes,  rompiéndose  igualmente  el  insinuado  tí- 
tulo de  Coronel,  de  que  se  ha  mostrado  indigno  y  sin 
honor  para  obtener  semejante  grado,  cuya  denomina- 
ción tampoco  ee  le  ha  de  poder  dar  en  lo  sucesivo 

"Francia 

"Policarpo  Patino, 

'  Actuario  tíel  Superior  Gobierno 

No  diréis,  mis  amigos  artistas,  que  hemos  perdido 
el  tiempo  al  leer  ese  documento  precioso,  con  ser  él 
tan  deshilvanado  y  exigir  tan  largo  aliento  para  ser 
leído  de  un  tirón 

Según  el  expediente,  la  correspondencia  sostenida 
por  Cabanas  con  Artigas,  y  las  gestiones  de  éste  pa- 
ra preparar  su  entrada  al  Paraguay,  tenían  lugar  en 
el  momento  en  que  nos  encontramos  de  esta  historia 
precisamente  el  año  1815  Artigas,  desde  la  provin- 
cia de  Santa  Fe  y  Entrerríos,  gobernada  a  la  sazón 
por  Candiota,  el  que,  con  Amaro,  fue  embajador  de 
Posadas,  y  por  intermedio  de  Andrés  Artigas,  su  co 
mandante  gobernador  en  Misiones,  de  que  acabamos 
de  hablar,  buscaba  el  hombre  paraguayo  a  quien  po- 
der transmitir  su  mensaje  de  libertad,  y  armarlo  ca- 
ballero de  su  patria  Cabanas,  Caballero,  Yegros. 
cualquiera  de  los  bravos  de  1811   "Incluyo  a  usted, 


E187] 


JUAN  ZORRILLA  PB  SAN  MARTIN 


dice  a  Andrés  Artigas,  en  nota  de  27  de  agosto  de 
1815,  la  copia  de  la  carta  que  prometí  a  usted  (su- 
pongo que  es  la  de  Herrera  a  Robertson)  Por  ella 
conocerán  los  paraguayos  que  iban  a  ser  \endidos 
como  esclavos  y  que  el  doctor  Francia  ha  tratado  de 
intrigarnos  con  Buenos  Aires  Usted  saque  de  ella 
bastantes  copias  y  remítalas  a  los  paraguayos  para 
que  se  desengañen" 

"Escriba  usted,  le  dice  en  otra  nota,  a  los  amigos 
de  aquel  pueblo,  para  \er  si  forman  la  revolución  se- 
gún u»ted  Ies  insinuó,  o  si  hacen  la  representación 
que  usted  Ies  dijo,  a  fin  de  que  yo  tenga  el  más  po- 
deroso motivo  para  auxiliar  sus  esfuerzos" 

No  pudo  ser  la  mirada  de  Francia  estaba  en  todas 
partes  y  helaba  la  sangre  Y  Francia,  como  los  hom- 
bres de  la  oligarquía  bonaerense,  quería  estar  bien  con 
los  portugueses,  enemigos  de* Artigas  Nadie  se  atre- 
vió a  secundar  a  éste,  Artigas  no  pasará  la  frontera 
del  Paraguay,  sino  para  buscar  en  él  su  sepulcro,  se 
refugiará  en  las  garras  de  Francia  Veréis  entonces 
el  más  extraño  de  los  fenómenos  El  tirano,  que  habrá 
hecho  correr  la  sangre  de  los  proceres  paraguayos, 
al  saber  que  Artigas,  el  facineroso,  el  caudillo  de  ban- 
didos, el  que  buscaba  su  cabeza,  es  su  prisionero,  ni 
siquiera  le  mirará  a  los  ojos  ,  reventará  de  gene- 
rosidad, y  no  atentara  contra  la  vida  de  aquel  fora- 
gido,  lo  respetará  como  a  cosa  sagrada  Mas  aun 
lo  veréis  proclamar,  como  título  de  honor  para  su 
país,  el  asilo  que  concederá  a  Artigas  en  su  derrota, 
y  hasta  compararlo  c-on  el  concedido  por  los  ingleses 
a  Bonaparte  en  Santa  Elena. 


[188] 


LA  SffOPEYA  DC  ARTIGAS 


II 

Artigas  tuvo  que  desistir,  una  vez  más,  de  la  liber- 
tad del  Paraguay  Su  obra  principal  estaba  en  Bue- 
nos Aires  Tenía  que  incorporar  esa  provincia,  la  más 
importante  de  todas,  al  conjunto  de  las  provincias 
hermanas,  hacer  prevalecer  allí,  en  el  centro  vital  del 
organismo,  el  espíritu  americano,  y  derrocar,  por 
consiguiente,  a  Alvear,  que,  como  sabéis,  pensaba  en 
ese  momento  en  entregar  el  Río  de  la  Plata  a  Ingla- 
terra, y  era  la  encarnación  mas  genuina  del  escepti- 
cismo oligárquico,  el  antiartigas  por  excelencia 

Pero  era  menester  que  Alvear  fuese  vencido  en  la 
capital,  como  lo  habían  sido  sus  agentes  en  las  provin- 
cias, y  como  Artigas  quería  lo  fuese  el  doctor  Fran- 
cia en  el  Paraguay  por  el  mismo  pueblo  de  Buenos 
Aires 

Y  eso  fue  lo  que  acaeció  El  joven  Director,  presa 
de  un  frenesí  patológico,  ejerce  una  dictadura  san- 
grienta, pero  no  puede  sostenerse  El  cadáver  del  ofi- 
cial *Übeda,  acusado  de  sedición  por  haber  dicho  pa- 
labras sospechosas,  amaneció  un  día  colgado  frente 
a  los  balcones  del  Cabildo  Ese  cuadro  es  intenso,  y  lo 
dice  todo  era  un  domingo  de  Pascua  (7  de  abril), 
día  en  que,  según  vieja  costumbre,  se  colgaban  unos 
muñecos  o  mamarrachos  de  paja,  llamados  Judas,  en 
odio  al  Iscariote,  que  traicionó  al  Divino  Maestro 

Los  primeros  transeúntes  de  Buenos  Aires  que,  por 
la  mañana,  vieron,  frente  al  balcón  del  Cabildo,  el 
cadáver  de  Übeda,  que  se  balanceaba  en  el  vacio,  lo 
creyeron  un  Judas  admirablemente  bien  hecho  Cuan- 
do la  espantosa  realidad  se  difundió,  el  pueblo  de 
Buenos  Aires  desfiló  silencioso  bajo  los  pies  del  muer» 
to  oscilante,  pero  lejos  de  intimidarse,  se  «acerbi, 


[1*9] 


JUAN  ZORRILLA  DS  SAN  MAjtTIN 


lo  veréis  echar  abajo  a  Alvear  dentro  de  ocho  días 
Uno  se  imagina  lo  que  los  historiadores  apologistas 
de  Alvear  y  de  la  cultura  y  humanidad  bonaerenses 
hubieran  dicho  de  Artigas,  si  éste  hubiese  sido  capaz 
de  hacer  algo  parecido  a  ese  siniestro  Juda*,  o  a 
otros  de  su  especie 

Alvear  se  ha  hecho  odioso,  tanto  en  la  capital  como 
en  Entremos  \  Santa  Fe,  y  Córdoba,  y  en  todas  las 
provincias  El  espíritu  democrático  circulaba  ea  Bue- 
nos Aires,  difuso  en  el  pueblo,  con  tanta  energía  como 
en  los  demás  estados,  allí  existirá  siempre  una  opo- 
sición, animada  del  espíritu  de  Artigas  Pero  no  se 
formara  el  núcleo  vital,  el  centro  democrático  popular 
será  siempre  una  nebulosa  no  espiral,  el  ambiente 
de  Buenos  Aires  no  había  producido,  m  podía  produ- 
cir, como  personaje  remante,  un  Artigas,  su  natura- 
leza cósmica  y  su  fuerza  centrífuga  tienden  natural- 
mente a  otra  forma  Artigas  tiene  que  ser  odiado  en 
esa  ciudad  no  por  el  pueblo,  pero  sí  por  la  oligar- 
quía que  allí  se  conglomere,  sea  de  tirios  o  de  troya- 
nos  Vais  a  tocar  ese  fenómeno  sociológico  con  la  ma- 
no, amigos  artistas  Alvear  caerá,  caerá  por  obra  de 
Artigas  que  el  pueblo  de  Buenos  Aires  ha  llamado 
en  su  protección  por  órgano  de  su  Cabildo,  pero  no 
por  eso  los  sucesores  de  la  dictadura  se  refundirán 
en  el  héroe  oriental,  ni  comprenderán  bu  carácter,  ni 
su  pensamiento,  ni  su  mensaje 

Tracemos  rápidamente  los  hechos,  el  cuerpo  de  la 
historia,  que  es  lo  accidental,  a  fin  de  conocer  su 
alma,  que  es  lo  que  debe  hallar  forma  en  vuestra  crea- 
ción estética 


E1W] 


LA  KPOPHYA  DE  ARTIGAS 


III 

Alvear  se  convence  de  que  su  situación  es  insoste- 
nible, ha  recurrido,  según  hemos  visto,  a  don  Gaspar 
Rodríguez  de  Francia,  el  déspota  paraguayo,  en  de- 
manda de  auxilio ,  ae  ha  dirigido  a  él  respetuosamente, 
y  protestando  "contra  la  degradante  calumnia  de  que 
Buenos  Aires  pretenda  esclavizar  a  los  demás  pueblos 
de  América,  cuando  su  objeto  es  y  será  siempre  ayu- 
dar a  su  independencia" ,  le  ha  propuesto  "una  alian- 
za de  ambas  provincias"  Peí  o  todo  ha  sido  inútil,  el 
joven  Dictador,  rechazado  por  el  viejo  que  hace  ore- 
jas de  mercader,  y  no  creído  tampoco  por  el  Jefe  de 
los  Orientales,  a  quien  también  hace  nuevas  manifes- 
taciones de  amor  entrañable,  va  a  jugar  la  partida 
donde  debe  jugarla  Envía  sus  tropas  al  encuentro  de 
Artigas,  que,  acudiendo  al  llamado  del  pueblo  de  Bue- 
nos Aires,  como  ha  acudido  al  de  los  demás  argenti- 
nos, ha  cruzado  el  Paraná 

Es  muy  interesante  la  proclama  que  entonces  dirige 
Alvear  al  pueblo  de  la  capital,  en  31  de  marzo,  para 
llamarlo  a  las  armas,  termina  así  "Fijad  la  vista  en 
el  territorio  de  los  orientales,  y  hallaréis  el  cuadro  de 
los  beneficios  que  se  os  preparan  Los  campos  desier- 
tos, saqueados  los  pueblos,  las  estancias  incendiadas, 
las  familias  errantes,  destruida  la  fortuna  particular, 
despreciada  la  religión  de  nuestros  mayores,  los  ase- 
sinos con  el  mando,  autorizados  los  más  horrendos 
crímenes,  y  el  país  más  hermoso  del  mundo  conver- 
tido en  teatro  de  sangre  y  desolación" 

Artigas  ha  penetrado,  pues,  en  territorio  occidental 
y,  después  de  ocupar  Santa  Fe,  emprende  su  marcha 
victoriosa  sobre  la  capital  El  ejército  de  Alvear  va  a 
su  encuentro,  al  mando  de  los  coroneles  Alvarez  Tho- 


[191] 


JUAN  ZORBttiA  DS  «AN  MARTIN 


más  y  Valdenegro,  pero  éstos,  que,  al  par  del  Ca- 
bildo, están  en  connivencia  con  Artigas,  confraterni- 
zan con  éste,  se  sublevan  en  Fontezuelas,  al  Norte  de 
la  provincia  de  Buenos  Aires,  el  día  13  de  abril,  e  in- 
timan a  Alvear  el  inmediato  abandono  de  su  cargo 
El  Cabildo  de  Buenos  Aires  encabeza  el  15  un  movi- 
miento popular,  al  que  se  adhieren  lag  tropas  procla- 
mando la  caída  de  la  dictadura  y  la  disolución  de  la 
Asamblea,  de  la  célebre  Asamblea  que  rechazó  los 
diputados  orientales  en  1813  AKear,  repudiado  por 
los  pueblos,  abandonado  por  su  ejército,  sin  opinión 
ni  fuerza,  huye  a  refugiarse  en  un  buque  inglés,  huye 
sólo  con  su  familia,  abandonando  a  los  suyos  El  Ca- 
bildo se  erige  en  gobernador,  se  designa,  como  Di- 
rector Supremo,  a  Rondeau,  que  manda  el  ejército  del 
Alto  Perú,  y,  en  su  ausencia,  a  Álvarez  Thomás,  ca- 
beza del  pronunciamiento  El  mismo  San  Martín,  el 
antiguo  compañero  de  AKear  v  futuro  general  de  los 
Andes,  se  ha  adherido  a  la  sublevación  de  Fontezue- 
las,  está,  pues,  con  Artigas,  como  lo  están  los  jefes 
que  acompañan  a  Rondeau  Martin  Rodríguez,  Pago- 
la,  Foresti,  Alvarado,  Martínez,  etc 

Alvear,  que,  en  el  motín  de  octubre  de  1812,  había 
Bubido  alzado  por  San  Martín,  cae  ahora  empujado 
por  él,  y  cae  también  la  Asamblea  que  del  primer 
motín  surgió  Y  todo  aquello  se  derrumba,  como  un 
tinglado 

El  cuadro  de  ese  momento  histórico  ea  muy  intere- 
sante Una  convulsión  de  alegría  epiléptica,  con  mu- 
cho de  infantil  y  no  poco  de  siniestro,  pues  las  ven- 
ganzas de  los  vencedores  son  terribles,  recorre  todo  el 
territorio  platense,  desde  Buenos  Aires  hasta  el  Alto 
Perú  En  torno  del  derrumbe  de  la  situación  de  Al- 
vear se  forma  una  especie  de  sabhat  fantástico  fiestat 


[192] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


cívicas  y  religiosas,  demostraciones  militares  y  del 
pueblo,  gritos,  algarada,  cruce  de  comunicaciones  bom- 
básticas 

Ese  cuadro  hubiera  sido  cómico,  si  no  hubiera  te- 
nido tanto  de  trágico  El  vencedor  se  entrega,  en  Bue- 
nos Aires,  a  toda  clase  de  venganzas  con  los  vencidos 
encarcela,  saquea,  fusila,  deporta  Todos  se  apresuran 
a  protestar  su  adhesión  al  nuevo  gobierno,  y  al  au- 
sente libertador  Artigas  sobre  todo,  los  caudillos,  los 
cabildos  de  las  provincias,  los  generales  de  los  ejér- 
citos El  gobernador  de  la  remota  provincia  andina 
de  San  Luis  dice  al  Cabildo  de  Buenos  Aires,  que 
es  tal  el  contento  de  aquel  pueblo,  que  "por  algún 
momento  la  razón  no  fue  dueña  de  sí  misma"  El  de 
Córdoba  le  hace  saber  que,  después  de  respirar  esa 
provincia  el  aire  de  la  libertad,  a  la  sombra  del  ge 
neroso  y  valiente  Jefe  de  los  Orientales,  no  faltaba 
otra  cosa  a  su  felicidad  que  ver  al  pueblo  de  Buenos 
Aires  libre  del  peso  que  le  oprimía  El  Cabildo  afirma 
que  "las  almas  de  los  ciudadanos  se  han  elevado  al 
colmo  de  la  alegría,  que  la  provincia  obraba  con  in- 
dependencia de  las  combinaciones  del  gobierno  caído, 
gracias  al  sostén  de  las  armas  orientales,  que,  sin  man- 
char su  libertad,  dejaron  ai  pueblo  dueño  de  sí  mis- 
mo, sm  más  deber  que  el  de  sostener  el  sistema  de 
nuestra  libertad,  pero  que,  con  la  nueva  situación, 
la  unión  de  todos  en  ese  propósito  sera  una  verdad'' 

El  mismo  gobernador  de  Montevideo,  Otorgues,  y 
el  Cabildo,  envían  a  Buenos  Aires  sus  plácemes  y  ma- 
nifestaciones de  júbilo 

En  medio  de  todas  esas  explosione»  frenéticas,  sólo 
una  entidad  permanecerá  serena,  casi  impasible  Ar- 
tigae  Él  era,  a  no  dudarlo,  el  derrocador  de  Airear, 
su  espíritu  triunfaba,  en  un  Manifiesto  que  dirige  Al 


7 


L1M] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


muy  benemérito  Pueblo  de  Buenos  Aires,  y  que  remite 
al  Cabildo,  para  que  éste  lo  adjunte  al  que  le  ha  en- 
viado en  consulta  antes  de  difundirlo.  Artigas  explica 
y  justifica  su  conducta  ante  aquel  pueblo,  v  le  dice 
"Ciudadanos  y  pueblo  de  Buenos  Airts  Vuestros  her- 
manos, los  orientales,  no  dudan  de  que  sus  votos  se- 
rán correspondidos,  olvidan  sus  quebrantos,  y  hacen 
votos  al  dios  tutelar  de  la  amistad  de  los  pueblos 
Que  nada  sea  capaz  de  contrariar  nuestra  unión,  y 
sólo  se  vea  entre  nosotros  una  grande  familia  de  her- 
manos'* 

Artigas  había  consumado,  pues,  la  mitad  de  su  obra, 
la  negativa,  faltaba  la  otra  mitad  la  mas  importante, 
que  él  no  vera  realizada  elevar  en  Buenos  Aires  el 
hombre  de  pensamiento  y  de  carácter,  capaz  de  rea- 
lizar allí  la  idea  de  la  revolución  de  Ma)o  la  libre 
intervención  de  I09  pueblos  en  la  solución  de  sus  des- 
tinos, la  democracia  En  el  Manifiesto  que  hemos  re- 
cordado, dice  el  héroe  "Son  tantos  los  trabajos  que 
aún  tenemos  que  afrontar  para  libertar  la  Patria,  que 
no  podemos  inspiramos  en  otra  ambición  que  la  de. 
merecer  las  bendiciones  de  la  posteridad'' 

Para  daros  cuenta  de  esa  claridad  de  visión  del 
hombre  oriental,  es  conveniente,  mis  amigos,  que  co- 
nozcáis la  forma  en  que  hace  conocer  la  caída  de  Al- 
vear  al  Cabildo  de  Montevideo,  análoga  a  la  que 
emplea  con  las  demás  provincias  la  del  Paraguay  in- 
clusive Fl,  personalmente,  puede  estar  muy  satisfe 
cho,  ha  sido  objeto  de  protestas  de  apasionada  adhe 
sión  por  parte  de  Buenos  Aires,  el  Cabildo  que,  días 
antes,  el  5  de  abril,  había  sido  forzado  por  Alvear, 
•o  pena  de  mandar  fusilar  300  personas  como  fue. 
ahorcado  Übeda,  a  dictar  un  bando  infamante  contra 
Artigas,  hizo  quemar  el  inocente  bando  en  la  plaza 


[1MJ 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


de  la  Victona  por  manos  del  verdugo  Fue  una  escena 
muy  curiosa,  sin  duda  alguna  dieron  fe  del  acto  el 
alguacil  mayor  y  el  escribano,  las  tropas  formaron 
cuadro  en  torno  de  la  hoguera  vindicadora,  el  Direc- 
tor Supremo  solemnizaba  el  auto  de  fe  desde  las  ga- 
lerías del  Cabildo  Fue  cosa  realmente  interesante, 
algo  así  como  lo  que  había  hecho  Posadas  con  la 
sentencia  de  muerte  de  Artigas,  que,  según  lo  recor- 
daréis, también  en  estupenda  forma  revoco,  declarando 
a  Artigas  "buen  servidor  de  la  Patria"  El  Cabildo 
encargó  a  Londres  una  cincelada  espada,  para  obse- 
quiar, con  una  más  entre  vanas,  al  Jefe  de  los  Orien- 
tales, el  bando  difamatorio  de  Alvear  se  sustituyó  por 
uno  nuevo,  largo,  bombástico,  insípido,  como  casi  lo- 
dos los  documentos  de  aquella  época  de  retóricas  cam- 
panudas en  América  —  "Ciudadanos,  decía  al  pue- 
blo de  Buenos  Aires  libres  vuestros  representantes  del 
duro  despotismo  que  tan  gloriosamente  acaba  de  des- 
tronar, es  un  deber  suyo  reparar  los  excesos  a  que  lo 
arrastró  su  escandalosa  opresión  Empeñada  la  tira- 
nía en  alarmar  al  pueblo  contra  el  que  inicuamente 
suponía  invasor  injusto  de  nuestras  provincias,  precisó 
con  amenazas  a  esta  corporación  a  autorizar  con  su 
firma  la  infame  proclama  del  5  del  corriente  Ella  no 
es  más  que  un  tejido  de  imputaciones,  las  más  execra- 
bles, contra  el  ilustre  y  benemérito  Jefe  de  los  Orien- 
tales don  Jobó  Artigas  Sólo  vuestros  representantes 
saben  con  cuánto  pesar  dieron  un  paso  que  tanto  ul 
traja  el  mérito  de  aquel  héroe  y  la  pureza  de  sus 
intenciones" 

Así  sigue  la  proclama,  y  termina.  "Ciudadanos  de- 
poned vuestros  recelos,  vuestros  verdaderos  intereses 
son  el  objeto  de  los  desvelos  de  vuestro  Ayuntamiento, 
y,  para  afianzarlos,  procede  de  acuerdo  con  el  Jefe 


[1951 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


de  los  Orientales,  la  rectitud  de  intención  de  este  in- 
victo general  es  tan  notoria,  y  la  ha  acreditado  de 
una  manera  tal,  que  no  puede  dudar  de  ella",  etc  ,  etc 

l  Invicto  General,  ilustre  y  benemérito  Jefe,  héroe 
purísimo1  .  Palabras,  palabras,  palabras,  que  nos 
tienen  muy  sin  cuidado 

Convengamos,  mis  amigos,  en  que  todo  esto  es  tris- 
te, no  os  lo  cito,  por  cierto,  para  gloria  de  Artigas, 
pues  él  era  el  primero  en  desdeñarlo,  como  todo  lo 
de  su  especie 

Mirad,  pues  en  qué  téi  minos  hacía  éste  saber  el 
suceso  al  Cabildo  de  Montevideo  "Me  es  muy  satis- 
factorio comunicar  a  V  S  que  los  opresores  de  Bue- 
nos Aires  han  sido  derribados  La  pretendida  Asam- 
blea General  Constituyente  fue  disuelta  por  sí  misma, 
y  el  general  Alvear  destinado  a  bordo  de  una  fragata 
de  su  Majestad  Británica,  heridos  todos  por  la  indig- 
nación del  pueblo  En  la  Municipalidad  se  halla  re- 
fundido el  Gobierno  de  aquella  provincia  V  S  hallará 
en  tan  afortunado  suceso  el  triunfo  de  la  justicia 
pública  y  el  resultado  de  nuestros  constantes  esfuerzos 
por  conservarla  inviolable  Mis  combinaciones  han  te- 
nido una  ejecución  acertadísima,  y  espero  que  el  res- 
tablecimiento de  la  tranquilidad  general  aparecerá  muy 
pronto  Yo  ya  he  repasado  el  Paraná,  y  circulado  las 
órdenes  precisas  para  que  hagan  lo  mismo  las  fuer- 
zas que  había  hecho  avanzar  desde  la  ribera  occiden- 
tal Sm  embargo,  por  ahora  es  preciso  limitarnos  a 
eso  sólo,  por  cuanto  aún  no  se  ha  formalizado  tratado 
alguno  que  fije  la  paz,  yo  no  perderé  instante  en  co- 
municar a  V.  S  cuando,  llegue  el  momento  de  sellarla, 
y  mientras  tanto,  tenga  V  S  la  dignación  de  acom- 
pañar mis  votos,  reuniendo  a  esos  dignos  ciudadanos 
en  turno  del  santuario,  a  consagrar  el  presente  suce- 


[1B6J 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


so,  que  agrega  un  laurel  más  a  la  brillante  corona  de 
nuestros  afanes  y  desvelos". 

Observad,  amigos  míos,  que  Artigas,  vencedor,  no 
penetra  en  Buenos  Aires  a  recoger  las  aclamaciones 
de  que  es  objeto,  ni  a  imponer  su  voluntad  auxilia  al 
pueblo  que  lo  llama,  y  se  retira,  dejándolo  dueño  de 
bi  mismo ,  lo  protege,  pero  no  lo  sustituye,  no  quiere 
sustituirlo,  no  entra  en  Buenos  Aires,  como  no  entró 
en  Montevideo  m  en  Córdoba,  no  quiere  ser  Director 
Supremo  o  Gobernador  de  ínsula  alguna,  que  para 
eso  están  los  escuderos  andantes  £1  es  sólo  la  fuerza 
vital  ordenadora,  la  vida  hará  su  obra  por  sí  misma 

Notemos,  pues,  lo  que  dice  Artigas  al  Cabildo  de 
Montevideo,  notémoslo  bien  "Aun  no  se  ka  forma- 
lizado tratado  alguno  que  fije  la  paz",  es  decir,  nada 
hemos  hecho,  mientras  no  hagamos  una  verdad  del 
evangelio  republicano  del  año  13  la  autonomía  del 
Estado  Oriental,  y  la  alianza  de  este,  en  pro  del  co- 
mún propósito,  con  los  demás  estados  hermanos,  due- 
ños de  ai  mismos,  Buenos  Aires  inclusive 

Llega  con  este  motivo  el  momento,  amigos  artistas, 
de  que  penetremos  en  lo  hondo  de  las  intuiciones  de 
Artigas,  pues  comienza  s>u  apogeo,  vamos  a  ver  qué 
es  lo  que  él  combatía,  qué  es  lo  que  él  ha  deiribado 
en  Alvear,  y  su  asamblea  y  su  maquina  política 

Conoceremos  de  cerca  ese  espíritu-legión  que  apa- 
rece en  nuestra  hi9tona  frente  al  héroe  personal 

Alvear,  el  protagonista  de  todo  aquello,  huye  de 
Buenos  Aires,  y,  no  bien  arriba  a  Río  Janeiro,  corre 
en  busca  del  Encargado  de  Negocios  de  España,  don 
Andrés  ViUalba,  y  le  ofrece,  como  antes  lo  había  he- 
cho al  representante  de  Inglaterra,  la  entrega  de  estas 
provincias  a  su  solo  dueño  el  rey  Fernando  Hugo  Bar- 
bagelata  es  quien  acaba  de  dar,  en  el  Archivo  Hi&tó- 


[107] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


neo  de  Madrid,  con  el  original  de  los  papeles,  en  que 
el  Antiartigas  se  nos  revela  en  toda  su  deformidad, 
los  ha  publicado  en  su  inteiesante  libro  Artigas  y  la 
Revolución  americana  Yo  os  ofrezco  esos  papeles  en 
copia  fotográfica  de  los  originales,  porque  Alvear,  allá 
en  1818,  desmintió  su  autenticidad  No,  ellos  son  tan 
auténticos  como  la  capitulación  de  Montevideo,  tam- 
bién desmentida  por  aquél,  tan  auténticos  como  ella, 
desgraciadamente  Aquí  lo»  tenéis,  pues,  ved  la  nota 
de  Villalba  a  su  superior,  don  Pedio  de  Ceballos,  es 
de  26  de  jumo  de  1815  Villalba  nana  en  ella  la=  rei- 
teradas visitas  que  le  ha  hecho  Alvear,  las  íazones 
que  ha  tenido  para  recibir  benignamente  a  ese  sujeto, 
que  fue  Director  de  Buenos  Aires,  a  pesar  de  las  in- 
sinuaciones portuguesas  tendentes  a  que  pidiera  su  pri- 
sión, las  revelaciones  de  secretos  de  estado  sobre  las 
miras  de  Portugal  y  de  Inglaterra  que  el  tal  sujeto  le 
ha  hecho,  y  remite  a  España,  poi  fin,  una  Relación 
de  la  fuerza  de  línea  que  tienen  las  Provincias  Unidas 
del  Río  de  la  Plata,  que  están  en  insurrección,  docu- 
mento que,  personalmente  y  suscrito  por  él  le  ha  con- 
fiado el  Director  fugitivo,  como  prenda  de  su  entrega 
y  la  de  los  suyos 

Detalladísima,  por  cierto,  y  de  mano  esperta  es 
esa  Relación,  en  ella  se  denuncian  las  fuerzas  de  linea 
y  las  milicias  con  que  cuenta  Buenos  Aires,  las  que 
están  en  Mendoza,  al  mando  de  San  Martin,  las  que, 
a  las  órdenes  de  Rondeau,  operan  en  el  Perú,  lo  mis- 
mo que  las  de  Guemes,  las  de  la  Banda  Oriental  y 
Entremos,  por  fin,  cuyo  jefe  es  don  José  Artigas, 
con  las  divisiones  de  Otorgues  Rivera,  Ojeda,  Basual- 
do  Todo  esta  bien  detallado  soldados  de  cada  cuerpo, 
armas,  municiones,  recursos,  estado  de  animo  de  los 
diversos  pueblos,  todo  con  indicaciones  útiles  para 


[188] 


LA  EPOPEYA  DB  ARTIGAS 


apreciar  los  puntos  vulnerables  Se  hace  advertir  allí, 
por  ejemplo,  que  los  pueblos  de  la  Banda  Oriental  y 
Entremos,  los  más  entusiastas  revolucionarios,  se  agru- 
parán casi  unánimes  en  torno  de  Artigas,  en  caso  de 
invasión,  que  esas  tropas  "son  valientes  y  de  una 
constancia  admirable",  pero  no  tienen  disciplina,  según 
el  informante,  se  denuncia  lo  que  produce  la  fabrica 
de  pólvora  que  hay  en  Córdoba  poco  activa  por  la 
escasez  de  salitre;  la  de  fusiles  que  existe  en  Buenos 
Aires,  etc ,  etc 

¡Y  el  Memorial,  por  fin'  jEl  doloroso  Memorial 
del  enemigo  de  Artigas'  Está  suscrito  "Carlos  de  AL 
vear",  y  comienza  así 

"Señor  Encargado  de  Negocios  de  S  M.  C 

"Es  muy  sensible  a  un  español  que  ha  nacido  con 
honor,  y  que  procuró  acreditarlo  entre  los  gloriosos 
defensores  de  la  nación,  presentarse  ahora  a  \  indicar 
su  conducta  en  actitud  de  delincuente,  y  con  las  som- 
bras de  rebelde  y  enemigo  de  su  Rev  Yo  me  habría 
ido  lejos  de  los  hombres,  a  ocultar  mi  vergüenza,  si 
no  conservase  una  esperanza  de  hacer  disculpables  mis 
procedimientos,  o  si  conociera  menos  la  clemencia  del 
Soberano  y  la  indulgencia  de  sus  ministros,  enseñados 
en  la  escuela  de  las  desgracias  La  buena  acogida  que 
he  merecido  a  V  S  y  las  relaciones  que  antes  de  mi 
salida  de  Buenos  Aires  empecé  a  tener  con  la  Lega- 
ción de  S  M  C  en  esta  corte,  me  animan  a  hacer  la 
exposición  de  mis  operaciones,  para  que,  elevándola 
V  S  al  Rey  Nuestro  Señor,  se  digne  recomendarme 
a  su  Soberana  piedad" 

Recuerda  entonces  Alvear  sus  servicio»  en  España, 
y  expone  la  necesidad  en  que  se  vio  de  trasladarse  a 
Buenos  Aires  en  1812,  donde  lo  reclamaban  sus  cuan- 


[199] 


JUAN  ZORRILLA  DI  SAN  MARTIN 


tiosos  intereses  Una  vez  aquí,  no  pudo,  sin  exponer 
su  vida,  dejar  de  aparentar  su  adhesión  a  loa  insu- 
rrectos, "animado  de  la  esperanza  de  rectificar  algún 
día  las  ideas  que  alimentaba  el  fanatismo  de  la  mul- 
titud" Bien  pudo  hacer  eso  "sin  que  estuviera  en 
contradicción  con  el  honor  v  la  justicia",  porque  las 
Cortes  españolas,  "apoderándose  de  la  soberanía,  y 
publicando  con  ruidoso  aparato  todos  los  dogmas  de 
la  democracia  mas  exaltada,  us-urparon  su  autoridad 
al  Rey,  solo  legítimo  soberano  e  inficionaron  con 
ellos  estos  pueblos'1. 

Alvear  dice  que  él,  poi  el  contrano,  pensó  y  obró 
de  acuerdo  )  en  servicio  de  su  Rey  absoluto,  que  pro* 
redió  en  odio  a  las  doctrinas  con  que  los  escritores 
"habían  envenenado  los  espíritus,  con  una  dosis  des- 
medida de  liberalidad  y  filosofismo  "  "La  Majes- 
tad del  Trono,  dice,  y  la  soberanía  del  Rey,  que,  apo- 
yada en  la  religión,  podía  solamente  calmar  las  con- 
cisiones de  un  pueblo  agitado,  estaba  minada  por 
aquellas  doctrinas  y  desvanecida  la  saludable  opinión 
que,  fortificada  por  sus  ejemplos,  habíamos  recibido 
de  nuestros  mayores"  "Agregúeme,  pues,  continúa  el 
procer  antiartiguista  americano,  agregúeme  al  partido 
de  los  que  eran  conocidos  por  más  vehementes  y  aca- 
lorados, con  el  objeto  de  adquirirme  un  crédito  ele- 
vado de  patriota,  y  de  tomar  ascendiente  sobre  los 
que  suponía  mas  capaces  de  una  oposición  sostenida  a 
la  ideas  de  conciliación"  Y,  una  vez  arriba,  todo 
cuanto  hizo  no  tuvo  más  objeto  que  hacer  retornar 
todo  aquello  "del  gobierno  popular  al  de  uno  solo" 
"Don  Manuel  José  García,  dice  Alvear,  que  esta  aquí, 
y  a  quien  elegí  por  tus  notonoi  principios  politicoi, 
y  que  estuvo  en  el  secreto  de  mis  ideas  y  fue  mi  agente, 
podría  informar  a  V  S  menudamente  de  los  traba- 


[200] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


jos  que  fueron  necesarios  para  llegar  al  término  de- 
seado"; también  le  recuerda  la  intervención  de  S arra- 
tea y  su  viaje  a  Inglaterra  en  prosecución  de  aquel 
objeto 

Hasta  que  se  supo,  por  fin,  con  indecible  alegría, 
la  restitución  del  amado  Fernando  VII  al  seno  de  sus 
vasallos  Y  entonces  se  creyó  posible  aventurarse  a 
un  paso  decisivo  que  pusiese  término  a  esta  maldita 
revolución"  Con  ese  objeto  se  mandaron,  como  dipu- 
tados ante  Su  Majestad,  a  don  Bernardino  Rivadavia 
y  don  Manuel  Belgrano,  con  ordenes  de  tocai  en  esta 
Corte,  se  despacharon  pliegos  a  los  generales  Pezuela 
y  Osorio,  etc,  etc 

"'Pero  había  quienes  no  querían  que  el  país  volviese 
a  su  antigua  tranquilidad,  continua  AHear,  y  ese 
ejemplo,  apoyado  por  la  conducta  de  don  José  írtigas 
en  la  Banda  Oriental,  iba  a  alejar  toda  esperanza  de 
orden  y  de  subordinación  a  la  legítima  autoridad" 
Entonces,  dice  por  fin,  fue  cuando  creyó  necesario 
aceptar  el  mando  supremo  Y  puso  jefes  de  su  con- 
fianza en  los  regimientos,  dio  ordenes  para  la  forma- 
ción de  un  cuerpo  de  soldados  españoles,  que  encargó 
al  coronel  García,  "español  de  toda  mi  confianza,  etc  " 

"Y  por  eso  he  caído,  concluye  Alvear  su  larguísimo 
Memorial,  que  apenas  os  extracto,  por  eso  he  sido 
víctima  porque  mi  decidido  conato  ha  sido  el  de  vol- 
ver estos  países  a  la  dominación  de  un  Soberano  que 
solamente  puede  hacerlos  felices  Por  eso  yo,  con  mi 
familia,  así  como  otros  compañeros  de  desgracia,  no 
hemos  trepidado  en  presentarnos  voluntariamente  a 
V  S ,  y  permanecemos  bajo  su  protección  y  la  de  Su 
Alteza  Real. 

"V.  S.  está  en  disposición  de  interrogar  personal- 
mente a  muchos  individuos  que,  habiendo  tenido  parte 


[201] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


en  la  dirección  de  mis  planes,  son  actualmente  vícti- 
mas del  furor  de  la  revolución  insensata  que,  con  mo- 
tivo de  ellos,  acaba  de  suceder  en  Buenos  Aires" 

Allí  estaban,  efectivamente,  en  Rio  Janeiro,  Gaicia, 
que  ya  prepara  la  invasión  portuguesa  contra  Artigas; 
Herrera,  ministro  de  Alvear,  que  \endrá  como  secre- 
tario del  invasor,  y  que  es,  sin  duda,  el  redactor  del 
Memorial  de  Alvear,  y  otroa  miembros  de  aquel  sinies- 
tro organismo 

Y  concluye  el  documento 

"A  lo  menos  espero  que,  considerándome  como  un 
vasallo  que  sinceramente  reclama  la  giacia  de  su  So- 
berano, y  esta  dispuesto  a  merecerla  se  sirva  recomen- 
darme a  Su  Majestad,  ante  quien  me  presentaré,  lue- 
go que  halle  seguro  transporte  para  mi  persona  y  fa 
miba 

"Rio  Janeiro,  23  de  agosto  de  1815 

Carlos  de  Alvear". 

No  es  ante  ese  soberano,  sino  ante  la  Historia,  el 
solo  soberano  de  los  hombres  historíeos,  ante  quien 
debiera  reclamar  alguna  piedad  esa  doliente  sombra, 
os  conjuro  a  que  me  creáis,  amigos  míos,  cuando  os 
digo  que,  con  angustias  en  el  corazón,  he  sentido  el 
impulso  de  acordársela,  pero  la  otra  sombra,  la  de 
Artigas,  tan  calumniado,  y  tan  a  mansalva,  me  marca 
con  el  dedo  esos  documentos  \  indicadores  Tengo  que 
obedecerla  ahí  tiene  la  historia  de  Aménca  esos  pa- 
peles desenterrados  que  parecen  espectros  en  demanda 
del  honor  de  Artigas 

Quisiera  haceros  notar,  siquiera  de  paso,  que  la  ac- 
titud de  Alvear  coincide  casi  literalmente  con  la  de 
Otorgues,  el  caudillo  gaucho  que  sueña  con  ser  mar- 


[202] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


qués  El  Memorial  del  primero,  del  joven  patricio,  pa- 
rece calcado  en  la  Exposición  o  Credencial  con  que 
el  segundo,  el  tortuoso  deudo  de  Artigas,  acredita  sus 
embajadores,  también  Otorgués,  agente  de  orden  y 
civilización,  dice  allí,  como  recordaréis,  que  la  cauti- 
vidad del  monarca  a  quien  pertenecen  estos  dominios 
era  un  torrente  de  desorden ,  que  todo  desapareció  con 
su  regreso  al  trono,  que  él,  como  Alvear,  es  vasallo 
de  ese  rey  cuyas  desgracias  fenecieron,  etc  etc 

Todo  eso,  la  fusión  de  los  Alvear  y  los  Otorgués, 
que  después  se  llamarán  López  Ramírez,  etc ,  forman, 
pues,  la  Legión,  el  Antiartigas 

Y  ved  al  Artigas  del  otro  lado,  en  el  otro  extremo 
es  José  Artigas  de  carne  y  hueso,  solo  No,  no  solo 
con  todos  I09  pueblos  argentinos,  todos,  desde  Buenos 
Aires  y  Montevideo  hasta  Jujuy  y  las  Misiones,  que 
conserva  y  educa,  él  es  el  depositario  de  su  espíritu, 
su  verbo,  su  forma  heroica  Y  sera,  con  su  Patria 
Oriental,  el  holocausto  ofrecido  a  su  redención  Era 
entonces,  precisamente,  mientras  aquellos  hombres  se 
refugiaban  en  la  piedad  del  monarca,  cuando  aquel 
bárbaro  de  bronce  devolvía  a  Pezuela  sus  embajado- 
res, con  la  noticia  de  que  él  jamas  había  pensado  en 
defender  a  su  Rey,  al  de  Pezuela 

¿Comprenderán  al  héroe  Alvar ez  Thomás  y  los  hom- 
bres políticos  que  con  él  predominan?  ¿Lo  aceptarán, 
sobre  todo,  reconociendo,  de  acuerdo  con  Artigas,  que 
Buenos  Aires  es  una  provincia  autónoma  como  las  de- 
más, obligada,  como  las  otras,  a  la  unión,  pero  tam- 
bién al  recíproco  respeto,  es  decir,  lo  que  hoy  existe9 

iVana  ilusión'  Todos  aquellos  hombres,  cual 
más  cual  menos,  son  la  ingénita  negación  de  Artigas 
Álvarez  Thomás  es  tan  enemigo  de  éste  como  Alvear 
y  Posadas  y  los  otros  En  Buenos  Aires  se  ha  realizado 


[203] 


.TOAN  ZORRILLA  DE  SAI»  MARTIN 


una  revolución  política,  pero  no  una  transformación 
social  ha  habido  allí  sólo  un  cambio  de  hombres 
dentro  del  elemento  exótico,  que  asi  puede  aceptar  la 
posibilidad  de  hacer  del  pueblo  aie;entino  una  nueva 
y  glonosa  nación,  como  creer  en  los  milagros  de 
Mahoma  No  hay  más  hogar,  para  esa  fe  germinal, 
que  la  mente  profética  de  Artigas 

Por  lo  pronto,  úrgeme  mucho  haceros  conocer  el 
concepto  que  del  jefe  de  los  Orientales  se  han  forma- 
do sus  actuales  aliados  bonaerenses»  ¿Sabéis  lo  que 
ofrecen  a  ese  hombre  Artigas,  que  -vais  a  conocer  co- 
mo el  más  generoso  v  más  humano  de  los  héroes  que 
labraron  la  independencia  americana,  para  congra- 
ciarse con  él  y  demostrarle  que  conocen  y  aprecian 
su  carácter''*  No  lo  podréis  conjeturar  si  \ o  no  os  lo 
digo  Le  dan  parte  en  las  venganzas  de  que  ellos  go 
zan,  le  envían,  cargados  de  grillos,  v  con  el  proceso 
preparado,  a  siete  de  los  jefes  vencidos,  escogidos  en- 
tre los  que  más  se  han  señalado  como  enemigos  de 
Artigas  siete  hombres  vivos  Ese  envío  forma  parte 
de  la  comisión  o  diputación  que  para  formalizar  el 
tratado  que  fije  la  paz,  como  dice  Artigas,  acredita 
ante  esté  el  bando  triunfante  en  Buenos  Aires,  y  que 
está  constituida  por  los  señores  Pico  y  Rivarola  Re- 
cordaréis que  Lairañaga,  miembro  de  la  diputación 
enviada  por  Montevideo,  se  encontró  con  aquella  de 
Buenos  Aires,  y  con  los  engrillados  en  Paysandú, 
donde  el  caudillo  los  recibe  La  elección  de  prisione- 
ros ha  sido  bien  hecha,  al  parecer  El  envío,  pongo 
por  caso,  del  coronel  don  Ventura  Vázquez  que  va 
entre  los  siete  engrillados,  es  inteligente  Este  Vázquez 
no  e3  otro  que  el  patricio  aquel  que  traicionando  una 
vieja  amistad  íntima,  había  desertado  de  las  filas  de 
Artigas,  con  el  escuadrón  que  éste  había  confiado  a 


[204] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


su  lealtad  en  el  Ayui;  es  aquel  cuya  traición  había 
llegado  a  conmover  al  héroe,  según  nos  lo  dice  el  co- 
ronel Cáceres,  hasta  arrancarle  lagrimas 

Ahora  veamos  lo  que  proponen  al  libertador,  como 
base  de  pacificación,  y  para  demostrarle  que  penetran 
su  recóndito  pensamiento  y  sus  ambiciones  Le  ofre- 
cen el  reconocimiento,  por  Buenos  Airea,  de  la  abso- 
luta independencia  de  la  Provincia  Oriental,  de  que 
él  es  jefe  indiscutido  El  menos  avisado  puede  perci- 
bir que  esa  independencia  que  se  ofrece  a  Artigas  no 
puede  ser  la  de  los  dueños  europeos,  que  Buenos  Ai- 
res mismo  no  tiene  asegurada  para  sí,  ni  ha  declarado 
ante  los  demás  pueblos,  ni  siquiera  es  la  independen- 
cia que  se  reconoció  al  Paraguay,  en  1810,  impuesta 
por  los  desastres  de  Belgrano,  \  que  coexistió  con  un 
pacto  de  federación  de  ambos  estados  Independencia, 
en  el  presente  caso,  solo  quiere  decir  disolución  de 
la  alianza  necesaria  del  Estado  Oriental  con  los  de- 
mas  estados,  es  decir,  la  soledad,  lo  que  hubiera  cau- 
sado la  pérdida  de  todas  las  naciones  de  América  de 
Chile,  del  Perú,  de  Colombia,  lo  que  espera  Portu- 
gal, precisamente,  para  caer  sobre  el  territorio  que  am- 
biciona en  el  Plata  Imaginemos,  por  un  momento,  que 
esa  propuesta  es  hecha  por  Buenos  Aires  a  Chile,  por 
ejemplo,  o  vice-versa,  que  el  uno  propone  al  otro  re- 
conocer su  independencia  Y  pensemos  en  la  contesta 
ción  que  hubiera  recibido  el  proponente  Así  nos  da 
remos  cuenta  exacta  de  lo  que  la  tal  propuesta  entra- 
ñaba, hecha  al  Jefe  de  los  Orientales 

jY  no  ha  faltado  quien  haya  creído  que  esa  base 
de  pacificación  pudo,  y  hasta  debió  ser  aceptada  en 
aquel  momento1  Artigas  debió  encerrarse  en  su  tierra, 
darse  por  independiente  porque  Buenos  Aires  lo  reco- 
nocía como  tal,  gozar  de  su  triunfo  por  el  tiempo  que 


[205] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


éste  pudiera  prolongarse,  y  abandonar  los  demás  pue- 
blos argentinos  al  predominio  absoluto  de  la  comuna 
porteña,  que  gestionaba  la  monarquía  en  Europa  v  la 
entrega  de  la  Banda  Oriental  al  re\  portugués 

Yo  me  imagino,  amigos  míos,  la  amargura  de  aquel 
hombre  Artigas  al  ver  asi  desconocido  su  magnánimo 
carácter  >,  sobre  todo,  al  \er  que  su  pensamiento  era 
hasta  ese  punto  inaccesible  a  los  demás  hombres  No, 
Artigas  no  tino  el  ofrecimiento  a  gran  fa-vor,  ni  mu- 
cho menos 

Quiero  que  oa  detengáis  a  mirarlo  un  rato  en  ese 
instante  de  melancólica  tristeza,  es  también  un  mo 
mentó  marmóreo  Artigas  se  nos  ofrece,  como  el  Moi- 
sés de  Alfredo  de  Vigny,  en\  uelto  en  su  nube,  solo . 

Triste  el  seul  dans  ma  gloire 

No  lo  comprenden,  ni  lo  comprenderán,  Artigas 
jamás  buscó  riqueza  ni  predominio  personal,  mucho 
menos  venganza 

Quiero  que  nos  detengamos,  un  rato  al  menos,  mis 
amigos,  en  este  rasgo,  el  mas  amable  acaso,  de  su 
carácter   en  su  vida  afectiva,  en  su  humanidad 

IV 

No  existe,  en  la  historia  de  la  guerra,  un  soldado 
mas  caballeresco,  ni  un  vencedor  mas  clemente  que 
el  fundador  de  la  República  Oriental  del  Uruguay 

El  coronel  Caceres,  enemigo  de  Artigas,  nos  dice  en 
sus  Memorias  "En  fin,  Artigas  era  hombre  de  bien, 
patriota  y  desinteresado,  era  hombre  muy  humano, 
y,  si  no  constitu)  ó  su  país,  fue  porque  no  tuvo  tiempo, 
pues  incesantemente  estuvo  ocupado  en  la  guerra  que 
le  promovían  los  de  Buenos  Aires" 


[206] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Un  varón  ilustre,  que  leñemos  en  nuestra  historia 
como  tipo  de  honestidad,  y  que  conoceréis  más  ade- 
lante, don  Joaquín  Suárez,  nos  ha  dicho  en  sus  apun- 
tes autobiográficos  "El  general  Artigas  ha  sido  el 
primer  patriota  oriental,  fue  un  amigo  a  quien  hice 
mis  observaciones,  puedo  decir  que  he  sido  el  único 
a  quien  él  ha  oído  Si  cometió  algunos  errores,  no  ha 
sido  por  ambición  miserable,  sino  por  lltgar  a  ver  a 
su  patria  independiente  En  ese  sentido,  ha  obrado 
siempre  como  hombre  honrado  Jamas  faltó  a  su  pa- 
labra No  era  sanguinario,  y  sí  muy  sensible  con  los 
desgraciados" 

Eso  que  dice  Joaquín  Suárez,  con  su  ingenuidad 
de  hombre  limpio  de  corazón,  es,  para  nosotros,  la 
verdad,  por  el  solo  hecho  de  decirlo  el  Suárez  nunca 
dijo  sino  la  verdad  Y  nadie  mejor  que  el  conoció  a 
Artigas  Y  el  retrato  de  Artigas  era  el  único  que  de- 
coraba los  muros  de  su  dormitorio  cuando  murió 
Nada  es,  sin  embargo,  su  testimonio,  y  el  de  muchos 
otros  concordantes,  Guerra,  Larrañaga,  Robertson,  etc  , 
sobre  la  humanidad  del  esforzado  caudillo,  al  lado  de 
la  convicción  que  uno  mismo  se  forma,  en  el  estudio 
de  su  vida  y  de  su  muerte,  de  su  carácter  >  de  sus 
hechos  Sorprende,  yo  os  lo  aseguro,  la  imposibilidad 
en  que  se  han  \isto  los  detractores1  de  ese  hombre  bue- 
no, cuando  han  buscado  con  afanoso  empeño  un  caso 
concreto,  uno  solo,  de  crueldad,  que  echarle  en  cara. 
Lo  natural  hubiera  sido  encontrarlos,  sin  embargo 
Que  no  es  frecuente  la  coexistencia  del  valor  guerrero 
y  la  piedad 

Lo  sabe  todo  el  mundo  las  entrañas  de  la  guerra, 
si  es  que  las  tiene,  son  demasiado  frías,  para  engen- 
drar corazones  abrigados,  su  símbolo  es  la  Palas  Ate-_ 
nea,  ceñida  de  su  casco  de  oro,  y  con  la  cabeza  cor- 


[207] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


rada  de  la  Gorgona  en  el  centro  del  escudo  No  tiene 
sexo,  concibe  em  amor,  pare  sin  dolor  Su  hija  pn 
mogemta  es  de  mármol,  diosa  inmortal  Se  llama  Glo- 
ria Y  es  hermana  de  la  muerte 

Et  je  marche  effare  des  cnmes  de  \a  gloire1,  dice 
Víctor  Hugo 

L03  crímenes  no  dejan  de  ser  crímenes  por  ser  la 
gloria  quien  los  comete,  la  humanidad,  deslumbrada 
al  principio,  los  calla,  pero  no  los  absuelve  Y,  tarde 
o  temprano,  también  la  joven  marmórea  diosa  com- 
parece despojada  de  su  casco  de  oro,  ante  la  justicia 

lamáis  Vodeur  des  morís  u'attire  les  hons 

Nada  de  extraordinario  hubiera  sido,  nada  de  ex- 
traordinario, hallar  manchas  de  sangre  en  la  memo- 
ria de  Artigas  La  guerra  americana  no  fue,  ni  pudo 
ser,  una  excepción  en  la  historia  de  la  guerra  En 
la  región  del  Norte,  sobre  todo,  en  la  de  Bolívar,  las 
inmolaciones  sangrientas  hacen  volver  la  cabeza  Los 
generales  españoles  juzgan  que  solo  hay  un  medio  de 
triunfar  de  los  rebeldes'  el  exterminio,  la  repoblación 
Los  nombres  de  Boves,  de  Monteverde  de  Yáñez,  de- 
ben incluirse  entre  los  de  la  fauna  i  armcera 

Siniestras  fueron  las  represalias  de  Bolívai  De- 
claró la  guerra  a  muerte  jEsos  ochocientos  rehenes 
fusilados  en  una  hora' 

Uno,  dos,  diez  centenares  de  mujeres,  y  de  viejos, 
V  de  niños,  son  inmolados  una  y  diez  veces 

Oíd  este  toque  lúgubre  de  campana  mortal  Es  una 
proclama  del  gran  libertador,  exacerbado  por  una  in- 
molación de  sus  hombres  y  de  sus  viejos  >  de  sus  mu- 
jeres, de  todo  su  pueblo,  consumada  por  el  enemigo 


[208  ] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


"i Españoles  Contad  con  la  muerte,  aun  siendo  indi- 
ferentes' j  Americanos.  Contad  con  la  vida,  aun  cuan- 
do seáis  culpables  I" 

Creo  que  con  eso  tenéis  bastante,  para  juzgar  de 
aquellos  lívidos  espantos  Pasemos  rápidamente  sobre 
esos  recuerdos,  pasemos  rápidamente 

La  guerra  no  fue  de  esa  ferocidad  en  el  Río  de  la 
Plata  Las  circunstancias  fueron  menos  premiosas, 
Buenos  Aires  no  oyó  jamas  un  tiro  español,  como  al- 
guna vez  os  lo  hice  notar  No  fue  allí,  sin  embargo, 
donde  halló  Artigas  el  ejemplo  de  sus  clemencias 
Conocéis  el  Plan  de  operaciones  aconsejado  por  Ma- 
riano Moreno  a  la  primera  Junta,  y,  lo  que  es  más 
auténtico,  lo  habéis  visto  llevado  a  la  práctica,  sabéis 
bien  cómo  fueron  sacrificados  Lmiers  y  sus  compa- 
ñeros, al  iniciarse  la  revolución  de  Majo,  la  primera 
victoria  de  la  patria  argentina,  Smpacha,  tiene  el  es- 
tigma doloroso  de  la  sangre  de  los  jefes  vencidos, 
que  habéis  visto  fusilar,  de  acuerdo  con  instrucciones 
expresas  de  la  Junta,  en  Potosí,  en  1812,  un  terror 
espantoso  recorre  las  calles  de  Buenos  Aires  un  es- 
pañol, don  Martín  de  Alzaga,  el  defensor  de  la  ciudad 
contra  los  ingleses,  ha  fraguado  una  inicua  conspi- 
ración, los  conjurados  pagan  con  la  vida  la  frustrada 
tentativa,  durante  muchos  días  sus  cadáveres  cuelgan 
en  las  plazas  públicas,  los  procesos  cabalgan  en  las 
furias  aladas;  el  terror  es  tal,  que  los  españoles  se 
apresuran  a  vincularse  por  matrimonio  a  familias  del 
país,  para  hacer  olvidar  el  delito  de  serlo,  Rivadavia, 
que  muy  pronto  gestionará  la  reconciliación  con  Es- 
paña, preside  todo  eso  Si  queréis  recordar  ahora  la 
sentencia  de  Posadas,  que  paga  seis  mil  pesos  por 
la  cabeza  de  Artigas,  y  sus  instrucciones  para  la  cam- 
pana del  Guayabo,  podéis  hacerlo,  pues  las  conocéis, 


[209] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


y  el  recuerdo  es  oportuno  Y  cuando  conozcáis  en  sus 
detalles  la  muerte,  en  Mendoza,  de  José  Miguel  Ca- 
rrera y  sus  hermanos,  veréis  sangre  de  héroes  salpi- 
car las  manos  de  otros  héroes,  cujos  nombres  no  pro- 
nunciaremos aquí  Y  si  os  n airaran  la  muerte,  en  las 
calles  o  en  el  patíbulo,  de  los  prisioneros  españoles 
confinados  en  San  Luis  (Carretero,  Ordóñez,  Primo 
de  Rivera,  Morgado,  Berganza,  etc  ),  que  son  sorpren- 
didos en  una  imprudente  y  criminal  tentativa  de  eva- 
sión, sentiríais  ineutable  escalofrío  ante  la  sangre  de 
aquellos  valientes  desgraciados  La  figura  dolorosa, 
sobre  todo,  de  un  oficial  adolescente  casi  un  niño, 
que,  loco  de  terror,  es  obligado  a  renegar  de  su  nom- 
bre y  de  su  patria,  a  trueque  de  conservar  la  vida, 
inspira  gran  piedad  Y  en  la  cara  frígida,  siniestra,  de 
don  Bernardo  de  Monteagudo,  especie  de  Robespie- 
rre  o  de  Marat  patriota,  que  incita  y  precipita  esa 
inmolación  v  muchas  otras,  veríais  la  máscara  trágica, 
implacable,  que  hace  su  mueca  horrible,  tras  la  noble 
cabeza  de  la  gloria  americana 

Et  je  marche  effaré  des  crtmes  de  la  gloire' 

Bien  es  verdad,  amigos  míos,  apresurémonos  a  de- 
cirlo, que  esos  horrores  fueron,  en  general,  provoca- 
dos por  los  del  enemigo,  no  lo  es  menos  que  la  du- 
reza de  los  tiempos,  que  hacen  el  deber  oscuro,  v  las 
necesidades  de  la  guerra  los  explican  o  atenúan  Pero 
ea  glorioso  para  América  poder  projeitar,  sobre  esas 
oscuridades,  la  figura  de  un  héroe  inmune,  en  la  de 
este  Artigas,  el  hombre  genuinamente  americano,  el 
corazón  autóctono  La  America  entera  ha  de  recla- 
marlo para  sí,  ha  de  reclamar  ese  limpio  corazón 

Lo  habéis  visto,  al  revés  de  lo  acaecido  en  Suipa- 
cha,  respetar  y  hasta  rendir  su  homenaje  al  vencido, 


[210] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


tras  la  batalla  de  Las  Piedras,  canjear  los  prisioneros, 
defender  personalmente  a  los  combatientes  caídos  del 
enemigo  Leed  siquiera  estas  palabras  del  parte  oficial 
de  la  batalla  "La  tropa  enardecida  hubiera  pronto 
descargado  su  furor  sobre  las  vidas  enemigas,  para 
vengar  la  sangre  de  sus  hermanos,  pero,  participando 
de  la  generosidad  que  distingue  a  la  gente  americana, 
cedió'  a  los  impulsos  de  nuestros  oficiales,  empeñados 
en  salvar  a  los  rendidos"  Era  él  personalmente,  como 
lo  recordaréis,  el  mismo  Artigas,  quien  salvaba  a  los 
rendidos  en  aquel  glorioso  campo  El  coronel  Hollem- 
berg  y  quince  oficiales,  prisioneros  de  Artigas,  son 
puestos  en  libertad  sin  condiciones,  ya  conocéis  la 
carta  de  esos  oficiales  a  Posadas  el  Director  Supremo, 
en  que  le  dicen  que  los  ha  sacrificado  sin  razón,  por- 
que la  causa  de  Artigas  era  justa  El  general  Viamont 
y  veintiséis  subalternos  caen  en  poder  de  Artigas,  y 
recobran  su  libertad  sin  ser  tocados  en  un  cabello 
Y  volverán  a  combatir  contra  él  Los  episodios  son 
numerosos,  la  anécdota,  colorida  y  expresiva  Pero 
no  debemos  alejarnos  demasiado  de  nuestra  narración 
histórica,  y  nada  mas  conducente  a  ver  de  cerca  en 
el  corazón  del  héroe,  que  el  momento  en  que  nos  en- 
contramos el  en  que  el  partido  bonaerense  vencedor 
de  Alvear  envía  engrillados  al  caudillo  oriental  siete 
de  los  jefes  vencidos,  sus  enemigos 

Tengo  aquí,  en  mis  manos,  un  capitulo  de  las  Me- 
morias inéditas  del  teniente  general  don  Antonio  Díaz, 
sargento  mayor  entonces,  comandante  de  los  guias  del 
ejército  de  Alvear,  y  que  llegó  a  ser  general  de  la 
República  Era  español,  y  sirvió  a  la  patria  ameri- 
cana, fue  un  hombre  de  bien  v  de  \alia  Nadie  me- 
jor que  él  puede  darnos  cuenta  del  caso,  él,  como 
enemigo  de  Artigas,  fue  uno  de  los  elegidos  para  for- 


[2111 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


mar  parte  del  presente  remitido  a  é9te  uno  de  los 
engrillados  El  capitulo  es  largo,  y  lleno  de  ingenua 
belleza,  siento  de  \eras  que  no  quepa  su  lectura  in- 
tegra en  nuestra  conversación,  que  prolongaríamos 
demasiado,  pero  es  fuerza  que  os  lo  extracte,  y  os  lea 
siquiera  algunos  fragmentos 

Comienza  el  general  Díaz  a  dar  cuenta  de  la  impre- 
sión causada  en  Alvear  por  el  pronunciamiento  de  - 
Fontezuelas,  de  su  capitulación,  de  su  huida  bajo  la 
garantía  del  cónsul  ingles,  dejando  a  todos  los  suyos 
a  merced  del  bando  \encedor  Nos  presenta  a  éste 
entregado  a  sus  represalias,  engrilla  a  las  personas 
más  notables  de  la  situación  caída  ministro4»,  miem- 
bros de  la  Asamblea,  empleados  civiles,  jefes  del  ejér- 
cito Se  piensa  en  fusilar,  sin  forma  de  proceso,  a 
diez  de  los  presos  por  delito  de  facción,  se  levantan 
los  banquillos;  pero,  al  fin,  sólo  se  fusila  a  un  pobre 
teniente  coronel,  don  Enrique  Pallardel,  el  mas  des- 
vabdo  y  falto  de  apoyo,  y  ae  pone  a  precio  de  dinero 
el  rescate-  de  la  vida  de  los  demás,  bin  perjuicio  de 
aplicarles  la  pena  de  destierro  perpetuo  Don  Gerva- 
sio Antonio  de  Posadas  el  primer  Director  Supremo, 
que  \a  conocéis  nos  da  en  sus  Memorias,  de  que  os 
hable  en  otra  ocasión,  muchos  detalles  sobre  esas  per- 
secuciones Él  es  uno  de  los  caídos  con  el  bando  de 
su  sobrino  y  sucesor  Lo  arrancan  de  su  casa  donde 
viyía  retirado  \  enfermo,  lo  arrastran  de  cárcel  en 
cárcel;  le  embargan  los  bienes,  le  remachan  una  ba- 
rra de  grillos,  en  la  cama  donde  esta  postrado  "Yo 
no  pude  conseguir,  dice,  un  médico  ni  medicamento 
alguno  Me  introdujeron  un  sacerdote  franciscano, 
que  vrv  amenté  solicitaba  confesarme,  y  usaron  de  todo 
el  apaiato  conveniente  a  hacerme  entender  que  se  tra- 
taba, como  efectivamente  se  trató,  de  quitarme  la  vida, 


[212] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


a  mi  y  a  otros  muchos  que  habían  engrillado  No 
pudiendo  matarnos,  trataron  de  robarnos,  y  una  no 
che  se  entró  al  cuarto  de  mi  prisión  un  hombre  ex 
ti" año  vino  a  pedirme  sesenta  mil  pesos  91  quería 
libertar  mi  vida,  etc ,  etc  " 

Dejemos  las  Memorias  de  Posadas,  por  interesan- 
tes que  ellas  sean,  y  volvamos  a  las  de  Díaz  Las  es- 
cenas que  éste  nos  describe,  acaecidas  en  las  horas  en 
que,  encerrados  loa  presos  durante  muchos  días  en 
un  calabozo,  sm  luz  alguna,  oven  el  oleaje  que  ruge 
fuera,  son  dignas  de  Silvio  Pellico  Esperan  la  muerte, 
que  flota  6obre  sus  cabezas,  casi  la  desean,  desde  el 
fondo  de  aquella  oscuridad,  sobre  todo  cuando  saben 
la  de  su  infortunado  compañero  Pallardel,  cuyos  pa; 
sos  han  sentido,  al  ser  llevado  al  banquillo  Se  embar- 
gan y  se  saquean  los  bienes  de  los  vencidos,  y,  por 
más  que,  según  lo  afirma  el  mismo  Díaz,  los  hombres 
de  la  revolución  no  eran  menos  enemigos  de  Artigas 
que  los  anteriores  gobernantes,  se  da  parte  a  aquél  en 
el  festín,  enviándole  a  sus  enemigos,  cargados  de  ca- 
denas 

"Entre  éstos  estaba  yo,  dice  Díaz  Habíamos  sido 
condenados  a  muerte  primeramente,  nuestras  vidas 
habían  sido  sorteadas  con  dados,  la  suerte  cayó  so- 
bre nuestro  compañero  y  amigo  Enrique  Pallardel  que, 
aunque  tan  inocente  como  nosotros,  sufrió  el  suplicio, 
se  nos  conmutó  la  pena  por  la  de  destierro,  se  cam- 
bio ésta,  por  fin,  en  la  de  remisión  a  disposición  de 
Artigas,  a  quien  habíamos  hecho  la  guerra  por  orden 
del  gobierno" 

"El  general  Artigas,  continúa  el  narrador,  asombra- 
do de  un  proceder  tan  indigno,  rechazó  el  horrible 
presente,  declarando  que  no  tenía  moto  o  alguno  para 
quitarnos  la  vida,  pues,  como  militares,  habíamos  cum- 


[213] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


piído  con  nuestro  deber  haciéndole  la  guerra,  siendo 
el  gobierno  el  único  responsable  de  ella  y  de  los  me- 
dios inicuos  de  que  se  había  valido  para  aniquilarlo; 
y,  finalmente,  que  si  aquellos  jefes  habían  dado  al- 
gún motivo  a  los  que  gobernaban  en  Buenos  Aires 
para  matarlos,  que  el  no  era  verdugo  de  los  po)  teños 
Este  rasgo,  agiega  Díaz,  de  un  caudillo  reputado  san- 
griento por  esos  mismos  hombres  que  querían  ha- 
cerle instrumento  de  su  odio,  merece  que  demos  un 
paso  retrospectivo,  a  fin  de  detallar  este  hecho  con 
todos  sus  episodios,  en  el  cual  se  destaca,  a  grandes 
rasgos,  el  proceder  del  Jefe  de  los  Orientales" 

También  >o  tengo  que  detenerme  en  esto,  mi9  ami- 
gos artistas  No  extrañéis  que  lo  ha\a  hecho,  y  lo 
haga  La  calumnia  cometida  por  historiadores  que  pa- 
san por  honrados,  ha  sido  implacable  contra  Artigas, 
y  éste  reclama  vindicación  luminosa  Recordad  las 
palabras  de  Larrañaga  sobre  esto,  casi  idénticas  a  las 
de  Díaz,  \a  entonces  se  reclamaba  justicia  para  el 
hombre  calumniado  j  Cuánto  ha  tardado  en  llegar' 
Un  siglo,  que  ha  permanecido  silencioso,  quiere  cobrar 
voz  en  estas  palabras  que  os  hablo,  amigos  míos,  un 
siglo  sordomudo  quiere  romper  a  hablar  en  mi  boca 
jOh,  la  palabra'  Es  más  dura  que  el  marmol  que 
vosotros  golpeáis  con  el  martillo  Derramemos,  pues, 
en  nuestro  cuadro  toda  la  luz  y  toda  la  sombra  Yo 
tengo  que  ofrecer  al  héroe  vilipendiado,  como  holo- 
causto propiciatorio,  la  pena  que  a  mí  mismo  me  cau- 
sa el  narraros  estas  miserias  de  hombres  a  quienes 
solo  quisiera  glorificar,  para  ofreceros  el  enorme  con 
traste 

Los  prisioneros  son  arrojados  en  el  fondo  de  la  bo- 
dega de  un  barco  que  parte  No  saben  a  dónde  se  les 
lleva. 


[214] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Durante  el  viaje  conocen  su  destino  -van  a  manos 
de  Artigas.  "Vamos  a  estar,  por  fin,  en  presencia  de 
éste". 

Miradle  bien,  amigos,  que  es  un  adversario  suyo 
quien  os  lo  muestra,  completad  los  informes  de  éste 
con  el  conocimiento  que  ya  tenéis  del  hombre,  recor- 
dad su  figura  enigmática,  sus  movimientos  graves  y 
personales,  su  fina  cabeza  caucásica,  sus  ojos  claros, 
pensativos,  su  palabra  franca  y  reposada  Nunca  le 
podréis  ver  más  de  cerca  que  en  este  momento 

La  descripción  de  Díaz  es  insuperable,  en  su  inge- 
nua sencillez,  y  este  momento  de  Artigas  tiene  una 
gran  melancolía  Todas  las  calumnias  que  contra  él  se 
han  urdido  parecen  formarle  un  nimbo  de  fuego  al 
disolverse  en  la  luz 

Los  presos  han  llegado  a  su  destino,  en  la  costa 
oriental  del  Uruguay,  están  en  el  rancho  en  que  los 
vio  Larrañaga,  y  que  les  sirve  de  cárcel  Uno  de  los 
centinelas  avisa,  por  fin,  que  \iene  el  general 

Leamos  el  texto  de  Díaz  "Después  de  saludarnos, 
dice,  permaneció  algunos  momentos  en  silencio,  fi- 
jándose detenidamente  en  cada  uno  de  nosotros.  El 
coronel  Vázquez  estaba  en  un  extremo,  y  el  general 
pasó  rápidamente  por  aquél,  con  quien  tenia  el  motivo 
de  resentimiento  que  antes  hemos  hecho  conocer,  fi- 
jándose después,  con  alguna  atención,  en  los  otros 
cinco  que  no  conocía" 

Va  a  hablar,  pues,  el  gaucho  selvático  que  nos  des- 
criben las  historias  americanas  corrientes,  inspiradas 
en  los  informes  de  las  malvadas  que  se  han  escrito  en 
el  Plata  Díaz  continúa 

"Tenía  un  papel  en  la  mano  Luego  tomó  la 
palabra,  y  dijo  Siento,  señores,  ver  con  esos  grillos 
a  hombres  que  han  peleado  y  pasado  trabajos  por  la 


[215] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


causa  de  la  patria  El  gobierno  de  Buenos  Aire»  me 
manda  a  ustedes  para  que  los  fusile,  pero  yo  no  veo 
los  motivos  Aquí  me  dice  (señalando  el  papel  que 
tenía  en  la  manol  que  ustedes  me  han  hecho  la  gue- 
rra, pero  yo  sé  que  no  son  ustedes  quienes  tienen  la 
culpa,  sino  los  que  me  la  han  declarado,  y  me  llaman 
traidor  y  asesino  en  los  bandos  y  en  las  gacetas,  por- 
que defiendo  los  derechos  de  los  orientales  y  los  de 
las  otras  provincias  que  me  han  pedido  protección 
ktSi  es  que  ustedes  me  han  hecho  la  guerra,  otro 
tanto  hacen  mis  jefes  y  oficiales,  éstos  obedecen  lo 
que  yo  les  mando,  como  ustedes  habrán  obedecido  lo 
que  sus  superiores  les  ordenaron  Y  si  hay  otras 
causas,  )o  no  tengo  nada  que  ver  con  eso. 

"No  soy  verdugo  del  gobierno  de  Buenos  Aires 

"Luego  preguntó  a  cada  uno  de  los  jefes  que  no 
conocía,  que  eran  cinco,  por  9us  nombres  )  empleos 
Todos,  al  satisfacer  su  pregunta,  agregaron  que  no 
se  habían  hallado  en  ninguna  campaña  contra  él.  Aun- 
que el  general  Artigas  sabia  muy  bien  que  yo  no  me 
hallaba  en  ese  caso,  cuando  me  tocó  contestar,  le  dije 
que  había  hecho  la  campaña  contra  éí  El  general 
Artigas  contestó  solamente    Ya  lo  sé,  es  lo  mismo 

"Animados  por  la  favorable  disposición  que  anun- 
ciaba su  modo  de  expresarse,  le  hicimos  una  bre>e 
relación  de  lo&  acontecimientos  del  15  de  abril  y  del 
espíritu  de  venganza  que  caracterizaba  todos  los  ac- 
tos de  los  nuevos  gobernantes,  respecto  de  los  jefes  y 
demás  empleados  de  la  anterior  administración 

"Después  de  algunos  momentos  de  silencio,  el  ge- 
neral Artigas  dijo  Sí  quien  hace  eso  —  y 
volviéndose  luego  hacia  mí,  me  dijo  —  En  el  pueblo 
de  la  Bajada  se  dijo  que  usted  y  otros  jefes,  hasta 


C216] 


IA  EPOPEYA  DB  ARTIGAS 


diw,  habían  sido  fusilados,  cuando  la  caída  del  ge- 
neral Alvear 

"Y  después  de  otro  intervalo  de  silencio,  prosiguió. 
¿Ha  visto  usted  el  pago  que  han  dado  los  porteños  a 
nuestro  amigo  don  Ventura? 

"El  coronel  Vázquez,  a  quien  se  hacía  aquella  alu- 
sión por  la  deserción  con  su  regimiento,  quiso  hablar 
algunas  palabras,  para  explicar  o  disculpar  su  con- 
ducta, pero  el  general  le  interrumpió  diciendo  Eso 
ka  pasado  ya 

"Y,  fijándose  con  prontitud  en  el  anciano  coronel 
Balbastro,  le  preguntó  cuántos  años  tenia  y  en  qué 
ejército  había  servido  Contestó  éste  expresando  su 
edad,  y  la  campaña  del  Perú,  y  batallas  en  que  se  ha- 
bía encontrado  desde  1810 

"El  general  Artigas  permaneció  algunos  momentos 
callado  y  como  pensativo,  v  dijo,  acompañando  la  si- 
guiente exclamación,  con  una  sonrisa  de  desprecio 
¡  Vaya 1       ¡  Ni  entre  infieles  se  verá  otra  co^a  igual 

"Nos  preguntó  en  seguida  si  teníamos  algún  sir- 
viente, y,  con  ese  motivo,  el  coronel  Fernández  le 
expresó,  en  pocas  palabras,  el  tratamiento  que  había- 
mos recibido,  y  el  coronel  Balbastro  le  manifestó  el 
disgusto  que  le  causaba  estar  encerrado,  avarzandose 
hasta  significarle  la  mortificación  que  le  producían  los 
grillos  a  su  edad,  y  en  el  estado  de  su  salud,  y  el  deseo 
de  que  nos  los  mandara  sacar 

"La  indicación,  poco  discreta  a  la  verdad,  en  tales 
circunstancias,  causó  al  general  Artigas  algún  emba- 
razo, y  francamente  nos  dijo  entonces  que,  si  estuviera 
en  sus  manos,  habría  mandado  que  se  nos  quitasen 
lo»  grillos  desde  que  bajamos  a  tierra,  pero  que  eso 
dependía  de  los  diputados  del  Congreso  de  Buenos  Ai- 
res, a  cuya  disposición,  y  no  a  la  de  él,  nos  hallába- 


[217] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


mos  Por  fin,  añadió  "Veremos  si  podemos  arreglar- 
nos con  las  proposiciones  de  paz  de  que  vienen  en 
cargados" 

"Se  despidió  en  seguida,  diciendo  que  daría  orden 
para  que  se  nos  proporcionaran  las  comodidades  que 
fueran  conciliables  con  las  circunstancias  que  había 
indicado,  y  exhortó  con  especialidad  al  anciano  coro- 
nel Balbastro  a  tener  conformidad  >  paciencia 

"De  ahí  a  un  cuarto  de  hora,  entró  el  comandante 
de  la  guardia  con  dos  soldados,  y  nos  dijo  que,  de 
orden  del  general,  ponía  éstos  a  nuestra  disposición, 
como  asistentes  Que  la  puerta  quedaba  abierta  por 
orden  también  del  general,  pudiendo  nosotros  mismos 
entornarla  después  de  las  ocho  de  la  noche  Como  era 
uno  de  los  meses  más  rigurosos  de  invierno,  y  estába- 
mos con  poco  abngo,  pedimos,  y  se  nos  concedió,  te- 
ner fuego,  agregando  a  esa  condescendencia  la  de  per- 
mitirnos salir  a  tomar  el  sol 

"La  paz  entre  el  general  Aitigas  y  los  revoluciona 
nos  de  Buenos  Aires  era  el  fundamento  de  las  espe- 
ranzas que  nos  había  hecho  concebir  aquel  jefe,  su 
intención,  en  ese  caso  era  la  de  quedarse  con  noso- 
tros, y  ponernos  en  libertad,  según  más  adelante  nos 
lo  indicó  el  mismo,  pero  la  paz  no  pudo  ajustarse,  y 
fuimos  devueltos  a  Buenos  Aires 

"A  los  doce  días  de  nuestro  arribo  a  Paysandú  (el 
18  de  junio  de  1315),  vino  a  nue«tia  prisión,  a  las 
nueve  de  la  mañana,  un  ayudante  del  general  Artigas, 
para  anunciarnos  que  un  bote  estaba  junto  a  la  orilla 
del  río  para  conducirnos  a  bordo,  y  luego  nos  pusi- 
mos en  marcha  hacia  aquel  paraje 

"El  general  Artigas  se  nos  acercó  en  la  mitad  del 
camino,  con  varios  jefeg  y  oficiales  que  le  acompa- 


[218] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


ñaban,  y  dio  solícitamente  su  brazo,  como  apoyo,  al 
coronel  Balbastro,  que  estaba  algo  enfermo 

"Aprovechamos  aquella  ocasión  para  expresar  al 
general  nuestra  gratitud  por  su  generoso  procedimien- 
to hacia  nosotros,  de  lo  que  pareció  quedar  muy  pe- 
netrado Nos  dijo  entonces  que,  si  hubiera  podido 
tener  lugar  la  paz,  no  habría  tenido  inconveniente  en 
ponernos  en  libertad,  pero  que  los  diputados  porteños 
no  habían  querido  avenirse  con  las  proposiciones  que 
les  había  hecho" 

Ahí  tenéis  a  Artigas,  mis  amigos  artistas,  ése  es  el 
hombre  Creo  que  lo  habéis  visto  bien  de  cerca  ¿No 
es  interesante  ese  cuadro  de  Artigas  que  da  su  brazo 
al  viejo  coronel  Balbastro,  caminando  a  orillas  del 
Uruguay'  Los  virtuosos  de  Buenos  Aires,  lo  mismo 
que  el  amable  dictador  Rodríguez  de  Francia,  le  han 
tratado  de  inculto,  de  bárbaro  y  sanguinario  y 
hasta  de  facineroso  Y  como  tal  hd  ingresado  en  la 
historia  americana  Creo  que  ya  hemos  encendido  la 
luz  suficiente  para  ahuyentar,  para  siempre  jamás, 
esas  rampantes  tinieblas  exteriores 

Los  jefes  devueltos  por  el  Jefe  de  los  Orientales 
pasaron  por  Buenos  Aires,  v,  si  bien  salvaron  la  vida, 
fueron  inmediatamente  deportados,  con  plazo  de  cua- 
renta )  ocho  horas,  y  con  la  prevención  de  que  sería 
fusilado  cualquiera  que  se  atreviese  a  volvei  al  terri- 
torio de  las  Provincias  Unidas 

V 

Ahora  es  el  caso  de  saber  por  qué  no  pudo  concer- 
tarse la  paz  entre  Artigas  y  Buenos  Aires,  con  ser  el 
primero,  como  lo  habéis  visto,  el  factor  del  nuevo 
gobierno 


[810] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Artigas,  hermanos  artistas,  no  pudo  aceptar  las 
bases  de  paz  de  Buenos  Aires,  por  la  misma  razón 
porque  no  pudo  recibir  su  presente  siniestro,  por  la 
misma  razón  porque  éste  era  el  desconocimiento  bru- 
tal de  su  corazón,  y  aquéllas  el  de  su  pensamiento 
genial  Y  lodo  lo  era  el  de  su  carácter  y  misión  pro- 
fética  Buenos  Aire9  no  podía  aprobar  tampoco  las 
bases  de  Artigas  en  1815,  por  lo  mismo  que  no  aceptó 
sus  Instrucciones  en  1813,  ni  lo  convenido  con  Amaro 
y  Candioti  en  1814,  porque  eran  la  encamación  de 
un  pensamiento  radicalmente  antagónico  al  que  re- 
presentaba su  oligarquía  la  soberanía  de  loa  pueblos 
o  estados,  aunque  dentro  de  la  unton  o  confederación 
mdispen'iable  a  todos  ellos 

Veamos,  pue«,  al  procer  del  Urugua>  tomar  en 
consideración  el  segundo  testimonio  de  amistad  que 
le  envía  Buenos  Aires  la  base  que  le  propone  para 
cimentar  la  paz  entre  el  Estado  occidental  y  el  oriental 

Los  comisionados  de  Alvarez  Thomás  Pico  y  Riva- 
rola  han  llegado  al  campo  de  Artigas,  como  lo  dijo 
e.»te  a  sus  prisioneros  El  Jefe  de  los  Orientales,  para 
concertar  las  bases  de  arreglo,  comienza  por  colocar 
&u  piedra  angular,  como  con  Vigodet,  como  con  Ama- 
ro y  Candioti  Todo  lo  demás  es  accidental  El  primer 
articulo  de  su  proyecto  decía  "Seia  reconocida  la 
convención  de  la  Provincia  Oriental  establecida  en  el 
acta  del  Congreso  del  5  de  abril  de  1813,  del  tenor 
siguiente  La  Banda  Oriental  del  Uruguay  entra  en  el 
rol  para  formar  el  estado  denominado  Provincias  Uni- 
das del  Río  de  la  Plata  Su  pacto  con  las  demás  pro- 
vincias es  el  de  una  alianza  ofensiva  y  defensiva  Toda 
provincia  tiene  igual  dignidad  e  iguales  privilegios  y 
derechos,  y  cada  una  renuncia  al  proyecto  de  sub- 
yugar a  la  otra  La  Banda  Oriental  del  Uruguay  está 


[220] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


en  pleno  goce  de  su  libertad  y  derechos ,  pero  queda  su- 
jeta, desde  ahora,  a  la  Constitución  que  sancione  el 
Congreso  General  del  Estado,  legalmente  reunido,  te- 
niendo por  base  la  libertad" 

Como  lo  veis,  mis  a.nigos,  esa  base  de  pacificación 
es  la  idea  fundamental  de  Majo  la  independencia  y 
la  forma  representativa  republicana  A  don  Gaspar 
Rodríguez  de  Francia,  el  del  Paraguay,  le  fue  acep- 
tada por  la  primera  Junta  de  Mayo,  como  recordareis, 
y  mucho  mas  amplia,  acabáis  de  conocer  los  térmi- 
nos respetuosos  en  que  Alvear  se  la  propone  de  nuevo, 
y  la  acepta  para  todos 

Artigas  llego  quizá  a  espeiar,  aunque  ya  hemos  vis- 
to que  Gon  poco  vigor,  que  la  caída  de  Alvear,  apo- 
yada por  él  en  Buenos  Aires,  le  había  aproximado, 
cuando  menos,  a  la  realización  de  su  ideal 

]Vana  esperanza'  Lo  que  ha  triunfado  en  Buenos 
Aires  no  es  eso,  ni  nada  que  a  eso  se  parezca  ni  apro- 
xime. Allí  está  la  sede  del  espíritu  exótico  el  núcleo 
de  las  combinaciones  políticas  secretas  \  de  las  di- 
plomáticas, más  secretas  aun,  la  negación  del  pueblo, 
es  decir,  todo  lo  contrario,  absolutamente  lo  contrario 
de  lo  que  Artigas  representa  Álvarez  Thomás,  socio- 
lógicamente consideiado,  es  el  sucesor  legítimo  de 
Alvear,  a  quien  ha  derrocado,  y  de  Posadas,  y  de 
Sarratea,  como  será  el  antecesor  legítimo  de  Balcarce, 
y  de  los  hombres  que  van  a  reunirse  en  el  Congreso 
de  Tucuman,  que  serán  monarquistas,  y  de  Pue>rre 
dón,  que  Berá  el  elegido  por  ese  Congieso  para  regir 
a  las  Provincias  Unidas 

En  el  otro  círculo  de  acción,  en  el  otro  mundo,  e9tá 
ArtigaB 

Alrededor  de  Álvarez  Thomas  se  ven  los  mismos 
hombres  dirigentes  que  rodearon  a  Posadas  y  a  Sarra- 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


tea,  y,  sobre  todo,  esta  todavía  en  Río  Janeiro,  y  per- 
maneceid  allí,  el  mismo  agente  diplomático  enviado 
por  Abeai  a  entregar  las  provincias  del  Plata  a  In- 
glaterra, García,  el  mismo  que  continuara,  como  re 
presentante  de  Áharez  Thomás,  \  de  su  sucesor  Bal 
caree  y  del  sucesor  de  éste,  Pue>rredon,  negociando 
la  misma  entrega  a  España,  a  Poitugal  o  a  cualquier 
otro  Y  Rivadavia  y  Belgrano  están  en  Europa,  gol- 
peando las  puertas  de  Fernando  VII,  y  de  Carlos  IV, 
y  de  la  Santa  Alianza,  en  bu^ca  de  un  señor  para  es- 
tos pueblos  ¿Cómo  conciliar  eso  con  el  bárbaro  Ar- 
tigas9 

La  aceptación  de  las  bases  de  paz  propuestas  por 
éste  significarían,  por  consiguiente,  un  cambio  radi- 
cal, no  sólo  político,  smo  sociológico ,  y  no  hay  efecto 
sin  causa  La  antigua  capital  señorial  del  virreinato 
no  ha  podido  convertirse,  por  arte  de  birlibirloque, 
en  núcleo  democrático,  no  ha  podido  \er  quebrantada, 
de  la  noche  a  la  mañana,  la  convicción  que  abriga  de 
que  Buenos  Aires  no  es  una  de  las  provincias  o  es- 
tados de  la  unión,  como  lo  ha  sido  en  definitiva,  sino 
que  es,  y  debe  ser  el  solo  núcleo  de  la  nueva  patria, 
la  única  entidad  deliberante  Su  puerto  tiene  que  te 
ner  el  absoluto  predominio  económico,  como  en  la 
época  colonial,  su  gobierno,  el  político  absoluto  debe 
ser  el  único  pensamiento  Todo  lo  demás  ha  de  ser 
acción  y  obediencia  a  su  supremo  impulso  Ya  veréis 
a  Buenos  Aires  pretender  disponer,  en  sus  combina- 
ciones diplomáticas,  no  sólo  de  la  suerte  de  las  pro- 
vincias del  Plata,  sino  de  la  de  Chile,  sm  anuencia 
del  pueblo  chileno,  de  la  del  Perú,  sin  la  del  perua- 
no, de  la  de  toda  América,  con  la  sola  anuencia  de 
la  Santa  Alianza  europea  Resistirse  a  eso  es  anar- 
quía, es  crimen.  Fue  el  crimen  de  Artigas 


[222] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


A  la  proposición  de  éste,  contestan  inmediatamente 
los  delegados  de  Buenos  Aires  con  la  siguiente  estu- 
penda base  primera,  que  no  era  improvisada  por  ellos, 
como  bien  se  echa  de  ver,  Buenos  Aires  reconoce  la 
independencia  de  la  Banda  Oriental  del  Uruguay,  re- 
nunciando a  los  derechos  que  por  el  antiguo  régimen 
le  pertenecían 

Se  comprometía,  además,  a  cooperar,  con  todos  los 
elementos  que  fueran  de  su  resorte,  para  que  la  Orien- 
tal llevara  adelante  la  guerra  contra  los  españoles, 
fijémonos  bien,  contra  los  españoles,  contando  con  la 
reciprocidad. 

i  Renunciando  a  los  derechos  que,  por  el  antiguo 
régimen,  pertenecían  a  Buenos  Aires  sobre  Montevi- 
deo, sobre  la  Provincia  o  Estado  Oriental'  Bien 
sera  que  penséis,  mis  amigos,  en  eso?  derechos  de 
Buenos  Aires,  basados  en  el  antiguo  régimen,  y  que 
recordéis  las  razones  que  tuvo  Montevideo,  cuando  se 
inicio  la  revolución  de  Mayo,  para  rechazar  al  en- 
viado de  la  Junta  de  Buenos  Aires,  y  que  no  fueron 
otros  que  la  tendencia  que  imputaron  a  Buenos  Ai- 
res de  sustituirse  a  los  virroes,  de  tener  derechos, 
basados  en  el  antiguo  régimen,  sobre  Monte\ideo  Esos 
malhadados  derechos  de  un  hermano  sobre  otro  her- 
mano, al  emanciparse  ambos  de  la  madre  común,  nos 
dieron  muchos  dolores  de  cabeza 

"El  Paraguay,  dice  Juan  Bautista  Alberdi,  argen- 
tino ilustre,  se  levantó  como  se  levantó  Buenos  Aires, 
y  Chile,  y  toda  la  América  sección  por  sección  No 
por  impulsión  de  Buenos  Aires  (esto  es  pueril),  sino 
porque,  para  toda  América,  surgió  la  independencia 
del  mero  hecho  de  caducar  España,  iu  dominador  co- 
mún" 


18»] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


No  será  tampoco  incongruente  que  meditéis  un  mo- 
mento en  ese  reconocimiento  de  la  independencia  de 
la  Banda  Oriental,  que  ofrece  Buenos  Aires  a  Arti- 
gas como  base  de  paz 

Y  la  independencia  del  mismo  Buenos  Aires  ¿quién 
la  reconoce ?  ¿Quien  puede  reconocerla,  si  aun  no  ha 
sido  proclamada  pues  solo  Artigas  ha  pedido  la  de- 
claración de  independencia  en  sus  Instrucciones  del 
año  13,  y  Buenos  Airea,  no  10I0  ha  continuado  gober- 
nando a  nombre  y  con  la  bandera  de  Fernando  VII, 
sino  que  tiene  en  esos  momentos  en  Europa  a  Bel- 
grano  v  Rivadavia  para  gestionar  la  \uelta  de  Amé- 
rica al  dominio  monárquico  europeo9  Y  nadie  da  lo 
que  no  tiene,  ¿no  69  \eidad?.  nadie  da  lo  que  no 
tiene,  según  parece 

i  Reconocimiento  de  la  independencia  de  la  Banda 
Oriental1  E«o  como  lo  \eis,  \  como  lo  \ eréis  mas 
claro  después  tiene  todo  el  carácter  de  un  sarcasmo 
Esa  independencia  de  sus  hermanos  no  es  tal  inde- 
pendencia para  la  Banda  Oriental,  es  su  abandono 
en  ese  momento,  la  soledad  de  que  antes  os  he  ha- 
blado como  contraria  a  la  esencia  misma  de  la  revo 
lucion  americana 

Artigas  no  sabia  en  ese  momento,  a  ciencia  cierta, 
que  el  Directorio  de  Buenos  Aires  estaba  concertando, 
en  Río  Janeiro  la  entrega  de  la  Provincia  Oriental  a 
-Portugal,  pero  lo  presentía  Y  al  rechazar  el  presente 
griego  de  la  independencia  que  le  enviaba  quien  no 
la  tenía  para  sí  mismo,  lejos  de  renunciar  a  la  inde- 
pendencia verdadera  de  su  patria  pugnaba  por  poner 
en  acción  el  único  medio  de  obtenerla  y  conservarla 
para  sí  y  para  los  demás,  para  Buenos  Aires  inclusive 

Aunque  me  tachéis  de  antiestético,  mis  amigos  ar- 
tista», \o  quiero  haceros  meditar  en  esto,  en  eBte  re- 


[2241 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


chazo  por  Artigas  de  la  independencia  oriental  Al- 
gún espíritu  frágil  o  perezoso  ha  creído  ver  en  eso 
la  disolución  del  héroe,  como  padre  de  la  patria  uru- 
guaya Artigas  no  pensaba  en  la  independencia  de  su 
Patria  Oriental,  dicen  muy  seriamente,  puesto  que  no 
la  aceptó  cuando  se  la  ofreció  Buenos  Aires  La  razón 
es  de  las  que  suelen  ser  llamadas  de  pie  de  banco, 
como  lo  veis  Es  preciso  que  nos  demos  cuenta  de  lo 
que  significa  esa  palabra  federación,  empleada  en 
este  caso  por  Artigas,  para  dar  forma  a  su  visión 
genial. 

Que  no  sea  yo  quien  os  lo  explique,  cambiaremos 
de  estilo,  para  dar  mayor  nervio  a  la  atención  Es 
Sarmiento,  en  el  Facundo,  el  que  habla  "Cuando  la 
autoridad,  dice,  es  sacada  de  su  centro,  para  fundarla 
en  otra  parte,  pasa  mucho  tiempo  antes  de  echar 
raíces 

"La  autoridad  se  funda  en  el  sentimiento  indelibe- 
rado que  una  nación  da  a  un  hecho  permanente 
Donde  hay  deliberación  y  voluntad  no  hay  autoridad 
Aquel  estado  de  transición  se  llama  federalismo,  y, 
después  de  toda  revolución,  y  cambio  consiguiente  de 
autoridad,  todas  las  naciones  tienen  sus  días  y  sus 
intentos  de  federación 

"Me  explicaré  Arrebatado  a  la  España  Fernando 
VII,  la  autoridad,  aquel  hecho  permanente,  deja  de 
ser,  y  la  España  se  reúne  en  Juntas  Provinciales,  que 
niegan  la  autoridad  a  los  que  gobiernan  en  nombre 
del  rey  Eso  es  federación  de  la  España  Llega  la  no- 
ticia a  América,  y  se  desprende  de  la  España,  sepa- 
rándose en  varias  secciones  federación  de  la  América 
Del  virreinato  de  Buenos  Aires  salen,  al  fin  de  la  lu- 
cha, cuatro  estados  Bolivia,  Paraguay,  Banda  Orien- 
tal y  República  Argentina    federación  del  virreina- 

[225] 

8 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


to      La  República  Argentina  se  divide  en  provincias, 
no  por  las  antiguas  intendencias,  sino  por  ciudades 
federación  de  las  ciudades 

"No  es  que  ia  palabra  federación  signifique  sepa- 
ración sino  que,  dada  la  separación  previa,  expresa 
la  unión  de  partes  distintas" 

Me  parece  que  Sarmiento  ve  bastante  claro  y  dice 
bien,  por  más  que,  en  otras  ocasiones,  llama  a  Arti- 
gas separatista  porque  proclama  la  federación  Ésa 
era,  pues,  la  federación,  la  unión  en  el  propósito  co- 
mún de  independencia  proclamada  por  Artigas  Lejos 
de  negar  con  ella  la  independencia  o  personalidad  de 
las  partes  que  teman  las  condiciones  de  persona  inter- 
nacional, presumía  esa  personalidad  independiente,  la 
separación  previa,  que  él  no  invento  por  cierto 

Y  eso  es,  precisamente,  lo  que  no  quiere  Buenos 
Aires  no  quiere  reconocer  la  unión  de  personas  dis- 
tintas La  democracia,  sobre  todo,  es,  para  la  comuna 
bonaerense,  una  aspiración  anárquica 

Los  comisionados  de  Álvarez  Thomás  se  retiran 
No  hay  paz  posible  con  Artigas,  pues  éste  quiere  ha- 
cer la  unión,  que,  según  Buenos  Aires,  v  pese  a  la 
opinión  de  Sarmiento,  v  de  Alberdi  y  del  buen  sen- 
tido, ya  está  hecha,  por  el  rey  de  España,  con  su  nú- 
cleo en  esa  ciudad  Es  preciso  pues  aniquilarlo,  a  él 
y  a  su  patria,  para  salvar  el  resto  de  la  América  espa- 
ñola, por  medio  de  la  monarquía 

El  procer  oriental  se  queda  sólo  una  vez  más  con 
su  visión  ¿Será  realmente  un  fantasma  un  ensueño ? 
^0  es  quizá  un  genio  infernal,  hijo  del  pasado  y  de 
la  noche,  y  no  del  porvenir  y  de  la  aurora,  que  le 
atrae  a  sus  tinieblas9  ¿Es  un  imposible,  acaso  un 
crimen,  pensar  en  dar  a  estos  pueblos  americanos  una 
intervención  eficiente  en  la  creación  de  las  nuevas  na- 


[  226] 


LA  EPOPEYA  DE  AHTIGAS 


cionalidade?,  y  deben  ser  éstas  sólo  fruto  de  arreglos 
diplomáticos  de  los  señores  que  tienen  su  sede  en 
Buenos  Aires  y  que  negocian  ante  las  cortes  euro- 
peas9 . 

Artigas  no  vacila,  su  fe  no  se  quebranta.  Cree  en 
las  palabras  que  su  visión  le  dice  al  oído,  'sigue  cre- 
yendo en  el  espíritu  de  la  revolución  de  Mayo  Es  un 
obstinado,  un  bárbaro 

Realiza,  sin  embargo,  una  nueva  tentativa  de  paci- 
ficación, él  no-  quiere  la  guerra  con  sus  hermanos 
Convoca,  en  el  Arroyo  de  la  China,  hoy  Concepción 
del  Uruguay,  un  Congreso  de  representantes  de  las 
provincias  que  obedecen  a  su  influencia  Santa  Fe, 
Entrerríos,  Corrientes,  Córdoba.  Y  ese  Congreso  en 
vía  a  Buenos  Aires  cuatro  diputados,  los  doctores 
Cossío,  Andino,  Cabrera  y  Barreiro,  el  secretario  de 
Artigas,  a  agotar  los  recursos  para  evitar  la  guerra 
En  Buenos  Aires  se  repite  la  escena  de  la  recepción 
de  Alvear  a  los  comisionados  orientales  en  Montevi- 
deo Puesto  que  esos  diputados  no  traen  la  sumisión 
incondicional  de  sus  comitentes  a  lo  que  se  resuelva 
en  Buenos  Aires,  no  son  dignos  de  respeto  A  fin  de 
que  no  regresaran  extemporáneamente,  llevando  a  Ar- 
tigas la  noticia  de  la  salida  de  tropas  enviadas  contra 
éi  a  Santa  Fe,  al  mando  de  \iamont,  los  nuncios  de 
paz  fueron  encarcelados  en  la  fragata  de  guerra  Nep 
tuno,  con  el  pretexto  de  alojarlos  con  mas  decencia 
y  comodidad  Aquéllos  protestaron  contra  el  ultraje, 
Artigas  dirigió  al  Director  una  intimación  indignada 
y  amenazante  Pero  Alvare2  Thomás  se  rió  grande- 
mente de  sus  iras,  y  sólo  dio  sus  pasaportes  a  los 
cuatro  embajadores  cuando  lo  estimó  oportuno  Muy 
pronto  dejara  de  reír,  sin  embargo,  el  señor  Director, 
veremos  cómo,  dentro  de  tres  o  cuatro  meses,  el  29 


[227] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


de  noviembre  de  1815,  ocurrirá  el  desastre  de  Sipc' 
Sipe,  en  el  Alto  Perú,  donde  Pezuela  aniquilara  a 
Rondeau,  y  \  eréis  entonces  a  este  director  Álvarez 
recurrir  consternado  a  Artigas  en  demanda  de  soco- 
rro, consternado  )  suplicante 

Pero,  entretanto,  los  diputado»  del  Jefe  de  los  Orien- 
tales  tuvieron  que  retirarse  ultrajados 

Nos  retiramos  en  paz,  dijeron  a  Aharez  Yo  quedo 
con  ella,  contesto  sonriendo  irónicamente  el  Director 
Supremo,  que  se  juzgaba  perfectamente  seguro  en  el 
puesto  en  que  Artigas  lo  había  colocado 

VI 

Alvarez  Thomás  y  sus  hombres  teman  motivos  para 
hablar  a  Artigas  con  sangrienta  ironía  en  ese  momen- 
to, y  para  esperar  tranquilos  las  resoluciones  que  éste 
adoptara  con  sus  orientales  j Tenían  motivos'  Todo 
estaba  preparado  para  no  temer  a  Artiga* 

Yo  quisiera,  mis  amigos,  no  tener  que  hablaros  de 
esto  Llego  a  esta  hora  de  tinieblas  con  gran  tristeza, 
quisiera  que  no  sonara  en  el  tiempo  Pero  e¿>as  oscu 
ndades  son  necesarias  para  que  sobre  ellas  se  pro- 
yecte la  forma  luminosa  del  heioe.  y  se  ofrezca  a 
vuestros  ojos  con  su  nimbo  histonco 

£1  gobierno  de  Buenos  Aires  reasume  la  actitud  de 
sus  piedecesores,  que  esta  en  la  esencia  de  las  cosas, 
con  relación  a  Artigas,  y  reanuda  la  campaña  de  Al- 
vear  contra  el  hombre  oriental,  interrumpida  por  la 
sublevación  de  Fontezuelas,  envía,  como  antes,  sus 
ejércitos,  a  las  ordenes  de  los  geneiales  Díaz  Vélez  y 
Viamont,  a  las  provincias  protegidas  por  aquel  para 
ver  de  dominarlas  y  extirpar  en  ellas  todo  artiguismo 
Pero  esos  ejércitos,  que  se  hacen  odiosos  por  sus  abu- 


[238] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


sos  e  insolencias,  "por  sus  excesos  horrorosos",  como 
_  decía  el  general  Belgrano,  son  vencidos,  como  lo  fue 
Hollemberg  en  el  Espmiüo,  primer  acto  de  guerra  de 
esta  tragedia,  que  terminará  en  la  plaza  de  Buenos 
Aires  Si  mas  adelante  se  nos  ofrece  la  ocasión,  lee- 
remos algo  de  la  nota  de  Vera,  gobernador  de  Santa 
Fe,  en  que  describe  los  horrores  consumados,  por  ese 
general  Díaz  Vélez  para  sojuzgar  aquel  pueblo  El  ge- 
neral Viamont,  que  manda  uno  de  aquellos  ejércitos 
y  que  deja  el  mismo  recuerdo  que  Vélez  es  tomado 
prisionero,  y  enviado  con  \einte  oficiales  al  campa- 
mento de  Purificación,  que  ya  conocéis,  allí  esta  preso 
algún  tiempo  y  es  puesto  después  en  libertad,  6egún 
el  proceder  constante  del  héroe 

No  hay,  pues,  fuerza  humana  capaz  de  arrancar  de 
esas  provincias  el  alma  de  Artigas  Éste  mira,  con  la 
frente  levantada,  el  campo  de  su  influencia  sobre  los 
pueblos  que  se  extienden  desde  las  Misiones  hasta  el 
Plata,  y  desde  el  Paraná  hasta  el  Atlántico,  y  mucho 
mas  allá,  como  hemos  visto  en  todo  el  largo  y  en 
todo  el  ancho  del  antiguo  virreinato,  como  dice  Ro- 
bertson,  cree  firmemente  que  aquel  potente  núcleo  de 
democracia  se  extendera,  hasta  comprender  todas  las 
Provincias  Unidas  que  arden  de  su  espíritu,  no  ex- 
cluye, por  cierto,  de  esa  unión,  a  Buenos  Aires,  donde 
su  pensamiento  sigue  fermentando,  y  es  el  alma  de  un 
partido  poderoso,  que  puede  vencer,  que  debe  vencer 
tarde  o  temprano  Su  ensueño  se  proyecta  en  el  por- 
venir;  Artigas  cree  que  la  hora  de  organizar  la  patria 
americana,  libre  por  fin,  ha  sonado  ya. 

Ved  lo  que,  al  rayar  el  año  1816,  escribe,  en  su 
cuartel  general,  al  Muy  Ilustre  Cabildo  Gobernador 
de  Montevideo  "He  recibido  los  dos  partes  que  V.  S 


[  229] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


me  incluye,  relativos  a  las  noticias  últimas,  adquiridas 
de  las  potencias  extranjeras 

"Celebro  que  V  S  convenga  conmigo  en  que  es 
difícil  que  ningún  extranjero  nos  incomode,  y  en  que 
de  nuestro  sosiego  resultara  necesariamente  el  orden 
y  adelanto  de  nuestro  sistema 

4< 'Acaso  la  fortuna  no  nos  desampare,  Y  el  año  1816 

SEA  LA  ÉPOCA  FELIZ  DE  LOS  ORIENTALES" 

jLa  época  feliz  de  los  orientales'  tEl  año  1816' 
Leed  de  nuevo  esas  palabras,  mis  amigos,  tienen  la 
luz  más  transparente  del  alma  de  Artigas  -  Yo  veo  en 
el  fondo  de  ellas,  como  en  ningunas  otras,  proyectada 
toda  la  grandeza  de  ese  espíritu  en  contemplación  de 
una  luz  vivísima  Porque  en  ellas  esta  el  rasgo  clásico 
del  genio  la  sinceridad,  iba  a  decir  la  inocencia,  que 
acompaña  a  la  visión  Artigas  no  podía  creer  aquello 
de  que  no  había  elemento  alguno  en  su  propia  alma 
En  ese  momento,  en  que  afirma  que  no  \e,  a  pesar 
de  ver  todos  los  horizontes,  la  probabilidad  de  que  el 
extranjero  incomode  a  la  patria,  y  piensa  en  organi- 
zaría, una  invasión  extranjera,  armada  de  todas  ar- 
mas, formidable,  incontrastable,  va  a  caer  sobre  esa 
Patria  Oriental  recién  nacida,  que  se  encontrará  sola 
ante  el  invasor. 

,Sola' 

Sí,  sola,  independiente  para  morir  Sera  la  única 
patria  sola  en  el  mundo  hispánico  de  la  América  del 
Sur  Artigas  tendrá,  mal  de  su  grado,  la  independen- 
cia que  le  ofrecía  Buenos  Aires,  como  prenda  de  amis- 
tad 

¿Y  las  demás  hermanas  de  America9 

i  Oh,  "las  demás  hermanas  de  América'  Están  muy 
lejos  Esa  formidable  invasión  no  es  la  española,  que 
tanto  se  ha  anunciado  y  temido,  es  la  portuguesa,  su 


[  230] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


hermana  gemela  Y  ella  viene  de  acuerdo  con  el  Direc- 
torio de  Buenos  Aires,  y  con  el  Congreso  de  Tucu- 
mán,  el  que  declaró  la  independencia,  es  su  aliada 
monárquica  contra  Artigas 

Mientras  éste  luchaba  a  la  luz  del  sol,  sus  enemi- 
gos le  minaban  la  tierra  que  pisaba  Alvear  y  Alva- 
rez  Thoraas  seguían,  en  Río  Janeiro,  la  negociación 
de  que  hemos  hablado,  tendente  a  entregar  a  Portu- 
gal la  Banda  Oriental,  a  trueque  de  que  aniquilara  a 
Artigas,  el  único  enemigo  Fue  larga  y  laboriosa  la 
empresa,  pero,  al  rayar  el  año  16,  ella  estaba  termi- 
nada. Ya  podía  Artigas  tentar  sus  fuerzas  le  habían 
cortado  el  cabello  mientras  dormía 

Amigos  artistas  esta  entrega,  o  venta,  o  inmola- 
ción, o  como  quiera  llamársele,  que  vamos  a  conocer 
de  Artigas  y  su  pobre  pueblo,  consumada  por  sus 
malos  hermanos,  dará  no  poco  que  hablar  a  la  futura 
filosofía  de  la  historia,  cuando  la  nuestra  se  incorpore 
a  la  universal  El  caso  es  clásico,  y  nada  importa  que, 
en  sí  mismo,  no  sea  de  grandes  proporciones  Menos 
grandes  lo  fueion,  me  parece,  las  del  análogo  que  os 
ha  acudido  a  la  memoria  el  de  aquel  José,  hijo  me- 
nor de  Jacob,  odiado  por  sus  hermanos  porque  vio 
en  sueños  su  propia  grandeza,  y  metido  en  la  cis- 
terna, y  vendido  a  los  comerciantes  que  pasaban  para 
Egipto  montados  en  camellos  Y  fue  anuncio  o  figura, 
sin  embargo,  de  sublimes  cosas 

Hav  mucho  de  humano,  no  cabe  duda,  mucho  de 
miseria  humana,  en  esta  muerte  dentro  de  la  cisterna 
de  Artigas  y  de  su  pueblo  Ella  ha  tenido  también  su 
escriba  o  doctor  de  la  ley  en  el  más  clasico  represen- 
tante del  feudalismo  bonaerense  os  hablo  de  Vicente 
Fidel  López  En  el  primer  tomo  de  su  Historia  Ar- 
-  gentma,  dice  este  ingenioso  hidalgo,  cuando  llega  a 


[231] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


eBte  momento  "Lo  que  no  admitía  demora  era  el  ex- 
terminio y  la  expulsión  de  Artigas,  para  neutralizar, 
cuando  menos,  las  costas  del  Río  de  la  Plata  y  del 
Atlántico  (alude  al  peligro  de  la  invasión  espa- 
ñola) Pero  ¿cómo  hacer  para  eliminar  a  Artigas9 
Buenos  Aires  no  tenía  medios  ni  recursos  para  domi- 
nar por  las  aimas  aquel  molimiento  genial  de  las 
masas  que  le  seguían  Era  preciso  sacrificar  al  caU' 
dillo,  y  salvar  a  la  nación  Era  preciso  entregarlo  al 
poder  del  extranjero  con  parte  del  territorio  donde 
tenía  asiento  propio  su  poder  personal  La  derrota 
de  Sipe  Sipe  ponía  un  fin  necesario  y  urgente  a  los 
escrúpulos" 

Una  frase  como  esa  "es  necesario  que  un  hombre 
muera  por  el  pueblo"  fue  pronunciada,  como  recor 
daréis,  en  el  momento  más  solemne  de  la  historia  hu- 
mana i  Sacrificar  al  caudillo  y  salvar  a  la  nación' 
Sabemos  lo  que  por  nación  entendían  los  hombres 
cuyo  espíritu  interpreta  López,  la  nación  era  la  ciu 
dad,  la  reina  de  la  colmena,  el  ídolo  en  el  ejército 
azteca  Y  también  sabemos  perfectamente  que  no  fue 
la  batalla  de  Sipe-Sipe,  ni  mucho  menos,  la  que  puso 
fin  a  los  escrúpulos,  si  éstos  existieron  Mucho  antes 
de  la  tal  batalla,  mucho  antes,  la  alianza  con  Portu- 
gal y  el  exterminio  de  Artigas  estaban  acordados,  lo 
sabemos  perfectamente 

No  crean,  con  todo,  amigos  míos  que  voj  a  clamar 
indignado  a  la  traición,  la  ira  es  malísima  consejera 
en  historia  Os  voy  a  exponer  los  hechos,  pero  os 
voy  a  indicar  causas  más  profundas  que  la  voluntad 
o  la  deslealtad  de  los  hombres,  en  esta  entrega  de  la 
Banda  Oriental  al  portugués,  consumada  por  algunos 
hermanos  extraviados. 


[232] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Es  preciso,  sin  embargo,  que,  en  este  penoso  mo- 
mento, os  inculque  una  vez  más,  con  toda  la  energía 
de  que  soy  capaz,  lo  que  ya  09  he  dicho,  mis  amigos 
no  confundáis  los  directorios  políticos,  las  logias  se- 
cretas, las  oligarquías  exóticas  que  rigen  las  cosas  en 
la  capital  del  virreinato,  con  el  pueblo  argentino,  sin 
excluir  el  mismo  de  Buenos  Aires 

Éste,  el  pueblo  argentino,  es  también  el  pueblo  de 
Artigas,  siente  unánimemente  que  el  vínculo  socioló- 
gico que  lo  liga  con  los  orientales  es  superior  a  la 
frontera  geológica,  como  lo  es  el  que  lo  liga  con  Chile 
y  el  Perú,  a  pesar  de  los  Andes 

Ese  pueblo  argentino  luchará,  por  esa  causa,  con- 
tra sus  Directorios,  mientras  Artigas,  al  par  de  acau- 
dillarlo, saldrá  al  encuentro  del  portugués  Saldrá  a 
su  encuentro  con  una  confianza  tal  y  tan  fiera  en  las 
energías  de  su  pueblo,  que,  aun  después  de  producida 
la  invasión  portuguesa,  en  30  de  jumo  de  1816,  es- 
cribe a  Barreiro  "El  año  16  ha  corrido  favorable- 
mente, acaso  complete,  con  sus  días,  la  gloria  de 
vernos  triunfantes,  libres  y  felices" 

El  héroe  vidente  no  se  equivocaba  el  año  16  será 
la  época  feliz  de  los  orientales  el  ciclo  de  sus  már- 
tires, de  los  eternamente  libres 

Vais  a  ver  cómo  sangra  y  resplandece  la  franja 
diagonal  de  su  bandera 


[233] 


CONFERENCIA  XVII 


LA  GRAN  CONJURACION 

El  hombre  republicano  —  Las  formas  de  gobierno  —  Esen 
cía  de  la  república  —  La  sene  de  derrumbes  en  Buenos 
AireB  —  Posadas,  Airear,  Rondeau,  Alvarez  Thomás,  Bal 
caree,  Pueyrredón  —  Congreso  de  Tucumán  —  Compo 
sicion  y  espíritu  del  Congreso  de  Tucuman  —  Declaratoria 
de  independencia  —  Semblanza  de  Pueyrredón  "  —  Riva 
davia  —  El  Congreso  de  Viena  —  Las  Santas  Alianzas 
—  La  invasión  portuguesa  —  Artigas,  el  solo  defensor  de 
América  en  el  Sur  —  Quienes  son  sus  enemigos  —  Laa  en 
trañas  de  la  invasión  portuguesa  —  El  Congreso  de  Tucu 
man,  Pueyrredón,  y  Tagle  —  García  en  Río  Janeiro  — 
Lo  reservado  y  lo  reservadísimo  —  Artigas  proyectado  en 
la  sombra 

I 

"jEL  AÑO  1816  SERÁ  EL  4ÑO  FELIZ  PARA  LOS  ORIEN- 
TALES ' " 

Artigas,  mis  amigos  artistas,  es,  en  estas  regiones, 
un  reproche  viviente  para  los  que,  perdida  la  fe  en  el 
pueblo  americano  o  no  habiéndola  jamás  tenido,  fra- 
guan en  secreto  el  regreso  de  estos  pueblos  al  aprisco 

Es  claro  que  todos  los  que  tal  hacen  no  han  de  dar 
-  participación  a  tal  hombre  en  sus  planes  El  único 
que  tuvo  la  ingenuidad,  muy  propia  de  su  carácter 
honrado,  de  hacerle  saber  algo  de  eso,  y  hasta  de  so- 
licitar su  concurso,  fue  Belgrano  Éste  había  redu- 
cido a  Gueraes,  el  esforzado  caudillo  de  Salta,  a  se- 
cundar su  onginahsimo  proyecto  de  coronar  en  el 
Plata  a  un  descendiente  de  los  reyes  incásicos,  que, 


[235] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


mal  que  mal,  eran  reyes  Y,  no  creyendo  hallar  en 
Artigas  un  hombre  de  pensamiento,  sino  un  Guemes 
algo  mayor  que  el  heroico  salteño,  concihió  la  ilusión 
de  hacer  de  aquél  otro  subdito  del  indio  coronado 
jEl  buen  Belgiano1  Los  demás  proceres  se  guar- 
daban bien,  por  supuesto,  de  dar  al  Jefe  de  los  Orien- 
tales participación  en  sus  combinaciones,  lo  sabían 
irreductible,  y  lo  presentaban  como  una  entidad  anár 
quica,  irracional  \  sin  mas  propósito  que  la  satisfac- 
ción de  sus  ambiciones  y  apetitos 

Cuando  Artigas,  viendo  en  su  Pama  Oriental  un 
ser  orgánico,  relativamente  fuerte,  altivo,  lleno  de  fe 
en  sí  mismo,  en  vías  de  organización  política,  y  con 
un  nombre  que  sonaba  a  gloria  entre  todas  las  pro- 
vincias del  antiguo  virreinato,  afirmaba  que  ese  año 
1816  iba  a  ser  el  año  feliz  para  los  orientales,  no  sa- 
bía que,  desde  el  momento  en  que  Fernando  VII  ha- 
bía sido  restituido  al  trono  de  España  por  la  caída 
de  Napoleón,  el  Directorio  de  Buenos  Aires  había 
pensado  en  desagraviarlo  )  arreglarse  con  él,  probán- 
dole que  lo  que  se  había  dicho  el  25  de  mayo  de  1810 
era  literalmente  verdad  que  la  revolución  tenía  por 
solo  objeto  conservar  a  su  amado  monarca  sus  domi- 
nios en  América 

Artigas  ignoraba  lo  que  nosotros  sabemos  que  el 
general  Belgrano,  el  vencedor  de  Salta  \  Tucumán,  y 
don  Bernardino  Rivadavia  el  severo  director  de  los 
sangrientos  procesos  de  Alzaga  y  de  Liniers,  habían 
sido  enviados  a  Europa  para  negociar,  en  las  cortes 
de  Londres  y  Madrid,  la  formación  de  una  monarquía 
en  el  Plata,  y  también  en  Chile  y  también  en  toda 
América,  ignoraba  que,  fracasada  la  primera  tenta- 
tiva, y  vuelto  Belgrano  a  Buenos  Aires,  quedó  en  Eu 
ropa  Rivadavia,  y  que  éste,  precisamente  en  enero 


[  236] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


de  1816,  y  pese  a  sus  gestiones  de  1815  en  favor  de 
Carlos  IV,  se  trasladaba  de  ParÍ9  a  Madrid,  a  pre- 
sentar a  la  majestad  de  Fernando  VII,  restaurado  en 
su  trono  absoluto,  sus  felicitaciones,  y  "los  sentimien- 
tos de  lealtad  de  algunos  miles  de  su9  vasallos,  cuyo 
voto  es  la  paz  y  la  prosperidad  del  reinado  de  sus 
amados  monarcas". 

Esas  negociaciones,  mis  amigos  artistas,  fueron  lar- 
gas y  reiteradas,  presentaron  distintas  faces  desde  la 
más  humillante  hasta  la  más  grotesca  Si  ellas  no  tu- 
vieron resultado,  si  estos  países  no  continuaron  bajo 
el  cetro  de  una  dinastía  europea,  sino  que  acabaron 
por  ser  realmente  independientes,  es  decir,  republica- 
nos, dueños  de  bí  mismos,  no  fue  ciertamente  porque 
no  se  hubiera  hecho  todo  lo  humanamente  posible 
por  aniquilar,  con  la  intervención  de  los  monarcas 
absolutos,  el  espíritu  democrático,  de  que  Artigas  era 
el  bárbaro  poseído 

Al  hablaros  de  esto  con  insistencia,  mÍ9  amigos,  un 
escrúpulo,  acaso  más  estético  que  de  conciencia,  mo- 
lesta mi  imaginación 

Yo  os  presento  a  Artigas  como  el  héroe  republi- 
cano de  nuestra  América  Líbreme  Dios,  sin  embargo, 
de  aparecer  por  eso,  a  vuestros  ojos,  como  el  cre- 
yente fetichista  de  una  forma  de  gobierno,  así  se 
llame  república,  o  monarquía,  o  cualquier  otra  cosa 
Ya  os  he  dicho  cuánto  desdeño  las  formas,  las  apa- 
riencias idolátricas,  las  palabras  sin  más  habitante 
que  el  sonido,  los  templos  sin  más  dios  que  la  mu- 
chedumbre Todo  eso  me  produce  un  escalofrío  de 
repugnancia,  mi  criterio  estético  se  rebela  contra  todo 
lo  que  es  adulación  de  turbas.  No  sólo  es  falso,  es 
feo,  inarmónico  El  arte  es  una  aristocracia. 


[237] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Las  formas  de  gobierno,  como  todas  las  formas, 
no  son  sino  un  accidente,  que  no  es  nada  si  no  hay 
una  sustancia  Yo  creo  que,  así  como  lo  bello  en  la 
naturaleza,  o  en  las  cosas  creadas,  no  es  sino  la  re 
\ elación,  en  el  aspecto  sensible  de  éstas,  de  un  prm 
cipio  que  Ie«*  es  superior,  y  que  es  en  ellas  expresión, 
unidad,  armonía,  atracción  hacia  lo  más  alto  así  la 
autoridad  civil  o  política  no  es  otra  cosa  que  la  reve- 
lación, la  encarnación  mejor  dicho,  en  uno  o  más 
hombres,  de  un  principio  o  fuerza  superior  al  hombre 
mismo  v  que  es  también  unidad,  orden,  armonía  fe- 
licidad sociales  Sólo  así  se  conciben  la  supremacía 
del  hombre  autoridad  sobre  el  hombre  no  autoridad, 
y  el  deber  moral  de  obedecer  al  primero,  va  que  to- 
dos los  hijos  de  Adán  son  específicamente  iguales 
entre  sí 

Eso  es  lo  que  quería  decir,  allá  en  el  siglo  XVII 
aquel  altivo  Alcalde  de  Zalamea,  de  que  hablamos  al- 
guna vez,  cuando,  reconociendo  en  el  rev  el  derecho 
de  pedirle  la  hacienda  y  hasta  la  \ida,  le  niega  el  de 
arrebatarle  el  honor,  porque  "el  honor  es  patrimonio 
del  alma,  y  el  alma  ,  sólo  es  de  Dios"  También  es 
ése,  y  no  otro,  el  sentido  del  hondo  principio  cris- 
tiano, según  el  cual,  "todo  poder  viene  de  Dios'1  Ese 
principio  deja  a  salvo  el  honor  v  la  dignidad  huma- 
nos, cuando  el  hombre  rinde  al  hombre  su  tributo 
de  obediencia  Con  ser  esto  tan  sencillo,  pocos  temas 
de  filosofía  habrán  dado  ocasión,  sin  embargo,  o 
mucho  me  equivoco  a  decir  mayores  vaciedades,  de 
una  y  otra  parte,  que  las  dichas  y  por  decir  sobre  el 
asendereado  derecho  divino 

Pero  el  hombre  o  los  hombres  que  encarnen  el 
principio  o  fuerza  ordenadora  de  que  hablamos,  deben 
ser  los  mejores  como  es  natural,  los  más  aptos,  lo» 


[238] 


LA  EPOPEYA  PE  ABTIGAS 


más  abnegados,  es  decir,  los  que,  por  sus  dotes  y 
virtudes,  sean  más  capaces  de  olvidarse  de  si  mismos 
para  pensar  en  el  bien  común,  en  eso  que  llamamos 
estado,  patria,  sociedad  civil  o  política,  o  como  que- 
ráis llamarle,  y  que  es  el  medio  necesario  al  hombre 
para  desenvolver  sus  facultades  y  llenar  su  destino 
Esos  son  los  legítimos,  los  sustancialmente  legítimos, 
es  decir,  los  que  Dios  quiere  que  sean  obedecidos 

Las  formas  de  gobierno  no  son,  pues,  otra  cosa, 
en  resumidas  cuentas,  que  los  medios  que  se  emplean 
para  conocer  esa  voluntad  de  Dios,  para  hallar  y  re- 
vestir de  autoridad  a  esos  hombres  honrados,  a  los 
que  mas  se  acerquen  a  aquel  ideal,  cuando  menos,  y 
no  a  otros  Los  republicanos  somos  tales,  en  cuanto 
resistiéndonos  a  creer  en  la  existencia  de  hombres 
predestinadas  ab  ovo  a  ser  los  majores  y  los  mas  aptos, 
loa  nacidos,  por  consiguiente  con  el  derecho  conge 
mío  o  drvino  de  ser  reyes  o  emperadores,  o  como 
queráis  Uaraailes,  juzgamos  que  el  medio  que  más  ra- 
cionalmente conduce  a  dar  con  tales  personas  aptas, 
para  acatar,  no  su  sangre  de  especial  color,  sino  el 
principio  ordenador  que  en  ella»        encarne,  es 
que  consiste  en  designarlas  poi  la  voluntad  nac 
De  ahí  aquello  de  vox  popüh,  vox  Dei,  que  s 
por  ahí   La  democracia,  dice  el  teólogo 
de  derecho  divino,  porque  la  razón  natura 
que  la  potencia  política  suprema "rebulta, 
te,  de  la  constitución  de  la  sociedad  hi 
por  la  fuerza  de  esa  misma  razón,  ella  , 
sociedad  toda  entera 

Me  parece  que  eso  es  claro  Como 
reside  toda  en  todo  el  cuerpo,  asi  la 
en  todo  el  organismo  social  y  de  él 
tamente  No  hay,  pues,  que  confr 


f  239  ] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


la  sociedad  política,  con  el  soberano,  no  hay  que  to- 
mar el  órgano  por  la  función. 

Más  explícitamente,  si  cabe,  que  Suárez,  nos  en- 
seña esa  doctrina,  sobre  lo  accidental  de  las  formas, 
Santo  Tomás  de  Aqumo,  cuando  nos  dice  en  la  Suma 
"Está  en  la  razón  de  la  ley  humana  que  sea  dictada 
por  el  que  gobierna  la  comunidad  civil  Si  la  ciudad 
es  gobernada  por  uno,  llámase  remo,  y  de  él  emanan 
las  constituciones  de  los  principes  Otro  régimen  es 
la  aristocracia,  esto  es,  el  gobierno  de  los  óptimos 
El  tercero  es  la  oligarquía,  es  decir,  el  principado  de 
pocos,  ricos  y  poderosos  Otro  gobierno  es  el  del  pue 
blo  (popuh),  que  se  llama  democracia  Otro  es  la  ti- 
ranía, el  cual  es  la  corrupción  misma,  y,  por  tanto, 
de  éste  no  puede  ongmurse  ley  alguna  Hay  todavía 
otro  régimen,  mixto,  y  es  el  óptimo,  y  sus  mandatos 
son  ley,  que  los  ancianos,  juntamente  con  el  pueblo, 
sancionaron"   íl  II  Q  H ) 

Eso,  como  lo  veis,  ese  gobierno  del  pueblo,  unido 
a  los  ancianos,  que  son  el  pueblo  mismo  arraigado 
en  el  pasado,  no  es  otra  eosa,  palabra  más,  palabra 
enos,  que  la  soberanía  popular,  que  no  es  ni  la 
— ración  de  la  bondad  natural  del  hombre,  cier- 
ni  la  tiranía  de  la  multitud 
ido  moderno  cree  ho\  en  eso  como  en  un 
la  democracia,  la  óptima,  según  Santo  To 
-infado,  nadie  puede  dudarlo,  es  la  dueña 
i»á   Y  es  la  república,  hasta  ahora,  su 
perfecta,  a  condición,  por  supuesto,  de 
que  la  forma  republicana  significa  la 
o  Virtud  sustituidas  por  el  Número, 
s  y  consagradas  y  acatadas  por  éh 
de  afirmar,  por  eso.  que  la  tal  forma 
Jivimdad  inmortal9 


[240] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


¡Vahen te  diosa!  Nadie  mejor  que  nosotros,  los  re- 
publicanos, sabemos  que  esa  divinidad  puede  ser  tan 
fetiche  como  pudo  serlo  la  otra,  la  de  corona  y  cetro 
dorados  Que  la  misma  libertad  puede  erigirse  en 
tirano. 

La  vida  es  transformación  constante,  y  el  organis- 
mo político,  que  es  cosa  viva,  no  escapa  a  esa  ley 

Pero  dice  Bourget  entre  otros,  en  sus  Ensayos  de 
Psicología  contemporánea,  que  "las  concepciones  de 
los  Darwin  y  los  Spencer,  que  tanto  penetran  el  es- 
píritu moderno,  darán  un  vuelco  a  la  moral  pública 
Se  acerca  el  tiempo,  agrega,  en  que  una  sociedad  no 
se  ofrecerá  a  los  adeptos  de  la  filosofía  de  la  evolu- 
ción como  se  ofrecía  a  los  últimos  herederos  de  Rous 
seau.  No  se  verá  en  ella  la  ejecución  de  un  contrato 
lógico,  sino  el  funcionamiento  de  una  federación  de 
organismos,  de  que  el  individuo  es  la  célula  Una 
idea  semejante  está  encinta  de  una  moral  pública 
completamente  distinta  de  la  que  actualmente  nos  rige 
Ella  conduce  a  una  concepción  del  derecho  histórico 
que  justifica  a  los  adeptos  del  derecho  divino,  a  una 
teoría  de  la  herencia  que  justifica  el  principio  de  la 
aristocracia  transmitida,  etc ,  etc  En  una  palabra, 
esa  enseñanza  de  la  ciencia  es  la  negación  total  de 
los  falsos  dogmas  de  1789" 

Lo  que  haya  en  todo  esto  de  veidad  o  de  error,  me 
tiene  sin  cuidado  en  este  momento.  Yo  no  os  insinúo 
estos  problemas  abstractos,  mis  amigos,  para  conven- 
ceros de  que  están  resueltos  en  tal  o  cual  sentido, 
converso  con  vosotros  (mucho  me  temo  que  mas  -de 
lo  necesario)  de  estos  empirismos,  para  que  os  deis 
cuenta  bien  clara  de  que,  cuando  yo  os  inspiro  la 
marmórea  glorificación  de  Artigas  como  el  hombre, 
como  el  héroe,  por  ser  el  profeta  armado  de  la  demo- 


[241] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


craeia  y  de  la  república,  cuando  os  ofrezco  el  con- 
traste de  su  fe  en  la  masa  popular,  pese  a  sus  imper- 
fecciones, con  el  esceptismo  de  los  que  lo  odiaron  y 
persiguieron  y  calumniaron,  no  lo  hago  para  presen- 
taros en  el  al  creyente  o  defensor  de  una  forma  de 
gobierno,  transitoria  como  todas  las  formas  No,  yo 
quiero  que  veáis  en  él,  por  que  en  el  está,  la  encar- 
nación de  una  esencia,  de  lo  que  permanece  al  tra 
vés  de  las  apariencias  fugaces 

Porque  podra  ser  todo  lo  accidental  que  se  quiera, 
en  tesis  abstracta  la  forma  de  gobierno,  pero  en  hi- 
pótesis es  decir,  en  el  caso  concreto  de  nuestra  re- 
volución americana,  ciego  tiene  que  ser  quien  no  vea 
que  democracia  republicana  e  independencia  eran  si- 
nónimos, como  lo  eran  aristocracia  monárquica  y  con- 
tinuación de  la  antigua  dependencia 

¿Qué  otra  cosa  puede  querer  decir  independencia 
de  América",  si  no  es  caducidad,  no  sólo  de  las  per- 
sonas que  la  gobernaban,  sino,  muy  especialmente, 
del  régimen,  del  titulo  hereditario,  basado  en  la  con- 
quista, que  esas  personas  invocaban  para  «*er  acata- 
das, v  reposición  por  consiguiente,  de  la  sociedad  a 
su  estado  pumeio,  es  decir,  al  momento  en  que  cons- 
tituida en  un  organismo  por  la  simple  coexistencia 
de  los  hombres  comienza  sus  funciones  espontaneas 
ordenadas9 

En  ese  caso,  la  autoridad  no  es  de  nadie,  es  res  nu 
llius,  según  dicen  los  juristas,  pertenece  a  la  gocie 
dad  toda  entera,  como  dice  Suarez,  }  la  ejerce,  como 
pasó  con  la  propiedad,  el  primer  ocupante,  el  que  la 
toma  Y  éste  no  puede  ser  otro,  en  caso  de  revolución, 
que  el  pueblo  que  la  hace,  o,  si  queréis,  el  hombre  o 
los  hombres  que,  por  la  fuerza  de  las  cosas,  por  el 
asentimiento  indeliberado,  según  Sarmiento,  de  una 


[242] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


nación,  a  un  hecho  permanente,  son  la  encarnación 
personal  de  aquel  pueblo,  sus  conductores,  los  depo- 
sitarios de  su  espíritu  Ese  hombre  o  esos  hombree, 
en  nuestra  América,  podían  ser  los  pensadores,  o  los 
fuerteB,  o  los  atrevidos,  eso  es  accidental.  Podía  ser 
cualquiera,  podían  serlo  todos  todos,  menos  uno 
el  rey  europeo  o  la  dinastía  que  se  destronaba,  y  que 
no  formaba  parte  del  organismo  nuevo,  cuya  cabeza 
tenia  éste  que  elaborar  de  su  propia  sustancia,  si  eia 
realmente  un  organismo  vivo  Buscar^  a  ese  rey  o  di- 
nastía, como  el  único  medio  de  dar  a  ese  organismo 
funciones  ordenadas,  o  era  la  negación  expresa  de  la 
existencia  de  tal  entidad  orgánica,  y  la  condenación, 
por  consiguiente,  de  la  revolución,  o  yot  mis  amigos, 
no  estoy  seguro  de  cuántos  dedos  tengo  en  esta  mi 
mano  derecha 

Imaginaos  ahora  lo  que  Artigas  hubiera  dicho,  él, 
que  era  la  encarnación  del  espíritu  americano,  si  hu- 
biese sido  consultado  sobre  los  planes  de  restauración 
monárquica  que  se  trazaban  en  Buenos  Aires  £1  era 
incapaz  jel  muy  salvaje'  de  comprender  la  majestad 
de  un  príncipe  de  Luca  o  la  de  un  indio  real,  hijo 
de  los  hijos  del  Sol,  entroncado  con  la  dinastía  de 
Braganza,  o  la  de  un  augusto  hermano  del  rey  de  Por- 
tugal Era  indudablemente  un  bárbaro  Se  hacía,  pues, 
necesario  desembara?aise  de  el,  pronto  v  de  cualquier 
manera 

Y  era  esto  último,  sobre  todo,  lo  que  ignoraba  Ar- 
tigas, y  lo  que  \osotros  dehéis  conocer  especialmente 
las  gebtiones  que  se  había»,  h^uio  y  se  estaban  ha- 
ciendo en  Río  Janeiro,  para  deshacerse  del  héroe  y 
de  su  puebloj  entregándolos  al  rey  de  Portugal,  ya 
que  no  había  sido  posible  vencerlos 


[243] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Eso  ae  hizo  en  el  Río  de  la  Plata,  aunque  os  parez- 
ca extravagante  No  lo  ea  tanto  como  parece,  sin  em- 
bargo, estaba  en  la  esencia  de  las  cosas  Los  hombres, 
cuando  no  son  genios  son  más  hijos  de  su  tiempo 
que  de  su  madre,  v  no  haríamos  mayores  cargos  a 
los  que  lo  fueron  del  tiempo  aquel,  si  ellos  no  pre- 
tendieran deprimir  al  que  lo  fue  del  porvenir  para 
sobreponerse  a  él,  pero,  ante  tan  dura  alternativa,  el 
juicio  de  la  histona  se  impone,  como  lo  veis,  con  su 
impasible  severidad 

Es,  pues,  preciso  saber,  por  sí  o  por  no,  quiénei 
fueron  aquellos  injustos  enemigos,  y,  para  eso,  fuerza 
será  que  conozcáis,  siquiera  sea  a  la  ligera,  la  crono- 
logía de  los  hechos  que  pasaban  en  Buenos  Aires, 
mientras  Artigas  organizaba  y  defendía  su  Patria 
Oriental,  y.  en  ella,  el  germen  de  la  república,  desde 
su  mitológica  capital  del  Hervidero 

II 

La  anarquía  política  que  en  Buenos  Aires  ee  pro- 
dujo desde  1810,  y  que  os  tracé  al  principio  con  las 
palabras  de  Mitre,  continúa  allí  sin  interrupción,  y 
contrasta  con  la  unidad  de  ideales  y  de  acción  que 
se  advierte  en  la  Banda  Oriental,  bajo  la  indiscutida 
autoridad  del  héroe 

Ya  conoréis  las  endiabladas  disensiones  de  las  pri- 
meras juntas  en  aquella  ciudad,  habéis  visto  a  los 
triunviratos  derrocados  y  sustituidos  por  el  gobierno 
de  Posadas,  primer  Director  Supremo,  y  a  éste  sus- 
tituido por  Ahear,  que  también  cae  derrocado  por  la 
revuelta  y  el  pronunciamiento  militar,  para  dejar  el 
puesto  a  Alvarez  Thomás  que  sube  al  poder  en  abril 
de  1815 


[244] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Muy  poco  tarda  en  derrumbarse  también  éste,  un 
año  apenas  En  marzo  de  1816  envía  a  Belgrano, 
vuelto  de  Europa,  como  general  de  observación  con- 
tra las  provincias  que  obedecen  a  Artigas  El  coronel 
Díaz  Velez,  jefe  del  ejército,  se  entiende  con  López, 
gobernador  de  Santa  Fe,  como  lo  hizo  Alvarez  en 
Fontezuelas,  y  firma  con  él  un  pacto  en  Santo  Tomé 
(9  de  abril  de  1816),  por  el  que  se  destituye  a  su 
propio  general  Éste,  Belgrano,  es  arrestado  en  su 
campo,  y  se  le  reemplaza  por  Díaz  Vélez  Se  conviene, 
además,  en  la  retirada  de  las  tropas  de  Buenos  Aires, 
y  se  depone  al  Director  Supremo,  que  se  va  como  los 
otros  ¿Y  qué  ha  de  hacer9 

La  Junta  de  Observación,  cuerpo  legislativo  y  elec- 
toral sui  genens,  nombra  director,  en  reemplazo  de 
Alvarez,  a  don  Antonio  González  Balcarce,  que  sólo 
dura  en  su  puesto  lo  que  en  su  rama  un  lino 

También  es  derrocado  violentamente 

El  3  de  mayo  del  mismo  año  1816  es  elegido  Di- 
rector Supremo  el  general  don  Juan  Martín  de  Puey- 
rredón  Pero  éste  ya  no  lo  es  por  la  Junta  de  Obser- 
vación, sino  por  otra  entidad  que  ha  nacido,  y  que 
es  necesario  conocer   el  Congreso  de  Tucumán 

Hablemos,  pues,  con  algún  detenimiento,  de  este 
Congreso  de  Tucumán,  pues  le  cupo  la  gloria  de  pro- 
clamar, por  fin,  en  1816,  la  independencia  que,  en  el 
Congreso  del  Peñarol,  había  proclamado  Artigas,  y 
quería  que  fuera  declarada  en  la  Asamblea  de  Buenos 
Aires,  el  año  1813 

Una  de  las  resoluciones  adoptadas  por  la  revolu- 
ción o  pronunciamiento  que  derribó  a  Alvear  fue, 
como  acontecía  generalmente,  la  inmediata  convoca- 
ción de  un  Congreso  que  representara  a  los  pueblos 
y  lo»  organizara  o  constituyera  Alvarez  Thomás  dic- 


[245] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


tó  la  convocatoria,  de  ésta  nació  la  asamblea  que  se 
reunió  en  Tucumán,  a  principios  de  1816,  y  comenzó 
bus  sesiones  el  24  de  marzo  de  ese  año  El  Congreso 
de  Tucumán  repetición  de  la  Asamblea  que  rechazó 
los  diputados  orientales  en  1813  \  que  cavó  con  Al- 
vear,  es  una  entidad  distinguida  por  su  composición, 
pero  inarticulada,  no  tiene  arraigo  alguno  en  el  pue- 
blo, es  completamente  artificial  Sólo  las  provincias 
de  Tucumán  v  Cuyo,  bajo  la  influencia  de  San  Mar- 
tín, contestaron  al  llamamiento  de  la  capital  Es  claro 
que  no  estuvo  allí  representado  el  Estado  Oriental  de 
Artigas,  éste,  como  los  pastores  de  la  fábula  del  lobo, 
no  podía  acudir  al  llamamiento  de  Buenos  Aires,  y 
pensaba  en  convocar  un  Congreso  federal  en  Paysan- 
dú,  que  la  invasión  portuguesa  hizo  imposible  Tam 
poco  concurrieron  a  la  convocatoria  les  provincias 
que  Artigas  protegía,  Entrerríos,  Corrientes,  Santa  Fe, 
las  Misiones  Occidentales,  pese  a  los  esfuerzos  que  se 
hicieron  por  convencerlas,  tampoco  la  de  Córdoba 
Acudieron,  en  cambio,  algunos  representantes  de  los 
emigrados  del  Alto  Perú,  la  altiplanicie  andina,  a  la 
sazón  en  poder  de  los  españoles,  de  cuyas  manos  pa- 
sará a  ser  república  independiente  por  obra  de  Bolí- 
var Era  cta  última,  por  consiguiente,  una  represen- 
tación refleja,  como  lo  veis  eran  representantes  de 
representantes  oficiosos  de  un  ser  que  no  existía,  de 
una  entidad  que,  como  el  Paraguay  y  el  Uruguay, 
no  han  sido  ni  serán  parte  integrante  de  la  futura 
Repúbhca  Argentina 

La  provincia  de  Salta,  dominada  en  absoluto  por  su 
caudillo  Guemes,  que  se  mantiene  en  un  estado  casi 
independiente,  envía  sus  diputados,  Pero  éstos  son 
elegidos  al  grito  de  i  mueran  los  porteños! 

Los  porteños  o  sea,  los  hombres  del  puerto,  de  la 


[246] 


LA  EPOPEYA  PE  ARTIGAS 


Comuna  de  Buenos  Aires,  en  todo  pensaban,  menos 
en  complacer  a  la  provincia  de  Salta  m  a  provincia 
alguna,  en  todo,  menos  en  morir  en  el  Congrego  de 
Tucumán  Elloa  sabían  que,  con  excepción  de  los 
representantes  de  la  provincia  de  Cuyo,  enviados  e 
inspirados  por  San  Martín,  todos  los  demás  les  eran 
hostiles,  seguían  a  Artigas  Sin  embargo,  fue  Buenos 
Aires  quien  triunfó  en  definitiva,  con  Pueyrredón,  en 
el  seno  del  Congreso 

El  señoi  Vicente  Fidel  López,  en  su  Historia  argen- 
tina, precisa  bastante  bien  ese  espíritu  de  la  asam- 
blea "El  Congreso  de  Tucuman,  dice,  estaba  inocu- 
lado también  del  veneno  artiguista  Sus  pretensiones 
eran  crear  un  poder  personal  \  político,  no  sólo  aje 
no,  sino  simpático  y  dominador  de  Buenos  Aires, 
para  gobernar  desde  afuera  v  con  influencias  pura 
mente  pro\ inciales,  los  intereses  comunes,  y  como  el 
núcleo  sensible  de  esos  intereses,  asi  como  el  de  los 
recursos  y  elementos  que  podían  darles  solución,  es- 
taban concentrados  en  la  capital,  ésta  resistía  la  ex- 
propiación y  el  despojo,  que  pretendían  imponerle, 
de  aquello  que  consideraba  exclusivamente  wyo,  es 
decir,  del  poder  de  gobernar  y  dirigir  el  contingente 
de  fuerzas  vitales  con  que  ella  hacía  la  guerra  y  man- 
tenía la  personalidad  del  estado" 

López  dice  la  verdad,  como  sabéis  Buenos  Aires 
consideraba  exclusivamente  suyo,  desgraciadamente,  el 
derecho  de  gobernar  y  dar  solución  al  destino  de  to 
dos  los  pueblos,  y,  en  ejercicio  de  ese  derecho,  nego- 
ciaba, en  Europa,  Iá  coronación  de  un  rey  que  viniera 
al  Plata  con  buenos  soldados  Asi  no  se  gobernarían 
desde  afuera  los  intereses  comunes  Imaginaos  si  es- 
tarían dispuestos  los  porteños  a  morir  en  el  Congreso 
de  Tucumán,  para  complacer  a  los  salterios  de  Gue- 


[247] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


mes,  envenenados  de  Artiguismo,  es  decir,  de  instinto 
de  emancipación  americana,  que  les  hacía  creer  que 
ellos  no  eran  de  afuera 

Es  claro  que,  en  cuanto  a  las  formas  de  elección 
de  aquellos  diputados,  no  hay  nada  que  hablar  la 
influencia  directa  del  pueblo  era  muy  poca  o  ninguna. 
Pero  no  nos  hemos  de  preocupar  mucho  de  esas  co- 
sas, de  esas  formas,  no  hemos  de  rechazar  a  los  dipu 
tados  de  Tucuman  por  lo  que  fueron  rechazados  los 
de  Artigas  en  el  año  13  por  defectos  en  la  forma  de 
su  elección  Eso  no  es  serio  La  representación  popu- 
lar, en  estos  períodos  caóticos,  no  está  en  las  molécu- 
las, sino  en  los  núcleos  que  las  conglomeran  y  arras- 
tran, bien  lo  sabemos;  aquellos  diputados  eran  legí- 
timos, no  hay  duda,  con  su  legitimidad  relativa 

El  Congreso  de  Tucuman  es  una  nueva  tentativa  de 
la  oligarquía  porteña  para  formar  un  núcleo  cualquie- 
ra de  autoridad,  a  falta  del  héroe  pensadoi,  del  rex 
de  Carlyle,  que  no  había  surgido  en  la  región  occi 
dental,  como  Artigas  en  el  Uruguay,  o  Bolívar  allá 
en  el  Norte 

Esa  era  el  alma  del  Congreso  un  respetable  simu- 
lacro, digno,  sin  embargo  de  glorificación,  como  agen- 
te de  acciones  y  reacciones  fecundas 

En  cuanto  a  su  cuerpo,  a  su  fuerza  material,  con- 
taba con  la  fuerte  espada  de  San  Martín,  que  organi- 
zaba en  Cuyo  el  ejército  que,  un  año  más  tarde,  debía 
cruzar  los  Andes:  y  con  la  gloriosa  de  Belgrano,  el 
vencedor  de  Salta  y  Tucumán,  vuelto  recientemente 
de  Europa  de  buscar  un  rey,  y  que  fue  a  Tucumán  a 
pugnar,  con  todas  sus  fuerzas,  por  el  triunfo  de  la 
monarquía  incásica,  nacida  en  su  imaginación  ator- 
mentada 


[248] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Todos  ellos,  tanto  la  oligarquía  de  Buenos  Aires 
como  los  dos  insignes  generales,  eran  monárquicos,  y 
monárquico  fue  casi  unánimemente  el  Congreso,  for- 
mado de  personalidades  muy  meritorias,  por  cierto, 
pero  ajenas  por  completo  al  pensamiento  fundamen- 
tal de  la  revolución  de  Mayo;  eran  viejos  hombres 
honrados,  perfectamente  honrados 

Todos  ellos  creían  en  la  legitimidad  de  la  sangre 
real,  encarnaban  la  filosofía  y  la  tradición  coloniales, 
eran  discípulos  sobresalientes  de  las  universidades  rea- 
les en  América,  de  la  de  Chuquisaca  especialmente, 
buenos  latinistas  o  humanistas,  maestros  en  cánones 
regahstas,  estudiosos  profesores  de  derecho  español 
Hombres  rectos  y  honestos,  capaces  de  todas  las  ab- 
negaciones, obedecían  a  un  impulso  de  libertad,  sen- 
tían la  justicia  y  la  necesidad  de  una  emancipación; 
pero,  como  nuestro  doctor  Pérez  Castellano,  el  autor 
de  la  fórmula  de  Majo  en  Montevideo,  no  estaban 
habilitados  para  peicibir  un  término  medio  entre  el 
régimen  monárquico  y  la  revolución  francesa,  que 
les  era  odiosa  por  su  aspecto  anticristiano  Una  revo- 
lución cristiana,  una  soberanía  popular  emanada  de 
Dios,  no  era  para  ellos  una  cosa  real,  pues  no  estaba 
en  los  textos  que  sabían  y  comentaban  La  emancipa- 
ción política,  por  lo  tanto,  para  estar  en  el  orden, 
para  ser  la  equrv alenté  de  la  del  hijo  con  relación  a 
su  padre,  debía  realizarse  dentro  de  la  monarquía, 
el  rey  era  el  padre 

Nada  más  curioso,  para  representar  ese  espíritu, 
que  la  interesantísima  superstición  incásica  del  gran 
Belgrano,  que  fue  apoyo  y  consejero  del  Congreso, 
aunque  no  formaba  parte  de  él  su  fe  en  un  descen- 
diente ideal  de  los  hijos  del  Sol,  que,  como  un  ídolo 
de  tierra  cocida  extraído  en  las  kuacas  del  Perú,  se 


[249] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


había  sentado  en  los  ensueños  del  ilustre  procer,  con 
las  piernas  cruzadas  sobre  el  pecho,  el  quiUaí  en  la 
frente,  \  los  ojos  bajos,  clavados  en  el  propio  om- 
bligo jPero  era  de  sangre  real'  Y  sin  embargo  en 
ese  sueño  de  Belgrano,  con  ser  tan  extravagante,  ha- 
bía mas  espíritu  de  independencia,  notémoslo  bien, 
que  en  la  doctrina  de  los  otros  aquel  rey  fetiche  era, 
cuando  menos,  americano,  representaba  la  caducidad 
del  europeo,  era  la  mala  expresión  de  una  buena  ver 
dad,  estaba  más  cerca  de  la  realidad  de  Artigas  no 
cabe  duda 

Y-  más  curioso  es  para  mí  todavía  la  conversión  de 
Guemes,  el  altivo  caudillo  de  Salta  a  esa  fe  monár- 
quica de  Belgrano  Son  interesantísimas  las  proclamas 
que  ambos  dirigen  entonces  (agosto  de  1816)  a  las 
tropas  y  a  los  peruanos,  en  que  les  anuncian  la  vuelta 
del  Inca,  del  rey  legítimo  Yo  la*  encuentro  llenas  de 
significado  y  de  carácter  Guemes  no  tema  a  Artigas 
a  su  lado,  como  los  caudillos  del  litoral,  estaba,  pues, 
desorientado  jLo  que  entendería  el  «impatico  Gue- 
mes por  el  Inca  el  rey  legítimo1 

Todo  eso  es  antagónico,  huelga  decirlo,  ai  pensa 
miento  popular  que  encarnaba  y  acaudillaba  Artigas, 
todos  los  promotores  de  tales  cosas  son  y  tienen  que 
ser  enemigos  de  este  hombre  sincero,  irreconciliables 
enemigos,  por  consiguiente,  y  de  buena  fe  muchos 
de  ellos  acaso  la  mavor  parte 

El  Congreso  de  Tucumán,  el  9  de  julio  de  ese  año 
1816  hizo  en  parte,  como  hemos  dicho,  lo  que  Ar- 
tigas proclamó,  en  1811,  en  su  nota  al  gobierno  del 
Paraguay,  y  lo  que  había  hecho  el  Congreso  oriental 
del  Peñarol  en  1813  declaró  la  independencia  de  las 
Provincias  Unidas,  y  es  eso  lo  que  constituve  su  glo- 


[250] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


na  Pero  ya  os  dais  cuenta,  mis  amigos,  de  la  enorme 
diferencia  entre  una  y  otra  declai  ación  la  de  Arti- 
gas brotaba  de  la  visión  interna  que  lo  conducía,  de 
la  fe  en  la  capacidad  de  estos  pueblos  para  emanci- 
parse, para  darse  un  gobierno  emanado  de  ellos  mis- 
mos, ella  entrañaba  la  resolución  de  luchar  y  morir 
por  ese  ideal  supremo,  visión  y  acción  compenetradas. 
La  declaración  del  Congreso  de  Tucumán  era  hija  de 
una  convicción  vacilante,  era  una  traducción,  como 
la  que  atribuíamos  a  los  mismos  prohombres  orien- 
tales que  rodeaban  a  Artigas  en  1813  Pero  con  los 
hombres  del  Congreso  de  Tucumán  no  había  un  Ar- 
tigas. 

Por  eso  el  oriental,  el  del  Peñarol,  como  comple- 
mento indivisible  de  la  declaración  de  independencia, 
proclama  la  república,  la  soberanía  de  los  pueblos, 
mientras  que  el  occidental,  el  de  Tucumán,  como  co- 
mentario de  lo  que  para  él  significa  la  independencia 
que  declara,  busca  una  dinastía  europea  que  \enga 
con  bus  soldados  a  remar  sobre  estos  países,  y  deja 
en  blanco  el  fondo  de  su  bandera,  en  espera  del  se- 
llo real  que  será  su  vida 

Sólo  hubo  un  hombre  que  allí  sintiese  en  sus  en- 
trañas, como  un  genio  inquieto,  el  espíritu  de  Artigas 
fue  un  virtuoso  fraile  Fray  Justo  de  Santa  María  de 
Oro  Éste,  al  ver  que  el  Congreso  se  inclinaba  a  la 
forma  monárquica,  se  alzó  indignado  ''Yo  no  he  ve- 
nido aquí,  dijo,  para  uncir  el  pueblo  al  yugo  de  otro 
soberano  quiero  un  pueblo  completamente  libre  Y, 
si  no  es  asi,  protesto,  y  me  retiro*' 

He  ahí  un  Artigas  con  cogulla  dominica,  un  bár- 
baro monástico 

Para  secundar  sus  propósitos,  el  Congreso  de  Tucu» 
man,  contra  las  tendencias  de  las  provincias,  que  pro- 


[251] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


clamaban  otro  candidato,  eligió  a  don  Juan  Martin 
de  Pueyrredón  como  Director  Supremo 

Y  nadie  más  indicado  que  él,  por  cierto,  para  re- 
presentar ese  triunfo  de  la  Comuna  oligárquica  Con- 
viene que  lo  conozcáis  personalmente,  como  al  perso- 
naje reinante  de  la  capital  del  virreinato,  como  la 
antítesis  de  Artigas,  y  como  el  natural  precursor  de 
Rivadavia 

Hijo  de  un  rico  comerciante  francés  radicado  en 
Buenos  Aires,  y  de  una  dama  porteña,  Pueyrredón  fue 
enviado  a  Francia  a  completar  su  educación,  y  regre- 
só con  la  necesaria  para  formai,  sino  un  sabio  ni  un 
estadista,  un  hombre  de  regular  cultura  La  elegancia 
en  el  vestir  realzaba  su  aspecto  de  gran  señor,  tenía 
una  figura  atildada  pero  arrogante  y  varonil,  era 
cortés,  hablaba  bien  la  lengua  francesa,  pintaba  mi- 
niaturas sobre  marfil,  y  nos  ha  legado  su  autorretrato 
de  ojos  verdes  azulados  y  de  amplia  corbata  blanca 
Resuelto  \  valiente,  la  aventura  íesonante  lo  atraía, 
Bonaparte  lo  hubiera  hecho  uno  de  sus  mariscales,  y 
él  hubiera  caído  gallardamente,  me  parece,  en  una 
carga  de  coraceros,  aclamando  al  emperador  Fue 
siempre  un  hombre  honrado  >  un  caballero 

Tiene  cuarenta  años  cuando  es  elegido  Director  Su 
premo,  y  sus  servicios  a  la  causa  americana  lo  hacen 
acreedor,  no  solo  a  tan  alto  cargo,  sino  a  nuestro  res- 
peto de  historiadores  Ha  figurado  con  gallardía,  co- 
mo jefe  de  la  juventud  urbana,  en  la  reconquista  de 
Buenos  Aires,  después  de  la  cual  es  enviado  a  la  corte 
de  Madrid  como  portador  de  las  protestas  de  fideh 
dad  y  vasallaje  ofrecidos,  por  el  Cabildo  de  la  ciu- 
dad reconquistada,  a  Nuestro  Rey  y  Señor  Don  Car- 
los IV  Vestido  con  su  uniforme  de  comandante  de 
húsares,  igual  precisamente  al  de  los  Guardias  de 


[252] 


LA  BPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Corps  del  favorito  Godoy,  se  ganó  en  aquella  corte 
todas  las  voluntades,  la  del  rey,  la  del  favorito  espe- 
cialmente Alguna  vez  Be  declaró,  sin  embargo,  "hijo 
de  la  patria  de  Enrique  IV",  el  rey  francés  del  pe- 
nacho blanco  Lo  era  según  la  doctrina  del  fus  san- 
guinis  Y  lo  paiecía  en  muchos  de  sus  rasgos  carac- 
terísticos. Trabajara  por  traer  al  Plata,  como  el  su- 
premo triunfo,  la  dinastía  de  los  Orleans  "Y  soy  de 
la  patria  de  Enrique  IV,  dirá  a  Le  Moyne,  en  ella 
recibí  mi  educación  conozco  el  carácter  nacional  de 
ese  gran  país,  y  sé  que  es  el  único  que  puede  conve- 
nir a  la  América  del  Sur". 

Los  franceses  y  los  portugueses  pensaron  en  ha- 
cerlo instrumento  de  sus  planes  sobre  el  Río  de  la 
Plata,  los  españoles  absolutistas  acabaron  por  mirar- 
lo de  reojo,  como  a  un  conspirador  Figura  entre  los 
apasionados  y  activos  precursores  del  movimiento  de 
1810,  por  lo  que  sufre  persecuciones,  comparte  en- 
tonces, con  entusiasmo,  el  pensamiento  de  Belgrano  de 
coronar  reina  del  Plata  a  doña  Carlota  de  Borbón,  y 
va  personalmente  a  Rio  Janeiro  en  prosecución  de  la 
obra  No  concurre  a  las  jornadas  del  raes  de  Mayo, 
por  hallarse  ausente  y  fugitivo,  pero  se  apresura  a 
regresar  a  su  país  y  a  incorporarse  al  movimiento  Es 
nombrado  gobernador  de  Córdoba,  de  Charcas,  Alto 
Perú,  poco  después  En  este  último  cargo,  al  ocurrir 
el  desastre  de  Huaqui,  da  cima,  valerosamente,  a  la 
arriesgada  empresa  de  salvar  el  tesoro  de  un  millón 
de  pesos  que  se  custodiaba  en  Potosí  Es  miembro  de 
uno  de  los  triunviratos  y  rival  de  Rivadavia,  la  re- 
vuelta interna  lo  arroja  y  lo  confina  en  la  provincia 
de  San  Luis  Enviado  por  ésta,  por  el  general  San 
Martín  mejor  dicho,  lo  hallamos  en  el  Congreso  de 


[253] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Tucumán,  donde  su  triunfo  representa  fielmente,  co- 
mo lo  dijimos,  el  de  la  oligarquía  de  su  ciudad  natal 

Estamos,  pues,  en  presencia  de  una  figura  genérica 
muy  interesante  Este  Pueyrredón  no  es  el  notario  Po 
sadas,  inocente  y  bonachón,  ni  tampoco  el  atolondra- 
do jo-ven  Alvear,  e9  el  tipo  del  elemento  activo,  pero 
indirecto  e  inconsciente  en  la  obra  compleja  de  la 
emancipación  americana  Y  digo  inconsciente,  porque 
ese  tipo  de  hombre  político  no  es  factor  o  agente  so- 
ciológico de  nuestra  revolución  positiva  y  autóctona, 
creadora  de  nuevas  naciones,  lo  es  de  la  otra  paralela, 
reformadora  de  la  nación,  o  mas  bien  dicho,  de  la 
monaiquía  española,  es  un  hbeial,  un  demócrata  que 
combate  el  absolutismo  Pero  como  ese  espíritu  anti- 
absolutista,  al  pasar  de  Europa  a  America  es  la  oca- 
sión, ya  que  no  la  causa,  del  estallido  del  sentimiento 
popular  de  independencia,  los  hombres  que  lo  encar 
nan  merecen  nuestro  respeto,  nuestra  gratitud,  y  has 
ta,  en  sus  errores,  la  indulgencia  de  la  posteridad 

Esos  primaces,  lo  son  de  una  protesta  regional  que 
reclama  loa  fueros,  pero  no  se  dan  cuenta  de  que 
en  los  dos  movimientos  concéntricos  que  forman  la 
revolución  de  America,  el  ocasional  de  la  superficie, 
"v  el  causal  del  fondo,  ellos  viven  sólo  en  el  primero 
El  del  fondo  les  es  casi  tan  desconocido,  como  lo  era, 
para  el  rey  Luis  XVI,  el  significado  de  las  turbas 
sans  culolte,  peores  a  buen  seguro,  que  los  gauchos 
de  Otorgues  o  de  Guemes,  que  gritaban  bajo  los  bal- 
cones de  Versalles,  si  hemos  de  creer  ai  maestro  Taine 

— Entonces  esto  es  un  motín  —  decía  sorprendido 
el  desventurado  monarca 

— No,  Sire  esto  es  una  revolución  —  le  contesta- 
ban 


[254] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTICAS 


Porque  Pueyrredón,  como  todos  los  hombres  de  su 
clase,  no  carecía  del  instinto  de  amor  a  la  libertad, 
no  desconocía  en  absoluto  la  existencia  y  eficacia  de 
la  masa  popular,  pero  no  estaba  habilitado  para  pe- 
netrar en  su  naturaleza,  no  veía  en  el  pueblo  ameri- 
cano un  organismo  nuevo  inteligente  y  libre,  dotado 
de  un  alma  colectiva,  causa  eficiente  de  sus  actos 
sino  un  simple  núcleo  de  energías,  acéfalas  y  sin  fi 
nahdad  propia,  que  debía  obedecer  al  influjo  de  ex- 
trañas fuerzas.  Veía  el  motín  de  que  él  era  cabeza,  una 
de  las  cabezas,  pero  no  la  revolución,  de  que  lo  era 
Artigas 

"Ved,  dice  Carlyle  hablando  de  Laúd,  al  ocurrir 
en  Inglaterra  la  aparición  de  Cromwell,  ved  de  re- 
pente a  nuestro  hombre,  colocado  al  frente,  no  de 
una  academia  o  un  colegio,  Bino,  como  quien  no  dice 
nada,  de  una  gran  nación,  y  sin  más  recursos  de  go- 
bierno que  los  que  le  inspiran  aquellas  pobres,  exó- 
ticas y  peculiares  nociones  suyas  Con  estas  había  do 
administrar  y  dar  solución  a  lo  que  hay  de  más  difí- 
cil y  enmarañado  en  la  gestión  de  los  humano?  inte- 
reses Cree  que  los  hombres  han  de  seguir  gobernán- 
dose por  los  mismos  estatutos  y  viejo  ceremonial,  y 
que  la  salvación  de  todos  depende  de  que  aquéllos  se 
extiendan  y  mejoren" 

Las  nociones  de  Pueyrredón,  para  conjurar  lo  que 
él  creía  sólo  anarquía,  eran,  sin  duda  alguna,  más  po 
bres,  más  exóticas  sobre  todo,  que  las  de  Laúd  para 
conjurar  a  Cromwell  Colocado  por  el  Congreso  de 
_Tucumán  al  frente,  no  de  una  nación  que  se  reforma, 
sino  de  un  mundo  que  nace,  no  concibe  ni  puede  con 
cebir  más  recurso,  para  atenuar  las  convulsiones  de 
esa  crisis  dolorosa,  que  el  que  le  sugiere  el  viejo 
ceremonial    desdeñar  y  aniquilar  el  sanculotismo  o 


[255] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


caudillaje,  destruir  en  él  la  célula  social  precisamente, 
como  hoy  se  dice  y  puede  decirse  por  analogía  Y  esas 
células  resisten  la  muerte,  se  revuelven,  se  agitan,  se 
congestionan  Y  la  vida  prevalece  por  fin 

Ese  carácter  es  allí  genérico  y  clasico,  su  tipo  ex- 
celso será  el  que  sucederá  a  Puevrredon,  como  ver- 
dadero personaje  remante  en  Buenos  Aires  don  Ber- 
nardino  Rivadavia  Éste  sí  que  será  el  gran  académico 
o  director  de  colegio  de  Carlvle  Su  grandísimo  ta- 
lento (porque  lo  tenía  grandísimo)  sólo  será  compa- 
rable con  su  carencia  absoluta  de  genio  Era  un  dó- 
mine eminente  Mezcla  de  viejo  regalista  español  y  de 
liberal  francés  de  la  Restauración,  embelesado,  según 
López,  en  las  cosas  y  los  trabajos  del  tiempo  de  Car- 
los III  de  España,  quiso  importar  todo  eso  a  nuestra 
América,  y  encasquetárselo,  per  fas  aut  nefas  Y  lo 
que  es  carácter,  ese  Rivadavia  tenía  que  le  sobra- 
ba      pero  cuando  estaba  en  el  mando 

Enfático,  muy  pagado  de  sí  mismo,  aficionado  casi 
genial  en  ciencias  jurídicas,  hubiera  sido  un  ministro, 
como  el  más  pintado,  de  Carlos  III  Y  no  digamos 
nada  de  Fernando  VII  hubiera  fusilado  a  Riego,  co- 
mo colgó  a  Alzaga  o  a  Limers  Era  un  hombre  de 
gran  valor  cívico,  sin  duda,  pero  nada  tenía,  absolu- 
tamente nada,  del  hombre  nuevo  de  América,  ni  si- 
quiera la  sangre,  que,  si  bien  era  mestiza,  no  lo  era 
de  indígena  de  este  contmente  Bajo  de  estatura,  ven- 
trudo, ancho  de  espaldas,  corto  de  cuello,  cetrino  de 
tez,  su  figura  no  era  gallarda,  pero  en  aquella  cabeza 
maciza,  de  cabellos  negros  tupidos  y  muy  crespos,  ha- 
bía un  cerebro  fuerte,  cuya  luz  se  advertía  a  primera 
vista  en  su  alta  frente,  en  sus  ojos  negros  y  saltones, 
que  miraban  de  alto  a  bajo  con  imperio,  y  en  su 
voz  grave  y  enfática 


[256  J 


LA  HPOPJYA  Dg  ARTIGAS 


En  loa  momentos  en  qu&  sube  Pueyrredón  al  poder, 
este  ilustre  Rivada>ía  está  en  París,  lo  vimos  pasar 
por  Rio  Janeiro  con  Sarratea,  según  recordaréis,  y 
ponerse  allí  en  relación  con  García,  el  enviado  de  Po- 
Badas  y  Alvear  Trabaja  en  Europa  por  la  monarquía 
Que  en  Europa,  y  sólo  en  Europa,  debe  ser  cons- 
truida la  nación  americana  Así  lo  dice  y  aconseja  al 
nuevo  Director,  con  quien  cultiva  asidua  correspon- 
dencia Interesantísimas  son  sus  cartas  a  Pueyrredon, 
la  de  31  de  enero,  por  ejemplo,  o  las  de  22  de  marzo 
y  15  y  25  de  abril  de  1817,  que  ahora  aparecen  en 
el  archivo  de  Mitre,  para  conocer  aquel  carácter  in- 
dividual, y  el  colectivo  de  la  oligarquía  triunfante 
con  Pueyrredon  en  el  Congreso 

Juzga  desde  allí  lo  htcho  por  éste  y  aconseja  lo 
que  debe  hacerse  "No  puedo  dejar  de  confesar,  dice 
el  22  de  marzo  que  he  sabido  con  sorpresa  y  con  do- 
lor que  ahí  se  fomenta  la  idea  de  proclamar  a  un 
descendiente  de  los  Incas  he  escrito  a  Belgra- 
no  "  Y  agrega  "Nunca  pensé  que  el  Congreso 
demorase  tanto  en  pronunciar  sobre  la  forma  de  go- 
bierno de  ese  estado,  pero  siendo  demasiado  urgente 
el  hacerlo,  yo  estoy  persuadido  que  es  de  suma  im- 
portancia el  declarar  a  ese  estado  en  monarquía,  re- 
servándose la  elección  y  proclamación  de  soberano  al 
resultado  de  la  negociación  que  en  su  virtud  acuerden 
con  las  cortes  de  Europa" 

Con  todas  éstas  debe  tratarse,  con  España  inclusive , 
"pero  yo  presumo,  le  dice,  que  manejándose  con  sa- 
gacidad, podremos  conseguir  para  nosotros  un  prín- 
cipe más  digno  que  lo  que  ofrece  la  casa  de  Espa- 
ña M  "En  todo  esto,  agrega  después,  debe  supo- 
nerse que  hablo  salvas  las  relaciones  de  ese  país  con 
el  gabinete  del  Brasil,  pues,  según  una  carta  que  aca- 

[257] 


JUAN  ZORRILLA  Di  SAN  MARTIN 


bo  de  recibir  de  don  Manuel  García,  entre  cíos  do» 
países  existe  un  plan  que  va  madurando  No  me  dice 
cuál  es,  pero  me  expresa  que  don  Nicolás  Herrera 
esta  entaigado  de  su  ejecución  en  la  parte  política" 
He  aquí,  amigos  míos,  una  faz  de  antiartiguismo 
distinta  de  la  que  nos  otrecía  AKear,  éste  quiso  en- 
tregar el  Ilío  de  la  Plata  a  Inglaterra,  Rivadavia,  en 
sus  cartas,  en  que  habla  largamente  de  la  política  eu- 
ropea, manifiesta  un  odio  profundo  hacia  el  gabinete 
de  Saint- James  "v  la  política  anti<?o<  íal  que  ha  inven- 
tado y  ejerce  contra  todo  el  mundo  solo  la  grandeza 
y  felicidad  de  sus  crímenes,  dice,  lo  libra  de  las  cali- 
ficaciones más  degradantes  de  la  «ociedad",  y  entre 
esos  crímenes  incluye  el  de  "consentir  que  el  rey  del 
Brasil  invada  nuestro  territorio"  l\o  sabe,  pues,  Ri- 
vadavia  todavía  que  ese  plan  que  va  madurando  don 
Nicolás  Herrera  consiste  precisamente  en  entregar  al 
rey  del  Brasil  ese  nuestro  territorio  para  deshacerse 
de  Artigas 

Aquello  es  una  horrible  confusió  i  de  ideas  y  pro 
pósitos,  pero  nada  sería  en  éstos  el  fetichismo  mo 
narquico  que  hemos  reconocido  como  natural  y  hasta 
disculpable  en  aquellos  hombres  «in  fe,  si  al  mismo 
tiempo  no  se  prescindiera  en  absoluto  del  pueblo  ame 
ncano,  de  su  carácter,  de  su  vida  misma,  para  re- 
solver de  sus  destinos,  eso  de  no  contar  para  nada 
con  él,  si  ya  no  es  para  despreciarlo  v  aniquilarlo  y 
reemplazarlo,  si  es  posible,  por  otro  mejor,  eso  de  que- 
rer sustituir  por  otra  hasta  la  sangre  española  y  la  len- 
gua, e60  si  no  es  un  delito,  es  un  grave  error  cuan- 
do menos,  me  parece  Y  el  culpable  de  sus  conse- 
cuencias no  son  los  pueblos,  me  parece  también,  no 
es  el  artiguismo  o  americanismo,  como  lo  \eis,  es  ese 
europeismo  a  tontas  y  a  locas  de  aquellos  hombres 


[258] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


que,  sin  mas  recurso  que  las  pobres,  exóticas  y  pecu- 
liares nociones  de  que  habla  Carlyle,  quieren  mataT 
el  patrón  del  árbol  para  ponerle  el  florido  injerto 

En  esos  consejos  de  Rivadavia  a  Pueyrredón  es- 
taba, como  lo  veis,  la  negación  categórica  de  la  auto- 
ridad  de  éste,  considerada  como  simple  preparación 
al  ad\  eniimento  de  la  verdadera  y  legítima  y  defini- 
tiva Pueyrredón  aceptaba  eso,  sin  embargo,  como  la 
cosa  mas  natural  del  mundo,  Pueyrredón  y  todos  los 
demás 

Cuando  esta  nuestra  Historia  americana,  amigos 
míos,  deje  de  ser  una  crónica  documentada  y  cobre 
el  carácter  que  le  corresponde  de  biología  sociológica, 
el  menos  a\isado  advertirá  en  ella  la  repetición  de  los 
fenómenos  de  todas  las  grandes  revoluciones  el  de 
la  inglesa  de  1688,  el  de  la  francesa  de  1789,  el  que 
ofrecerá  la  económica  o  social  que  va  a  presenciar  el 
siglo  XX  la  resistencia  a  reconocer  el  nue\o  agente 
de  vida,  a  despreciarlo 

Si  recordáis,  por  más  próxima  y  análoga,  la  fran- 
cesa del  89,  no  podéis  menos  do  advertir  la  analogía 
que  existe  entre  las  resistencias  de:  aquellos  nobles  a 
reconocer  los  derechos  del  estado  llano,  y  la  de  nues- 
tra nobleza  criolla,  como  le  llama  Estrada,  a  recono- 
cer, en  Artigas,  el  Director  Supremo  de  hecho,  el 
real,  con  quien  debe  acomodarse  todo  lo  que  es  ar- 
tificio 

Ni  en  la  corte  de  París  ni  en  la  aemicorte  de  Buenos 
Aires  apareció  el  hombre  capaz  de  ajustarse  a  la  rea- 
lidad creen  que  pueden  sustituir  el  héroe  real  con  el 
decretado  por  el  Congreso  o  por  la  Logia  El  derrum- 
be caótico  es  entonces  inevitable,  y  surgen  los  Crom- 
well,  o  los  Bonaparte  o  los  Rozas,  los  restauradores 


[259] 


JUAJN  ZORRILLA  DK  UÁif  MARTIN 


Que  no  otra  cosa  es  el  tirano  la  ausencia  del  héroe, 
la  venganza  de  la  naturaleza  ofendida 

Inútiles  fueron  las  tentativa»  que,  acaudilladas  por 
el  mismo  Balcarce,  se  hicieron  en  Buenos  Aires  para 
evitar  el  triunfo  de  la  ciudad  sobre  todo  el  conjunto, 
sin  excluir  el  pueblo  de  la  ciudad  misma,  que  Puey- 
rredon  encarnaba,  y  que  llegaron  a  tomar  el  carácter 
de  una  nueva  revolución,  aquélla»  fueron  vencidas, 
destituido  Balcarce,  y  recibido  Pueyrredón  en  la  ca- 
pital, como  Jefe  del  Estado,  el  29  de  julio  de  1816 
Es  de  advertir  que,  para  ser  aceptado,  le  fue  impuesta 
la  obligación  de  incorporarse  a  la  Logia  Lautaro,  de 
que  hasta  entonces  no  formaba  parte,  el  mismo  ge- 
neral San  Martin  se  traslado  de  Mendoza  a  Córdoba, 
con  el  objeto  de  conseguir  de  Pueyrredón  esa  incor- 
poración a  la  Logia  y  sus  propósitos  Asi  nos  lo  dice 
el  general  don  Enrique  Martínez  en  sus  Memorias 

Y  sin  embargo,  este  Pueyrredón  cree  o  quiere  creer 
que  todo  eso,  sus  planes,  y  los  de  Rivadavia,  y  los 
de  Herrera,  es  conciliable  con  la  entidad  de  Artigas 
Poco  después  de  llegar  a  Buenos  Aires,  en  agosto, 
escribe  a  éste  '"Muy  estimado  paisano  y  señor  de  mi 
má9  distinguido  aprecio  Cuando  venía  de  arriba, 
traía  la  resolución  de  pasar  a  Santa  Fe  con  el  princi- 
pal objeto  de  proporcionarme  una  entrevista  con  us- 
ted, seguro  de  persuadirle  en  ella  de  la  buena  fe  y 
sinceridad  de  mis  intenciones  Yo  no  puedo  menos 
de  llenarme  de  asombro  al  considerar  qué  especie  de 
maligno  influjo  ha  perpetuado  entre  paisanos  v  ami 
gos  unas  diferencias  igualmente  perniciosas  a  los  in- 
tereses de  ambas  partes  discordes" 

El  hijo  de  la  patria  de  Enrique  IV  no  puede  perci- 
bir, como  lo  veis,  qué  maligno  influjo  lo  separa  del 
hijo  por  excelencia  de  la  América  democrática ,  no 

[260] 


la  gqggYA  pb  ana» 


alcanza  a  percibirlo.  Y  acabará  por  creer  que  el  tal 
hijo  de  América  es  un  genio  infernal 

He  ahí,  pues,  mis  amigos  artistas,  las  entidades  que 
intervenían  en  la  invasión  que  vamos  a  ver  caer  so- 
bre Artigas  j  su  pueblo,  cuando  aquél  afirmaba,  a 
principios  de  1816,  que  ese  año  seria  el  "año  feliz 
de  los  orientales" 

III 

Conocéis  ya  bien,  porque  mtencionalmente  os  lo  he 
repetido  hasta  el  cansancio,  las  causas  remotas  dt  esa 
invasión.  Portugal  viene  por  su  lote  americano,  por 
todo  el  continente  atlántico,  que  tiene  por  limite  me- 
ridional la  cuenca  del  Plata  y  sus  afluentes  Entra  en 
eso  la  Banda  Oriental,  y  viene  por  ella,  aunque  hable 
en  español  Ya  la  hará  hablar  en  portugués,  quieras 
que  no,  si  se  lo  permite  la  Santa  Alianza. 

Eso  como  causa  remota 

La  causa  próxima  no  es  otra  que  d  desquite  que 
busca  Portugal,  en  América,  del  fracaso  que  ha  su- 
frido en  el  Congreso  de  Viena,  realizado  en  1814  y 
1815  En  el  reparto  del  botín,  hecho  por  el  absolu- 
tismo triunfante,  tras  la  caída  de  Bonaparte,  el  hijo 
coronado  de  la  revolución,  tocó  a  Portugal  una  parte 
bien  miserable  Con  razón  estaba  resentido  Portugal, 
con  razón  quería  desquitarse. 

Es  muy  curioso  ese  Congreso  de  Viena,  del  que  no 
he  de  hablaros  demasiado,  porque  debo  suponerlo  co- 
nocido de  vosotros  Allí  se  arreglaron  a  maravilla  las 
cosas  que  Napoleón,  con  su  cabeza  de  pajaro  coro- 
nado, sus  águilas  híbridas,  sus  banderas  tricolores  y 
su  corriere  ouverte  aux  talents,  había  dejado  descua- 
jeringadas Se  arreglaron  perfectamente  lo*  reyes  hi- 


[261] 


JUAN  ZORRILLA  BE  SAN  MARTIN 


cieron  su  reparto  de  tierras  y  hombres  como  buenos 
amigos,  combinando,  como  decían  el  principio  de  la 
legitimidad  con  el  del  equilibrio  el  reparto  del  león, 
el  asno  y  el  lobo  el  perfecto  equilibrio  El  otro  prin 
cipio  el  de  los  derechos  del  pueblo  a  intervenir  en 
sus  destino,  no  se  tenia  en  cuenta  para  nada  Eso  no 
existía  para  el  Congreso  de  Viena,  como  no  existía 
para  los  hombres  de  Buenos  Aires,  era  sanculolismo 
allá,  caudillaje  acá,  o  veneno  artiguista 

Y  eso  era  la  realidad  la  sola  i  calidad,  sin  embargo, 
tanto  alia  como  acá,  el  nuevo  acuite  natural  que  se 
imponía 

El  Congreso  de  Viena  marchó  a  las  mil  maravillas, 
Re  aseguro  el  orden  en  Europa,  se  e\itó  la  anarquía 
Lo  mismo  que  querían  hacer  los  directorios  de  Bue- 
nos Aires    anonadar  a  Artigas,  asegm  ar  el  orden 

Los  soberano»  europeos,  que  constituían  la  Santa 
Alianza,  se  reunían  en  nuevo  congreso  cada  vez  que 
las  cosas  se  echaban  a  perder,  y  les  ponían  remedio 
en  el  de  La\bach  (1821)  se  encarda  al  Austria  la 
tarea  de  poner  orden  en  Ñapóles  y  *1  P*amonte,  en 
el  da  Verona  (1822)  se  resacLe  la  intervención  en 
España,  y  se  le  encarga  a  Francia,  es  el  duque  de 
Angulema  quien  adereza  bien  los  asuntos  españoles, 
devolviendo  a  Nuestro  Rey  \  Señoi  Fernando  VII  lo 
que  es  suyo,  etc ,  etc 

Nada  más  regular  que  se  le  restituya  también  lo 
que  tiene  por  acá,  pagando  a  Franca,  por  supuesto, 
en  alguna  forma,  en  tierras  \  subditos  platenses  por 
ejemplo,  su  comisión  de  libertadora  Pero  por  estos 
mundos,  si  bien  los  directorios  de  Buenos  Aires  eran 
una  especie  de  Santa  Alianza  Cisntlantica.  que  buscaba 
arreglos  con  la  Transatlántica,  lo3  pueblos  no  creían 
en  la  majestad  del  rey,  ni  tpmpoco  en  lai  de  los  di- 


[262] 


LA  EPOPEYA  DS  ARTIGAS 


redónos  con  bus  logias  secretas,  por  acá  estaba  ese 
bárbaro  de  Artigas,  que,  como  aquel  otro  hombre 
Washington,  creía  que  el  pueblo  americano  podía  to- 
mar cartas  en  el  reparto  de  tierras  y  de  hombres 
Para  eso  Washington  estaba  representado  por  Fran- 
klin  en  Europa,  Artiga9  por  Rrvadavia  o  Sarra- 
tea  La  Santa  Alianza  rioplatense  tenía,  pues,  que  in- 
tervenir en  el  Uruguay,  para  evitar  la  anarquía,  como 
la  europea  en  Ñapóles  y  en  España  Y  se  valió  de 
Portugal  como  interventor  Éste  dio,  como  único  ob- 
jeto de  su  invasión,  el  poner  orden  en  el  Uruguay, 
contra  h  anarquía  de  Artigas,  v  asegurar  contra  él 
sus  fronteras  Obraba,  pues,  en  el  desempeño  de  una 
misión  venerable,  pero  vosotros,  que  ya  conocéis  có- 
mo gobernaba  Artigas,  y  cómo  sus  enemigos,  bien 
sabéis  dónde  estaba,  y  dónde  no,  la  anarquía  o  el 
desorden 

Pues  bien  en  el  reparto  hecho  en  Viena,  Portugal 
quedó  muy  mal  parado,  tuvo  que  devolver  a  Francia, 
contra  cuyo  emperador  había  combatido  unido  a  In 
glaterra  y  a  España,  la  Guayaría  Francesa,  que  hJría 
conquistado,  m  siquiera  obtuvo  la  restitución  do.  la 
plaza  de  Olivenza,  que  España,  aliada  entonces  de 
Napoleón  y  enemiga  del  portugués  había  arrebatado 
a  éste  en  1801  Bien  es  verdad  que  Portugal,  apoyado 
por  Inglaterra,  se  había  apoderado  en  ese  año  de  los 
siete  pueblos  de  las  Misiones  Orientales,  que  corres- 
pondían a  España  según  los  tratados,  y  que,  desde 
entonces,  han  acrecido  el  dominio  portugués,  con  me- 
noscabo del  español  y  de  nuestra  herencia,  por  con- 
siguiente, recordaréis  que  la  reivindicación  de  esas 
Misiones  es  el  ensueño  de  Artigas  Pero  eso  no  bas- 
taba, era  preciso  continuar  esa  conquista  Lo  impor- 


E263] 


JUAN  ZORRILLA  DI  *AI7  MASTIN 


tante  era  el  territorio  del  Uruguay,  llevar  la  frontera 
portuguesa  al  Rio  de  la  Plata 

A  eso  venia  Portugal  apoyado  por  Buenos  Aires, 
pero  no  por  eso  había  de  declarar  la  guerra  a  España, 
aliados  como  estaban  ambos  a  Inglaterra  Tenía  que 
entrar  en  el  Uruguay  por  sorpresa,  había  de  arreba- 
tar a  España  su  provincia  atlántica  rebelde,  pero  amis- 
tosamente v  sin  provocar  la  intervención  de  Inglaterra, 
la  buena  amiga  común  Ésta  no  hacía  buenas  migas 
con  la  Santa  Alianza  continental,  como  sabéis,  y  echa- 
ba los  cimientos  de  su  predominio  marítimo  en  el 
mundo 

A  ese  efecto,  Portugal  dijo  a  España  que  el  objeto 
coa  que  hacia  \enir  sus  tropas  de  Europa  a  América 
no  era  otro  que  el  muy  cordial  de  secundar  la  expedi- 
ción que  España  preparaba  para  sofocar  la  rebelión 
de  sus  provincias  ultramarinas,  para  lo  cual  podían 
preparar  ambas  un  plan  combinarlo  Eso  mismo  dijo 
a  Inglaterra  E  hizo  también  sabpr  a  ambas  que  ne- 
cesitaba —  \  eso  sobre  todo  —  defender  sus  fron 
teras  contra  la  anarquía  reinante  en  las  provincias 
platenses,  contra  ese  salvaje  de  Artigas,  que,  como 
sus  mismos  hermanos  lo  reconocían,  era  lo  más  bár- 
baro que  imaginar  se  puede,  e  incapaz,  por  consi- 
guiente, de  todo  derecho 

Todo  eso  fue  bien  aprovechado  por  la  diplomacia 
de  Buenos  Anes,  para  deshacerse  de  Artigas  y  sus 
orientales,  le  permitió  amputarse  un  supuesto  miem- 
bro enfermo,  enfermo  de  democracia,  que,  contami- 
nando de  ese  virus  fatal,  veneno  artiguista,  el  resto 
del  organismo,  y  constituyéndose  en  cabeza  de  él,  exa- 
cerbaba la  vitalidad  de  loa  pueblos  occidentales,  e 
impedía  la  realización  del  plan  de  monarquía  tribu- 


[264] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


taria,  que  Rivadavia,  que  en  nada  se  parecía  a  Fran- 
klin,  continuaba  en  Europa  con  grande  empuje 

Aunque  todo  esto  es  tri9te,  amigos  míos  es  indis- 
pensable que  nos  detengamos  en  ello  No  hay  más 
remedio,  hemos  de  hablar  de  eso,  aunque  suframos 
congojas,  porque  ya  es  tiempo  de  desvanecer  la  ino- 
cente leyenda  que  nos  ha  presentado  al  Buenos  Aires 
colonial  como  la  sede  de  una  generación  espontanea 
de  sabios  políticos  y  diplomáticos,  que  contrastaban 
con  los  hombres  de  Montevideo,  y  sobre  todo  con  Ar- 
tigas, fuerte  patriota,  pero  hombre  rústico,  refractario 
a  todo  calculo  sagaz 

Si  tal  hubiera  acontecido,  nuestro  protagonista  que 
daría,  efectivamente,  aniquilado  Dígase  lo  que  se 
quiera,  un  bruto  no  puede  ser  un  héroe,  tiene  razón 
Montaigne  cuando  afirma  que  si  la  piel  de  león  no 
alcanza,  preciso  es  coserle  un  pedazo  de  piel  de  zorro 
Pero  no  hay  para  qué  me  esfuerce  en  convenceros 
de  que  nada  de  la  tal  leyenda  e9  verdad ,  ni  la  rustici- 
dad del  uno,  ni  la  de  los  otros  excelsa  alcurnia  social 
o  científica  La  revolución  de  América  no  fue  remedo 
de  ninguna  otra,  según  hemos  dicho,  fue  completa- 
mente original  en  su  esencia  Si  la  influencia  en  ella 
de  los  letrados  o  profesionales  no  hubiera  sido  acci- 
dental, el  movimiento  de  1810  hubiera  sido  humo  de 
pajas  Es  preciso  confesar  que  ni  Napoleón  ni  Fran- 
klin  aparecieron  por  aquí,  no  encontramos  en  Bue- 
nos Aires,  según  recordaréis,  sino  personas  mediana* 
mente  educadas,  de  talento  muchas  de  ellas,  acreedoras 
todas  a  nuestro  respeto,  y  aun  a  la  gloria,  pero  no 
al  título  de  maestros  eminentes,  y  mucho  menos  al  de 
inventores  de  nada  Y  mucho  menos,  por  supuesto, 
al  de  personajes  capaces  de  tomar  parte  eficazmente 


[285] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


en  las  deliberaciones  de  los  soberanos  europeos  qu« 

se  repartían  el  mundo  Un  siglo  sera  necesario  aún 
para  que  la  America  española  sea  tenida  en  cuenta 
por  allá 

Vamos  pues,  a  ver  a  aquellos  hombres  en  sus  di- 
plomacias mas  o  menos  rutinanab,  y  nos  convencere 
moa  de  que  Artigas  al  combatirlas  y  aniquilarlas,  no 
es  solo  el  instinto  obstinado  e  indocd  contrapuesto  a 
la  prudencia  inteligente,  quedaremos  persuadidos  de 
que  aquellas  buenas  persoras  no  trataban  solo  de  co- 
ser pedazos  de  piel  de  zorro  en  la  del  león  americano, 
v  de  que  el  héroe  oriental  no  fue  solo  la  fuerza  por 
consiguiente  el  garrotazo  de  ( lego,  sino  el  carácter 
épico,  diferencial,  de  nuestra  revolución,  la  fe  \idente 
que  sustituye  a  la  invención  científica 

Los  que  crean,  y  sí  los  hay,  que  con  esto  trans- 
formamos a  Artigas  en  un  jurisconsulto  o  togado  de 
Salamanca,  no  merecen  mi  respeto  ni  el  de  nadie  Lo 
que  soy  yo,  cuando  menos,  en  lodo  he  pensado  me- 
nos en  semejante  simpleza  Que  a  igual  distancia  del 
bruto  inconsciente  y  del  piofebor  titulado,  tan  incons- 
ciente como  el  biuto  algún is  \.ec<*s,  ee  encuentra  el 
genio  precisamente,  la  resoltante  de  todas  las  fueras 
germinales  de  un  momento  chulo  de  la  humanidad, 
transformada  en  pensamiento  íegulador  >  en  pasión 
heroica 

Sepamos,  pues,  amigos  míos,  aunque  suframos  con- 
gojas, de  las  diplomacia»  que  aniquilaron  al  profeta 
No  es  característico  de  nuestra  historia,  por  otra  par 
te  es  la  historia  humana  que,  hegun  Carlyle,  no  es 
sino  la  guerra  universal  entre  el  que  -vrve  en  la  esen- 
cia de  las,  cosas  y  los  que  sólo  están  en  sus  vanas  apa- 
riencias 


[266] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


Ya  sabéis  que  el  director  Posadas  envió  a  Europa, 
a  mediados  de  1814,  a  Rivadavia,  Belgrano  y  Sarra- 
tea,  a  gestionar  la  coronación  del  infante  don  Fran- 
cisco de  Paula,  como  rey  del  Río  de  la  Plata  Eso 
fracasó,  España  se  sentía  fuerte  en  sus  alianzas  eu 
ropeas,  y  no  tenía  para  qué  hablar  con  sus  colonias 
rebeldes  -  los  representantes  de  éstas  no  eran  tenidos 
en  cuenta  para  nada,  así  se  deshicieran,  como  se  des- 
hacían, en  besamanos  y  genuflexiones 

También  sabéis  que  retirado  Posadas  del  gobierno 
y  elevado  Ahear,  en  9  de  enero  de  1815,  éste,  que 
acababa  de  ser  vencido  por  Artigas  en  el  Guayabo, 
y  había  entregado  Montevideo  a  sus  dueños,  los 
orientales,  acreditó  en  Río  Janeiro  a  don  Manuel  José 
García,  el  mismo  que  ahora  va  a  preparar  la  invasión 
de  Portugal,  para  rogar  a  Inglaterra  que  aceptase, 
por  humanidad,  el  ser  dueña  de  las  Provincias  Uni- 
das, y  mandara  tropas  a  tomarlas  Inglaterra  no  las 
quiso,  no  estaba  tampoco  para  e«o  en  tajes  momen- 
tos, tenía  mucho  que  hacer  por  allá,  v  no  debía  rom- 
per con  España  Y  sabéis  por  fin,  cómo  ese  Alvear, 
derrocado  del  poder,  acudió  contrito  a  acogerse  a  la 
piedad  del  rey  v  a  entregársele  Lo  que  aun  no  sabéis 
os  lo  narraré  má«  tarde  cómo  ese  Alvear  querrá  ser 
de  nuevo  Director  Supremo  y  fraguará  en  Río,  con 
el  señor  Sarratea,  su  conspiración  reivindicado  ra 

Pero  García  se  quedó  en  Río  Janeiro,  aun  después 
de  caído  Alvear,  se  quedó  durante  los  gobiernos  de 
Alvarez  Thomás,  y  Balcarce,  y  Pueyrredón  Y  allí, 
apoyado  expresa  o  tácitamente  por  todos  trató  de  ha- 
cer aceptar  a  Portugal  el  negocio  que  los  demás  no 
querían*  la  intervención  en  el  Plata,  que  llegaría 
hasta  donde  los  sucesos  lo  permitieran  Y  como  paso 
preliminar,  muy  puesto  en  el  orden  regular  d*  la» 


[267] 


JUAN  ZORRO-LA  I>K  SAN  MARTIN 


cosas,  arregló  con  él  la  destrucción  de  Artigas,  que 
era  el  único  enemigo  irreductible,  verdaderamente  te- 
mible, de  aquella  idea  y  de  todas  las  análogas  el 
demócrata  impenitente,  el  republicano  incorregible,  el 
bárbaro  americano,  que  hasta  miraba  con  piedad  la 
raza  indígena  y  la  educaba,  el  muy  salvaje 

No  nos  sorprendamos  de  eso,  amigos  míos,  ni  ha* 
gamos  cargos  demasiado  duros  al  señor  García,  por 
no  haber  sido  un  hombre  superior  a  los  demás  él 
era  uno  de  tantos  escépticos,  y  tenia  que  lapidar  al 
-  hombre  de  fe  Obedecía,  por  otra  parte,  a  la  ley  socio- 
lógica que  os  recuerdo  a  cada  momento  el  abandono 
de  la  región  oriental  al  enemigo,  cada  vez  que  ese 
abandono  es  necesario  o  útil  a  la  vida  de  la  región 
occidental,  está  en  la  esencia  de  las  cosas,  v  demuestra 
también  que,  si  la  Banda  Oriental  fue  independiente, 
lo  fue  sólo  por  el  espíritu  vidente  de  Artigas  que  la 
animaba,  y  que,  lejos  de  obedecer  a  los  aconteci- 
mientos, los  producía  El  auxilio  de  la  región  occiden- 
tal a  la  oriental  será  siempre  subsidano,  es  decir, 
después  que  la  primera  asegure  sus  propios  destinos 
Nunca  estarán  absolutamente  identificados  los  unos 
con  los  oíros  Ya  habéis  visto  como  Buenos  Aires  le- 
vanto, en  1811,  el  primer  sitio  de  Montevideo,  desde 
el  momento  en  que  así  convino  a  la  Banda  Occiden- 
tal, cómo  resolvió  levantar  el  segundo  en  1814,  no 
bien  necesitó  de  los  elementos  que  allí  tenía  para  con- 
tinuar la  guerra  en  el  Norte,  cómo,  en  1815,  quiere 
desprenderse  de  la  Banda  Oriental,  reconociendo  su 
independencias  cómo  ahora,  en  1816,  la  entrega  ex- 
presamente a  Portugal,  para  extirpar  en  sus  provincias 
el  espíritu  de  Artigas 

Y  cuando,  muchos  años  después,  se  realice  defini- 
tivamente la  visión  d«  éste,  el  concurso  argentino  sólo 


LA  EPOPEYA  DE  ARTIGAS 


vendrá  después  que  los  orientales,  acaudillados  por 
los  sucesores  del  profeta,  havan  triunfado  solos  en  el 
Rincón  y  Sarandí  Y  aun  entonces  veremos  a  Rivada- 
via  que,  al  creer  amenazado  su  gobierno  por  la  liga 
de  las  provincias  federales,  tratara  de  poner  fin,  a 
todo  ti  anee,  a  la  guerra  que  orientales  y  argentinos 
sostendrán  con  el  Brasil,  y  enviara  a  Rio  Janeiro  a 
este  mismo  doctor  don  Manuel  José  García  de  que 
estamos  hablando  a  negociar  un  tratado  que  éste 
conduje  v  suscribe,  sobre  la  base  del  sacrificio  de 
los  patriotas  orientales  del  reconocimiento  definitivo 
de  la  Provincia  Oriental  como  provincia  brasilera 
Bien  es  -verdad  que,  al  conocerse  el  ignominioso  tra- 
tado, estallará  en  la  Argentina,  en  Buenos  Aires  in- 
clusive, una  indignación  que  no  sera  otra  cosa  que 
el  viejo  inmortal  espíritu  de  Artigas,  y  que  dará  en 
tierra  con  Rivadavia,  por  más  que  éste  condene  el 
tratado,  pero  ese  hecho,  unido  a  los  anteriores  y  el 
alma  misma  de  esta  historia,  os  revelará,  mis  amigos, 
que  el  señor  García,  al  provocar  v  estimular  la  inva- 
sión portuguesa  a  la  Banda  Oriental  obedecía  a  una 
ley  más  fuerte  que  su  propia  inspiración  escéptica 

IV 

Resuelto  Portugal  a  arrebatar  a  España  su  provin- 
cia atlántica,  preparó  su  empresa  acumulando  todos 
los  elementos  que  le  habían  servido  en  sus  guerras 
contra  Napoleón  Y  limitándose,  como  hemos  dicho, 
a  hacer  saber  a  Inglaterra  v  a  España  que  sólo  iba 
a  proceder  para  garantir  sus  fronteras  del  Sur,  que 
nadie  amenazaba  en  ese  momento,  y  a  insinuar,  para 
consuelo  de  España,  la  posibilidad  de  que  el  Brasil 
cooperaría  a  reconquistar  para  ellai  sus  colomai  rs- 


[269] 


JUAN  ZORRILLA  DS  SAN  MARTIN 


beldes,  lanzó  todos  aquellos  elementos  bélicos  a  la 
conquista  del  Estado  Oriental 

Éstos  eran  formidables,  lo  suficiente,  al  parecer, 
para  hacer  de  la  expedición  conquistadora  un  paseo 
militar  de  algunos  meses  Un  brillante  cuerpo  de  tro 
pas  \eteranas  paso  de  Portugal  al  Brasil,  y,  en  no 
viembre  de  1815,  cuando  iba  a  raAar  ese  1816  que 
Artigas  juzgaba  el  año  feliz,  se  situó  en  Santa  Cata 
lina  El  30  de  marzo  de  1816  llego  el  resto,  bajo  el 
mando  del  general  don  Carlos  Federico  Lecor,  barón 
o  vizconde  de  la  Laguna,  era  un  total  de  5  000  hom- 
bres de  las  tres  armas,  que  habían  militado  bajo  las 
órdenes  del  general  inglés  Beresford,  y  triunfado  en 
Albuera,  Bussaco,  Salamanca,  Vitoria  y  Orthey  Se 
consideraban  invencibles  Una  poderosa  escuadra  es- 
taba al  servicio  de  la  expedición  conquistadora  Cuer 
pos  de  tropas  de  patilistaa  y  nograndenses  —  las  pro- 
vincias limítrofes  del  Uruguay  —  se  encontraban  pron- 
tos para  pasar  la  frontera  Un  ejército  de  más  de 
10  000  soldados  ( 16  000,  dicen  algunos)  se  lanzaba, 
pues,  sobre  el  recién  nacido  Estado  Oriental  del  Uru- 
guay, que  no  contaba  con  setenta  mil  habitantes 
Setenta  mil  v  uno  Artigas 

Notad,  amigos  míos,  que  esta  invasión  que  ataca 
al  antiguo  virreinato  por  e!  Sur  >  que  tiene  por  nú- 
cleo Río  Janeiro  es  relativamente  mucho  más  formi- 
dable que  la  española,  su  hermana,  que,  teniendo  por 
centro  a  Lima,  trae  su  ataque  reconquistador  desde  el 
Norte  Ya  conocéis  las  luchas  que  se  han  librado  para 
repeler  esta  última  Suipacha,  el  Desaguadero,  Salta, 
Tucuman,  Vilcapugio,  Ayohuma,  Sipe  Sipe  La  lucha 
continua,  sin  embargo,  España  espera  poder  descen- 
der de  los  Andes  y  llegar  a  Buenos  Aires  San  Martin, 
que  organiza  un  ejército  en  Mendoza,  va  a  cruzar  la 


[270} 


LA  EPOPKYA  DE  ARTIGAS 


cordillera  y  a  reconquistar  a  Chile,  de  donde  pasará 
al  Perú.  Pero  por  más  grande  que  sea  — y  lo  es  ra 
mensa —  la  gloria  conquistada  por  los  ejércitos  ame- 
ricanos en  esas  campañas  ella  no  supera  a  la  reco- 
gida por  la  Patria  Oriental  en  su  resistencia  a  los 
ejércitos  portugueses,  no  tiene,  sobre  todo,  el  ideal 
republicano  claro,  sin  un  eclipse,  unánime,  de  la  re- 
sistencia oriental  Alia,  en  el  Norte,  España  tema  muy 
lejos  su  metrópoli,  para  enviar  refuerzos,  necesitaba 
cruzar  el  Atlántico,  aquí  el  Brasil  acaba  de  ser  ele- 
vado a  la  categoría  de  remo,  Rio  Janeiro  eia  la  sede 
de  don  Juan  VI,  todo  el  inmenso  territorio  brasilero 
le  pertenecía  sin  oposición,  no  tema  enemigos,  como 
los  tema  España,  en  su  propio  territorio  colonial 
Alia,  en  el  Norte,  se  concentraron  todos  los  elementos 
americanos  de  mar  y  tierra  contra  España,  alia  San 
Martín,  unido  a  Chile,  va  a  encontrarse  con  Bolívar, 
que  descenderá  vencedor  desde  Colombia  Pero  aquí, 
en  el  Sur,  en  la  provincia  invadida  por  Portugal,  en 
la  provincia  mártir,  veréis  un  hombre  solo  y  un  pue- 
blo abandonado,  que  lucharán,  sin  embargo,  contra  el 
extranjero  durante  cuatro  años,  y  que  so  inmolaran  a 
la  causa  americana 

Este  período  es  el  de  nuestra  gloria,  amigos  artis- 
tas, en  el  la  figura  de  Aitigas  cobra  todo  su  tamaño, 
la  grieta  diagonal  de  su  bandera  es  un  chorro  de  san- 
gre pura,  recién  salida,  que  inspira  al  hombre  el  ho- 
rror sagrado 

Las  tropas  portuguesas  emprenden  la  campaña  con 
banderas  desplegadas,  el  principe  regente  las  revista 
con  pompa  en  Río  Janeiro,  el  13  de  mayo  de  1816, 
Su  embarque  es  presidido  por  el  genera!  inglés  Beres- 
foid,  que  fue  su  jefe  en  Europa 


[271] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MASTIN 


El  plan  de  campaña  había  sido  bien  madurado, 
Lecor,  protegido  por  una  poderosa  escuadra,  iría  por 
tierra,  por  las  costas  del  Atlántico,  a  apoderarse  de 
Montevideo,  un  cuerpo  de  tropas  penetraría  por  la 
frontera  terrestre  y  ocuparía  militarmente  todo  el  te 
mtono  oriental  En  cuanto  al  plan  político,  trazado 
en  largas  y  meditadas  instrucciones,  se  reducía  a  pro- 
clamar lo  siguiente  guerra  a  Artigas,  el  bárbaro,  y 
neutralidad  para  con  las  demás  provincias  argentinas 

Me  preguntaréis,  mis  queridos  artistas,  como  era 
posible  que  Portugal  se  lanzase  a  esa  empresa  bélica 
sin  declarar  la  guerra  a  nadie  >  sin  tener  para  nada 
en  cuenta  el  tratado  o  armisticio  que,  por  órgano  de 
Rademaker,  celebró  con  Buenos  Aires  en  1812 

Sabed  lo  siguiente  la  invasión  portuguesa  a  terri- 
torio que  España  consideraba  todavía  suyo,  daba  mo- 
tivo a  gestiones  diplomáticas  entre  las  potencias  eu- 
ropeas, que  arreglaban  sus  asuntos  en  las  deliberacio- 
nes de  la  Santa  Alianza,  y  que  serian  largas  de  con- 
tar Esas  grandes  potencias,  Rusia,  Prusia,  Austria, 
Francia,  Inglaterra,  reunidas  a  la  sazón  en  París, 
oían  las  quejas  de  España  contra  Portugal,  y  se  incli- 
naban a  apoyar  a  la  primera  Portugal,  a  su  vez,  in- 
sistía, tiraba  >  aflojaba,  según  las  circunstancias,  ase- 
guraba que  su  robo  de  la  Banda  Oriental  sena  sólo 
provisorio  España  hubiera  dado  media  Banda  Orien- 
tal, seguramente,  por  la  sola  plaza  de  Ohvenza,  y  aun 
por  menos 

Aparece  entonces  la  dinastía  Borbónica  de  Fran- 
cia, con  el  propósito  de  establecer  una  monarquía 
constitucional  en  el  Plata  >  en  toda  America,  quiere 
proponer  eso  a  España,  de  acuerdo  con  Rivadavia, 
que  lo  esta  a  su  vez  con  Pueyrredón,  el  hijo  de  la  pa- 
tria de  Enrique  IV  Pero  Austria  y  Prusia  no  lo  ven 


[272] 


LA  EPOMYA  pg  ARTIGAS 


con  buenos  ojo»;  una  monarquía  constitucional  sería 
contraria  a  los  principios  de  la  Santa  Alianza  En 
fin,  amigos  míos,  no  es  necesario  que  entremos  en 
detalles,  básteos  con  saber  que  allí  ge  disponía  de 
nosotros,  y  que  de  todo  eso  procedía  la  invasión  por- 
tuguesa a  que  Artigas  va  a  oponerse,  sólo  Artigas, 
para  demostrar  que  América  no  es  \a  propiedad  de 
Europa,  porque  tiene  dueño 

Pero  ¿y  el  gobierno  de  las  Provincias  Unidas  del 
Rio  de  la  Plata  que  consideraba  a  la  Provincia  Orien- 
tal como  parte  integrante  de  su  territorio,  y  que  ha- 
bía celebrado  con  Portugal  el  armisticio  de  1812 7 
¿No  tenía  ese  gobierno  un  agente  diplomático  en  Río 
Janeiro9  ¿No  veía  ese  agente  la  expedición  extranjera 
que  se  lanzaba  a  la  conquista  de  lo  que  llamaba  su 
patria?  ¿No  hacía  nada  por  evitar  que  Europa  dis- 
pusiese de  América  como  le  viniera  a  cuento9 

Sí,  amigos  artistas,  allí  estaba,  como  sabéis,  el  doc- 
tor García,  enviado  poT  Alvear  para  gestionar  la  en- 
trega de  estos  países  a  Inglaterra  y  confirmado  en 
su  carácter  por  Álvareí  Thomás,  y  por  su  sucesor 
Balcarce,  y  por  el  sucesor  de  éste,  Pueyrredón,  era, 
pues,  el  representante  del  gobierno  de  Buenos  Aires, 
que  se  conceptuaba  el  legítimo  de  todo  el  virreinato, 
incluso  el  Uruguay  Según  eso,  Artigas,  su  pueblo  al 
menos,  estaban  debidamente  representados  en  Rio  Ja- 
neiro, como  Washington  por  Franklin  en  París.  En 
Rio  Janeiro  estaba  ese  señor  García,  con  sus  creden- 
ciales en  forma,  con  sus  instrucciones  secretas  Y  Ar- 
tigas y  su  pueblo,  lo  mismo  que  todos  los  pueblos 
americanos,  estaban  en  el  deber  de  ponerse  en  sus 
manos  y  de  confiar  en  él,  él  era  quien  debía  resol- 
verlo todo  con  su  poder  Eso  era  lo  legítimo,  lo  razo- 
nable; lo  contrario  era  anarquía,  caudillaje,  maldad 


[27S] 


JUAN  ZOMILLA  DE  SAN  MAJtTtK 


de  Artigas  Ese  es  el  criterio  a  que  so  han  ajustado 
muchos  historiadores  que  corren  por  el  mundo  como 
personas  serias 

jOh  sí'  El  señor  García  sabia  muv  bien  lo  que  pa- 
saba en  Río  Janeiro  Y  no  sólo  lo  sabía  tomaba  parte 
activa  en  la  expedición  portuguesa,  como  la  había  to- 
mado, desde  su  origen,  el  oriental  don  Nicolás  de 
Herrera,  ex  ministro  de  Alvear,  que  en  Río  se  había 
refugiado  a  la  caída  de  ésle.  >  que  acompañara  al 
general  invasor  nada  menos  que  en  carácter  de  se 
cretano  Ya  conocéis  las  opiniones  de  este  don  Nico- 
lás Heirera,  porque  leímos  su  carta  a  Rondeau  la 
America  no  puede  ser  independiente,  según  éL 

Esta  figura  del  señor  García,  mis  amigos  artistas, 
es  en  extremo  interebante  es  un  hombre  de  corte,  en 
todo  tiene  fe  menos  en  la  >erdad  de  la  revolución  de 
América,  iniciada  el  25  de  majo  "Tenia  un  alma  fría 
para  las  cosas  de  la  patria",  según  dice  Posadas,  el 
Director  Supremo,  en  sus  Memoruis  Él  piensa  como 
Herrera  no  cree  que  el  pueblo  americano  pueda  va 
lerse  por  sí  mismo  para  nada,  m  mucho  menos  cons- 
tituirse en  nación  soberana,  cualquier  cosa  es  prefe- 
nble  a  eso  como  solución  la  entiega  a  Inglaterra,  la 
restauración  de  España,  sobre  la  base  de  la  indepen- 
dencia, y  aun  sin  ella  el  protectoiado  de  Portugal  o 
la  anexión  a  éste  cualquier  cosa  En  ese  sentido  tra- 
baja y  seguirá  trabajando  en  Río  Janeiro 

¿En  representación  de  quién9 

He  ahí  el  problema,  amigos  míos,  todo  el  problema 

¿Quienes  son  los  amigos  y  quienes  los  enemigos 
de  e&e  agente  del  escepticismo  americano9  Su  ene 
migo  irreconciliable  es  bien  conocido,  oh,  ése  no  pue* 
de  confundirse  con  nada  de  este  mundo,  ahí  está, 
firme  en  su  fe  y  en  su  acción  Hay,  pues,  que  reca- 


£274] 


LA  EPOPEYA  DE  ARTICAS 


tarse  de  ese  bárbaro  mientras  se  prepara  el  golpe,  a 
fin  de  caer  de  sorpresa  y  aniquilarlo  a  mansalva 

Pero  ¿y  los  amigos'  ¿Y  los  hermanos9  ¿Quiénes 
son  los  hermanos  de  García,  en  la  ejecución  del  plan? 

Contestamos  sin  vacilar,  mis  bravo3  artistas  todos, 
menos  el  pueblo  argentino,  todos,  menos  la  revolu- 
ción de  Mayo 

Pero  si  eso  puede  y  debe  decirle  del  pueblo  argen- 
tino, lo  contrario  es  preciso  afirmar  de  los  gobernan- 
tes de  Buenos  Aires,  de  sus  logias,  de  sus  diplomacias, 
de  sus  consejos,  sin  excluir  al  Congreso  de  Tucumán, 
sin  excluir  al  honesto  Belgrano,  sin  excluir  a  San 
Martín  sí,  mis  amigos  también  el  gran  San  Mar- 
tín, aunque  resiste  la  entrega  a  Portugal,  apoya  la 
proclamación  del  inca,  o  la  importación  de  un  prínci 
pe  europeo,  y  todo  lo  demás 

Hundid  bien  vuestra  mirada,  amigos  artistas,  en 
este  momento,  borrad  de  él  a  Artiga»  con  la  imagi 
nación,  y  decidme  donde  está  el  núcleo  de  la  patria 
americana  que  ho\  tenemos,  de  ésta  que  hoy  tenemos 
amigos  míos,  de  la  deniocrático-repubhcana  que  que 
rentos  glorificar  en  sus  héroes 

García  es  el  substrátum,  la  quintaesencia  de  aquel 
escepticismo  desolante  Esta  en  comunicación  íntima 
con  todos  los  hombres  de  Buenos  Aires,  lo  mismo  que 
con  los  de  Río  Janeiro:  con  Álvarez  Thomás,  con 
Balcarce,  con  Puejrredon,  con  el  Congreso,  con  Bel- 
grano y  Rivadavia  con  todos  Les  comunica  sus  pla- 
nes desde  su  origen,  sus  esperanzas,  cimentadas  en  la 
invasión  portuguesa  que  matara  a  Artigas,  en  la  pro- 
tección que  en  seguida  prestara  Portugal  a  las  pro- 
vincias argentinas,  y  aun  en  la  anexión  de  éstas  a 
Portugal  Álvarez  Thomás,  Balcarce  el  Congreso  de 


[235] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTIN 


Tucumán  «e  adhieren  al  plan  sin  reticencias,  ven  en 
él  la  salvación,  la  gloria  del  25  de  mayo  de  1810 
Pueyrredón  siente,  sin  embargo,  vacilaciones  ya  le 
veréis  Henar  ciertas  formas  ante  las  protestas  del  pue- 
blo argentino  Pero  el  hecho  es  que,  lejos  de  separar 
o  desautorizar  a  García,  éste  continúa  como  su  repre- 
sentante en  Río  Janeiro,  mientras  él  busca  en  Francia, 
para  rev,  con  el  apoyo  de  San  Martín,  a  un  príncipe 
de  Orleans 

No  hay  duda  de  que  todo  esto  es  bien  triste 
Sería  muy  instructivo  que  os  exhibiera  la  corres- 
pondencia de  García  con  Alvarez  con  Balcarce,  con 
Pueyrredón,  con  el  Congrego,  la  tenemos  muy  com- 
pleta, esta  todo  esonto  Pero  eso  es  largo,  y  os  estoy 
deteniendo  demasiado  en  este  cuadro  de  desolaciones 
pálidas,  que  es  el  fondo  en  que  \  ais  a  ver  proyectarse, 
con  su  nimbo  sideral,  la  figura  rígida  de  Artigas. 

{Con  qué  alegría  comunica  García  a  Alvarez  TTio* 
más,  en  cifra  secreta,  la  buena  nueva  la  invasión  de 
Portugal'  "Puedo  asegurar,  le  dice  el  27  de  abril  de 
1815,  que  no  tema  por  parte  de  esta  corte.  jNo  se- 
guir a  los  orientales  en  su  pobtica  salvaje  y  turbulen- 
ta'" Era  el  momento  en  que  el  gobierno  del  Brasil 
hacía  venir  sus  tropas  de  Portugal  para  imadir  Seis 
meses  después,  en  noviembre,  comunica  la  próxima 
marcha  de  la  primera  división  portuguesa  a  Santa 
Catalina  Cae  Alvarez  Thomás,  y  le  sigue  Balcarce 
El  Congreso  de  Tucumán  funciona  García  continúa 
sus  comunicaciones  con  ambos,  Balcarce  y  el  Con 
greso,  continúa  transmitiéndoles  buenas  noticias,  bue- 
nos consejos,  grandes  esperanzas  la  invasión  es  un 
hecho;  Artigas  caerá  aniquilado  por  el  extranjero; 
éste  será  generoso,  no  hay  que  temerle,  cuando  más, 
a»  quedará  con  la  Provincia  Oriental,  pero  como  ¿«ta 


LA  EPOPEYA  DK  ASTIGA3 


no  es  parte  integrante  de  la  patna  argentina  como 
se  ha  declarado  independiente 

Pero  es  preciso  proceder  con  cautela,  con  mjcho 
sigilo,  sobre  todo,  dice  García,  a  fin  de  no  compro- 
meter a  nuestros  amigos,  los  portugueses 

Balcarce  transmite  todo  eso  al  Congreso,  el  Io  de 
julio  de  1816,  el  mes  de  la  declaración  de  indepen- 
dencia 

Y  García  sigue  recomendando,  ante  todo  y  sobre 
todo,  una  cosa    "secreto,  secreto,  mucho  secreto 
y  no  andarse  con  escrúpulos'' 

Balcarce  siente  que  el  pueblo  argentino,  que  ya  se 
ha  dado  cuenta  de  la  tormenta  subterránea,  va  a  acu- 
sarle de  traidor  y  pide  al  Congreso  una  regla  de  con- 
ducta en  crisis  tan  arriesgada  ;0h,  el  Congreso'  El 
Congreso  de  Tucuman,  que  declara  la  independencia 
en  9  de  ese  mes,  el  9  de  julio  de  1816,  irá  más  lejos 
aún  que  García,  pues  iré  hasta  el  retorno  liso  y  llano 
a  la  sumisión  a  España 

Cae  Balcarce,  sube  Pueyrredón,  nombrado  por  el 
Congreso  Pueyrredón,  al  llegar  a  Buenos  Aires  el  l9 
de  agosto  de  1816,  se  encuentra  con  todo  aquello,  de 
cuyos  detalles  le  impone  el  doctor  don  Gregorio  Ta- 
gle,  depositario  y  agente  de  todo  Éste  ha  sido  v  es 
confidente  de  García,  y  ministro  de  Alvarez  Thomás  y 
de  Balcarce,  y  lo  será  también  de  Pueyrredón  y  del 
sucesor  de  éste  Permanece  en  ese  carácter  precisa- 
mente como  depositario  del  plan.  Y  es  entonces  cuan- 
do el  nuevo  Director  Supremo  envía  a  Santa  Fe  los 
embajadores  que  más  adelante  conoceremos,  Castet 
y  el  deán  Fun*s,  a  decir  allí  que  Portugal  y  España, 
unidos  vienen  a  matar  nueetra  independencia  Y  es  en' 
tono*»  euando  «senbe  a  su  paisano  Artiga»  asombra 


[2T7] 


JUAN  ZORRILLA  DE  SAN  MARTE* 


do  de  que  un  maligno  influjo  persista  en  separarlo 
de  sus  verdaderos  amigos 

No  puede  negarse  que  este  Pueyrredón  pasó  gran- 
des angustias,  a  fuerza  de  querer  conciliar  lo  inconci- 
liable Llegó  a  creer,  más  que  otios  quizá,  en  la  in- 
dependencia de  América,  pero  no  en  su  capacidad 
para  gobernarle,  no  en  su  propia  autoridad  de  Direc- 
tor Supremo,  por  consiguiente  Creía  en  la  existencia 
de  una  patria  americana,  persona  internacional  capaz 
de  derechos  y  obligaciones,  y  acogía  sin  protesta  al 
doctor  García,  que  era  la  negación  absoluta  de  seme- 
jante entidad  No  sólo  lo  acogía,  lo  mantenía  y  lo 
mantuvo  hasta  el  fin,  como  su  representante,  en  Río 
Janeiro  Hubo  un  momento  en  que  romenzando  a  pe 
netrar  en  la  esencia  de  las  cosas,  llegó  hasta  a  creer  en 
Artigas,  la  sola  realidad,  quiso  o  aparentó  querer  la 
pan  con  él,  pero  cuando  «e  encontró  con  esa  realidad 
cara  a  cara,  no  pudo  resistir  su  mirada,  y  cerró  loa 
ojos  Cuando  vio  de  cerca  el  pensamiento  solar  inque 
brantable  del  héroe  oriental,  independencia,  democra 
cía,  señorío  de  los  pueblos  sobre  sí  mismos,  retroce- 
dió, y  volvió  a  acogerse  al  regazo  de  su  idea  monár- 
quica miró  entonces  hacia  los  Borbones  de  Francia, 
por  encontrar  pequeños  a  los  Braganzas  Ya  confirma- 
remos todo  esto  cuando  estudiemos  las  embajadas  de 
que  hablamos  las  que  confía  Pueyrredón  a  Castex  y 
al  deán  Funes  ante  el  gobernador  de  Santa  Fe  Era, 
pues,  la  contradicción,  la  no  entidad  Él  se  impuso, 
desde  el  momento  de  subir  al  gobierno,  del  plan  y  de 
la  obra  de  García  Éste  sostiene,  como  don  Nicolás 
Herrera,  que  es  necesaria  la  fuerza  de  un  poder  ex- 
traño para  hacer  patria,  hace  saber  que  el  ministro 
del  Brasil,  "alarmado  de  los  progresos  que  va  ha- 
oiendo  Artigas  «1  caudillo  de  lo»  anarquistas,  ha  r«~ 


[278] 


LA  EPOPEYA  DS  ABTIGAS 


presentado  a  Su  Majestad  Fidelísima  la  urgencia  de 
remediar  a  tiempo  tantas  desgracias  Y  Su  Majestad 
se  ha  inclinado  a  empeñar  su  poder  en  extinguir  hasta 
la  memoria  de  esa  calamidad,  haciendo  el  bien  que 
debe  a  sus  vasallos,  y  un  beneficio  a  sus  buenos  ve- 
cinos, que  cree  le  será  agradecido" 

"Depende,  pues,  sólo  de  nosotros,  dice  García,  la 
aproximación  de  la  época,  verdaderamente  grande,  en 
que  enlacemos  íntimamente,  y  aun  identifiquemos, 
nuestros  intereses  con  los  de  la  nación  portuguesa" 

"La  escuadra  portuguesa  está  al  ancla  dice  el  9 
de  julio,  ¡el  9  de  julio  precisamente'  Sólo  espera 
buen  tiempo  paia  acabar  con  Artigas,  que  luego  de- 
jará de  molestar  a  Buenos  Aires*'  Anuncia  después  la 
partida  de  la  expedición  "Las  provincias  de  la  depen- 
dencia del  gobierno,  dice,  no  tienen  nada  que-  temer 
Solo  la  Oriental  caerá" 

Todo  esta  detallado  en  la  preciosa  correspondencia 
que  poseemos  de  García  Sus  propósitos  son  "Sua- 
vizar la  impresión  que  un  sistema  exagerado  de  liber- 
tad ha  hecho  en  el  corazón  de  los  soberanos  de  Euro- 
pa, desviar  del  gobierno  argentino  el  golpe  que  va 
dirigido  contra  Artigas,  encarnación  de  ese  sistema 
de  libertad,  preparar  la  monarquía  platense,  comba 
tir  las  provincias  puramente  democráticas,  restable- 
cer el  sistema  colonial,  que  es  preferible  a  la  anarquía, 
recurrir,  para  todo  eso,  al  rey  de  Portugal,  y  aun  a 
bu  Majestad  Católica".  Esta  Majestad  está  en  muy 
buenas  disposiciones,  sus  representantes  han  decla- 
rado "que  el  Rev  Nuestro  Señor  esta  dispuesto  a  ad- 
mitir de  nue\o  en  el  seno  de  la  nación  española, 
como  a  sus  demás  vasallos,  a  los  habitantes  del  Río 
de  la  Plata,  con  tal  de  que  el  gobierno  de  Buenos 
Aires  haga  públicamente  su  acto  de  arrepentimiento, 


[279] 


JUAN  ZORRILLA  DI  SAN  MARTIN 


antes  de  que  se  acerquen  las  tropas  del  Rey  En  ese 
caso,  el  Re>  Nuestro  Señor  hará  bajar  del  Perú  al 
general  Pezuela,  que  ocupará  Buenos  Aires  y  todas 
las  provincias,  y  tratará  a  su9  habitantes  del  modo 
que  el  Rey  quiere,  en  premio  de  su  voluntaria  su- 
misión" 

Ése  es  el  espíritu  de  la  invasión  portuguesa,  ami- 
gos artistas,  ese  es  el  espíritu  de  la  invasión  que  va 
a  caer  sobre  Artigas 

Penetremos  algo  más  en  el  Congreso  de  Tucumán, 
que  ha  proclamado  la  independencia  en  9  de  julio 
Puevrredon  se  dirige  a  él  para  que  resuelva  lo  que 
ha  de  hacerse  ante  el  ejercito  que  invade  la  Banda 
Oriental  El  Congreso  dispone  el  envío  de  dos  comi- 
sionados secretos  uno  ante  el  general  invasor,  y  otro 
ante  la  corte  de  Rio  Janeiro  Ese  original  comisionado 
lleva  dos  juegos  de  instrucciones  una  reservadas,  y 
otras  reservadísimas  Por  las  primeras  se  le  encarga 
seguir  en  un  todo  las  prevenciones  de  García,  se  le 
ordena  decir  al  invasor  que,  para  acallar  los  recelos 
de  las  provincias  y  matar  en  ellas  el  deseo  que  tie- 
nen de  auxiliar  a  Artigas,  es  conv  emente  se  limite  a 
reducir  al  orden  a  la  Banda  Oriental,  pero  sin  apo- 
derarse de  Entremos,  por  ser  territorio  de  la  pro- 
vincia de  Buenos  Aires  Se  le  dice  asegure  al  general 
del  rey  que,  a  pesar  de  la  exaltación  de  ideas  de- 
mocráticas que  ha  aparentado  la  revolución,  la  parte 
sana  e  ilustrada  de  los  pueblos  esta  dispuesta  a  la 
monarquía,  restableciendo  la  casa  de  los  meas,  en- 
lazada con  la  de  Braganza  "Si  esto  no  se  consigue, 
dicen  las  instrucciones,  el  comisionado  propondrá  la 
coronación  de  un  infante  del  Brasil  en  las  Provincias 


[280] 


XA  KPOFKYA  DS  ARTIGAS 


Unidas,  o  de  otro  cualquier  infante  extranjero,  con 
tal  que  no  sea  de  España" 

Eso  era  lo  reservado.  Queda  lo  reservadísimo  re- 
conocimiento del  monarca  del  Brasil  como  rey  cons- 
titucional de  las  provincias  argentinas,  que  formarían 
un  Estado  distinto,  anexión,  en  una  palabra,  del  pue- 
blo de  Mayo  a  la  corona  portuguesa. 

El  director  Pueyrredón,  ante  esa  actitud  ignomi- 
niosa del  Congreso,  siente  un  momento  sublevarse  en 
su  espíritu  el  instinto  de  patriótica  dignidad,  pero 
ese  instinto  es  fluctuante,  no  hay  en  él  visión,  no  hay 
mensaje  Rechaza  las  doctrinas  y  planes  del  Congreso, 
porque  sospecha,  como  no  puede  menos,  que  en  los 
propósitos  de  Portugal  puede  entrar  el  de  hacer  causa 
común  con  España,  para  repartirse  entre  ambos  el 
botín,  habla  de  que  Portugal  debería  comenzar  por 
reconocer  la  independencia  de  las  provincias,  sin  darse 
cuenta  de  que  la  invasión  portuguesa  a  la  Banda 
Oriental  se  hacia  de  acuerdo  con  el  enviado  platense 
en  Rio  Janeiro,  quien,  desde  1815,  había  cooperado 
a  ese  propósito,  sin  ser  jamás  desautorizado,  tampoco 
se  daba  cuenta  de  que  aquel  reconocimiento  significa- 
ría la  guerra  entre  España  y  Portugal,  y  la  interven- 
ción de  Inglaterra,  y  de  la  Santa  Alianza,  y  de  todo 
lo  demás  Pueyrredón  rechaza  el  envío  de  diplomá- 
ticos ante  el  general  invasor,  por  ser  depresivo  a  la 
dignidad  nacional,  habla  de  todo  eso  pero  ter- 
mina aceptando  el  que  se  negocie  la  coronación  de 
un  príncipe  de  la  casa  de  Braganza,  u  otro  principe 
extranjero,  como  monarca  constitucional  de  las  Pro- 
vincias Unidas. 

No,  ahí  no  hay  un  hombre,  no  hay  un  héroe,  no 
hay  nada,  nada  que  refleje  la  altivez  de  la  revolución 
de  Mayo  de  1810 


[281] 


JUAN  DC  SAN  UAATOV 


¿Dónde  esta'  ¿En  qué  cuerpo  vivo  late,  pues,  •! 
ecpíntu  de  esa  revolución  de  Majo,  si  es  que  ésta 
tuvo  un  espíritu,  y  no  fue  un  simulacro  sacrilego  y 
grotesco9 

Lo  vais  a  ver,  amigoí  míos,  vais  a  ver  proyectarse 
su  forma  ígnea  sobre  ese  fondo  de  negaciones  y  de 
palideces  agónicas,  más  oscuras  que  la  noche  sm  as- 
tros, poblada  de  vientos  negros 

Todo  eso  que  habéis  visto,  y  que  era  necesatio  que 
os  hiciera  \er,  es  algo,  sólo  algo,  de  lo  que  estaba 
debajo  de  los  pies  de  Artigas,  cuando  éste,  al  rayar 
el  año  1816,  escribía  al  Cabildo  de  Montevideo  que 
ese  año  iba  a  ser  el  año  feliz  para  los  orientales 

Vais  a  verlo  surgir  de  ese  antro  de  tinieblas,  a  la 
cabeza  de  los  pueblos  rioplatenses,  como  una  figura 
dantesca,  iluminada  de  abajo  arriba  por  las  llamas 
infernales 

Y  podremos  afirmar,  a  la  faz  del  mundo,  que  la 
revolución  de  Mayo  tuvo  un  héroe 

Y  que  no  fue  un  simulacro 
Ni  fue  tampoco  una  mentira 


[  282  ] 


/